Tierra de confusiones

* Que una base de adiestramiento de la Marina, para lo que se ocupará el terreno el dinero y las camionetas esté en Valle de Bravo no es casualidad. Luego de desatada la guerra michoacana, sicarios y narcos huyeron al Estado de México y se asentaron en Valle de Bravo y la Tierra Caliente mexiquense.

 

Miguel Alvarado

En el 2005, cuando Arturo Montiel buscaba la presidencia de México y perdía las elecciones internas de su partido, en el PRI mexiquense advertían las inconveniencias de que el Grupo Atlacomulco obtuviera el poder de Los Pinos. Llegado cualquiera de ellos, demolerían a su partido, con razón o sin ella y crearían un nuevo eje, donde solamente tendrían participación ellos, justo como sucede en el Estado de México. La actividad del Ejecutivo federal, Enrique Peña, no se limita a viajes promocionales o inaugurar cualquier cantidad de obras, todas ellas etiquetadas y parte de un programa inercial de actividades. También es un cabildero en lo privado y consigue con ayuda de los cerebros atlacomulquenses objetivos fijados hace sexenios, tímidamente esbozados con Miguel de la Madrid pero llevados a la práctica por todos los presidentes que le siguieron.

México experimenta un cambio de administración para todas las actividades que generan derrama económica. No hay una sola que no se vea afectada ya por las supuestas mejoras, que deberán ejercer su verdadera línea en poco tiempo. La energía, el petróleo y la educación se dirigen hacia un modelo privatizador donde sólo accederán a ellos quien pueda pagar o se ajuste a las reglas de consumo. El narcotráfico no necesita intermediarios. Los 42 mil millones de dólares que se generan al año no tienen por qué repartirse con indeseables. La legalización de la mariguana, para empezar, lentamente toma su cauce y consigue apoyos sociales gradualmente. Aún sin ellos, la exigencia norteamericana acelerará las cosas cuando sea necesario. Si allá es legal, entonces en México también.

Michoacán es una de las primeras entidades productoras de droga que se apegará completamente al control del gobierno federal. La detención de Jesús Reyna, ex gobernador interino y ex secretario de Gobierno es una muestra. En el Estado de México sucedía lo mismo. La colusión entre autoridades estatales y cárteles del narco, documentado por el periodista Francisco Cruz en el libro Tierra Narca, siempre fue un gran negocio, riesgoso y mortal pero abundante e inacabable. La diferencia entre Michoacán y el Edomex es que la primera estaba gobernada por priistas que no pertenecen al actual círculo federal. Los ejemplos emparejan al país. Poco a poco otras entidades experimentarán lo mismo. El enorme circo de la violencia que se desarrolla por sí solo, propondrá al mismo tiempo la solución más drástica.

En tierra mexiquense el ex gobernador Arturo Montiel es intocable pero no Eruviel Ávila, impulsado políticamente por el tío de Enrique Peña pero jamás aceptado en aquella familia que ha gobernado la entidad desde la época de Isidro Fabela. Ávila, aunque gobernador, no ha ejercido nunca. El cambio, si es que sucede, es un mero formulismo, efecto legal para tener todo en orden. Luis Miranda, Ernesto Nemer, Ana Lilia Herrera, María Elena Barrera, los posibles sucesores tienen en común la pertenencia de clase, política y social y los une un fervor que exige la lealtad hacia una empresa privada que opera con fondos públicos.

La sociedad mexiquense, mientras tanto, asiste una vez más como invitada de piedra al reparto de las utilidades generadas por ella pero en las que no obtiene ganancia. Cada vez más esclava, compactada, igualada, pulverizado el individuo, esa sociedad se engaña a sí misma. Se cree universalmente que nadie puede sobrevivir de buena manera fuera de los lineamientos sociales, laborales, religiosos. La esperanza de que algo cambie por sí mismo está implantada en el hombre común. La queja es el equivalente a la revolución. El partido de futbol y la bronca en las gradas sustituyen a la acción intelectual, a la búsqueda de opciones. El espectáculo es el refugio de los ineptos. La política pública de Ávila, por ejemplo, ha sido condenada a esos resquicios y prefiere empantanarse en la banalidad del Hell and Heaven y la Feria del Caballo en Texcoco que defender su propia obligación constitucional. Si el primer festival, dedicado a la música metálica y subgéneros derivados fue prohibido porque el gobierno estatal consideró que no reunía características de seguridad, el segundo fue precisamente todo lo que se denostó, comenzando por la oferta musical.

Alfredo Ríos, El Komander, un cantante de narcocorridos, encontró aforo allí, luego de que en el estado de Morelos se le prohibiera actuar. Parte de una expresión llamada Movimiento Alterado, Ríos narra en sus letras la vida cotidiana de sicarios y capos, que espanta a las buenas conciencias de la clase política. Eso no sucedió en Texcoco. El Komander y su zona narca sí pero no los vetustos Guns and Roses y su “november rain”. La nota final sobre lo absurdo de esa polémica de prohibiciones fueron los dos muertos que se registraron durante la Feria del Caballo. Uno, un crimen pasional. El otro, una supuesta ejecución. La seguridad, si la hubo, falló miserablemente.

El tema le sigue pegando a Eruviel Ávila. Obligado a dar la cara por la propia Federación, debió entregar un terreno de 80 hectáreas en Valle de Bravo a la Marina mexicana, 50 millones de pesos y 20 camionetas. Eso, como parte de un programa de apoyo donde los militares cuidan la seguridad pública y se ha cambiado la cabeza de la Secretaría de Seguridad Ciudadana. Cuautitlán, Chalco, Toluca, Neza, Ecatepec, Texcoco, Tlalnepantla, Tultitlán, Valle de Bravo, Nextlalpan y Zumpango verán los uniformes pardos. No es la primera vez que los militares patrullan la entidad. Lo hicieron anteriormente, por ejemplo cuando encabezaron hace diez años, la búsqueda de narcotraficantes en fraccionamientos de Metepec.

Que una base de adiestramiento de la Marina, para lo que se ocupará el terreno el dinero y las camionetas esté en Valle de Bravo no es casualidad. Luego de desatada la guerra michoacana, sicarios y narcos huyeron al Estado de México y se asentaron en Valle de Bravo y la Tierra Caliente mexiquense. Sin líderes u organizadores, actualmente se enfrentan entre ellos en busca de un rumbo y pactos cordiales. El municipio de Luvianos, a hora y media de Valle de Bravo y verdadera capital del narco en la entidad, tiene dos bases militares operando. Una de ellas es de la Marina. Desde allí patrullan y mantienen cierto orden, aunque los narcos han aprendido a adaptarse, aprovechando las órdenes de los vigilantes. La situación en Tierra Caliente es la misma que en Michoacán, pero allá se actúa de otra manera. Así, a pesar de que ahora habrá 43 bases de la Marina en el Edomex, se puede pensar que el narcotráfico no disminuirá pero sí será controlado de otra manera.

Valle de Bravo, ocupado por el cártel de La Familia Michoacana y ahora filamentos templarios, es también el principal destino turístico de la entidad. Dos realidades se confrontan en el mismo municipio. Una, la que agrupa a las familias más ricas de México, que mantienen casas de descanso, infraestructura hotelera y fraccionamientos residenciales de primer mundo. Otra, el de la pobreza cotidiana. En El Pinal del Marquesado, por ejemplo, en los últimos meses, políticos y artistas de Televisa, la mayoría, han adquirido inmensas propiedades. Por 200 hectáreas, una oferta por más de 80 millones de pesos se ha colocado sobre la mesa de ejidatarios y lugareños para desarrollar fraccionamientos de lujo que hasta zoológico o zona ecológica tendrá. Este polo de supuesto desarrollo y aparente generación de empleos coincide con que la zona es el principal escondite de sicarios y narcotraficantes en el sur de la entidad, después de Luvianos. Por años han amedrentado a los habitantes obligándolos a pagar protección y derechos de paso y piso. Un antecedente de las actuales Autodefensas se gestó en esa villa del Estado de México, cuando hace dos años un grupo de sicarios secuestró a un lugareño para exigir rescate. Los vecinos, armados todos, lo rescataron a sangre y fuego de una cabaña enclavada en los bosques vallesanos. Luego se replegaron y organizaron a la comunidad para repeler la inminente respuesta. Días después un comando se presentó para reclamar las pérdidas pero fueron recibidos a balazos, vencidos y retenidos, algunos escapados. El mensaje llegó a “las verdaderas autoridades”, como se les conoce en la región a los jefes de las plazas, quienes prefirieron mantener una tensa paz con aquellos insurrectos. Ese caso, en el 2012, fue el primero conocido públicamente antes de que otras siete organizaciones civiles, en los valles de México y Toluca, intentaran proteger sus propios intereses. La presencia de la Marina en Valle de Bravo no es casualidad pero no responde del todo a la seguridad ciudadana, sino al cuidado de bienes inmuebles de inversionistas entre los que destaca la familia presidencial.

Eruviel Ávila enfrenta su propio despropósito político. Que le digan cómo actuar y que le exijan además dinero lo exhibe, aunque lo único que hace es respetar tratos. Sus números lo radiografían. El INEGI ubica a la entidad con una tasa de desempleo del 5.9 por ciento, la tercera más alta a nivel nacional, por debajo de Tabasco y Aguascalientes. Desempleo e inseguridad van de la mano. El despido de 4 mil agentes debido a que incumplen los controles de confianza exacerba el clima hostil. Los nuevos agentes contratados, unos 2 mil, no son ninguna solución porque los programas ni las actitudes cambian. Otros policías haciendo las mismas cosas, siguiendo los mismos marcos referenciales representan panoramas recurrentes. La idea de establecer una Gendarmería Nacional con un mando único nacional toma fuerza después de todo. Los controles absolutos, el poder en manos de una sola persona o instancia toma forma en el México más neoliberal de la historia. Maestros censados y despedidos; el sector energético en manos extranjeras, la censura de contenidos para internet y la seguridad pública, el armamento colocado a discreción de alguien forman parte de un esquema de férreo control social, donde un gobierno erigido a partir de una casta se asume como depositario de un poder heredado, por encima de cualquier ley o sistema democrático.

En la entidad habrá elecciones intermedias en el 2015 y el Movimiento de Regeneración Nacional, partido político controlado por Andrés Manuel López Obrador, podrá participar por vez primera. Las crisis internas de partidos políticos y actores públicos le favorecen al menos en el papel, en una perspectiva que por real que sea, se esfuma en cuanto la realidad electoral se asume. Despensas contra voluntad social o militante es una pelea dispareja, irracional pero efectiva. Quien más reparte, usualmente gana. Peña y su grupo, el de Atlacomulco, no necesitan del PRI.

Las autoridades han llegado a la conclusión de que no tienen por qué compartir con nadie el poder ni el dinero generados a partir de las actividades públicas, lícitas o no. En el más neoliberal de los dogmas, por supuesto que tienen razón.

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