De cepa dorada

* “Tan bien le fue a Luis Videgaray en el Estado de México que pronto se codeó con la crema y nata del Grupo Atlacomulco y se integró sin dificultades a los Golden Boy’s, el selecto club formado por Montiel que escogía a lo más granado de la política mexiquense y que exigía ser joven, más o menos guapo, pero muy ambicioso y que sirviera sin chistar las órdenes de aquel ex gobernador. La inteligencia ni la educación eran necesarias”, escribe el periodista Francisco Cruz sobre el actual secretario federal de Hacienda, Luis Videgaray, en el libro Los Gonden Boy’s, editado por Planeta en el 2012.

 

Francisco Cruz Jiménez

Aunque en 2004 llegó al Estado de México, de Luis Videgaray todavía se sabe poco. Por eso hay que conocerlo, en parte a través de lo que las publicaciones dicen de él o de sus acciones, y cómo lo dicen, o hacerlos a través de lo que comentan los periodistas toluqueños, con quienes ha tenido más contacto, o de algunas situaciones extrañas, por llamarlas de una manera generosa.

Por ejemplo, tres semanas antes del 1 de julio de 2012, la sede priista del Estado de México en Toluca decidió hacer remodelaciones en su edificio, ubicado en la avenida Alfredo del Mazo, al norte de la capital. Para ello contrató a un albañil para que tirara una barda interna y ampliara el espacio.

Ese hombre había trabajado anteriormente para los priistas en la construcción de bodegas ubicadas en el valle de México y en el periodo electoral había participado en la construcción de al menos tres de ellas. Pero esta vez era distinto. Laboraría por la madrugada, en una sección que no conocía. Lo haría solo, pero rodeado por al menos 20 policías, que se limitaban a observarlo derrumbar aquella pared.

Finalmente aceptó las condiciones porque le pagaban bien y comenzó su tarea. No tardó mucho en echarla abajo. Detrás de aquella pared encontró un enorme cuarto lleno de bolsas negras, que empaquetaban algo. El escombro había caído cerca de algunas de ellas y le impedían trabajar adecuadamente, por lo que decidió quitarlas, reacomodarlas en otro lugar.

Así, de un puntapié intentó hacerlo pero la bolsa se abrió. El contenido se desbordó y dejó boquiabierto al albañil. Decenas de fajos de billetes se desparramaron por el suelo al mismo tiempo que sonaba una alarma y los policías rodeaban y detenían al desafortunado alarife. Sin explicar nada, lo retuvieron ahí, amarrado, hasta que llegó “El General”, jefe de seguridad de aquella zona fantasma y lo interrogó más divertido que preocupado.

Como pudo, el trabajador le explicó lo sucedido. “El General”, con voz suave, ordenó a los policías que lo liberaran y al asustado hombre que siguiera su trabajo. “Nomás no digas nada, cabrón”, fue la recomendación final. El albañil terminó la ampliación y se apresuró a salir. No pudo evitar, por más que quiso, mirar que aquellas bolsas de basura negras, del tamaño de un hombre, eran metidas a camionetas Van negras, con los vidrios polarizados. Luego llegó a su casa, se emborrachó y se lo contó a su mujer.

La sospecha, por decirlo de alguna manera, de que el aspirante priista presidencial Enrique Peña compró las elecciones del primero de julio, será imposible de probar a pesar de relatos, testimonios y facturas que se han recabado por todo el país y que demuestran esa ilegalidad.

Las empresas involucradas con ese negocio han sido investigadas periodísticamente y se han  encontrado verdades que no necesitan sino la voluntad de las instituciones para hacerlas legales. Televisa, Milenio y TV Azteca son los órganos informativos vinculados con Peña, cuyo equipo supo que aquellos escaparates serían insuficientes.

Así, sumó los esfuerzos de Monex, una casa financiera que triangula dinero y se dedica al negocio de los depósitos electrónicos en tarjetas de prepago y los unió al de las tiendas Soriana, cadena de supermercados que trabaja habitualmente con el gobierno del Estado de México, que le ha comprado hasta 4 mil millones de pesos en mercancías los últimos años.

Por complicado que sea, el camino que sigue ese dinero y cuyas cantidades rebasan los topes de campaña autorizados por el IFE, el organismo encargado de organizar las elecciones federales, es rastreable. Otras compañías se sumaron al esfuerzo priista por ganar la presidencia de México. Incluso, hubo algunas que surgieron de la nada y cuyos dueños son obreros, albañiles y hasta un muerto.

En otros escenarios, los dueños de aquellos negocios tienen nexos con personalidades priistas que operaron en todos los niveles la campaña del sobrino de Arturo Montiel, como sucedió con el Grupo Empresarial Tiguan S. A., involucrado con las tarjetas electrónicas de Monex y que ya en el 2011 le vendió al PRI mexiquense 2 millones 554 mil peso en relojes de mano, cilindros para agua y cubetas, para la campaña del actual gobernador mexiquense Eruviel Ávila.

Coordinador de campaña de Peña, Videgaray fue también jefe de las ansiedades gubernamentales de Ávila. Durante mucho tiempo, el mayor blasón de Videgaray fue ser el hermano inteligente de Eduardo Videgaray Caso, un conductor y humorista de Televisa que salía en programas concursos o presentando videos musicales.

Luis le iba al América y, en broma, le decían que tal vez por eso había perdido una elección escolar. Estudiante aplicado del ITAM, encontró acomodo en el despacho-negocio de Pedro Aspe Armella, un ex secretario de Hacienda cuyos días de gloria transcurrieron en la presidencia de Carlos Salinas de Gortari.

Su firma, Protego, se dedica a reinventar las deudas públicas de los estados mexicanos, entre otras cosas, y hasta Toluca llegó el joven Videgaray enviado por Aspe, para que le resolviera a Montiel y a Miranda Nava el embrollo que habían hecho de la cuenta pública mexiquense.

Tan bien le fue a Videgaray que pronto se codeó con la crema y nata del Grupo Atlacomulco y se integró sin dificultades a los Golden Boy’s, el selecto club formado por Montiel que escogía a lo más granado de la política mexiquense y que exigía ser joven, más o menos guapo, pero muy ambicioso y que sirviera sin chistar las órdenes de aquel ex gobernador. La inteligencia ni la educación eran necesarias.

En los Golden Boy’s se fortaleció la carrera pública de muchos políticos como Peña, Miranda, Videgaray, Laura Barrera, los hermanos Del Mazo Maza y una larga lista que incluía, faltaba más, a los parientes dilectos de ese ambicioso Arturo.

Videgaray se hizo de la Secretaría de Finanzas cuando Peña Nieto se encargó de administrar el “negocio familiar” —llamado gubernatura—, desde el palacio de la avenida Lerdo en Toluca. Luego fue diputado federal y desde ese cargos aprendió lo que le faltaba, que fue poco pero que le dio estómago para desprenderse de lo que no necesita la exigencia política.

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