Los 20 principales

* La exageración de lo mediático construye paraísos televisivos pero también ignora una parte de la realidad. En la entidad sucede así. El gasto público para la publicidad de políticos inauguró una era de dispendio desde la llegada de Enrique Peña como gobernador.

 

Miguel Alvarado
Se levantó temprano y se preparó el desayuno. Para él, un día más había comenzado y decidió barrer la acera de su casa, ubicada casi enfrente de la escuela Isidro Fabela, en la ciudad de Toluca. Tomó su escoba y dedicó unos minutos a la tarea. Justo cuando terminaba, una camioneta negra se detuvo frente a él. De ella bajaron algunos hombres y lo subieron a la fuerza. Se lo llevaron mientras su mujer, arriba, se preparaba para sus actividades cotidianas.
El hombre estuvo secuestrado más de un mes, tiempo durante el cual exigían el pago de hasta 15 millones de pesos. La familia prefirió no avisar a la policía pues temía una colusión entre autoridades y secuestradores. Al final tuvo que acudir a las autoridades, pero también pagar un rescate menor a lo pedido. El hombre fue liberado pero hasta el momento no hay responsables. El hecho sucedió a principios de año.
El caso es uno de los 42 registrados en la capital del Estado de México en lo que va del año, según el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal, que además tabula a los municipios de Ecatepec, donde fue alcalde dos veces el actual gobernador de la entidad, Eruviel Ávila, Cuautitlán Izcalli, Cuautitlán, Naucalpan y Chalco, entre los 20 más violentos de todo el país.
El gobierno del Estado de México sabe que la inseguridad y violencia han tenido un repunte en el 2014 pero también que no es un fenómeno aislado o atípico, como cree Ávila. La entidad recorre el mismo camino que Michoacán, aunque con sus propias características define un modelo que ya ocupa de grupos de vigilancia vecinal o guardias privados para cuidar transporte de mercancías. La presencia de al menos cinco cárteles, aceptada también por la administración estatal, describe una guerra encubierta, sorda, invisible, cuidadosamente encubierta.
La exageración de lo mediático construye paraísos televisivos pero también ignora una parte de la realidad. En la entidad sucede así. El gasto público para la publicidad de políticos inauguró una era de dispendio desde la llegada de Enrique Peña como gobernador. Trazado el plan para la presidencial y sabido que la entidad no cambiaría de la noche a la mañana, el equipo peñista decidió lo más fácil pero también lo más caro. El pago de contratos a medios masivos en el Edomex adquirió prioridad por sobre cualquier cosa. La construcción de una imagen y la puesta en escena también incluía cifras y compromisos cumplidos. Ser presidente de México nunca resultó ta atractivo para los aspirantes, pues el control del petróleo y su venta entraba en las ecuaciones de cualquiera de ellos. Como sea, Peña ganó y aquel paraíso de progreso que se suponía era el Edomex comenzó a rasgar los velos que le cubrían. Los habitantes lo saben. No hay truco en esa veladura impuesta, pero el resto del país tomaba, como una de las muchas excusas para votar por el PRI, además del acarreo, que la casa del Grupo Atlacomulco se encontraba relativamente en orden.
Nada más lejos de lo cierto. El Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal revela que la entidad reclama casi todos los rubros de inseguridad para sus municipios. Por ejemplo, en el apartado de “lesiones dolosas”, el Edomex tiene 11 municipios ubicados dentro de los primeros 20 a nivel nacional. Cuautitlán es tercero y Texcoco el cuarto. Zumpango, Toluca, Chalco, Naucalpan y Metepec están rankeados entre el 8 y el 12, respectivamente. Pero todavía Coacalco, Cuautitlán Izcalli, Huehuetoca y La Paz son el 16, 17, 18 y 20. En Toluca, por ejemplo, se registran 381 lesionados de forma dolosa por cada 100 mil habitantes.
En lo que toca al robo con violencia, hay 9 municipios mexiquenses entre los primeros 20. Cuautitlán Izcalli y Naucalpan son el 5 y 6; Tlalnepantla, Neza y Ecatepec son el 9, 10 y 11; Coacalco y Valle de Chalco son el 14 y el 16 y Tultitlán y La Paz, 18 y 19. Los números arrojan datos reveladores. Uno de ellos es que Cuautitlán y Cuautitlán Izcalli están presentes en todas las clasificaciones, excepto en la de homicidio, donde hay tres municipios mexiquenses entre los 50 primeros, Metepec, Chalco y Acolman, 42, 49 y 50 respectivamente.
El pueblo mágico de Metepec, gobernado por la priista Carolina Monroy, prima de sangre del presidente de México, es el municipio mexiquense con más secuestros en la entidad y el número 31 a nivel nacional. En este rubro, hay 8 más entre los primeros 50, Chalco, Acolman, La Paz en el 37, 38 y 39; Cuautitlán Izcalli y Toluca, en el 41 y 42 y Atlacomulco y Ecatepec en el 46 y 50 respectivamente.
Atlacomulco, la tierra de Peña Nieto, es el único municipio del norte mexiquense que aparece ubicado en alguna lista de delitos. No hay ningún municipio de la Tierra Caliente en el sur del estado, aunque allí se presenta una de las mayores actividades de narcotráfico. Tampoco hay municipios del valle de Toluca, excepto la capital estatal y Metepec, este último uno de los más desarrollados del país. Todos los demás son territorios pertenecientes a la Zona Metropolitana en el valle de México, un conglomerado de más 50 municipios y delegaciones del DF, cercano a los 20 millones de habitantes.
Otra estadística apunta que en extorsiones, aparecen 6 municipios entre los primeros 20 del país, Texcoco y Tlalnepantla, 5 y 10; Naucalpan y Cuautitlán, 12 y 13 y Atizapán y Neza, 16 y 20 respectivamente. La entidad es también primer lugar nacional en denuncias en homicidios dolosos, secuestro y extorsión.

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La cueva de Alí Babá

* Con él, con Gómez Z, comienza la historia que rige el presente del movimiento ferrocarrilero, con él también se fincan los procedimientos, fraudes y malversaciones que incidirían y decidirían su futuro y el futuro de un sindicato histórico y revolucionarios, hasta casi su extinción, con Víctor Félix Flores Morales, mejor conocido como Víctor Flores.

Francisco Cruz Jiménez
Los sindicatos aparecen, en papel, como asociaciones que tienen por misión defender los derechos del trabajador. El diccionario de la Real Academia Española lo define con claridad: “Asociación de trabajadores constituida para la defensa y promoción de intereses profesionales, económicos o sociales de sus miembros”.
Los amos de la mafia sindical rescata diez historia de larga duración que muestran no sólo a los diez dirigente más poderosos del país, sino las perversiones y deformaciones de una burocracia sindical que se queda con la enorme fortuna de las cuotas de sus agremiados sobre las cuales no hay transparencia ni control, una elite que ha hecho del sindicalismo mexicano un lastre para la sociedad.
Como todas las buenas historias alrededor del sindicalismo en México, la de Ferrocarriles empieza mucho antes de la llegada del charro sumiso Víctor Félix Flores Morales; comienza ésta con una lucha y un hombre fiero y de principios que la encabeza. Su nombre: Demetrio Vallejo Martínez, memoria viva y uno de los máximos símbolos de la lucha obrera por la reivindicación del sindicalismo independiente; un oaxaqueño altivo, indoblegable hombre de hierro que en junio de 1958 llegó a la Secretaría Nacional. No hubo ni una duda, ni protesta: 56 mil votos contra nueve de Salvador Quiroz —aunque en algunos registros aparece también el nombre de José María Lara—, impulsado por la Secretaría del Trabajo.
Por añadidura, se le otorgó la Presidencia de la Gran Comisión pro Aumento de Salarios del gremio. Vallejo tenía una comprensión intuitiva de los problemas de sus compañeros y era dueño de una impresionante perspicacia y astucia. Su movimiento rescataba las líneas que, desde su fundación el 13 de enero de 1933, había establecido el Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana (STFRM), cuando contaba entre sus filas con 35 mil trabajadores: “Eliminar los obstáculos que dificulten el progreso y la consecución del poder para los trabajadores”. Vallejo era congruente. Desafió a los presidentes Adolfo Ruiz Cortines y Adolfo López Mateos. Entre finales de marzo y principios de abril de 1959 estuvo a la cabeza de la huelga histórica de los rieleros.
Con el líder campesino morelense Rubén Jaramillo Némez, estaba en los primeros lugares de los personajes que López Mateos quería eliminar desde que empezó su administración el 1 de diciembre de 1958. Pero ni éste ni su antecesor, Ruiz Cortines, encontraron la fórmula para acabar con la popularidad de Vallejo y Jaramillo. La hostilidad y persecución contra el primero empeoraron con aquel paro del 59. La represión dejó un saldo de al menos 3 mil trabajadores detenidos en todo el país, entre ellos Vallejo, Hugo Ponce de León y Alberto Lumbreras. Luego se les se sumaría otro histórico luchador, Valentín Campa Salazar.
El vallejismo venció al miedo, marcó para siempre las luchas del siglo XX, unificó a trabajadores de todo el país, involucró a sectores de la sociedad que no tenían relación con los ferrocarrileros y resistió los embates del gobierno, pero el ejército le respondería con la tortura y otras medidas salvajes: de los 3 mil detenidos, 800 lo fueron por largos periodos, 150 fueron acusados de ser agitadores comunistas y al menos 500 fueron a juicio. El encarcelamiento de Vallejo se dio a través del alegato de imaginarios delitos contra la República: sabotaje y disolución social. Casi 12 años lo mantuvieron en prisión—allí en el Palacio Negro de Lecumberri, la cárcel más infame de México—, pero también tras las rejas desafío a la Presidencia de la República. Lo encarcelaron, pero no lo doblegaron.
Sin embargo, su encarcelamiento fue un golpe brutal para el sindicalismo obrero. Como primera medida de control el gobierno lopezmateísta impuso a los ferrocarrileros el liderazgo dócil de Alfredo A. Fabela hasta 1962. Ese año, a través del golpeador y represor chiapaneco Salomón González Blanco —desde su despacho mayor en la Secretaría del Trabajo—, el presidente López Mateos apretó las tuercas todavía más y llevó a la Secretaría Nacional del sindicato a un charro mayor, quien alguna vez intentó navegar con la bandera de democrático: Luis Gómez Zepeda o Luis Gómez Z, como le gustaba ser llamado.
Corrompiendo y corrompido, éste se quedaría allí hasta 1968 y mantendría el control de la organización hasta 1992 a través de sus marionetas José C. Romero Flores, Mariano Villanueva Molina, Tomás Rangel Perales, Jesús Martínez Gortari, Faustino Alba Zavala, Jorge Oropeza Vázquez, Jorge Peralta Vargas y Lorenzo Duarte García. Y con él, con Gómez Z, comienza la historia que rige el presente del movimiento ferrocarrilero, con él también se fincan los procedimientos, fraudes y malversaciones que incidirían y decidirían su futuro y el futuro de un sindicato histórico y revolucionarios, hasta casi su extinción, con Víctor Félix Flores Morales, mejor conocido como Víctor Flores.
Ajustado a los intereses del charrismo sindical y a la desproporcionada repartición de la riqueza —a manos llenas para líderes, y mendrugos para el trabajador—, el nombre de Víctor Flores está rodeado por secretos a voces, referencias de abuso, insinuaciones sobre crímenes, denuncias públicas de corrupción, compra de periodistas y gangsterismo. Su imagen como líder del sindicato ferrocarrilero ha quedado detenida en los vericuetos del poder y una maraña de complicidades; en términos rieleros, sortea el camino de tierra fangosa, cascajo, durmientes apolillados y residuos de cualquier abandonado taller de trenes. Muchos desean acabar con el reinado de este viejo bailarín, maestro de vals, que forjó su ascenso al más puro estilo priista y lo robusteció durante el gobierno de los panistas Vicente Fox Quesada y Felipe de Jesús Hinojosa, pero nadie se atreve a hacerlo.

Como Genaro Gatusso

* Pier Paolo se dedicaba a criticar una sociedad todavía más exhausta que la mexicana. La Italia sojuzgada y que iba a la guerra como si se tratara de un partido de fut, le daba la oportunidad. Para cualquier lado que volteara, encontraría excusas, buenos pretextos incluso nomás para ejercitar su pluma, su máquina de escribir.

 

Miguel Alvarado
Pasolini Pier Paolo me la pela. Los primeros años de la década de los 70, en el siglo pasado, Pasolini vapuleó a cuanto escritor se le cruzaba enfrente. No era nada más decir, hacerlo. Ponía toda una teoría cuántica en movimiento para justificar.
El italiano era toda una figura. Él mismo contradictorio, amante del futbol e hincha del Bolonia -¿quién le puede ir al Bolonia? Ni los de Bolonia- era sin embargo un hombre de convicción. Con su cara de defensa central al estilo de Franchino Baresi, el cineasta, poeta y novelista comunista fue retratado jugando al calcio en las barriadas romanas. Murió el 2 de noviembre de 1975 en un descampado de aquella ciudad, tal vez asesinado porque estaba en contra de todo y molestaba con la fuerza de la imagen, la palabra y “por homosexual, comunista y guarro”, dijo uno de sus asesinos sobre lo que sus compinches gritaron al masacrarlo a golpes. Pero sus fotos de futbolista son elocuentes. De traje riguroso, corre detrás de una pelota blanca mientras sus cuates, los jóvenes pobres le dejan hacer, sonrientes, alguna jugada de abuelo juventino.
El futbol y la lectura lo llevaron a comportarse como Genaro Gatusso pero con la elegancia de Gigi Riva. Su pataleo surtió siempre efecto, pues publicaba cotidianamente una sección de libros en el semanario Il Tempo. Madrazos terribles se llevaron de él las grandes figuras, incluidas las de héroes desarrapados como Eros Alesi y algunos latinoamericanos consagrados, a los que ni las moscas podían sobrevolar. De Alesi, un poeta de 20 años y símbolo de la rebeldía porque sí, Pasolini escribía, a propósito de una antología poética, que “todos los demás son irrelevantes, incluso Eros Alesi, del cual se presenta un mero y simple documento de vida (murió en el manicomio a los 20 años de edad, después de hacer un viaje a la India, drogadicto y con mala compañía de Piazza Bologna. Su padre era jockey y se emborrachaba y maltrataba a la madre. De aquí la acostumbrada tragedia que todos hemos vivido más o menos. Sólo que en estos años la moda ha querido que esta tragedia fuese intolerable y enfática, y ha pretendido soluciones extremas. No siento ninguna compasión particular por este desgraciado muchacho, débil e ignorante, que murió por la misma razón que se deja crecer la melena…)”.
No es que se le quite nada al Eros, pues sus 20 poemas y el viaje a la India quedarán por ahí, en plaquetas y para siempre, como una confesión de lo que pudo hacer, por ejemplo, el Rimbaud o el James Dean si se hubieran decidido a hacer alguna otra cosa. Claro, no podían hacer otra cosa.
Pasolini no era ingrato. Siempre endulzó sus palabras con un estilo de sobada y trancazo que equivale en estos tiempos, por decir algo, a la publicidad que mantiene a diarios y revistas ensartados en el tejemaneje de la subvención pública. O los discursos públicos de la Presidencia sobre el petróleo, la energía eléctrica y las reformas hacendarias. O los dueños de periódicos en Toluca, que publican gacetillas escritas en las oficinas de comunicación de las dependencias, las hacen pasar como información documentada y encima se hacen llamar periodistas.
Pero viéndolo bien, la verdad o al menos las certezas no sirven para nada. Esta Toluca de 34 grados centígrados a finales de marzo funciona muy bien desde la simulación y el precio aceptado de los limones como diamantes en bruto, con un gobernador, Eruviel Ávila, que pretende que la inseguridad es una situación temporal y promete resultados dos años después de asumir sus encargos. Todos la hemos padecido, ya de refilón o en carne propia. Pero la vida no se detiene, es el mensaje del priista, hay que seguir y confiar en que una administración pública equivalente a una especie de consorcio comercial privado, resuelva las cosas.
Pier Paolo se dedicaba a criticar una sociedad todavía más exhausta que la mexicana. La Italia sojuzgada y que iba a la guerra como si se tratara de un partido de fut, le daba la oportunidad. Para cualquier lado que volteara, encontraría excusas, buenos pretextos incluso nomás para ejercitar su pluma, su máquina de escribir.
Así, de Octavio Paz, también incluido en esa antología, apunta algunas pocas líneas, pero le rompe el esquema con la palabra “desilusiona”, y al genialísimo Gabo lo tacha, afortunado el colombiano, de simple guionista. “Otro lugar común (parece) es el de considerar una obra maestra “Cien Años de Soledad”, de Gabriel García Márquez, que acaban de reimprimir. Esto me parece simplemente ridículo. Se trata de la novela de un guionista o de un costumbrista, escrita con gran vitalidad y derroche del tradicional manierismo barroco latinoamericano, hecha como para los grandes estudios cinematográficos norteamericanos”. La deliciosa comedia continúa una página más y concluye que García ha debido convencer al jefe de la editorial para publicar su trabajo antes incluso de pensar en la obra literaria. Que así fue adaptándola. A Pasolini no se le escapó ese producto, cuyas correcciones realizaron los cuates de Márquez en la ciudad de México. Y estos cuates eran casi todos publicistas, en todo caso escritores metidos de publicistas. Gabriel tuvo el atino de hacerles caso.
Ahora que todas las autoridades conmemoran el natalicio de Benito Juárez y que se pasa revisión a al asesinato del priista que viera un México con hambre y con sed de justicia, Luis Donaldo Colosio, parece que hemos perdido lo mejor de cada uno de nosotros. Luego cae el veinte. Colosio no pudo ser el mejor hombre, ni siquiera uno medianamente destacado. Su asesinato lo convirtió en mártir porque así lo decidieron sus asesinos, pero no había tal compromiso social, intelectual. De todas maneras nunca lo sabremos y ya no es importante sino como antecedente del nadie hace nada. De Juárez queda más el recuerdo de aquella estatua que un alcalde mandó pintar de verde para que se pareciera al Increíble Hulk que el legado político del oaxaqueño. ¿Legado político? ¿De verdad? ¿A 200 años? Bueno, Juárez es incólume, por decirlo de alguna manera. La memoria se evapora en cinco minutos, lo que tarda el refresh del facebook en cambiar los contenidos, porque vacíos y todo, pero contenidos.
Pasolini fue muerto porque usó la palabra y la imagen para perpetuar sus convicciones, erróneas o no. Nadie mata a los del gobierno federal, por ejemplo, cuando publican sus comerciales sobre Pemex. Y si los matan, son ellos mismos.
Italiano y todo, Pasolini es una figura universal a pesar del Bolonia y sus viejos baggios. Tuvo el atino de procurarse editoriales y casa fílmica. En México habría sido otra cosa. Esclavos casi todos, metidos sin saber, sin querer, en simples esquemas sociales que determinan el rol, los mexicanos aceptamos todo, hasta a Pasolini. El panorama es sobrecogedor y no es necesario obtener información de alta clasificación para enterarse. Basta recorrer una calle, la que sea, y abrir los ojos. Las rejas invisibles de Pasolini aplican lo mismo para nosotros. Pobrecitos encadenados.
El libro que recoge las columnas periodísticas de Pasolini se llama Descripciones de Descripciones, editado por Conaculta y traducido por Guillermo Fernández, otro poeta asesinado, éste en Toluca, por no se sabe qué y no se sabe quién o quiénes. Esto lo debe el gobierno de Ávila.
Y Pier Paolo Pasolini no me la pela. Casi, pero no.

Vigilia

* El contexto vallesano es apenas un ejemplo, reflejo burdo de la realidad mexiquense, que de pronto se encontró administrado por el priismo de Eruviel Ávila, a quien se ubica fuera del palacio de Lerdo desde hace un año, pero que se ha mantenido hasta ahora. Su lema de gobierno, “Piensa en Grande”, se ha vuelto en contra suya cuando casi todas los índices de seguridad ubican al Edomex en los primeros lugares nacionales.

Miguel Alvarado
En el 2010 Valle de Bravo mantenía la impresión de pueblo mágico. Elevado a ese rango desde la Federación, se esforzaba por justificarse como el destino turístico más visitado del Estado de México. Los ex gobernadores Arturo Montiel, Enrique Peña y ahora Eruviel Ávila se referían a Valle de Bravo como la joya de la corona. Y cómo no, pues en sus fraccionamientos mantienen casa los empresarios más ricos del país. Emilio Azcárraga, de Televisa; Carlos Slim, y Ricardo Salinas de TV Azteca, entre ellos, forman la distinguida sociedad que ha transformado la fisonomía de aquel municipio, hasta convertirlo en una especie de paraíso, un sitio de descanso apenas a tres horas del Distrito Federal.
Pero una cosa son las zonas exclusivas, a las que no se permite acceso a la población local, y otra el pueblo y sus delegaciones. Dependiente de turismo, a Valle se le montó una infraestructura de cuento de hadas para los extranjeros. Blancas fachadas y tejados rojos, coquetos, dan la cara al visitante que recorre sus callejas y explora las iglesias, adornadas ricamente como en un set de televisión. Los comercios, por pequeños que sean, están enfocados a la satisfacción de la curiosidad. Artesanías primorosas, muebles hechos a mano, textiles de acabado lujoso conviven entre bares y restaurantes de las calles principales. Nadie se queja. A todos les va bien, al menos es lo que se percibe.
El 18 de marzo del 2014 Televisa publicaba que la inseguridad era tan palpable que ya se había detectado la presencia de criminales y narcos en la región, y que deambulaban en una red de actividades ocultas por la bonanza y la cara turística de cada ocho días. Asesinatos, plagios y la vista gorda de las autoridades permitían aquel ascenso, que se mostraba en pantalla chica como una verdadera y reciente sorpresa.
Pero en el 2010 todavía era peor. Aquella cotidianidad vallesana era esquebrajada por el empuje de los cárteles sureños, asentados desde siempre en Tejupilco, Luvianos, Bejucos, Temascaltepec, Amatepec, Zacazonapan y Tlatlaya, entre otros. Estos grupos son los mismos que controlan el resto del país. Los Zetas, primero, luego La Familia y los propios Caballeros Templarios encontraron en aquella tierra caliente mexiquense un acceso conveniente hacia Toluca, el valle de México y el Distrito Federal. Desde allí comenzaron a moverse drogas y logística, así como la misma producción local, que se desparramaba por la región. Los gobiernos reaccionaron tímidamente. A pesar de operativos, detenciones y ejecuciones de cabecillas, terminaron por aceptar la hegemonía. El sur mexiquense es una patria aparte, enclavada entre Michoacán y Guerrero, donde las leyes son distintas y las autoridades municipales son pagadas por el narcotráfico, que eroga hasta para aguinaldos y prima de las fuerzas de seguridad. Pronto, ese imperio del miedo y el chantaje terminó por imponer candidatos, patrocinar campañas políticas y desde la raíz controlar las actividades políticas.
Valle de Bravo, un territorio que colinda con aquella región bronca y perdida para la autoridad estatal, comenzó a sentir los efectos de tener vecinos tan especiales. Era en Valle de Bravo donde se realizaban algunas transacciones como pagos por protección, por rescate o simples chantajes. Se hacían a la luz del día y algunos tenían hasta la participación de funcionarios públicos, como sucedió con el alcalde de Otzoloapan, Santos Cabrera, quien citaba a ciertas víctimas de extorsión en la plaza central de Valle de Bravo y en plena luz del día contaba los montos exigidos. Aquel ex alcalde y su desparpajo para adaptarse a los malos tiempos son ejemplo de lo que sucede en aquellos municipios. Pero este año, el 20 de febrero, familiares de Cabrera daban a conocer que el ex edil había sido secuestrado y que los captores exigían un millón de pesos para liberarlo. Los parientes pagaron y Santos fue libre, aunque nunca hubo una denuncia formal ante la Procuraduría.
Si Santos era como era, el resto no se quedaba atrás. Valle de Bravo siempre lo supo y las autoridades estatales también. Luego de la nota reporteada por Televisa, el actual presidente municipal de Valle de Bravo, el veterinario Jesús Reynoso, salió a desmentir la violencia pero su tacto fue el mismo de cualquier político. “Aquí no pasa anda”, alcanzó a balbucear.
Pero el contexto vallesano es apenas un ejemplo, reflejo burdo de la realidad mexiquense, que de pronto se encontró administrado por el priismo de Eruviel Ávila, a quien se ubica fuera del palacio de Lerdo desde hace un año, pero que se ha mantenido hasta ahora. Su lema de gobierno, “Piensa en Grande”, se ha vuelto en contra suya cuando casi todas los índices de seguridad ubican al Edomex en los primeros lugares nacionales.
De Ávila se sabe certeramente que es gobernador porque podía encargarse de intereses políticos en tiempos electorales. No moverse pero cooperar, por ejemplo, fue la orden dada desde el PRI nacional cuando Enrique Peña compitió por la presidencia mexicana. Tan bien le fue, que hoy es presidente de México y el grupo que lo patrocina han volteado a ver a su gobernador, en busca de respuestas. Si hay alguna forma de saber hacia dónde camina México, es examinando la realidad mexiquense. Porque si bien Ávila muestra en público el amargo perfil de quien se sabe atado de manos y mitinea por toda la entidad, el Edomex ha comenzado a llamar la atención hasta de Televisa, debido a la inseguridad.
Otro medio, el semanario Proceso, dedicó su última portada al gobernador mexiquense. El resultado fue la compra masiva de la revista en todo el territorio, desapareciendo “la evidencia”. La maniobra, lerda pero efectiva, había sido practicada con otros medios por Montiel y Peña. El reportaje en cuestión, de José Gil Olmos, consignaba que “según documentos del gobierno mexiquense y del federal, desde 2008 La Familia Michoacana, Los Caballeros Templarios, Guerreros Unidos, el Cártel de Jalisco Nueva Generación, los Beltrán Leyva y Los Zetas arreciaron la lucha por controlar el territorio de la entidad”. La realidad de la que da cuenta no era secreto para nadie, pero siempre fue negada, al menos omitida por la autoridad. El vacío de poder se le nota a Ávila, que en cuanto abandona su confortable zona de giras, trastabillea. Metido más en polémicas sobre conciertos metaleros cancelados que en aportar aunque sea opiniones fundadas sobre la inseguridad, al ex alcalde de Ecatepec le revienta su realidad a nivel nacional. El cierre de más 300 tables dances en la entidad y las posteriores protestas de quienes viven de eso se unen a dos levantones de jóvenes en la ciudad de Toluca, cerca de la Prepa Cuatro y la aparentemente inexplicable oleada de ejecuciones en el anteriormente tranquilo municipio de Cuautitlán Izcalli, y que alcanza las 35 en lo que va del año.

Con los tenis por delante

* “La relación perversa con los grupos de poder ha permitido que los líderes sindicales hagan, por más inapropiada que parezca, ostentación pública de su gran fortuna personal: joyas deslumbrantes, inalcanzables hasta para los sueños de un trabajador, automóviles último modelo, de colección, residencias en exclusivos barrios de la ciudad de México, en zonas turísticas nacionales y el extranjero, o cuenten, cual hazaña deportiva, cómo recibían gruesos fajos de billetes, del gobierno, para gastar en Washington”, escribe el periodista Francisco Cruz en el libro Los Amo de la Mafia Sindical, editado por Planeta en el 2013.

Francisco Cruz Jiménez
Mención aparte merece el extinto Jesús Díaz de León, progenitor de la palabra que los hace tener algo en común, los une, les da identidad o los califica: charro, para designar a un líder corrupto, controlado por el gobierno y proclive a beneficiar, por las buenas y las males, a los patrones. En su oportunidad, Díaz de León, a quien le gustaba encabezar, vestido de charro, las sesiones formales de su Comité Ejecutivo, “vendió” o entregó, el combativo sindicato ferrocarrilero al presidente Miguel Alemán Valdés. El charrazo, el charrismo y los charrazos se hicieron parte del paisaje cotidiano sindical. Como quiera, el prototipo de charro no es él, sino Velázquez Sánchez, quien, por 70 años, prohijó la formación de charros en cada una de las entidades del país, incluido el Distrito Federal.
En 1986, cuando preparaba su octava reelección, muy respetuosos los periodistas preguntaron a Fidel Velázquez:
– ¿Cuándo se va, don Fidel?
La respuesta no sorprendió a ninguno:
– A mí me van a sacar de la CTM con los tenis por delante. Sus palabras fueron proféticas: 11 años después, a los 97años de edad, salió en su féretro. Fue líder sindical hasta el último minuto del 21 de junio de 1997. Nadie lo derrotó. Lidió y sobrevivió once sexenios; once presidente de la República tuvieron que lidiar con él. Puso el ejemplo.
Lo mismo le pasó a Enrique Aguilar Borrego. Veintidós años estuvo al frente de la Federación Nacional de Sindicatos Bancarios (Fenasib), que agrupa a unos 70 mil de los casi 150 mil empleados que tiene el sector bancario en el país. De la mano del PRI y gracias a su cargo, fue diputado federal y presidente del Congreso del Trabajo. Sólo la muerte logró arrancarlo de la dirigencia. El 15 de junio de 2009, cuando comía con su familia, murió de un infarto. Tenía 60 años de edad.
Acostumbrado a ese mundo, también un compendio de traiciones y venganzas, el tlaxcalteca Alberto Juárez Blancas no hizo aquella promesa de Fidel, pero como si la hubiera hecho, sólo la muerte fue capaz de arrebatarle el liderazgo de la Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC). Para evitarse complicaciones, en 1975 se hizo nombrar presidente ejecutivo de esa organización. Víctima de un paro cardiaco, luego de permanecer más de 12 meses en estado de coma, murió la madrugada el jueves 27 de octubre de 2005, a los 98 años de edad. Hasta ese momento, Juárez Blancas retenía el liderazgo vitalicio de su organización.
Incuestionable su lealtad al PRI, en 2000 se sumó a la fila de dirigentes sumisos al Partido Acción Nacional (PAN). Para congratularse con el nuevo mandatario, fustigó a los “tiburones” del sector obrero que se han enriquecido a costa de los trabajadores”. Exigió castigara esos personajes, se mordió la lengua o escupió para arriba y se curó en salud: “Mis bienes y propiedades son resultado de trabajo honesto. Estoy de acuerdo en que los funcionarios corruptos y los peces gordos sean investigados. Yo no llego ni a charal”.
Y en noviembre de 2002, mostró de nuevo se incuestionable lealtad, a Vicente Fox: “Jamás los he obligado —a los trabajadores croquistas— a votar por el PRI, porque tengo el concepto de que todos los políticos sólo utilizan a los obreros para ganar votos y cuando llegan al poder ni nos conocen. No tienen por qué ser fieles al PRI, pues este sólo cuando hay fiestas nos repica las campanas y nos invita”.
De pasadita, sus pares le recordaron al “charal” que vivía de las cuotas emanadas de la segunda central obrera más grande de México, cuyo poder se extendía sobre 4.5 millones de trabajadores aglutinados en 4 mil 500 sindicatos federales y locales, así como de por lo menos 18 mil contratos colectivos de trabajo.
Eternizados en el cargos, los “favores” personales que piden les son otorgados con proverbial generosidad y forman parte de la picaresca política mexicana porque, aunque en ocasiones no lo parezca, su palabra puede convertirse en un arma capaz de propiciar el deterioro de las instituciones, incluida la Presidencia de la República; hasta ahora, ninguno ha osado abrir la boca, ni los caídos en desgracia. Todos han aguantado la humillación, el escándalo, las intrigas y el descrédito; la mayoría se ha comportado como si fueran los peores enemigos de sus agremiados. Los trabajadores son una especie de vaca lechera que se puede ordeñar a cualquier hora y la autonomía sindical una bandera prostituida que les permite acaparar fortuna y escalar posiciones políticas.
La relación perversa con los grupos de poder ha permitido que los líderes sindicales hagan, por más inapropiada que parezca, ostentación pública de su gran fortuna personal: joyas deslumbrantes, inalcanzables hasta para los sueños de un trabajador, automóviles último modelo, de colección, residencias en exclusivos barrios de la ciudad de México, en zonas turísticas nacionales y el extranjero, o cuenten, cual hazaña deportiva, cómo recibían gruesos fajos de billetes, del gobierno, para gastar en Washington.
¿Qué son necesarios los sindicatos? Los líderes lo saben, como saben todos que tienen un problema de imagen, pero parece no importarles. El derroche sólo es limitado por la imaginación. Gastan cual príncipes europeos o los “magnates” que son. Por ejemplo, la humilde profesora Elba Esther Gordillo Morales, quien llegó a humillar a secretarios de Estado, gobernadores y candidatos presidenciales, abrió 80 cuentas bancarias, se hizo de 70 propiedades, pero destacan sus espectaculares mansiones en Polanco y San Diego, frente al mar que, en conjunto, superan valuaciones de 10 millones de dólares.
A Víctor Flores, cuyo ascenso se le notó usando, cada vez más, zapatos, camisas y trajes más finos, es frecuente verlo con un reloj de oro, de 50 mil dólares, en la muñeca de su brazo derecho; Napoleón Gómez Urrutia se hizo construir una casa de descanso en la punta del cerro El Tepozteco, de 28 mil metros cuadrados —la napoleónica— valuada en 4 millones de dólares; y famosos eran los anillos de piedras preciosas —uno para cada dedo de cada una de las manos— de Morones, quizás el líder más poderoso que ha tenido México, secretario de Comunicaciones en el gabinete de Plutarco Elías Calles, el Jefe máximo de la Revolución.
En marzo de 2013, el periodista Julio Aguilar escribió: “desde Morones, la bonanza de los líderes puede apreciarse como en catálogo. […] De la prudencia del longevo Fidel Velázquez, quien evitó mostrar su prosperidad ante varias generaciones de mexicanos durante el siglo XX, al desenfrenado exhibicionismo de Elba Esther, una fashion victim en eternas compras compulsivas. Pero incluso al cauto líder histórico de la CTM hoy puede documentársele al menos una mínima parte de un patrimonio difícilmente explicable dado su modesto origen campesino y su prolongado empleo como líder obrero en un país con pobreza ancestral: vivía en una bonita residencia en las Lomas de Chapultepec”.
El extraordinario boom financiero de los dirigentes sindicales mexicanos se ha documentado paso a paso. El caso de los petroleros es emblemático: a Carlos Romero Deschamps se le ha visto dar la hora en relojes Rolex y AudermarsPiguet, cuyo precio oscila entre 50 mil y 200 mil dólares. Como los demás dirigentes, tiene una obsesión especial por los bienes raíces: su “casita” en el bulevar Kukulcán, en Cancún, tiene un valor cercano al millón y medio de dólares en el mercado inmobiliario mexicano.
Sus hijos Carlos y Paulina representan la imagen más acabada de la opulencia, el derroche y el exceso: él manejando un Ferrari Enzo; ella, paseando en lujoso yates y aviones privados. En 2011, Romero Deschamps recibió 282 millones de pesos por concepto de “ayudas al comité ejecutivo” del sindicato, y 200 millones de cuotas sindicales.

El nuevo cine mexicano

* El Crimen del Cácaro Gumaro es nada más un retrato en fotochop del México lindo y qué herido, hermoseado por el trasero de Ana de la Reguera, quien por otra parte desarrolla ejemplarmente su personaje de femme fatale de pacotilla. La cinta es una especie de recopilación de filmaciones nacionales y toma como fondo de batallas al cine Linterna Mújica, desadaptación perversa pero enjundiosa de aquel Cinema Paradiso, tan tierno y tardío en la vida de algunos.

Miguel Alvarado
Bueno, tampoco hay nuevo cine mexicano. Lo que hay es lo vemos y nada más. Mexicano como género no existe en las actividades realizadas por por gringos, guatemaltecos o los de Cuautitlán Izcalli. Tampoco hay la tan manida mexicanidad o el amor a la camiseta, que se traduce por apoyar las ilusorias capacidades deportivas de la selección nacional de futbol, para empezar. Ya después, por inercia televisiva, aquel concepto se aplica hasta para comerse la sopa desabrida de la querida mamá.
Entonces, no se puede juzgar al Güiri-Güiri por hacer su película con apoyo oficial y toda la cosa, porque sería no ponerse la camiseta. Andrés Bustamante esperó y esperó y esperó para hacer su proyecto. Además el trabajo, una farsa al estilo de Tarantino, pero en pesos mexicanos, cumple el cometido de hacer reír. Uno diría que también Eugenio Derbez roba una sonrisa o el mismo Chómpiras y los habitantes del inframundo chespiriano. Pues sí, pus sí, ni modo que qué.
Bustamante es buen cómico, adaptado desde El Hijo del Cuervo y la televisión para sobrevivir en proyectos extraños, achilangados y joseramonfernandescos, pero ingeniosos y toda la cosa, pasando siempre por el escenario del bajo presupuesto y la chispa intelectualona. “El Crimen del Cácaro Gumero” es imposible. Allí donde nadie pensó que hasta Chabelo encontraría su nicho, es posible verlo tripulando un Mazinger-Z modelo Xochimilco para darle en la torre a la retorcida figura del crítico de cine de arte o de lo que sea.
De pronto el pueblo de Güemes, donde se desarrolla la historia, es testigo del más bizarro jurado para un festival de películas, organizado por el doctor Cuino, alter ego de Bustamante. De inmediato recuerda cualquier foro de TV y Novelas y sus absurdas luminarias. O los Óscar, ilusión premiada que generan miles de millones de dólares a partir de la sublimación de un deseo absolutamente inútil, pero necesario hoy porque representa esas dos horas de sana diversión y esparcimiento a la que todo el mundo tiene derecho.
El Crimen del Cácaro Gumaro es nada más un retrato en fotochop del México lindo y qué herido, hermoseado por el trasero de Ana de la Reguera, quien por otra parte desarrolla ejemplarmente su personaje de femme fatale de pacotilla. La cinta es una especie de recopilación de filmaciones nacionales y toma como fondo de batallas al cine Linterna Mújica, desadaptación perversa pero enjundiosa de aquel Cinema Paradiso, tan tierno y tardío en la vida de algunos.
Hay una especie de halo que envuelve al espectador cuando ve tantos personajes. Como en Los Indestructibles, donde los fortachones y sesentones héroes de películas de acción gringa, cuando Chuck Norris arrasa todo un pueblo y limpia de malos él solito la calle de un bajo fondo croata o serbio, así es la apuesta del Cácaro Gumaro.
Porque qué necesidad de ver a Jorge Rivero hacerla de pajarero en el mercado de la localidad. O la inigualable presencia de Juanito, alias Rafael Acosta o al revés, aliado de López Obrador en alguna negritud electoral. La suma de chistes parece fácil, o lo fue para El Güiri-GÜiri, a quien sin embargo se le debe reconocer que ese rompecabezas en el que convirtió su trabajo encaja perfectamente en cualquier criterio, así como el desarrollo de sus personajes, que al mismo tiempo encarnan estereotipos como el de Pepe El Toro y que fueron sencillos.
El éxito económico de Eugenio Derbez obliga a la comparación con Bustamante. Pero Derbez, infantil y aprovechado, oportunista y autocomplaciente, no podría hacerlo peor. El gran descubrimiento del hijo pródigo de Televisa era aquel Sammy disléxico y explotado, según la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal que lo defendió del atroz cómico y la televisora, pero que nunca preguntó por su estado de salud. Sammy representó para el actor de Azcárraga el motivo fundamental de la barra de programas en los que aparecía. Nadie como él para hacer reír, que era lo fundamental, o en todo caso, indignar sanamente a las autoridades de la inservible Comisión.
A la creación del doctor Chunga no le faltaron ingredientes. Hasta supo que lo más inn en este momento son los zombies de Sahuayo y se dio el lujo de invitar a los moneros Jis y Trino para una escena de 35 segundos. Y si uno quisiera verse muy actual, preocupado y comprometido por los constantes michoacanazos o las metidas de pata del gobernador mexiquense Eruviel Ávila, no habría de qué preocuparse. Porque el drama o tragedia o montaje poco ortodoxo o farsa de la vida real de El Crimen… también aborda sus situaciones sociales. ¿Para qué darse golpes de pecho con el asunto de la piratería, a la que abonan también las empresas de cinematografía, actores e involucrados en general? Para Bustamante en un tema que bien vale la construcción de un barco pirata sobre un enorme camión sacado de Lola la Trailers Tres, que estaciona en la plaza principal de aquel pueblo y que ofrece los últimos estrenos clonados con la mayor calidad del mundo mundial.
La historia mexicana pasa revista en algunos segundos de un hecatómbico baile del Padre de la Patria, don Miguel Hidalgo, que se echa un rap-tecno-banda para regocijo de quienes no estamos de acuerdo con la versión que nos presentó la escuela o los libros de Catón. Y es que Hidalgo rapeando no tiene precio y es como escuchar a Carlos Salinas decir que no mató a Colosio o a Peña Nieto pronunciar un discurseishon en puritito inglés.
Poco a poco al Güiri-Güri se le acomodan las escenas, aunque nunca encuentra virtuosismo -quizás porque nunca lo buscó- y si bien hay uno que otro bostezo, al cuento le salen alas, como a las palomas de Cinépolis.
La propia invasión zombie, resultado de la alimentación que hacen tragar a la población -palomitas, chescos, saldiuvas, jotdogs- y que termina en un ataque nuclear norteamericano es tan verídica como los diálogos entre un coronel del Pentágono y el malvado don Cuino. Finalmente, la devastación llega a Güemes a pesar de que todo está bajo control y el trasero de Anita se mantiene incólume, como la Suave Patria. Las noticias, leídas por Brozo, atribuyen la destrucción final a cualquier cosa, menos a la verdad sospechada. Y por allí una voz muy parecida a la de López Dóriga pregunta en alguna parte que why the rito?
Bustamante cae bien o mal. Y la película es buena y mala al mismo tiempo, eso no importa, luego de entender la trágica farsa del cine hecho en México por mexicanos con apellidos como Calva, Rojas, Ochoa, Del Castillo, Rojo y Corona y con estelares apariciones como las de Mascarita Sagrada (creo), Alfonso Zayas y el Polivoz sobreviviente, Eduardo Manzano. ¿Por qué todos actúan bien?, ¿por qué parece que saben actuar? Hasta Carmen Salinas y Kate, la hija de Érick, en sus 45 segundos de gloria, lo hacen de maravilla.
El Crimen del Cácaro Gumaro es una película imperdible (ay, güey) porque, entre otras cosas, le da un zape al chico Derbez, a quien nada más faltó invitarlo para tener el México referencial por el que los sesudos se pelean en describir todos los días.

Infierno y cielo

* La empresa Live Talent, organizadora del Hell and Heaven es fruto de la unión entre Ceime y Basic-Music y tiene 10 años en ese mercado. Y si bien Juan Carlos Guerrero y Javier Castañeda son apenas figuras públicas de bajo perfil, un tercer socio no lo es. Se trata de Miguel Ángel Jiménez, quien en el 2009 era el director de la Lotería Nacional y quien ese mismo año debió separase del cargo porque pesaban sobre él cargos de corrupción al supuestamente apoyar a candidatos panistas con recursos públicos, sobre todo en Campeche y Yucatán.

 

Miguel Alvarado/ Juan Manuel Hernández/ Fabiola Díaz

A Eruviel Ávila un concierto del género metalero, el Hell and Heaven Corona Metal Fest, que se realizaría en Texcoco el 15 y 16 de marzo, le costó algo más que críticas por “intolerante” o “exagerado” en redes sociales y medios públicos.

El gobernador confirmó con una sola declaración que las inversiones y desarrollo económico en el Estado de México no son competencia de las autoridades y que, en todo caso, deben pedir permiso a los empresarios relacionados con el Grupo Atlacomulco.

En la cancelación del Hell and Heaven se observa un factor político, una especie de venganza contra con una administración municipal, la de Texcoco, encabezada por el partido Movimiento Ciudadano, pero también uno comercial. En México, el monopolio de conciertos musicales y eventos relacionados lo opera la empresa Corporación Interamericana de Entretenimiento, OCESA, de la que Televisa es dueña del 40 por ciento de sus acciones.

Fundada en 1990, OCESA mantenía como misión empresarial “satisfacer las necesidades, deseos y expectativas de entretenimiento y esparcimiento en el tiempo libre de los diferentes grupos sociales latinoamericanos, convirtiéndonos en su mejor opción”. Pero ser una opción es una cosa. Ser la única, ya es otra. Y es que OCESA sencillamente no permite que nadie comparta su nicho de mercado. El Hell and Heaven convocaría unas 80 mil personas en dos días, y que dejaría una derrama de 350 millones de pesos para Texcoco con una inversión general de 5 millones de dólares.

Organizado por jóvenes fuera del circuito de OCESA como Juan Carlos Guerrero y Javier Castañeda, de la empresa Live Talent, el Hell fue cancelado unos 10 días antes por el gobierno del Edomex, que adujo incumplimientos en las disposiciones de Protección Civil y tuvieron que tragarse las palabras del Ejecutivo, quien dijo que “aunque “me gusta la música, me gusta el rock, me gusta Guns N’ Roses, ‘I used to love her’, ‘November Rain’; de Kiss, Charisma, por ejemplo; a mis hijos les gusta la música, los conciertos, pero como padre de familia yo no voy a exponer a mis hijos y a la gente que eventualmente pudiese ir”. El director estatal de Protección Civil, Arturo Vilchis, fue más concreto y señaló que faltan registros sobre modificaciones al espacio físico, un dictamen y una autorización de protección civil, además de un programa con diagnósticos internos y externos. La alcaldesa de Texcoco, Delfina Gómez, afirma haber sostenido siete reuniones con Protección Civil y que nunca le informaron de anomalías.

Live Talent, la empresa que organizaba, ha traído anteriormente al disc jockey Tiesto, al dúo Cristal Castles y organizado conciertos masivos con artistas como Babasónicos, Julieta Venegas Y Jumbo. En el 2013 realzó un masivo metalero, pero no tan ambicioso como el del 2014, con bandas como Motorhead, Antrax y Testament, entre algunas bandas.

Esta vez estaban anunciadas viejas glorias del rock y el heavy, como los Guns N’ Roses, Kiss, Rob Zombie, Twisted Sister, Lamb of God, Oped, Carcass, los mismos de Testament, Misfit, Dragon Force, POD, Brujería, Obituary, Hocico -grupo mexicano triunfador en Alemania- y Deiside, Marduk, Possesed, estas últimas tres iniciadoras de estos conciertos en los años 80 en Europa.

La empresa es fruto de la unión entre Ceime y Basic-Music y tiene 10 años en ese mercado. Y si bien Juan Carlos Guerrero y Javier Castañeda son apenas figuras públicas de bajo perfil, un tercer socio no lo es. Se trata de Miguel Ángel Jiménez, quien en el 2009 era el director de la Lotería Nacional y quien ese mismo año debió separase del cargo porque pesaban sobre él cargos de corrupción al supuestamente apoyar a candidatos panistas con recursos públicos, sobre todo en Campeche y Yucatán.

A este Jiménez se le relacionaba en aquel entonces, políticamente, con la maestra Elba Esther Gordillo. Estuvo en el cargo 67 días, suficientes para no volver. Era coordinador de los diputados del Panal y su primer presidente, pero algunos disgustos lo distanciaron de ella. Perdonado, Gordillo le consiguió aquella Lotenal más forzada que porque le conviniera. Jiménez representó en su momento una especie de eje desechable entre panistas y elbistas y se encargó de cultivar relaciones con personajes como Juan Camilo Mouriño.

Este es el escenario donde a Eruviel Ávila le tocó ofrecer su particular versión del festival metalero. Nadie esperaba una cancelación así pero tampoco se conoce del todo el trasfondo del negocio de los espectáculos musicales, que OCESA domina de punta a punta, y a la que se ha calificado de tentacular, monopólica.

El gobernador del Estado de México le dio al festival la promoción que necesitaba. Luego, los metaleros buscaron otras sedes y hasta el 12 de marzo se habían descartado el DF, Tijuana y Puebla como alternativas.

Christopher Ruvalcaba, otro de los organizadores del HELL, cree que la competencia de OCESA es dura, pues en cuanto ven un evento importante manejado por otra firma, impone trabas o de plano no renta los lugares.

Paralelo a los conciertos, también están programados otros masivos, el Electric Planet Music, de Pedro Moctezua, ex esposo de la actriz Alejandra Guzmán; el Electric Daisy Carnival, de OCESA y en Toluca el Festival del Centro Histórico, del 14 al 19 de marzo, donde la principal atracción son Pepe Aguilar, Moenia y Río Roma, realizado por el ayuntamiento local.

Un comunicado oficial del gobierno estatal confirmaría que el Hell no podría realizarse y el 12 de marzo, el secretario federal de Gobierno, Miguel Ángel Osorio Chong acercó más el punto final cuando declaró que los organizadores deberían dar “vuelta a la hoja” respecto al festival, pues “esto ya se hundió”

 

Escondido en el infierno

 

Ávila prefiere la parafernalia de un concierto de rock que dar la cara para, al menos, opinar sobre asuntos verdaderamente importantes. Si bien es cierto que el Hell le acarreará al PRI alguna resistencia en tiempos electorales, se apuesta por el olvido y los tradicionales pagos a acarreados, que practican todos los partidos pero en el PRI es, desde años, una práctica institucionalizada. Nadie espera pérdidas políticas por el lado de la banda”, pero sí un desgaste más acerado al menos en redes sociales. En lo público, pocos saben de los logros en la administración eruvielista y es difícil encontrar alguno que merezca mención, que se salga del programa regular de trabajo.

La inseguridad opaca por completo cualquier tipo de importancia que pudiera tener un festival musical y 163 ejecuciones a la fecha parecen confirmarlo. Nadie en el gobierno puede dar una respuesta al fenómeno, pero sí se acepta la presencia de cárteles en algunas zonas, sobre todo la del valle de México, donde en Chimalhuacán hay denuncias sobre comandos que acribillan negocios establecidos, entre 12 de la noche y 4 de la mañana, con el fin de amedrentar a los comerciantes para que paguen derechos de piso. Y uno de los grupos que se ha identificado en la Zona Metrpolitana es el de los Caballeros Templarios, quienes junto con La Familia Michoacana, extienden sus prácticas a la región desde hace meses.

De las 163 ejecuciones, las últimas tres habían sucedido en Luvianos, según reporte del diario electrónico local Alfa, que menciona el avance de un convoy militar sobre una carretera secundaria, rumbo a la comunidad de Vallecitos, frontera con Michoacán. A la altura del poblado de Cruz de Clavos, los militares fueron atacados por civiles armados, quienes al responder mataron a tres. Días atarás, recuerda Alfa, otro enfrentamiento se registró en la vecina Tenayac.

El gobierno de Ávila respondió a la violencia con brillantez burocrática. Primero creó una especie de vocería, un intermediario entre medios y autoridades, para difundir información y responder preguntas. Y luego guarda silencio, evita confrontaciones y sólo golpes mediáticos como la detención de cerca de una docena de secuestradores, pueden saberse.

Eruviel es un gobernador permanentemente emplazado. Casi siempre hay una fecha para que abandone su gobierno. Cierta o no, lo único que crea es incredulidad, desconfianza. Ahora algunos señalan que a más tardar saldrá del palacio de Lerdo el primero de abril. Pero las suposiciones no le resuelven nada. Quinientos sesenta y tres feminicidios entre el 2011 y el 2013 ubicaban a la entidad, hasta ese año, en el primer lugar nacional en este rubro.

Otro primer lugar que detenta la entidad es el secuestro y según el Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), hay 132 secuestros denunciados, de los cuales 19 fueron en tierra mexiquense. Uno más es el de violencia de pareja, con una incidencia del 54 por ciento y que supera la media nacional que es de 42 por ciento. Coco contrapeso, el gobierno estatal ha gastado más de249 millones de pesos en promocionar al propio gobernador y sus acciones. También tiene la flotilla aérea del país, compuesta por 8 helicópteros, que entre todos han costado unos 39 millones de dólares.

Que Ávila elija desgastarse todavía más en polémicas musicales significa solamente que nunca ha encontrado la brújula para su gobierno.

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