Crónica de una quiebra anunciada

* “Desde el 1 de febrero de 1995, el ahora septuagenario Flores engalana una deshonrosa galería de dirigentes que se arrebujan en los vicios del sindicalismo, las componendas internas de los partidos políticos o el desaliño de los puestos públicos, y en la que destacan como actores principales Joaquín Hernández Galicia, Jorge Peralta Vargas, Eduardo Rivas Aguilar, Miguel Ángel Yudico Colín, Francisco Vega Hernández, Gilberto Muñoz Mosqueda y Antonio Reyes”, escribe el periodista Francisco Cruz Jiménez en el libro Los Amos de la Mafia Sindical, editado por Planeta en el 2013.

 

Francisco Cruz
Ajustado a los intereses del charrismo sindical y a la desproporcionada repartición de la riqueza —a manos llenas para líderes, y mendrugos para el trabajador—, el nombre de Víctor Flores está rodeado por secretos a voces, referencias de abuso, insinuaciones sobre crímenes, denuncias públicas de corrupción, compra de periodistas y gansterismo. Su imagen como líder del sindicato ferrocarrilero ha quedado detenida en los vericuetos del poder y una maraña de complicidades; en términos rieleros, sortea el camino de tierra fangosa, cascajo, durmientes apolillados y residuos de cualquier abandonado taller de trenes. Muchos desean acabar con el reinado de este viejo bailarín, maestro de vals, que forjó su ascenso al más puro estilo priista y lo robusteció durante el gobierno de los panistas Vicente Fox Quesada y Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, pero nadie se atreve a hacerlo.
Desde el 1 de febrero de 1995, el ahora septuagenario Flores engalana una deshonrosa galería de dirigentes que se arrebujan en los vicios del sindicalismo, las componendas internas de los partidos políticos o el desaliño de los puestos públicos, y en la que destacan como actores principales Joaquín Hernández Galicia, Jorge Peralta Vargas, Eduardo Rivas Aguilar, Miguel Ángel Yudico Colín, Francisco Vega Hernández, Gilberto Muñoz Mosqueda y Antonio Reyes; además de los histriónicos y desaparecidos Fidel Velázquez Sánchez, Leonardo La Güera Rodríguez Alcaine, Napoleón Gómez Sada, Nezahualcóyotl de la Vega García, Sebastián Guzmán Cabrera, Salvador Barragán Camacho, Luis Gómez Zepeda y el folclórico Jesús Díaz de León.
De estatura baja, moreno, bravucón, despótico, de figura desaliñada —cuyo rostro picado, como de piña, y apariencia corporal distan mucho de los jóvenes bonitos, telegénicos, del nuevo PRI— y vestir a veces disparatado por sus particulares combinaciones de camisas de seda, Flores ha dado mucho de qué hablar. Confeccionando, cual si fuera sastre, su liderazgo a la medida del presidente en turno, como una sombra lo persiguen cientos de denuncias —los números han llegado hasta 15 mil— presentadas por ferrocarrileros, quienes lo involucran en desvíos multimillonarios de los fondos de liquidación de Ferrocarriles Nacionales. Su credibilidad está en duda desde antes de ascender a la Secretaría Nacional. A partir de entonces enfrenta acusaciones por malversación y enriquecimiento ilícito.
Nadie en su sano juicio le pediría una rendición de cuentas ni sostendría una discusión teórica sobre lo que ha pasado en su sindicato en los últimos 30 años. Y nada parece exagerado cuando se habla de él, se le cuestiona o se le critica. No ha tenido reparos para lucir en la muñeca del brazo derecho, por ejemplo, relojes costosísimos. Una de tantas anécdotas —plasmada para la historia en fotografías de algunos diarios— narra cómo, durante la ratificación de Joaquín Gamboa Pascoe como presidente del Congreso del Trabajo, en 2009, Flores lució uno de la prestigiosa marca Vacheron Constantin con correa de piel, bisel y caja en oro amarillo, máscara de turquesa, valuado en 50 mil dólares. A pesar del hermetismo judicial, se sabe que al menos se han presentados dos denuncias legales por malversación de fondos.
Y ferrocarrileros jubilados le han documentado, en diversas épocas y al mismo tiempo, la propiedad de seis automóviles para uso personal: de Mercedes-Benz a Jaguar, camionetas Lincoln, Land Rover, Ford Expedition y Suburban.
Hasta el cuestionado dirigente minero Napoleón Gómez Urrutia, prófugo de la justicia y autoexiliado en Canadá, y Francisco Hernández Juárez, virrey de los telefonistas, lo han cuestionado. Jesús Ortega Martínez, ex presidente del Partido de la Revolución Democrática (PRD), demandó a Flores en mayo de 2003 por desviar 600 millones de pesos de las pensiones de los obreros para la campaña presidencial de Ernesto Zedillo en 1995; y los trabajadores lo denunciaron públicamente por el mismo delito, pero para la campaña presidencial de Francisco Labastida Ochoa en 2000. También se le ha acusado por los delitos de fraude, abuso de confianza, discriminación relacionada con derechos laborales y amenazas.
En 2005, el líder del STFRM fue acusado de aprovechar el proceso de liquidación de Ferrocarriles para despojar a los jubilados de más de 30 mil millones de pesos y saquear los fondos que tenían ahorrados desde 1936 en la sociedad mutualista Previsión Obrera que desapareció, quebrada, en 1998. Valga decir que fue ésta la crónica de una quiebra anunciada con mucha anticipación. Una revisión que llevó a cabo la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas (CNSF) durante la primera semana de octubre de 1986 encontró que había un faltante preliminar superior a 32 mil millones de pesos en las reservas técnicas.
El manejo de los recursos fue siempre un caos. Flores y sus antecesores no supieron cómo administrarlos o, de plano, se dedicaron a utilizarlos para otros fines. Se calcula, por ejemplo, que el sindicato se lleva unos 40 millones de pesos al año —unos 19 millones de pesos por cuotas y otra cantidad similar en honorarios del Fideicomiso
Ferronalesjub, una figura fiduciaria creada con dinero de los ferrocarrileros—. Si ha de confiarse en los números oficiales, el STFRM tiene unos 81 mil afiliados, de los cuales sólo poco más de 23 mil están en activo y 57 mil jubilados. Hasta 1992, antes de que empezaran los programas de retiro voluntario, el sindicato contaba con 120 mil trabajadores. Y en menos de dos sexenios —Carlos Salinas y Ernesto Zedillo—, la planta laboral se redujo de 100 mil trabajadores a 15 mil —algunos ponen el número en 30 mil, pero sin las prestaciones ni la seguridad que tenían hasta antes de 1995—. El contrato colectivo de más de 2 mil páginas se cortó a menos de 100, mientras el número de cláusulas pasó de 3 mil 35 a sólo 208 en 1996 y, una década más tarde, bajó a 38. Aunque los socios jubilados cuentan con un representante nacional y pueden participar en las asambleas, y a pesar de que son mayoría y pagan sus cuotas sindicales puntualmente, no tienen derecho a voto. Por eso, Flores y su equipo tienen asegurada, hasta 2018, su injerencia en el fondo de pensiones.
La CNSF levantó un acta en la cual se hace constar que hasta diciembre de 1995 el sindicato había sacado de la sociedad mutualista más de 22 mil millones de pesos mediante préstamos, algunos dedicados a apoyar campañas priistas. Así, en agosto de 1994, siendo Flores tesorero del sindicato, recibió 900 mil pesos para “promoción del voto ciudadano” con motivo de las elecciones federales de ese año. Cada vez que el entonces presidente Zedillo visitaba el sindicato se sacaban recursos del fondo mutualista para organizar la bienvenida a su “jefe”, el Ejecutivo en turno, y otros encuentros similares, advirtieron Fabiola Martínez y Andrea Becerril, en un amplio reportaje que publicaron en la edición del 4 de octubre en el periódico La Jornada.
La marca distintiva de Ferrocarriles Nacionales es y ha sido el escándalo. Pero en septiembre de 2010 los jubilados enfrentaron, quizás, su momento más dramático cuando se enteraron de que los líderes del sindicato se habían acabado el dinero para el pago vitalicio de pensiones y jubilaciones de los trabajadores, depositado en el llamado Fideicomiso Ferronalesjub 5012-6, proyectado para cubrir pagos hasta 2032 y que contaba con un monto de 19 mil 568 millones 961 mil 329 pesos. En otras palabras, estaba a un paso de la bancarrota y necesitaba, de emergencia, fondos gubernamentales. Por extrañas razones —mucho se atribuyó al agradecimiento del entonces presidente Felipe Calderón Hinojosa porque Flores le mantuvo a raya a los ferrocarrileros—, las secretarías de Hacienda y Comunicaciones aceptaron cubrir el déficit de 15 mil 699 millones de pesos.
El periódico Reforma dio a conocer en su edición del 20 de septiembre de aquel año que “según una auditoría practicada a dicho fondo, creado en 1997, sólo se han destinado 4 millones de pesos mensuales al pago de pensiones y jubilaciones. […] Unos 220 millones de pesos mensuales han sido utilizados en prestaciones de los fideicomisarios, gastos de administración, honorarios e impuestos. También se ha detectado el pago a ferrocarrileros ya muertos. […] Los jubilados han denunciado a la dirigencia por fraude y desvío del fideicomiso. En un oficio enviado a Hacienda el 28 de julio de 2010, legisladores solicitan que se atiendan las recomendaciones que formuló la Auditoría Superior de la Federación (ASF), dentro de las revisiones a las Cuentas Públicas de 2004 y 2007, respecto al fideicomiso. […] La ASF detectó en 2004 que no se acreditó el pago de pensiones del orden de 17.1 millones de pesos por 111 jubilados con edad mayor a 98 años. […] En el análisis de 2007, la ASF observó un déficit de 13 mil 817 millones 800 mil pesos”.

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