La cola limpia

* Miguel Ángel Osorio no es un político tan vistoso como Videgaray, ni es tan cercano como Miranda Nava o María Elena Barrera Tapia; tampoco es del Estado de México, pero ha demostrado que, en la operación electoral, es un Golden de verdad. ¿Quién y cómo prevalecerá? México ya lo descubrirá. La profecía se cumplió: “Seis gobernadores saldrán de Atlacomulco. Y, de ellos, uno será Presidente”.

 

Francisco Cruz Jiménez

Xóchitl Gálvez ha sido claridosa y temeraria: el 20 de mayo de 2012, como candidata panista al Senado denunció que Osorio Chong era propietario de una residencia de 2.5 millones de dólares en el Fraccionamiento Los Arcos, ubicado en Pachuca.

En una entrevista con el periódico Reforma, Gálvez exigió al colaborador de Peña explicar “cómo se puede construir una propiedad de ese tipo con un sueldo de 75 mil pesos al mes, como los que cobró cuando fue gobernador del estado. Y dijo que el fraccionamiento fue edificado por el empresario Ernesto Blanco, uno de los constructores favoritos de la gestión de Osorio Chong. “El puro terreno vale 20 millones de pesos y se construyó esa casa en los últimos dos años que fue gobernador. Yo puedo abrir la boca porque tengo la cola limpia”.

Su poder, el de Osorio Chong, ciertamente emana del Grupo Huichapan en el que se formó; empero, como diputado federal en 2003, hizo otras alianzas perdurables y vigorosas. Aquel año era parte de los subordinados militantes priistas que seguían las órdenes —además de protegerla— de la efímera coordinadora de los legisladores priistas en San Lázaro, Elba Esther Gordillo Morales.

Con él hacían mancuerna Miguel Ángel Yunes Linares, Tomás Ruiz González y Roberto Rafael Campa Cifrián. Esos cuatro eran, entonces, los alumnos consentidos de la profesora Gordillo. No es, por tanto, una sorpresa que el último haya sido incluido en el equipo de transición de Peña, en la coordinación de seguridad.

“Sólo Osorio Chong fue instruido de permanecer en el PRI, donde la maestra las puede todavía, y por eso alcanzó hace tres años la postulación al gobierno de Hidalgo”, escribió Granados Chapa el 22 de febrero de 2008. Y Elba Esther ha sabido apreciar su lealtad. La confianza entre ambos es total.

El martes 7 de diciembre de 2010, por ejemplo, el Partido Acción Nacional (PAN) sacó a relucir una cadena de corrupción que involucraba a funcionarios del gobierno de Osorio, dirigentes de PRI en el estado y maestro del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), cuyo liderazgo vitalicio recae en Elba Esther.

Una demanda levantada ante la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (Fepade) destacaba nombres de personajes que cobraban en la Secretaría de Educación Pública de Hidalgo (SEPH), entre ellos, la hermana de la titular del Instituto de Transparencia del Estado, Flor de María López González.

“Ahora entendemos por qué nunca obtuvimos información aquí en el estado y tuvimos que recurrir a instancias federales para conocer información pública”, denunció Gonzalo Trejo Amador, dirigente del Partido Acción Nacional (PAN) en Hidalgo. Y aparecían, como aviadores, Miguel Ángel Cuatepotzo Costeira, coordinador del equipo de transición de José Francisco Olvera Ruiz —“delfín” de Osorio y quien en 2011 ganó los comicios estatales—, así como Lucio Escudero Pando, ex alcalde priista de Tianguistengo, quien fuera encarcelado por fraude, peculado y otros delitos durante su gobierno en 2006.

Los panistas aportaron más nombres: Manuel Hernández Zamora, secretario de organización del PRI, quien llevaba, hasta entonces, 20 años cobrando en la SEPH como maestro, aunque nunca había estado frente a un grupo escolar. Jairo Vargas aparecía como otro de los aviadores que cobraban en la nómina educativa. La denuncia se regodeaba: él si funge como maestro… pero de ceremonias de las actividades del gobernador Osorio Chong.

Más tarde, el 28 de febrero de 2011, poco antes de entregar la estafeta a Olvera Ruiz, Osorio fue obligado a salir al paso para aceptar que su gobierno sí dispuso de recursos del Fondo de Aportaciones para la Educación Básica (FAEB) para cumplir acuerdos firmados con el sindicato del magisterio.

Esta vez no había acusaciones de nadie. Bueno, a decir verdad, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) había encontrado irregularidades y desvío en el gasto y destino de algunos dineros en 2009. Apresurado, Osorio señaló: “Nosotros firmamos acuerdos con el sindicato y eso nos obliga a usar un recurso destinado para el sector educativo, sin incurrir en faltas, y eso es lo que vamos a aclarar”.

Su larga permanencia al servicio del PRI y, por supuesto, en la nómina pública, así como la confianza que ahora le profesa Peña, han servido para remarcar algunas otras de las maneras de Osorio. El 19 de septiembre de 2007, dos años y medio después del inicio de su sexenio, en el pueblo de Ocotillos le ejecutaron a Marcos Manuel Souverbille González, secretario estatal de Seguridad Pública.

De 56 años de edad y abogado de profesión, Souverbille ocupaba el cargo de jefe la policía del estado desde 2005. Si fue o no coincidencia, ya nunca se sabrá, pero seis días antes, el 13, fue asesinado Jaime Flores Escamilla, titular de la Secretaría de Seguridad Pública de San Luis Potosí.

Souverbille fue emboscado en la carretera Pachuca-Huasca de Ocampo, a la altura del poblado de Ocotillos, y sus victimarios hicieron, al menos, 20 disparos con proyectiles calibres 223 y 9 milímetros. Su acompañante el empresario hidalguense Mario Covarrubias Melo, dedicado al área  de las telecomunicaciones, resultó herido en el atentado.

“El artero atentado perpetrado en contra de Souverbille González, derrumbó el reiterativo discurso oficial en el sentido de que Hidalgo es una entidad segura. Con esas versiones se ha intentado minimizar el incremento de la violencia criminal registrada en los últimos años en el estado”, escribió en la revista Contralínea, el 2 de noviembre de 2007, Sergio Islas Medina.

“Antes del 19 de septiembre, fecha del asesinato, para el procurador Alberto Rodríguez Calderón y para otras autoridades estatales, como el secretario de gobierno, Francisco Olvera Ruiz, e incluso para el extinto responsable de Seguridad Pública, Hidalgo era un estado seguro comparado con la ola de violencia que azota a las entidades del norte y sureste de México”.

Reportes de las autoridades policiacas enlistaban, en la administración de Osorio, la ejecución de ocho policías y ex policías. En 2007, se dio cuenta de 22 asesinatos violentos, relacionados, por algunas de sus características, con el crimen organizado.

“La ejecución de Souverbille —puntualizó Islas— puso en entredicho las tesis de las ‘muertes por motivos pasionales y de ‘hechos aislados’. De la misma forma, puso en entredicho la idea de que la entidad se había convertido en un ‘tiradero de cadáveres’. Esas versiones, pretendían desviar la atención pública del gran problema que vive el país y la entidad: el incremento de la violencia criminal”.

Los nombres de los agentes y ex agentes asesinados se apilaron en las corporaciones policiacas: Ignacio Pérez Martínez, tres balazos; Elizabeth Heredia Chávez, tres tiros también; comandante Héctor Daniel Cruz Becerra, dos disparos; ex comandante Jorge Jiménez Vega, secuestrado, torturado y ejecutado. Su cadáver fue arrojado a un canal de aguas negras en las afueras de Pachuca, la capital hidalguense.

Subcomandante Roberto Muñoz Licona, cazado en la carretera La Loma-Huasca; comandante Mario Silva Zamora Mario Félix Cisneros, emboscados; comandante Leonel Martínez Hernández, ejecutado. “En los círculos de gobierno y de la policía, se especula casi a susurros que las ejecuciones son fruto de la lucha entre el crimen organizado y los narcos por hacer de Hidalgo su centro de operaciones”, escribió Islas. Si los números no engañan, durante su administración el número de asesinatos ligados al narcotráfico pasó de 16 en 2006 a 40 en 2011. Pese a las reiteradas negativas, la entidad sirvió como santuario del cártel de Los Zetas.

Osorio no es un político tan vistoso como Videgaray, ni es tan cercano como Miranda Nava o María Elena Barrera Tapia; tampoco es del Estado de México, pero ha demostrado que, en la operación electoral, es un Golden de verdad. ¿Quién y cómo prevalecerá? México ya lo descubrirá. La profecía se cumplió: “Seis gobernadores saldrán de Atlacomulco. Y, de ellos, uno será Presidente”.

Peña es.

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