Preludio del adiós

* Como si Eruviel Ávila fuera el único culpable, la Federación “aconsejó” la imposición de Canales. Ese mismo aparato que administra el priista Enrique Peña ha gobernado el territorio mexiquense por más de ocho décadas y desde que el tío del actual presidente estaba como mandatario en la entidad, Arturo Montiel, el fenómeno del narcotráfico y la impunidad se manifestaron con fuerza.

 

Miguel Alvarado

Prontamente el Estado de México se llenó de combatientes. Más de dos mil agentes, militares, marinos y encubiertos patrullan las zonas más peligrosas, según mapas e intereses del gobierno federal, ahora a cargo de la seguridad pública. Hoy, hasta órdenes de cateo solicitadas y emitidas por internet deberán agilizar la aplicación de la ley, según el panorama que plantea el nuevo titular de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, Damián Canales, un policía calificado como duro pero con un pasado que lo exhibe y siembra dudas acerca de su capacidad como funcionario público. La anterior secretaria, Rocío Alonso, propuesta del Ejecutivo mexiquense Eruviel Ávila, pasó por la dependencia con silenciosa irresponsabilidad. En su periodo, que duró cerca de tres meses, los índices de inseguridad se dispararon dejando al Edomex virtualmente en el primer lugar de todas las modalidades de crimen.

Como si Eruviel Ávila fuera el único culpable, la Federación “aconsejó” la imposición de Canales. Ese mismo aparato que administra el priista Enrique Peña ha gobernado el territorio mexiquense por más de ocho décadas y desde que el tío del actual presidente estaba como mandatario en la entidad, Arturo Montiel, el fenómeno del narcotráfico y la impunidad se manifestaron con fuerza. Montiel fue el creador de los Golden Boy´s, grupo de jóvenes yuppies que tenían como primer encargo servir al ex mandatario y luego formar cuadros políticos que apuntalaran un futuro todavía más prometedor. Allí estaban, rodeando al tío, el propio Peña, Luis Miranda Nava, Ernesto Némer, Ana Lilia Herrera y María Elena Barrera, entre otros, todos ellos ahora mencionados para suceder a Eruviel en un relevo que ya se cocinó desde Los Pinos. Otro incondicional de Montiel, aunque más que de él, de su ex esposa, la francesa Maude Versini, ha entrado a las listas de posibles gobernadores, Alfonso Navarrete Prida, ex procurador del Estado de México y actual mente secretario del Trabajo federal. Otra de las manos fuertes del peñismo gobierna Michoacán con mano extraña, también fue ex procurador del Edomex, Alfredo Castillo.

Damián Canales fue enviado para bajar los índices delictivos y aunque él mismo ha dicho que no se puede comprometer a nada, también afirma que “no le vamos a fallar a la gente”, como si algún ciudadano, uno solo, lo hubiera solicitado. Si se acepta que a la clase política gobernante en México no le interesa en absoluto el bien común y que ejerce para apuntalar y expandir sus propios intereses, se debe entender que Michoacán y el Estado de México experimentan un reordenamiento en la administración del narcotráfico y en la actividad electoral por venir. Ningún tipo de crimen organizado sería posible sin la participación activa de las autoridades. Quienes gobiernan lo saben. El cambio de gerencia en el narco es evidente. Valle de Bravo, de pronto capital alternativa de los cárteles de La Familia y los propios Templarios en el Estado de México está bajo fuego y las 82 ejecuciones que hasta febrero se registraban en la entidad confirman que el narco se ha asentado en todo el territorio, donde ahora los Zetas comienzan a pelear plazas.

El trabajo de Canales es encontrar un orden cuando las milicias sofoquen la rebelión de los criminales que ya no obedecen a las reglas tradicionales de colaboración. El nuevo secretario de Seguridad Ciudadana se ha preocupado, primero, por aparecer en público y filtrar un discurso comprometido con la eficacia. El gobierno federal sabe que dejar de hablar de un tema desintegra en gran parte su impacto social. A Canales, si le falla su plan, pues debe tenerlo, le bastará con guardar silencio. Era jefe de la División de Investigaciones de la Policía Federal en el 2013, donde jugaba el papel de allegado del recién renunciado Comisionado Nacional de Seguridad, Manuel Mondragón. A Canales se le vincula con La Hermandad, legendario grupo que controla en la Secretaría de Seguridad Pública del DF la asignación de cargos y trafica con influencias desde la década de los años 70. En el 2013, la policía federal fue “invadida” por antiguos mandos de La Hermanada, a la que se les entregó cargos e influencias. Canales también era jefe de la División de Investigación y jefe de la Policía Judicial del DF, en la época de López Obrador.

Trabajó también en Hidalgo cuando el actual secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong era mandatario de aquella entidad. Damián fue secretario de Seguridad Pública y en aquel estado se le cuestionó a su administración por presuntas relaciones con cárteles del narcotráfico como los Zetas. Cuando rompe con ellos, los persigue y encarcela pero facilita por otro lado salidas y protecciones. Damián, sin embargo, hizo público que los Zetas lo habían amenazado de muerte debido a las detenciones realizadas. Incluso policías de Hidalgo aseguraban que el actual secretario de Seguridad del Edomex había sido secuestrado por integrantes de la propia policía de Hidalgo cuando no pudieron llegar a acuerdos sobre el reparto del poder dentro de la instancia.

Como casi todos los jefes policiacos y procuradores que han llegado últimamente, Canales no se salva de su pasado, pero el problema de la inseguridad en el Edomex es distinto debido al poder político que representa la entidad gobernada anteriormente por el grupo de Peña Nieto. El Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, por ejemplo, acusa al gobierno mexiquense de maquillar cifras acerca de la violencia. “De acuerdo con el estudio La inseguridad en el Estado de México y el cerco criminal de la capital del país”, dicha manipulación es el primer problema para determinar la realidad de la seguridad en el Estado de México, pues las cifras no son confiables. El Consejo pone como primer ejemplo los reportes de los años 1997 y 1998 y de 2001 a 2011, en los cuales la PGJEM indicó que no se registraron denuncias por extorsiones, calificando en reporte como improbable. Otro de los delitos en los cuales se acusa al gobierno estatal de maquillar las cifras es en el delito de homicidio doloso, pues entre 1997 y 2006 en promedio se registraban dos mil 700 homicidios por año. De pronto se produjo un “milagro”: en 2007 los homicidios bajaron 59 por ciento respecto a 2006, en el 2007 el índice presentó una baja, justo cuando el entonces gobernador Enrique Peña Nieto, aspiraba a contender por la presidencia del país, reducción que mejoraría su imagen. El Consejo revela que las cifras proporcionadas por el gobierno contrastan con las del INEGI, pues este último reporta 83 por ciento más que la PGJEM”, apunta el diario local Alfa.

Al actual gobernador mexiquense, Eruviel Ávila, se le concede poco tiempo en su cargo. Los relevos están decididos y algunos aseguran que sería la Semana Santa del 2014 cuando el de Ecatepec deje su responsabilidad. La salida del mandatario no garantiza que la inseguridad baje, así como la presencia de Canales al frente de la SSC tampoco es síntoma de querer mejorar. El movimiento en Seguridad responde más bien al entorno político y proyectos de grupo que nada tienen que ver con el bienestar social. El Edomex es un enorme negocio que se prepara para abrir las puertas de cara a las elecciones del 2015. Para eso los movimientos y nada más.

El Barco Ebrio

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Luis Miranda Nava, el activo subsecretario de Gobernación de Enrique Peña Nieto, anda paseando por la ciudad que lo vio nacer políticamente. Y es que a Luis se le menciona constantemente como el relevo de Eruviel Ávila en la gubernatura del Estado de México. Pero mientras también atiende su vida privada en Toluca, dicen los vecinos de la colonia Granjas, mandó cerrar los baños Grand Vía para apapacharse él solo, como Dios manda y hacerse todo tipo de manicura.

 

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El hombre comparte gustos obsesivos por la exclusividad, aunque aquellos baños, remodelados y todo, de exclusivo sólo tienen el calendario personalizado que regala la gerencia cada Año Nuevo. Esta columna considera que si Luis Miranda será el nuevo gobernador del Edomex, haiga sido como haiga sido, deberá cuidar esos pequeños detalles porque eso lo ubicará en metas más elevadas, como suceder a Peña Nieto, por ejemplo.

 

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La historia chusca de los funcionarios del Edomex que gustan de alquilar todo un centro comercial para ellos y sus egos enormes, indica que el ahora secretario de Hacienda, Luis Videgaray, iba al Sport City en Metepec, cuando trabajaba para el gobierno del Edomex, a hacer sus matinales ejercicios junto con su cohorte de guaruras y también ordenaba que el exclusivo gimnasio colocara en sus puertas el letrero de “ocupado”. Bueno, sí, parecía un baño, como esos del Grand Vía.

 

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Que los funcionarios se bañen en el Grand Vía o hagan ejercicio en las bicis coloradas del Sport City a la ciudadanía le tiene sin cuidado. Es más, como dicen los testigos de aquellos aquelarres de autocomplacencia, deberían bañarse y hacer deporte más seguido. Lo que verdaderamente importa es su conducta y razonamientos en cuestiones públicas. Nadie los quiere porque no trabajan para la ciudanía sino para un personalísimo proyecto político que encabeza su jefe -¿será el jefe?- el presidente Peña.

 

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Uno de los que se menciona como sucesor de Eruviel Ávila, no se sabe quién, se presentó en Ixtapan de la Sal, en tiempos de cuando los hermanos Beltrán Leyva, conocidos narcotraficantes, eran despedazados por las fuerzas del bien y la justicia, hace algunos ayeres. Este funcionario, muy adepto al fraccionamiento Grand Reserva, donde las grandes personalidades políticas del país tienen una casa, chica o grande, dio instrucciones para que la propiedad que mantenían allí los Beltrán le fueran adjudicados a él y nada más que a él. Siguió todo un trámite legal para que no hubiera problemas, pero al final consiguió su objetivo y dejó sentir el “power”. La casa o lo que fuera debe de estar reluciente de bonita.

 

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La privatización del agua es un hecho consumado, aunque las letras pequeñitas todavía no las aprueban las camarillas en las cámaras. El proyecto, encargado al ex alcalde de Huixquilucan, David Korenfeld, y actual titular de la Conagua, circula ya en los partidos y en algunos sectores de la prensa. El formato es el mismo. México no puede hacerse cargo del agua, etcétera, como si fuera petróleo, etcétera, así que se otorgarán contratos o concesiones, etcétera, a quienes puedan hacerse cargo de la extracción y el reparto, etcétera, pero eso no significa que se privatice el vital líquido, como le dicen los reporteros de Toluca al agua.

 

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Las obras del tren que unirá Toluca al DF no serán fáciles. No por el trazo, que ya está más que planeado, o por la inversión, destinada también desde antes, sino por las compras de terrenos que deberán hacer, convenciendo a los dueños de que el progreso ha llegado. Un plan de desarrollo inmobiliario de ha gestado por años en torno a la carretera México-Toluca, donde han invertido las familias de siempre, las dueñas del dinero en México, específicamente por el rumbo de Axapusco. Allí los Hank, por ejemplo, han ido comprando por años pequeños pedazos de tierra que a la fecha, reunidos, forman todo un latifundio. ¿Por esos terrenos pasarán el tren, o están destinados para otra cosa?

 

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Óscar González, casi el único miembro del Partido del Trabajo en el Estado de México, quiere ser alcalde de su querido Metepec por segunda ocasión y para ello aprovecha cualquier cosa para salir en los medios locales. Por cierto, desde el PRD se menciona que González no ve con buenos ojos  a López Obrador y cuando se lo comentaron a AMLO, muy preocupado se limitó a preguntar que quién es Óscar González y que en qué equipo juega.

 

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López Obrador estuvo recientemente en el Senado, donde fue recibido por casi toda la bancada del PRD, incluyendo al senador Miguel Barbosa, coordinador de los amarillos. Fuera de micrófonos, le externó a AMLO su más cara admiración. Morena comienza a funcionar de otra manera, más visible y observado ya como partido político que espera recibir una desbandada de militantes de otras organizaciones que buscarán cobijo para sus proyectos y afinidades.

 

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Y como Óscar González quiere ser alcalde, deberá enterarse de que la administración de Carolina Monroy trae pleito casado con sus policías municipales. La esposa de Ernesto Nemer y alcaldesa de aquel lugar ha pedido agentes de Cusaem para encargarse de la seguridad pública, aunque le salga más caro. Y es que a la fecha sólo tiene cinco policías adscritos a la nómina del ayuntamiento. Las razones sólo ella las sabe pero pronto saldrán a la luz.

 

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Es evidente que el presidente de México, Enrique Peña, ha perdido peso. Nunca se le vio tan delgado como ahora, ni siquiera en la durísima campaña política que lo llevó a Los Pinos. Es tan extrema su condición que hasta las revistas rosas como Caras le dedica un artículo a su pérdida asegurando que se encuentra en perfecto estado de salud y que no pasa nada. Hace años se mencionaba en Toluca que Peña padecía un cáncer que se trataba con éxito. Nunca se comprobó aquello, aunque desde el propio PRI estatal juraran y perjuraran que Enrique sí estaba enfermo. Pobres, nadie les creyó. A ver ahora qué inventan.