Las bestias

* Desde el viernes 14 de febrero policías de toda la entidad llegaron a Toluca. Allí pernoctaron pero los hicieron dormir en calles y parques o donde se pudiera. No había razón para alquilar hoteles o casas. El día del Amor y la Amistad fue para unos la noche más incómoda de sus vidas. La visita de Barak Obama no beneficia a nadie. La ciudadanía, traducida para la clase política y gobernante como una mancha infame que se mueve en mítines y protestas, debe cuidar, apostar a la vigilancia. El Excelentísimo presidente Barak Obama es inalcanzable pero aunque no lo fuera la única manera de contribuir que él tiene ya la aplicó. Su solo nombre bastó para que las autoridades, luego de años de peticiones, se decidieran por solamente limpiar las calles, adoquinar, cambiar las flores, lavar las ventanas.  

Miguel Alvarado/ Nadia Estrada

Barak Obama apareció como una exhalación por Toluca. En nueve horas arregló el tema energético y de paso el centro de la capital mexiquense. El presidente norteamericano representa un imperio económico basado en la guerra y viaja como conquistador. Su séquito rebasa las mil personas y moviliza efectivos militares propios y de los países que visita. La estancia en Toluca se trató en realidad de una pequeña inspección, una revisión del negocio encargado al PRI y a Enrique Peña Nieto. La entrega de cuentas no debía tardar demasiado. La agenda norteamericana apenas marcaba a la ciudad como una escala en la interminable colonia que representa el mundo para la política norteamericana. Aquí, la ciudad del Grupo Atlacomulco, la más protegida y donde es casi imposible manifestarse, donde los medios de comunicación parcializan hasta los anuncios de ocasión, se montó un enorme teatro con resultados exactos. El protocolo mexicano no pudo ser más sensato, coherente. El gobernador del Edomex, Eruviel Ávila, sometido al arbitrio de la etiqueta y las importancias, fue borrado de un plumazo de sus oficinas, y su papel consistió en recibir en el aeropuerto a Barak. Cien millones de pesos después, se puede concluir que su aparición como extra en el melodrama político mexicano le garantiza un siguiente papel, al menos en el gabinete de Relaciones Exteriores.

Y Toluca, siempre fría, apenas participativa, aceptó casi sin moverse la impostura. Una ciudad falsificada recibió la Cumbre de Líderes, que incluyó al canadiense Stephen Harper, de quien se supo de él porque apareció en algunas fotos. La escenografía incluyó lugares comunes como espectaculares con la frase de Bienvenido Welcome, sobre Paseo Tollocan o minúsculas manifestaciones de altermundistas y defensores del Nevado de Toluca, un conato contra policías estatales en la explanada del mercado Juárez y decenas de discursos antiyanquis. El inconformismo de chorizo fue comparable a asistir a la Bombonera una mañana de futbol. No sirvió de nada y a estas alturas ni siquiera funciona que les den espacio en televisión y radio, que las redes sociales hagan sus propias editoriales. El disgusto tomó forma de ausentismo laboral y suspensión de clases, convenientemente pasados por alto porque el tráfico, a pesar del cierre de media ciudad, no causó los estragos profetizados. Y es que cada esquina, por callejón que fuera, contaba con un policía galanamente uniformado y extraordinariamente eficaz a la hora de desanudar nudos viales. Casi de noche pasó la noticia sobre el asesinato de un estudiante de la universidad estatal en un campus de Ecatepec, para robarle 80 mil pesos. Masacrado por ladrones que lo despojaron del dinero que usaría para comprar un auto, Javier Gabino Álvarez Pliego, de 22 años, representa la cotidianidad del México sin Obama, del Edomex desaparecido en el discurso de Peña Nieto, de la entidad que no existe en el palacio de Lerdo o en las giras de trabajo de Ávila Villegas.

Obama llegó a Toluca con todo pactado. Hasta los boletines, difundidos horas después, ya estaban redactados. El semanario Proceso recopila el desinterés de los medios gringos por la Cumbre: “Obama estuvo poco más de 8 horas en México, una menos que las 9 horas que duró el vuelo redondo de Washington –a Toluca-, y mucho menos tiempo al que le dedicó el presidente el fin de semana a su juego de golf en California”, publicó el Washington Post en una breve nota en páginas interiores y sin fotografía”. Barak encontró tiempo para atender sus frentes. La crisis siria, la venezolana, la ucraniana y aumentos salariales a obreros norteamericanos fueron abordados por teléfono, con la mano en la cintura, sonriendo comedido o seriamente concentrado, según el caso. Para México, narcotráfico, migración y petróleo, los puntos fuertes de la agenda en Toluca, estarán pendientes otros 200 años, como en cada reunión que se realiza, donde las buenas intenciones son ya un cúmulo de despachos diplomáticos, frases de mermelada que enmarcan ejercicios mentales de primero de primaria, perversas por deficientes. “Seremos la región más competitiva del mundo”, nos merecemos esta visita porque hemos trabajado”, “a Toluca se le reconoce a nivel mundial” o “la democracia en México se percibe” representan el fantasmario político que al otro día aparecería en los periódicos locales.

La revista norteamericana Time cobró 576 mil pesos por un reportaje sobre Peña, a mediados de febrero del 2014. Un tarifario de la publicación establece un precio para la portada de casi 10 millones de pesos, 759 mil 400 dólares. Si fuera cierto el costo, al equipo de Peña, acostumbrado a pagar 700 millones de pesos al año sólo en publicidad desde el 2005, sólo le haría cosquillas. El encabezado, “Salvando México”, que acompaña a la foto del mexiquense, actuada para que sugiera un estadista, es en realidad el detonante que colocó la publicación en el centro de un linchamiento en redes sociales. Es muy común hablar sobre Peña, lo difícil es hablar bien de él. El reportaje norteamericano encontró, sin embargo, la forma de hacerlo. Michael Crowley, el redactor, se apoyó en una escena fotográfica protagonizada por Peña, Luis Videgaray y Miguel Ángel Osorio Chong, secretarios federales de Finanzas y Gobernación, donde aparecen como héroes de cine. Peña está en primer cuadro, flanqueado por los otros dos, en una gráfica cuyo fondo es un blanco inexcusable, listo para ser llenado ante cualquier idea. Somos nosotros, parece decir la foto, y nadie más.

El texto recuenta el paso del priista por la presidencia y comienza de la manera más coloquial: “a las 9 en punto en una noche de febrero, el presidente mexicano Enrique Peña Nieto trabaja en Los Pinos, su residencia oficial en la ciudad de México, donde soldados camuflados con rifles de asalto lo cuidan desde afuera. Para el presidente, de 47 años de edad, es un recordatorio de que la presidencia es un negocio mortalmente serio –especialmente en este momento clave en la historia de México-”.

Luego, lo de siempre. Una revisión sobre la vuelta del priismo al poder Ejecutivo y el encomio de las reformas impulsadas por el Grupo Atlacomulco, incluida la energética. Peña queda bien, efectivamente, como un salvador de su patria ante el resto del mundo. Ni eficiente o malo, sólo un trabajador que cambia el país que gobierna. Time, la revista, no tiene empacho en hacer arte a partir de un boletín de prensa escrupulosamente redactado. Por 10 millones, cualquiera lo haría. Ellos lo hicieron por medio millón de pesos. El artículo, una versión en correcto español, está disponible en http://world.time.com/2014/02/16/la-nueva-mision-de-mexico/?iid=obnetwork.

Peña, mientras tanto, atiende lo más urgente, aunque no lo importante. Toluca, la ciudad de sus afectos, porque aquí vivió más de 12 años, 6 de ellos como gobernador, fue elegida para albergar una cumbre regional para México, Estados Unidos y Canadá. Las calles de la pequeña ciudad fueron maquilladas y las fachadas recompuestas. Una inversión federal por más de 100 millones de pesos se aplicó desde hace un mes. El centro de la capital mexiquense deslumbró, aunque la magia no durara ni siquiera un día. Más de 600 reporteros de la fuente presidencial se esperaban en Toluca, provenientes de los tres países. Los extranjeros fueron confinados a la modesta zona hotelera. Pocos se aventuraron más allá. No había para qué. Si al menos uno de ellos hubiera dado la vuelta al Hotel del Rey, en Paseo Tollocan y asomado en la colonia de Santa Ana Tlapaltiltán, habría visto cómo vivieron contingentes policiacos movilizados para cuida a un solo hombre, ni siquiera mexicano, el más poderos del mundo hasta donde alcanza la información.

Desde el viernes 14 de febrero policías de toda la entidad llegaron a Toluca. Allí pernoctaron pero los hicieron dormir en calles y parques o donde se pudiera. No había razón para alquilar hoteles o casas. El día del Amor y la Amistad fue para unos la noche más incómoda de sus vidas. La visita de Barak Obama no beneficia a nadie. La ciudadanía, traducida para la clase política y gobernante como una mancha infame que se mueve en mítines y protestas, debe cuidar, apostar a la vigilancia. El Excelentísimo presidente Barak Obama es inalcanzable pero aunque no lo fuera la única manera de contribuir que él tiene ya la aplicó. Su solo nombre bastó para que las autoridades, luego de años de peticiones, se decidieran por solamente limpiar las calles, adoquinar, cambiar las flores, lavar las ventanas.

Pero a los policías, al menos los que vinieron desde Coacalco, no les importaban los días de caramelo y miel. Eran cientos y cubrían las aceras de tres cuadras de Santa Ana. Sólo algunos alcanzaban la comodidad de magras tiendas de campaña, delgados hules que apenas los ayudaban a recuperar fuerzas.

Las vísperas de Obama

“Viernes  14 de febrero, 11:30 de la noche. Cientos de personas dormían en las aceras o debajo de autobuses. No eran peregrinos con destino a la ciudad de México, eran policías que cubrían las aceras de tres cuadras en la colonia de Santa Ana Tlapaltitlán.

“Toluca, el centro del mundo durante 8 horas por una Cumbre donde se trataron, en menos de 120 minutos, temas como la migración, reforma energética, los tratados comerciales regionales y la Iniciativa Mérida y Michoacán, observaba con una semana de anticipo los sobrevuelos de helicópteros y pequeños aviones-patrulla, como sucedería en una ciudad afgana. Barak llegaría a las 12 y 10 de la mañana, según el protocolo oficial, y desde el aeropuerto recorrería unos 5 kilómetros en auto blindado, La Bestia, con un peso de 10 toneladas, hasta el palacio de Gobierno. Allí, Peña lo recibiría, sonriente y apurado, manojo de nervios que ni el entrenamiento teatral al que ha sido sometido los últimos 8 años, maquillaría.

“Nunca se tuvo tanta seguridad en Tlapaltitlán, pero los guardias no cuidaban las casas ni a los vecinos. ¿Entonces? La razón exacta no la sabía pero mi sentir ciudadano me hizo preparar, con la familia, café, pan y galletas que teníamos a la mano para compartir. Tristeza, enojo, indignación, coraje, tantos sentimientos que no podría describir una fotografía del momento. Salimos y ofrecimos el café, que pudimos dar a quienes aún se encontraban despiertos, porque a otros el viaje desde Chalco, lugar de donde los trajeron, los había agotado.

“Uno que otro empezó a salir de su tienda, a bajar del autobús, donde, para mi sorpresa también dormían. Sus palabras de agradecimiento demostraban que no habían ingerido alimento.

“Ellos mismo pidieron que se les ofreciera a compañeros de otras cuadras. Observamos que había más policías durmiendo en una zona catalogada como insegura. Qué ironía, tantas imágenes en mi mente de policías golpeando a mis compañeros maestros y destrozando sus casas de campaña. Vino a mi mente Atento, cuántas familias destrozadas y mujeres violadas. Muchos los llaman perros del gobierno por el trabajo sucio que hacen, porque, ¿a cuánta gente maltratan estos policías estatales? Y yo aquí dándoles hoy la mano, pero a final de cuentas son humanos, también son padres de familia, hermanos, hijos, esposos, madres de familia y esposas, porque también hay mujeres.

“Así transcurrió la noche. Por la mañana tampoco se les podía dejar, al menos mi conciencia no y con lo poco que se tenía se ofreció un desayuno y permiso para poder asearse dentro de mi hogar. Entre sus carteras y bolsas, los policías hacían “coperacha” para pagar lo que se les estaba ofreciendo, juntando 80 pesos que no se recibieron, el desayuno no era negociable.

“Mi casa era un cuartel para aquellos que, ahora agradecidos y humanos, mencionaban que la situación para ellos ha sido siempre la misma. A cualquier parte donde los llevan siempre se les ha tratado de la misma forma o hasta peor. Ganan 3 mil 500 pesos a la quincena. Esta vez les ofrecieron lugar para dormir, tres comidas al día y lugar para asearse, pero al llegar les informaron que debían acomodarse donde pudieran, pues estarían hasta el 20 de febrero, cuando terminara la Cumbre. Cuántas veces he escuchado eso en el magisterio, cuando pago materiales y cursos de mi sueldo y no cumplen lo que prometen.

“Por fin, hoy pudo sentarse a convivir una maestra con un policía cuando ahora la situación era al revés. Hoy pudimos dialogar y no replegar, expresar el trabajo que nos toca hacer en este país. El policía, al escuchar que era maestra mencionó que ‘a nosotros nos dan la orden: que no pasen, y aguantamos pero no falta el maestro que nos agreda y es cuando tenemos que reaccionar, pero no todos somos malos, tenemos compañeros que golpean pero por ellos nos catalogan a todos los demás por igual. Al final de cuentas soy humano, padre de familia y me interesa saber qué va a pasar con mis hijos en este país, traer el uniforme de gobierno no quiere decir que esté a favor de lo que hace, pero es mi trabajo y lo hago por mi familia y finalmente soy pueblo y si todos pensáramos así, seríamos unidos y no estaríamos como estamos, pero lamentablemente no todos pensamos de esa forma’.

“- ¿Por qué hacen esto? Han sido muy amables al ofrecer su casa.

“- Nos indignó ver la situación en la que los tienen. ¿Por qué no les rentan el hotel que está a unos cuantos metros para todos los policías?

“Todos rieron.

“- Qué buen chiste. Los camiones que nos trajeron no traen ni vidrios, los asientos son tablitas que cada que saltaba el camión se zafan. Llegamos y ya ve dónde nos dijeron que durmiéramos”.

El episodio, narrado por una maestra de la ciudad, Nadia Estrada, es sólo parte de un mosaico que decora los caprichos políticos. Obama no necesitaba venir a México. Los acuerdos energéticos y comerciales han sido pactados con antelación. La lección al mundo sobre el poder norteamericano se imparte todos los días con cualquier pretexto. Una entidad con 7 millones de pobres asiste, desde afuera, detrás de las cortinas, a una ceremonia de simulación que ha logrado institucionalizarse y utiliza sin empacho los recursos públicos para hacer negocios privados. La derrama económica llegará, es inevitable, a cambio de una economía que dependerá en absoluto de voluntades ajenas. Y el trabajo florecerá pero la mayor parte de esté será esclavizante, porque así son las reglas del juego.

Los políticos de Toluca celebran todo. Al menos las autoridades lo hacen. A horas de la Cumbre, la alcaldesa priista Martha Hilda González, con un renovado espíritu de comunicación social, anunciaba por todos los medios los importantes acuerdos que había alcanzado con norteamericanos y canadienses. Una máquina simuladora será instalada en El Calvario, por ejemplo, decía en su novedoso muro de face. Mientras, los helicópteros, estatales, militares y policiacos sobrevolaban la ciudad marcando perímetros. El imaginario popular especula con cierta esperanza un atentado. “¿Te imaginas? Nos borran del mapa”. Pero los números son más elocuentes. “Ocho helicópteros tiene el gobierno del Edomex, las naves que también le han servido de taxis aéreos a la señorita Laura tienen un costo total de casi 39 millones de dólares. En un solo mes realizaron 236 operaciones aéreas y el costo promedio por hora de vuelo fue de alrededor de ocho mil 705 pesos”, recuerda el periodista Elpidio Hernández, mientras un equipo de 300 jóvenes trilingües, que hablan español, inglés y canadiense, como se informó en el noticiero local de TV Azteca es distribuido para apoyar a los 5 mil visitantes. Planear para prever. Mejor que sobre y no que falte y si están equipados, mejor. Porque hasta un kit, publicitado días antes, estaba a disposición de los asistentes. Una playera roja que decía “¿Le puedo ayudar? y “Bienvenidos”, mostraba lo trilingües que podían ser los toluqueños, que de paso serviría como promotores turísticos porque entregaban folletos con descripciones artesanales y atractivos locales. Todavía, “Aída Fernanda López Vences, estudiante del Colegio Niños de México, expresó su agradecimiento a la alcaldesa por la oportunidad de participar en un evento de gran magnitud”.

Pero repartir folletos sin cobrar está bien. Son servicios ciudadanos que alguna vez casi todos han realizado. Los folletos, sin embargo, no describen que hasta el 18 de febrero del 2014, el Edomex contabilizaba 49 ejecutados, un aumento del 37 por ciento en relación al año pasado, y que hasta el 17 de febrero había 2 muertos y 11 heridos por ataque de comandos a bares de Neza.

“Por eso no podemos quedarnos tanto como quisiéramos. Por ejemplo, no he tenido oportunidad de probar el chorizo legendario de Toluca, ojalá la próxima vez que venga pueda probarlo”, dijo al final Obama, en su discurso de conclusiones.

Chorizo hay en todas partes pero Barak, por supuesto, nunca volverá.

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