Vigilia

* El contexto vallesano es apenas un ejemplo, reflejo burdo de la realidad mexiquense, que de pronto se encontró administrado por el priismo de Eruviel Ávila, a quien se ubica fuera del palacio de Lerdo desde hace un año, pero que se ha mantenido hasta ahora. Su lema de gobierno, “Piensa en Grande”, se ha vuelto en contra suya cuando casi todas los índices de seguridad ubican al Edomex en los primeros lugares nacionales.

Miguel Alvarado
En el 2010 Valle de Bravo mantenía la impresión de pueblo mágico. Elevado a ese rango desde la Federación, se esforzaba por justificarse como el destino turístico más visitado del Estado de México. Los ex gobernadores Arturo Montiel, Enrique Peña y ahora Eruviel Ávila se referían a Valle de Bravo como la joya de la corona. Y cómo no, pues en sus fraccionamientos mantienen casa los empresarios más ricos del país. Emilio Azcárraga, de Televisa; Carlos Slim, y Ricardo Salinas de TV Azteca, entre ellos, forman la distinguida sociedad que ha transformado la fisonomía de aquel municipio, hasta convertirlo en una especie de paraíso, un sitio de descanso apenas a tres horas del Distrito Federal.
Pero una cosa son las zonas exclusivas, a las que no se permite acceso a la población local, y otra el pueblo y sus delegaciones. Dependiente de turismo, a Valle se le montó una infraestructura de cuento de hadas para los extranjeros. Blancas fachadas y tejados rojos, coquetos, dan la cara al visitante que recorre sus callejas y explora las iglesias, adornadas ricamente como en un set de televisión. Los comercios, por pequeños que sean, están enfocados a la satisfacción de la curiosidad. Artesanías primorosas, muebles hechos a mano, textiles de acabado lujoso conviven entre bares y restaurantes de las calles principales. Nadie se queja. A todos les va bien, al menos es lo que se percibe.
El 18 de marzo del 2014 Televisa publicaba que la inseguridad era tan palpable que ya se había detectado la presencia de criminales y narcos en la región, y que deambulaban en una red de actividades ocultas por la bonanza y la cara turística de cada ocho días. Asesinatos, plagios y la vista gorda de las autoridades permitían aquel ascenso, que se mostraba en pantalla chica como una verdadera y reciente sorpresa.
Pero en el 2010 todavía era peor. Aquella cotidianidad vallesana era esquebrajada por el empuje de los cárteles sureños, asentados desde siempre en Tejupilco, Luvianos, Bejucos, Temascaltepec, Amatepec, Zacazonapan y Tlatlaya, entre otros. Estos grupos son los mismos que controlan el resto del país. Los Zetas, primero, luego La Familia y los propios Caballeros Templarios encontraron en aquella tierra caliente mexiquense un acceso conveniente hacia Toluca, el valle de México y el Distrito Federal. Desde allí comenzaron a moverse drogas y logística, así como la misma producción local, que se desparramaba por la región. Los gobiernos reaccionaron tímidamente. A pesar de operativos, detenciones y ejecuciones de cabecillas, terminaron por aceptar la hegemonía. El sur mexiquense es una patria aparte, enclavada entre Michoacán y Guerrero, donde las leyes son distintas y las autoridades municipales son pagadas por el narcotráfico, que eroga hasta para aguinaldos y prima de las fuerzas de seguridad. Pronto, ese imperio del miedo y el chantaje terminó por imponer candidatos, patrocinar campañas políticas y desde la raíz controlar las actividades políticas.
Valle de Bravo, un territorio que colinda con aquella región bronca y perdida para la autoridad estatal, comenzó a sentir los efectos de tener vecinos tan especiales. Era en Valle de Bravo donde se realizaban algunas transacciones como pagos por protección, por rescate o simples chantajes. Se hacían a la luz del día y algunos tenían hasta la participación de funcionarios públicos, como sucedió con el alcalde de Otzoloapan, Santos Cabrera, quien citaba a ciertas víctimas de extorsión en la plaza central de Valle de Bravo y en plena luz del día contaba los montos exigidos. Aquel ex alcalde y su desparpajo para adaptarse a los malos tiempos son ejemplo de lo que sucede en aquellos municipios. Pero este año, el 20 de febrero, familiares de Cabrera daban a conocer que el ex edil había sido secuestrado y que los captores exigían un millón de pesos para liberarlo. Los parientes pagaron y Santos fue libre, aunque nunca hubo una denuncia formal ante la Procuraduría.
Si Santos era como era, el resto no se quedaba atrás. Valle de Bravo siempre lo supo y las autoridades estatales también. Luego de la nota reporteada por Televisa, el actual presidente municipal de Valle de Bravo, el veterinario Jesús Reynoso, salió a desmentir la violencia pero su tacto fue el mismo de cualquier político. “Aquí no pasa anda”, alcanzó a balbucear.
Pero el contexto vallesano es apenas un ejemplo, reflejo burdo de la realidad mexiquense, que de pronto se encontró administrado por el priismo de Eruviel Ávila, a quien se ubica fuera del palacio de Lerdo desde hace un año, pero que se ha mantenido hasta ahora. Su lema de gobierno, “Piensa en Grande”, se ha vuelto en contra suya cuando casi todas los índices de seguridad ubican al Edomex en los primeros lugares nacionales.
De Ávila se sabe certeramente que es gobernador porque podía encargarse de intereses políticos en tiempos electorales. No moverse pero cooperar, por ejemplo, fue la orden dada desde el PRI nacional cuando Enrique Peña compitió por la presidencia mexicana. Tan bien le fue, que hoy es presidente de México y el grupo que lo patrocina han volteado a ver a su gobernador, en busca de respuestas. Si hay alguna forma de saber hacia dónde camina México, es examinando la realidad mexiquense. Porque si bien Ávila muestra en público el amargo perfil de quien se sabe atado de manos y mitinea por toda la entidad, el Edomex ha comenzado a llamar la atención hasta de Televisa, debido a la inseguridad.
Otro medio, el semanario Proceso, dedicó su última portada al gobernador mexiquense. El resultado fue la compra masiva de la revista en todo el territorio, desapareciendo “la evidencia”. La maniobra, lerda pero efectiva, había sido practicada con otros medios por Montiel y Peña. El reportaje en cuestión, de José Gil Olmos, consignaba que “según documentos del gobierno mexiquense y del federal, desde 2008 La Familia Michoacana, Los Caballeros Templarios, Guerreros Unidos, el Cártel de Jalisco Nueva Generación, los Beltrán Leyva y Los Zetas arreciaron la lucha por controlar el territorio de la entidad”. La realidad de la que da cuenta no era secreto para nadie, pero siempre fue negada, al menos omitida por la autoridad. El vacío de poder se le nota a Ávila, que en cuanto abandona su confortable zona de giras, trastabillea. Metido más en polémicas sobre conciertos metaleros cancelados que en aportar aunque sea opiniones fundadas sobre la inseguridad, al ex alcalde de Ecatepec le revienta su realidad a nivel nacional. El cierre de más 300 tables dances en la entidad y las posteriores protestas de quienes viven de eso se unen a dos levantones de jóvenes en la ciudad de Toluca, cerca de la Prepa Cuatro y la aparentemente inexplicable oleada de ejecuciones en el anteriormente tranquilo municipio de Cuautitlán Izcalli, y que alcanza las 35 en lo que va del año.

Anuncios

Deja un comentario

Aún no hay comentarios.

Comments RSS TrackBack Identifier URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

  • Calendario

  • Buscar