Agresividad manifiesta

* Desconozco si el probable aviador esté cuantificado entre los 2 mil 610 profesores que cobran sin trabajar y que ubican al Estado de México en el nada honroso tercer lugar nacional del número de aviadores, reportado en el censo realizado por el INEGI, que cuantificó a 262 directores; mil 37 maestros frente a grupo; 717 de apoyo a la labor educativa; 301 prefectos; 34 intendentes; 132 supervisores y 70 administrativos, con lo que se sumaría uno más a la cuenta, llegando a 2 mil 611.

 

Luis Zamora Calzada

Los alumnos se amontonaron afuera, a un lado del zaguán de la escuela secundaria, era la hora de salida del turno vespertino. Conforme transcurrían los minutos llegaban más estudiantes, hombres y mujeres, de repente formaron un círculo. Se veían inquietos.

En el centro quedaron dos alumnas, vestían el uniforme de la escuela, eran de tercer grado según comentaron, se miraron fijamente, con coraje reflejado en sus rostros: “a ver, ¿por qué me dijiste zorra, cabrona?”, dijo una, a lo que le contestaron, “eso eres, date cuenta pinche puta”, simultáneamente una se arremangaba el suéter y la otra se lo quitaba.

Ya no hubo más palabras, se abalanzaron una contra la otra, jalándose los cabellos, aventándose golpes a la cara, se desgreñaron, la más pequeña logró conectar un derechazo en la nariz de su contrincante, quien empezó a sangrar.

Los espectadores, enardecidos gritaban: “rómpele la madre”, “no te dejes”, “quítale lo zorra”, entre otros, más de uno grababa la pelea en su celular, nadie intentaba separarlas, las azuzaban a golpearse más.

Surgido de la nada, una señora robusta se interpuso entre las dos, con sus brazos intento abrazar a la más golpeada, jalándola a la orilla de la banqueta porque en ese momento estaban ya en medio de la carretera, un grito de la multitud sonó “viene la sub, viene la sub”.

Así terminó la pelea, las seguidoras de ambas, en espacios opuestos se acercaron a ellas para alaciar el cabello, acomodar la ropa y entregar las mochilas resguardadas durante el intercambio de golpes y de repente, como por arte de magia, los alumnos desaparecieron, las rivales también.

La reforma educativa no incluyó ningún artículo que combata al respecto, queda para la creatividad secuestrada del maestro la implementación de estrategias que inhiban la agresividad manifiesta de dos niñas que rompen cualquier posición de romanticismo pedagógico colocando en tela de juicio la función educadora de la escuela pública.

 

Más uno

 

En mi corta estancia en el Instituto Superior de Ciencias de la Educación del Estado de México llamaron mi atención, entre otros, la génesis de los miedos que se imponen en educación fundada en la construcción paulatina de una figura de autoridad que castiga, manda, reprime, imponiéndose incluso, al margen de la ley, para llegar a esos temores que somete a amplios sectores del magisterio, quienes inmersos en el desconocimiento del Estado de Derecho facilitan que se perpetúen cotos de poder y estados de confort lamentables.

También es notorio que, de la lista del personal asignado, resalte al menos la ausencia de un docente que cobra pero que nadie conoce o de la contratación de parientes de los coordinadores y de muchos recomendados que no hacen investigación.

Desconozco si el probable aviador esté cuantificado entre los 2 mil 610 profesores que cobran sin trabajar y que ubican al Estado de México en el nada honroso tercer lugar nacional del número de aviadores, reportado en el censo realizado por el INEGI, que cuantificó a 262 directores; mil 37 maestros frente a grupo; 717 de apoyo a la labor educativa; 301 prefectos; 34 intendentes; 132 supervisores y 70 administrativos, con lo que se sumaría uno más a la cuenta, llegando a 2 mil 611.

Mientras se clarifican las sumas es lamentable que el secretario de Educación del Estado de México se enoje por el simulacro de seguridad contra balaceras, instrumentado en escuelas del municipio Los Reyes La Paz y anuncie una investigación para determinar su viabilidad.

Estos simulacros, según trascendió, incluyen adiestramiento y preparación para reaccionar ante una balacera, que se vuelven más cotidianos en nuestra entidad y que pueden salvar vidas de alumnos y maestros ante estas eventualidades, sobre todo en esas zonas donde la  seguridad ha fracasado.

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