Sabor a gol

* Porque, te acuerdas, Luis Videgaray, cómo te gustaba el futbol o eso dicen los que te conocen, y que hasta llorabas cuando alguien de tu predilección perdía. ¿No te gusta el futbol?  A ver, esperáme. Primero los balones. Recuerdo el Telestar, tan propio y elegante como Beckenbauer. Y luego el Tango, en el mundial de España de 1982 cuando Eder le pegaba a 172 kilómetros por hora y el joven Maradona –porque también fue imberbe- apenas podía controlar.

 

Miguel Alvarado

A la alcaldesa de Villa Victoria en el Estado de México, Sara Domínguez, se le metió un disparo en el abdomen cuando acudía a una ceremonia de canje de armas en su municipio. Nadie sabe cómo se disparó aquella arma tenebrosa o si fue un accidente en realidad. Casi le cuesta la vida a la edil, quien con este hecho salta a las crónicas periodísticas de la época luego de pasar desapercibida el resto de su gestión. Mala suerte. Karma. Deseos comunes envueltos en tintes de odio que encontraron receptáculo en la mujer, a quien no se le puede calificar ni de buena ni de mala administradora nada más porque nada se sabe de su trabajo. Nunca lo sabremos, ni siquiera ella, que se recupera en un lecho de hospital mientras medita lo sucedido.

Este realismo mágico con el que nacen los mexicanos es capaz de cualquier tipo de producción. Qué Godzilla o Maléfica o Chavo del Ocho. Nada. La magia, casi toda negra, sucede frente a nuestras narices y la aceptamos porque, de manera increíble, es en la cotidianeidad donde se manifiesta.

Otro ejemplo. Y por ejemplo, el dueño del diario unomasuno, Naim Libien, “recibió un reconocimiento honoris causa por parte del Instituto Americano Cultural, “hermanado con las Universidades de Cambridge Murcia, España, y la Universidad Autónoma de México (UNAM)”, en la Cámara federal de Diputados, el último día de mayo del 2014.

Honoris causa de extraño valor agregado. Una vuelta por el pasado pondría las cosas en su lugar. Quizás no sería un honoris. Apenas dos vendrían bien. Tres apenas se ajustarían. La memoria se achica y cierra cuando, de pronto, el reconocimiento está ahí, a la vista de todos. ¿Qué estamos haciendo mal, en todo caso? ¿Por qué se premia a unos y se denigra a otros o de paso se les mata, casi siempre nada más porque sí?

Que Luis Videgara esté casado con una prima de la esposa de Felipe Calderón es preludio de desastre hasta mundialista. Entonces el priismo se ha pintado de azul aunque de hecho el PRI nunca se retiró del poder federal. Somos los mismos o nos hacemos. Estamos negociando, verdad, en un piso donde todos somos iguales. A mí me toca hoy, a ti mañana, pero estrechen los lazos, cierren las puerta, señores, no se cuelen los malos aires, no dejen pasar las oportunidades, apuéstenle al piojísimo Miguel Herrera, un gordo bonachón que se las sabe de todas, todas, excepto cuando se trata de estrategia futbolera. Cobra como entrenador de una selección de panboleros que se dicen representantes de un país. Bruto negocio el del balón, que opera en la más eficaz de las formas. Pero los balones estaban chidos. Antes, cuando todavía había futbol en la empresa multinacional AKA como F.I.F.A. Porque, te acuerdas, Luis Videgaray, cómo te gustaba el futbol o eso dicen los que te conocen, y que hasta llorabas cuando alguien de tu predilección perdía. ¿No te gusta el futbol?  A ver, esperáme. Primero los balones. Recuerdo el Telestar, tan propio y elegante como Beckenbauer. Y luego el Tango, en el mundial de España de 1982 cuando Eder le pegaba a 172 kilómetros por hora y el joven Maradona –porque también fue imberbe- apenas podía controlar. Y ya.

Ahora sí, Luis. Porque acá se dice que amas el americano. No manches que el americano, cómo que el americano con ese apellido tan majo. Porque en una crónica del reportero Miguel Colunga se consigna que formaste un equipo al que llamaste Los Complejos y que jugabas al lado de Ernesto Cordero, quien se la rifaba como delantero-centro. Pero quién es Ernesto Cordero. Ya no me acuerdo. Google dice que es o era –era- -qué pronto dejamos de ser algo- Pero Luis, ¿los Acereros?

Ah, pero Cordero. Google dice que era –chin, era- aspirante a la presidencia de México y de su partido, el PAN. Luego que era –otra vez ese superlativo engañoso, como Oribe Peralta, un buen jugador, pero engañoso- senador. Y Luis, ¿por qué los Acereros, que era, era, era el único equipo que me caía bien?

Entonces jugando futbol se hace política y se prepara uno para hacerla de supercontable. Es como cuando –comocuandolasmariposas- vinieron los Doors a Toluca. No manches. Los Doors, los de Morrison, el lagartísimo rey, paseándose por la avenida Morelos y entrando al Cosmovitral. Nomanches, nomanches, nomanches. Aparte de vocalista, no les faltaba ni la “the”, como a The Batman. Imagínales ahí, tocando en el teatro Morelos. Chin. El pasado no es lo que solía ser y nunca será como lo conocimos.

Pero y qué tal si esto también es bullyng y alguno –yo, por ejemplo- se siente buleado. Pues sí, ni cómo saber. Y la cosa no es por ahí. Porque Toluca tiene para todos los gustos. Por ejemplo, un ejemplo más. ¿Y si me afilio al PRI? Es que dicen que luego sí te ayudan. Que te inscriben en programas permanentes de ayuda como las despensas. Pero alguien me dijo que los utilitarios y esas cosas serán expulsados de las próximas elecciones. No habrá gastos para gorras ni playeras y pues cómo vamos a hacer negocio los que hacemos diseño y proveemos. Y que por eso las reformas políticas no avanzan. Porque el PRI quiere sus utilitarios pero Encinas, ése Alejandro, y nadie más que él, no quiere dejar hacerles el bisne. Qué insensible, en vísperas del torneo deportivo más importante del mundo.

Yayaya. Futbolfutbolfutbol.

Y perdón, me faltó una “y” en tu apellido.

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