Buenas intenciones

* El secuestro del ex alcalde Luvianos, Zeferino Cabrera, sucede en el marco de una serie de cambios en el gabinete del gobernador Eruviel Ávila, quien recibe como nuevo secretario de Gobernación a José Manzur, y que representa el movimiento más importante. Para el nuevo funcionario, coleccionista de autos clásicos y poseedor de 99 de ellos, lo más importante para su secretaría es replantear el tema de la seguridad.

 

Miguel Alvarado

Santos Cabrera era un hombre afortunado. De pronto la suerte política comenzó a sonreírle. Alcalde del municipio de Otzoloapan, uno de los más pobres del Estado de México pero enclavado en el corazón de la zona mexiquense, controlada por el narcotráfico desde hace dos décadas por lo menos, decidió que aliarse a ellos significaba dos cosas, la primera era salvar la vida y la segunda disfrutar de los supuestos beneficios que el crimen organizado reporta. Presidente municipal en el año 2000, había repetido en el cargo para el trienio 2009-2012. Santos Cabrera, de filia priista, había sustituido en el año 2000 a un perredista, Zeferino Cabrera Mondragón, un político del PRD que años después sería alcalde de Luvianos, una de las capitales del narcotráfico en el Estado de México y el país, por su ubicación geográfica. La anécdota de aquella sucesión no debería ser sino curiosa si no fuera porque en el 2014 los dos ex alcaldes serían secuestrados o levantados por quienes se supone fueron sus aliados en algún momento.

Los dos tienen historia. San Martín Otzoloapan es un municipio rural de apenas 4 mil 864 habitantes, según el último censo del INEGI en el 2010, ubicados en 160 kilómetros cuadrados. Es pequeño pero eso no ha impedido que sea presa del cacicazgo y el control del narco, primero de los Zetas y después de La Familia. A Santos tal vez no le quedó de otra que acatar las órdenes de los que en esa región se hacen llamar “las verdaderas autoridades” y pronto se adaptó a ellos. Incluso participaba de manera activa en las extorsiones contra habitantes de su municipio o enemigos. También hizo negocios de construcción para obra pública con los alcaldes vecinos, como el de San Simón de Guerrero, un municipio prácticamente invisible y con presupuesto mínimo, pero capaz de alguna obra pública.

Santos era respetado pero infundía miedo. Y era cuestión de tiempo para que el poder público cambiara de manos. Intocables aparentemente, los ex alcaldes seguían viviendo en la región y aprovechaban su capital para optar por otros cargos públicos, como las diputaciones estatales.

A pesar de autodefinirse como amigo personal del ex gobernador mexiquense Arturo Montiel y de ayudarlo a pagar sus campañas políticas y la de otros, a Santos se le acabó la suerte. A mediados de febrero del 2014 el ex alcalde fue secuestrado y la exigencia del rescate ascendía a más de un millón de pesos. Algunos pobladores señalan que fue el mismo Santos el encargado de reunir el dinero, pues lo liberaron para que pudiera pedir ayuda a sus amigos o deudores, que para él eran lo mismo, y así reunir el monto de su propia salvación. De Santos no volvió a saberse nada. Sus sueños de optar por una diputación se habían esfumado dos años antes y en los próximos comicios no estaba considerado para ninguna campaña. Tenía, sin embargo, la intención de financiar algunas candidaturas y conservar su poder y capital político en la región pero luego del secuestro ha guardado silencio.

Otro Cabrera metido en dificultades es Zeferino, también ex alcalde de Otzoloapan entre 1997 y el 2000, pero también presidente municipal de Luvianos hasta el 2012. De extracción perredista, aseguraba en el 2009 que había recibido amenazas de extorsión por parte de grupos criminales. “No requerimos más seguridad, con los elementos que están es más que suficiente para lo que compete a mi ámbito municipal como gobierno”, afirmaba en entrevista para el portal Poder Edomex.

Para él, la siembra de mariguana en su municipio era poco menos que una leyenda, como declaraba al mismo medio. “Yo creo que sí es un mito porque no nos damos por enterados de eso”. Sin embargo, regidores de su ayuntamiento se encargaban de llevar alimentos a los narcos cuando tenían que esconderse en la sierra para evadir operativos militares de la marina y el ejército.

La noticia de su secuestro fue difundida por familiares, primero en el PRD y luego a la opinión pública. Su partido no ha tomado una determinación todavía y mantiene silencio sobre el caso, que sucedió el viernes 23 de mayo al mediodía, cuando Zeferino estaba en su rancho, acompañado por su esposa, Camelia Aguirre, reporta la agencia Quadratín.

El apellido Cabrera ha estado ligado los últimos diez años a este tipo de eventos. Otro con el mismo apellido, José López Cabrera, ex alcalde Zacazonapan, fue asesinado en el 2007, según la misma Quadratín, aunque no existe otra información al respecto.

El secuestro de Zeferino sucede en el marco de una serie de cambios en el gabinete del gobernador Eruviel Ávila, quien recibe como nuevo secretario de Gobernación a José Manzur, y que representa el movimiento más importante. Para el nuevo funcionario, coleccionista de autos clásicos y poseedor de 99 de ellos, lo más importante para su secretaría es replantear el tema de la seguridad. Las buenas intenciones al menos se hacen públicas, pero mientras se cristalizan, en Atlautla, también municipio mexiquense, cinco policías de la Secretaría de Seguridad Ciudadana fueron retenidos por la población mientras realizaban un operativo contra talamontes, el 26 de mayo. Los policías dispararon contra supuestos talamontes matando a uno e hiriendo a otro. Los pobladores cercaron a los agentes y los llevaron al pueblo de Tlalamac, donde sucedían las cosas. Allí fueron golpeados severamente mientras la policía estatal implementaba un operativo para rescatarlos, ocupando hasta 150 efectivos. Pero el operativo falló pues dos policías fallecieron a consecuencia de golpes, prácticamente linchados. Atlautla es sólo el reflejo del hartazgo social, la pobreza, el abuso y la impunidad en el que se encuentra sumido el Estado de México.

Mientras, el presidente Enrique Peña se tomaba la foto y abanderaba a la selección de futbol que participará en la Copa del Mundo de Brasil, y les pedía que trajeran el campeonato para México. Su entidad, la que gobernó por seis años, espera mientras tanto una explicación.

Eruviel Ávila ha sido inquirido sobre el alarmante número de feminicidios en la entidad, peor su gobierno respondió al Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF), que “hay cosas más graves que atender”. Según esa organización, las mujeres asesinadas entre 2007 y 2013 son más de mil 500, además de 600 menores de 20 años que han desaparecido en lo que va de la actual administración.

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