Juego sucio

* “El 3 de febrero de 1992, en el salón Adolfo López Mateos de Los Pinos, Carlos Salinas de Gortari le dio posesión a Praxedis Fraustro Esquivel como nuevo secretario nacional del Sindicato Ferrocarrilero. Caso, Peralta y el resto de la planilla Héroe de Nacozari guardaron silencio. Ninguno habría osado ir contra una decisión presidencial. Por primera vez, después de casi cinco décadas, al Sindicato Ferrocarrilero llegaba un candidato marginado por el grupo de Gómez Zepeda. Tal “insolencia” quedó registrada puntualmente”, escribe el periodista Francisco Cruz en el libro Los Amos de la Mafia Sindical, editado por Planeta en el 2013.

 

Francisco Cruz

Fue algo inusual o el auténtico símbolo del cinismo y del poder, porque ese 17 de julio personeros del charrismo se reunieron casi clandestinamente con el jubilado Antonio Castellanos Tovar para comunicarle que —como títere de un teatro guiñol— cubriría, a partir de ese día, y hasta febrero de 1995, el interinato en la Secretaría Nacional. Y así sucedió: en febrero de 1995 Flores tomó el lugar de Praxedis. Todos los obreros, al menos los que podían decir algo, olvidaron que, por su condición de jubilado, el octogenario Castellanos estaba impedido para ocupar la Secretaría Nacional.

Entre conjeturas y suposiciones, aquel julio de 1993 la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal detuvo y consignó a seis personas. Pero se centró en Efraín García Torres y Vicente Valencia Saavedra —secretario particular el primero; maquinista y cercano colaborador de Praxedis el segundo—, enviados al Reclusorio Preventivo Norte como responsables intelectuales del atentado.

Las autoridades no dieron tiempo para pensar en las causas, conocer a los protagonistas ni analizar consecuencias. Por eso, ni los familiares, ni el abogado de Praxedis y, mucho menos, el gremio creyeron tales versiones. Ninguno de los dos se beneficiaba con la ejecución de su líder. Ambos saldrían políticamente muertos. El encono en el sindicato iba mucho más allá de ellos, eran dos peones en una batalla de gigantes: Praxedis, un delincuente encarcelado por agresión, pandillerismo y allanamiento, pero, según se supo en ese momento, apuntalado por familiares del presidente Carlos Salinas; y el ex convicto Peralta, quien contaba con el apoyo incondicional de Caso, así como del grupo Héroe de Nacozari y su primo Mario Vargas Saldaña, uno de los sabios de la política nacional priista, quien, por cierto, lo había rescatado de la cárcel.

En el camino, o más bien en las investigaciones por el crimen, también se involucró a un ejecutivo del Banco Mexicano Somex, y luego a otros del Banco Obrero, quienes, en aparente complicidad, permitían a Praxedis hacer jugosos retiros de las arcas sindicales falsificando firmas. García y Valencia fueron liberados un año más tarde. Estatutariamente, a quien le correspondía ocupar la Secretaría Nacional era a León Guerrero Cholula, suplente de Praxedis y en ese momento Tesorero de Previsión Obrera, además de, ya se descubriría, viejo amigo de Peralta y Flores. Nunca se atrevió a reclamar el puesto.

Con muchas interrogantes que persisten y presunciones jamás atendidas sobre una conspiración de alto nivel, de la historia sobre las extrañas circunstancias en las que “se mató” Lorenzo Duarte García y la ejecución de Praxedis Fraustro no volvió a saberse mayor cosa, aunque, en menos de un mes, dejaron un boquete en Ferrocarriles. Al deshacerse por completo la planilla Solidaridad, los pocos colaboradores y amigos de Fraustro fueron marginados, enviados a trabajar.

Aunque no hay comparación ninguna entre ellos, después del encarcelamiento de Vallejo, éste fue el más duro golpe al sindicalismo ferrocarrilero. Olfateando lo que podría venir, Fernando Miranda intentó responder quién era Praxedis. Y, al hacerlo, se adelantó, sin querer, a la historia porque hurgó en el pasado y delineó el primer perfil de Víctor Flores, el viejo bailarín y maestro de vals en el puerto de Veracruz. Si bien quedó marcado al escribir por encargo La otra cara del líder. Otro delincuente en el sindicato; Caso Lombardo es homosexual, Fernando aceptó compartir su historia para Los amos de la mafia sindical.

“Durante los meses de octubre, noviembre y diciembre de 1991 y enero de 1992 tuvo lugar un proceso muy controvertido y particular, decidido en una segunda vuelta, en el sindicato: dos ex convictos se disputaban la Secretaría Nacional. Peralta, quien había ocupado ese cargo en el trienio 1986-1989; y Praxedis, dirigente de la Sección 19, en Monterrey, Nuevo León. El primero, convicto por el asesinato del atleta Carlos Serdán Reyes, en el puerto de Veracruz; el segundo, ex interno en un penal de Monterrey por el delito de lesiones y daños en propiedad ajena. Dos pájaros de cuenta. El primero, candidato del oficialismo empresarial o gobiernista; y el segundo, aspirante independiente a través de la planilla Solidaridad o Comisión Nacional Ferrocarrilera”, y del secretario nacional saliente Lorenzo Duarte García.

Y eso de independiente es un decir porque, en 1980, Fraustro se hizo enemigo gratuito del grupo Héroe de Nacozari, con todo y Gómez Zepeda, tras no darle su apoyo para ganar una regiduría en Monterrey. Desde luego, Gómez Zepeda lo marginó en su primer intento por llegar a la Secretaría General de la sección ferrocarrilera en la misma ciudad. En venganza, Fraustro formó un grupo de choque, sembró terror y desde allí se catapultó a la dirigencia de los rieleros de Nuevo León.

No puede negarse que la primera parte de la elección en febrero de 1992 la ganó Peralta. Empero, Lorenzo Duarte García no se durmió. Nadie pudo explicarse por qué, pero tomó como cruzada personal la defensa electoral de Praxedis e hizo lo que pocos pensaban: en algunas reuniones dramáticas para dirimir controversias, intercambiar acusaciones, contraacusaciones y lavar el cochinero, sacó a la luz pública episodios oscuros —guardados celosamente en su memoria— del pasado de Peralta. Y los utilizó bien porque documentó y demostró un enorme fraude electoral coordinado por el grupo Héroe de Nacozari, por personajes allegados a Caso Lombardo y los peraltistas, quienes recibieron asesoría del PRI. Sintiéndose traicionados, Peralta, Caso y los cabecillas de Héroe de Nacozari sacaron las uñas. Acorralado, el coahuilense Duarte se moría de la risa.

Con mucha habilidad, libró amenazas de muerte que le llegaban casi a diario, capoteó discusiones violentísimas, no aceptó tratos despectivos, que para eso era dirigente nacional, y, por abajo del agua, montó un operativo especial para repetir los comicios. Y en esa segunda vuelta haría ganar a Praxedis. Duarte demostró que los gomezetistas eran muy vulnerables, pero, por su pasado, Jorge Peralta Vargas era todavía más débil. El 3 de febrero de 1992, en el salón Adolfo López Mateos de Los Pinos, Carlos Salinas de Gortari le dio posesión a Praxedis Fraustro Esquivel como nuevo secretario nacional del Sindicato Ferrocarrilero. Caso, Peralta y el resto de la planilla Héroe de Nacozari guardaron silencio. Ninguno habría osado ir contra una decisión presidencial. Por primera vez, después de casi cinco décadas, al Sindicato Ferrocarrilero llegaba un candidato marginado por el grupo de Gómez Zepeda. Tal “insolencia” quedó registrada puntualmente.

Duarte, quien conocía muy bien a Jorge Peralta Vargas porque durante la dirigencia de éste entre 1986 y 1989 fungió como presidente de la Comisión Nacional de Vigilancia y Fiscalización, había tomado una decisión socarrona: enfrentar a Peralta —a pesar de que lo consideraba un matón de la más baja calaña o criminal callejero— y Caso para tratar de quedar bien con la familia del presidente de la República. Eso sería más provechoso para su futuro político en el PRI. Dio, pues, pasó con guarache.

Cuándo y cómo recibió llamados de familiares del presidente Salinas, y quiénes eran éstos, sólo él lo supo y, literalmente, se llevó su secreto a la tumba. Pero, salvo en la peor de las circunstancias, no permitiría la segunda llegada de Jorge Peralta a la Secretaría Nacional del sindicato. Veinte años después, muertos los dos principales protagonistas, la reconstrucción de algunos episodios se complica; hay una disparidad en las narraciones que ocultan un fin premeditado, pero, en las negociaciones postelectorales y el recuento de votos de la segunda vuelta de los comicios internos de febrero de 1992, Duarte y Praxedis no se percataron de sus errores cuando cedieron a Peralta, Caso y Gómez Zepeda casi todas las restantes secretarías del Comité Ejecutivo. Praxedis se sentía satisfecho; confiaba en que, una vez sentado en la Secretaría Nacional, tendría fuerza para deshacerse de todos sus enemigos.

Creía que algunos otros se convertirían en sus marionetas. Por eso, entre otras, tomó la decisión de ceder el resto del Comité Nacional. Pero la más importante, por los recursos que manejaba, fue la Secretaría del Tesoro sindical, que quedó en manos de Víctor Flores, el paisano y hombre de confianza de Peralta, quizás el único peraltista de cepa. Como premio a su ingenuidad, además de la Secretaría Nacional, a Praxedis le cedieron el manejo de Previsión Obrera, en la que colocó a su gran amigo incondicional Juan José Pulido Rodríguez. También le dejaron imponer a su suplente en las elecciones, León Guerrero Cholula, como tesorero de esa mutualista rielera. No les soltaron nada más. Sin llegar de nueva cuenta a la Secretaría Nacional, Peralta proclamó su victoria. Acotado, Praxedis llegó al poder absoluto sin la posibilidad real de ejercer todo el poder.

Anuncios

Deja un comentario

Aún no hay comentarios.

Comments RSS TrackBack Identifier URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s