El rey de los monstruos

* Para los mexicanos acostumbrados al gran dinosaurio la película no es ninguna revelación. Inevitablemente surge la comparación, malísima por inocente, pero más porque Godzilla se queda corto, contra el régimen político, del partido que sea, que domine la administración pública. La inmensa mole de aquella lagartija se echa encima de todos. Los mata a todos con tal de atacar el mal, que no es otra cosa que una pareja de novios de 250 metros de altura, negros carboníferos y con mala actitud ante las reglas de etiqueta.

Miguel Alvarado

Ahí estaba Eruviel Ávila muy sentado en la inauguración de la Feria Itinerante del Libro, en el centro de Toluca, acompañado, entre otras personalidades, por la alcaldesa de Toluca, Martha Hilda González Calderón. Toda la Plaza de los Mártires, donde los mítines políticos y las dizque protestas de Antorcha Campesina meten hasta 10 mil acarreados, fue dispuesta para tender unas carpas que más parecían tiendas de campaña de reyes cruzados o jeques anticristianos en plena batalla en algún desierto. Todo muy bien, la verdad, decían unos mientras Eruviel se soplaba una actuación bastante desastrosa pero eso sí, muy ridícula, de tres jóvenes disfrazados de Nezahualcóyotl, don Quijote y la infaltable musa de la mercadotecnia cultural mexiquense, Sor Juana Inés de la Cruz. Organizada por Porrúa, sus submarcas y algunos colados, la Feria es en realidad un espacio de ventas inventado por los libreros para tratar de mover un producto que en México al 90 por ciento de la población le vale madres. Han tenido que entrarle desde hace años a la industria de la superación personal y ahora, con brutal enjundia pero muy sonrientes editan toda clase de historias referentes a bellísimos vampiros y hordas zombies que dominan el mundo, hermosamente ilustradas, al menos en la portada, y con letras de hasta 14 puntos para combatir hasta la ceguera. A estas alturas, leer el Libro Vaquero es un acto de heroísmo cuando los compas apenas se apuntan 2 libritos al año, dicen las estadísticas nacionales. Y está bien. De todas maneras los que dicen que leen un poco más de cualquier forma optan por novelas o narrativa que en todo caso tiene la misma función que los denostados best-seller. La evasión ha sido parte fundamental de la industria editorial porque todos tenemos derecho a un rato de esparcimiento. Lo malo es que ahora el futbol sobre todo y el maldito facebook acaparan cualquier tiempo libre pero también ya establecen un estilo de vida del que veremos sus efectos en menos de 15 años. El resto de los libros, la información dura, técnica o al menos los de investigación periodística siguen esperando el tiempo de los justos. Para eso está la etapa escolar, dicen otros. Claro, no es lo mismo que Diego Osorno y sus reportajes sobre narco compitan con Pérez Reverte o Élmer Mendoza y sus crónicas sicarias disfrazadas de ficción. Los dos últimos al menos escriben con todo el rigor de la fantasía. El otro, apenas lo que le dan sus investigaciones y el marco de su propio periodismo, que no le alcanza para ninguna forma literaria pero sí para arriesgar la vida en una de ésas. Y todo por una historia, que bien merece la pena. Pero resulta que el principal reclamo y prioridad de Toluca y el Estado de México es la inseguridad. Al lado de ese tema el problema de no leer es bastante superfluo. Todo estaría bien, incluso con todo y Jorge Bucay, un experto en compartir psicodramas y terapeuta gestáltico e invitado especial del ayuntamiento para esa itinerancia. Ya ni siquiera se les pide a las autoridades que no sean corruptas o no despilfarren los dineros. No lo harán jamás. La inseguridad ha colocado aquí un escenario más peligros que el de Michoacán o Tamaulipas porque en la tierra de Peña Nieto se niega el crimen desde lo oficial. No se acepta que el narco y la delincuencia están fuera de control y que la mayor parte de las veces las autoridades y los pillos están del mismo lado. Leer, estudiar, etcétera no es posible cuando la prioridad es comer y evitar una balacera. Un municipio educador debe… ah, pero ya, porque qué aburrido volver a decir lo mismo. Pero ya lo último, porque un municipio educador educa o provee y mantiene la seguridad. Qué quieren. Es más fácil poner una librería por 8 días que combatir al crimen. Ora que si no nos pareciera, pues también están el cine y sus propuestas, unas más cachondas que las otras. Para la ciudad está bien Godzilla, el Rey de los Monstruos y que en una versión superrecagada escandaliza las salitas del benémerito Cinemex, por cierto la única opción que hay en la ciudad, y que por cierto el ayuntamiento de Toluca le embargó hace unos días una pantalla por quedar a deber algo, no se especifica qué, en el cine ubicado entre la avenida López Portillo y Alfredo del Mazo. La otra opción es la piratería, pero es tan combatida por los televisos que ya hasta pena da mencionarla, aunque esté controlada por el narcotráfico. Unos dicen que también Televisa. Y el gobierno. Y la música. Y así. Pero Godzilla no se fija en pequeñeces. No es broma que mida como 300 metros de alto y tenga un espinazo bien chido del tamaño de Manhattan. Además es bien cuate porque a los destructores y naves norteamericanas que se aprestan para salvar al mundo de otros gigantes pestíferos pero muy, muy malos, casi los acaricia y nada junto a ellos en los mares más peligrosos. Godzilla domesticado, pues, sólo es nos faltaba, que el imperialismo yanqui (aquí van trompetas de guerra, por favor, y la imagen de un águila y Tom Cruise… al fondo un F-16 y la guapa chica en microcalzones esperando por un beso y lo que sigue) terminara con el símbolo cinematográfico de los japoneses vencidos a bombazos en la Segunda Guerra Mundial. Godzilla, vencedor del peludo Kong aunque azote de Tokyo y otros poblados, se somete al encanto de San Francisco y lo destruye felizmente en aras de un bien común. A güevo. La película número 27 de este tiranosaurio le va agarrando el estilo de una narrativa con menos cabos sueltos y a veces, hasta suspenso le incluye. Es increíble cómo una lagartija gorda y testaruda puede conseguirlo todo. Hasta una actriz de primerísima consiguió aquella producción y Juliette Binoche, ya madura y todo lo que eso significa, aparece sus buenos 5 minutos al principio, hasta que la mata una nube radioactiva y un derrumbe la termina de convertir en una caca muy francesa. Para los mexicanos acostumbrados al gran dinosaurio la película no es ninguna revelación. Inevitablemente surge la comparación, malísima por inocente, pero más porque Godzilla se queda corto, contra el régimen político, del partido que sea, que domine la administración pública. La inmensa mole de aquella lagartija se echa encima de todos. Los mata a todos con tal de atacar el mal, que no es otra cosa que una pareja de novios de 250 metros de altura, negros carboníferos y con mala actitud ante las reglas de etiqueta. Ellos sólo querían copular, debemos decir en su descargo. Total que el mexicano verá esta ocasión a Godzilla con un atisbo de copete muy a la Peña Nieto y no podrá tragar sus palomitas tranquilamente. Nada mal para una película de 160 millones de dólares y que en menos de 15 días ya tiene cerca de 200 recaudados. Nada más para cerrar. No vayan a ver Gozdilla a menos que los invite una chica y si está buena, mejor, porque hay tiempo suficiente para acomodarse las manos fuera del pantalón. México produce 330 millones 700 mil libros al año. El 47 por ciento lo hace la IP y el resto el gobierno. El mexicano lee en promedio 2.94 libros al año. El 70 por ciento de la población no lee nada y sin embargo el país ocupa el lugar 24 a nivel mundial en la lista de los países lectores. O sea, cómo. Hasta marzo del 2014 el Estado de México registraba 640 homicidios dolosos y se posicionaba en el primer lugar nacional. Hasta enero de este año era primer lugar nacional en secuestros y extorsión y tiene a once municipios ubicados entre los primeros 20 en el rubro de lesiones dolosas. Hay más, pero Godzilla se acerca disfrazado de funcionario del SAT.

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