Permea el pesimismo

* Baja en precios del petróleo y cambio en política monetaria de EU, otros factores de riesgos para países emergentes.

 

Marco Antonio Durán

El ambiente es extraño; la economía mexicana no da para más; las declaraciones y proyecciones optimistas del gobierno federal, a través de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, contrastan con las de organismos internacionales; como si analizaran dos países diferentes; los primeros insisten, y se quieren convencer que, a fuerza de declaraciones, el país crecerá 4.5 por ciento en 2014; mientras las estimaciones de los segundos se atoran en un avance de 3 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB)

Economistas de los organismos internacionales están preocupados por la debilidad del mercado interno; en otras palabras, los mexicanos no tienen dinero para comprar y ser factor para sostener e impulsar el repunte del país que tanto prometen el presidente Enrique Peña Nieto y el titular de Hacienda, su amigos y hombre de todas las confianzas, Luis Videgaray Caso. Una vez más, también han encendido las alarmas sobre la dependencia mexicana en las exportaciones petroleras; hay dos razones: los precios en los mercados mundiales vienen en picada y la producción de crudo en México se desploma a niveles no vistos en muchos años.

Aquel otro país que desconocen Peña y Videgaray enfrenta otros riesgos. Por ejemplo, el sector externo puede detonar una nueva crisis; los analistas no hablan por hablar: ven signos preocupantes por modificaciones en la política monetaria de Estados Unidos; esperan que la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos haga algunos cambios y se decida por una política monetaria a restrictiva; consideran que la combinación en el retiro de liquidez que se ha hecho y una posible alza en las tasas de interés de referencia pueda alterar la situación de las monedas frente al dólar en los mercados emergentes.

Algunos especialistas mexicanos ya han empezado a interpretar esas “señales”. El primer subgobernador del Banco de México (Banxico), Manuel Ramos Francia, recientemente advirtió sobre el temor de un alza en las tasas de interés de Estados Unidos. Su voz de alarma tiene una razón: muchos de los llamados capitales golondrinos que han venido al país en busca de mejores rendimientos, pueden salir de manera apresurada a los mercados estadounidenses, presionando al peso.

Si bien parece ocioso, es necesario recordar que las tasas en Estados Unidos se establecen entre cero y 0.25 por ciento, y que, además, en las últimas dos sus sesiones, el Comité a Mercado Abierto (FOMOC) de la Reserva Federal ha retirado estímulos monetarios por 20 mil millones de dólares diarios, al pasar de 85 mil millones a 65 mil millones por día. La evidente mejoría en la economía estadounidense, y la creación de empleos, es el motivo que provoca un cambio en la política monetaria; pero, además, ya se anticipa un endurecimiento con la llegada de Janet Yellen, quien asumió oficialmente la presidencia de la Fed, en lugar de Ben Bernanke.

Por si algo le hiciera falta a Peña y Videgaray, China y argentina también representan un factor de riesgo para México, pues la menor dinámica económica y volatilidad financiera que muestran tendría un impacto a nivel mundial. Ya en Asia, los países han mostrado menor dinámica, sobre todo China cuya economía apenas creció 7.2 por ciento en 2103, su menor nivel en varios décadas. Y este año se mueve con lentitud, mientras el país sudamericano ha registrado una fuerte volatilidad financiera, con devaluaciones y restricción que propician inestabilidad en mercados financieros mundiales.

Pero la preocupación más fuerte entre los organismos internacionales y especialistas en economía es lento avance en el mercado interno que muestra México; el crecimiento de su deuda y el temor por la baja de los precios del petróleo, pues es la mayor fuente de ingresos para el país y es el principal componente del gasto gubernamental.

La entrada de Irán al mercado para vender petróleo nuevamente, la mayor producción de Estados Unidos y, en consecuencia, una menor demanda del crudo mexicano, han propiciado que los precios comiencen a descender con rapidez. Algunos datos revelan que los precios de la mezcla mexicana promedian 90 dólares, por barril, frente a un estimado en el presupuesto de 85 dólares, dejando un margen de apenas cinco dólares. De caer un poco más, el gobierno estaría en el límite.

Aunque se sabe que la Secretaría de Hacienda ya negoció coberturas para proteger el Presupuesto de Egresos, hay temor de que las transferencia, aportaciones y participaciones que hace la federación a estados y municipios por excedentes petroleros, pongan en peligro la inversión en infraestructura y otros gastos significativos para impulsar a la economía. Y hay otras consideraciones: un freno adicional es la nueva política fiscal, considerando que los mayores y nuevos impuestos, a partir de 2014, han propiciado que el consumo interno se muestre débil, que la inflación se haya elevado y que el sector privado no cree los empleos necesarios.

En otras palabras, la industria y el comercio locales no impulsarían un repunte de la economía. El consumo privado, valga la repetición, no repunta e incluso estaría limitado por el menor ingreso y el desempleo, con una tasa de desocupación cercana a 5 por ciento. Según especialistas en economía y finanzas, en el gasto de gobierno recaería todo el impulso de este año, una vez corregido el subejercicio que se observó en 2013 y que, en esencia, fue en mucho responsable del mínimo crecimiento de la economía en 2013, el cual se estima en apenas 1.2 por ciento.

Peña y Videgaray no tienen para dónde hacerse. La industria es otro sector que no recupera el camino y, afectada por el sector de la construcción con casi un año a la baja, seguirá deprimido. Para los expertos, los precios reflejan un claro síntoma de desequilibrio en la política monetaria. La inflación reporta un tasa anual de 5 por ciento, nivel muy por arriba del 3 por ciento establecido por el banco central mexicano como meta.

Y también existe preocupación por el incremento de la deuda, el gobierno está financiando su déficit con débito. Informes y documentos de Hacienda revelan que la deuda ascendió a 6.5 billones de pesos, lo que significa que la deuda pública representa 38.5 por ciento del Producto Interno Bruto, porcentaje muy por arriba del que recomiendan el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM), de 27 por ciento. El nivel de deuda en el primer año de la presente administración se ubicó en 606 mil 174.6 millones de pesos, lo que representa una elevación nominal de 10.2 por ciento sobre el monto en el que dejó Felipe Calderón Hinojosa.

Previendo todos los escenarios y pese a las reformas estructurales adoptadas en México —fiscal, financiera, laboral, educativa, política y energética—, el Fondo Monetario Internacional estima que la economía mexicana apenas crecerá 3 por ciento en 2014, en tanto que los especialistas consultados cada mes por el Banco de México esperan que sea sólo de 3.5 por ciento.

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