Futuro cancelado

* La adquisición de tierras es lenta pero avanza. Los números están listos y la estructura que rodeará Ciudad Futura y al aeropuerto por consiguiente se encuentra trazada. La llamada Zona de Mitigación y Rescate Ecológico en el Lago de Texcoco necesitaría unas 3 mil 200 hectáreas, aunque hasta hace dos años se reportaba la compra de poco más de la mitad. El aeropuerto, por su lado, comprendería unas mil 500 hectáreas.

 

Miguel Alvarado

Habitantes de San Salvador Atenco observan llegar camiones con cargas de tierra y otros tantos irse por los mismos caminos que en el 2001 transitaron ingenieros enviados del gobierno mexiquense de Arturo Montiel, tío de sangre del actual presidente de México, Enrique Peña Nieto. El seco vaso del Lago de Texcoco es el lugar elegido. Hace doce años apenas nadie lo visitaba, y menos después de mayo del 2006, cuando la policía del DF y el Estado de México masacró a los habitantes que defendían espacios comerciales, dando muerte a dos y encarcelando a los líderes del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra a condenas carcelarias por más de 200 cada uno. Liberados luego debido a la intervención de organismos de derechos humanos y de la Suprema Corte de Justicia, ahora vuelven otra vez la vista al lago y cada vez les preocupa más el proyecto Ciudad Futura, anunciado mesiánicamente como una obra que cambiará la cara de aquel ecosistema y la vida de los habitantes de la región.

Pero Ciudad Futura, cuya explicación resumen los desarrolladores en la frase, que quiere ser inteligente, de “la ciudad es una gran obra de arquitectura”, no resolverá nada, al menos para los habitantes de San Salvador Atenco. Impulsado desde el 2002 por el Despacho Futura Desarrollo que encabezan Teodoro González de León, Alberto Kalach, José Manuel Castillo Olea, y Gustavo Lipkau, recibe ahora señalamientos severos. Y es que Ciudad Futura no pasará desapercibida, pues solamente su superficie sería 23 veces más grande que Chapultepec. Pero además la relación entre el nuevo aeropuerto de la ciudad de México y la ciudad ecológica es evidente, pues participan constructoras en ambas estrategias, y ya comienzan a definir a Ciudad Futura como “la barrera que detendrá el crecimiento del puerto aéreo”.

Por lo pronto, las supercarreteras que comunicarán a la terminal aérea ya están lista y en funciones, y una de ellas es el Circuito Exterior Mexiquense, construida por la empresa OHL y que atraviesa 18 municipios del valle de México y entronca con las autopistas México-Querétaro, Pachuca, Puebla, Chamapa-Lechería y Peñón-Texcoco. El Circuito Exterior Mexiquense recorre 113 kilómetros y tuvo un costo de 24 mil millones de pesos financiados por Banobras en la modalidad de Asociaciones Público-Privadas

La española OHL es uno de los principales consorcios constructores para el Estado de México y apenas el 20 de junio del 2014 había ganado la licitación para construir el tren México-Toluca, con un costo de unos 10 mil millones de pesos para la parte del primer tramo y en asociación con Carlos Hank Rhon, otro de los empresarios consentidos del montielato. La empresa es la séptima constructora más importante del mundo y una de sus primeras obras se realizó en el aeropuerto internacional de la Ciudad de México, en el 2002, a  través del Grupo Fumisa, una concesionaria que por 20 años explotó centros comerciales, pasillos y estacionamientos del propio aeropuerto hasta que el contrato venció y se reclamara la cobertura de un porcentaje por ganancias previstas que puede ascender a 6 mil millones de pesos. OHL es también operadora del Viaducto Bicentenario y controla en aeropuerto internacional de Toluca.

OHL encaja en el rompecabeza del aeropuerto, Ciudad Futura y las tierras de San Salvador Atenco porque sería una de las constructoras en caso de que se realicen las obras. Está tan involucrada que realiza estudios de “diagnósticos de riesgo ejidal, comunal y de la pequeña propiedad”, desde el 2013, a través de una consultora llamada Alter Consultores, dice la reportera Blanche Petrich y que no significa otra cosa que gestionar la venta de ejidos. Según el FPDT, unas 600 hectáreas ya han sido vendidas. En el 2001, la venta de tierra era uno de los negocios que intentaron aprovechar políticos y hasta jerarcas de la iglesia, como el ex obispo Onésimo Cepeda, quien buscó comprar para luego vender a las empresas. El gobierno del Estado de México cotizó en ese entonces el valor de la tierra de los atenquenses en 7 pesos el metro cuadrado, poco más de medio dólar al tipo de cambio actual y que representaba el precio más bajo en toda la entidad.

En la compra-venta de terrenos y en la construcción de Ciudad Futura participa la Comisión Nacional del Agua, hoy dirigida por el mexiquense David Korenfeld, ex alcalde Huixquilucan y ex secretario del Agua en el Estado de México en la administración de Enrique Peña, y ha planteado el 2016 como fecha límite para tener la propiedad de al menos 8 ejidos completos. La excusa para las compras es la misma de siempre: el rescate ecológico aunque luego parte de esas tierras deban usarse para el aeropuerto. OHL explora y compra de paso. Y también ambiciona tierras del lago Nabor Carrillo, en Texcoco, para el mismo proyecto aéreo.

El Colegio de Ingenieros Civiles de México apunta una relación entre Ciudad Futura y la intención presidencial de recuperar el proyector aeroportuario de Vicente Fox y Montiel Rojas en Atenco y Texcoco, que cambiará para siempre al valle de México, que corrobora el semanario Proceso, pues “directivos de OHL anunciaron que aprovecharán las oportunidades del Plan Nacional de Infraestructura que Peña Nieto presentó el 15 de julio, con una inversión estimada en 1.3 billones de pesos, según informó CNN-Expansión. Los directivos afirmaron que la empresa cuenta con un fondo cercano a los mil millones de dólares para participar en los nuevos proyectos. Los recursos provendrán de su oferta accionaria en la Bolsa Mexicana de Valores y de la contratación de deuda. El objetivo, dijeron, será quedarse con obras para la zona metropolitana de la capital del país y el Estado de México, aunque no especificaron cuáles. No obstante, el 11 de febrero pasado integrantes del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra declararon al diario La Jornada que, mediante engaños, OHL compró terrenos en las comunidades aledañas a San Salvador Atenco para el desarrollo de nuevos planes de negocios. Uno de los que más ambiciona es el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, según un consultor español que trabaja en México y que pidió no ser identificado”.

El Colegio de Ingenieros Civiles de México advierte que la Conagua compraría, en el 2014, en los ejidos de Santa María Chimalhuacán, Huexotla, San Felipe, Santa Cruz de Abajo, San Bernardino (Texcoco); Santa Isabel Ixtapan, San Cristóbal Nexquipayac y Francisco I. Madero (Atenco).

La compra significa que los terrenos serán propiedad federal y destinados a cualquier fin que decida aquella autoridad. “Y precisamente al amparo de los terrenos federales ya recuperados por la Conagua, se tiene listo el plan para construir uno de los parques más grandes en América Latina dirigido a revertir el desequilibrio ambiental de la zona, proteger el lago Nabor Carrillo y que serviría como escenario ecológico para dar paso al nuevo aeropuerto en una zona que hasta ahora se llama sigilosamente Resguardo Federal”, dice el mismo Colegio de Ingenieros.

La adquisición de tierras es lenta pero avanza. Los números están listos y la estructura que rodeará Ciudad Futura y al aeropuerto por consiguiente se encuentra trazada. La llamada Zona de Mitigación y Rescate Ecológico en el Lago de Texcoco necesitaría unas 3 mil 200 hectáreas, aunque hasta hace dos años se reportaba la compra de poco más de la mitad. El aeropuerto, por su lado, comprendería unas mil 500 hectáreas.

La Conagua anuncia ya en congresos y papeles oficiales que la construcción del proyecto ecológico es un hecho, como consta en el Libro Blanco Conagua-07 Programa Ecológico Lago de Texcoco (PELT) de la Conagua. “El PELT integrado a la zona federal se levanta como un parque de clase mundial ya que puede contener 43 veces al Central Park de Nueva York y 23 veces al Bosque de Chapultepec”.

Las imágenes de la Ciudad solamente pueden ser descritas como futuristas, algo nunca antes visto, al menos para la mitad de la población del Estado de México, que vive en algún tipo de pobreza y en cuyo territorio nunca ha gobernado un partido distinto del PRI en el poder Ejecutivo estatal.

El lago de Texcoco recuperado, alcanzaría terrenos de Ecatepec, donde un montaje hacer ver las depauperadas colonias de la tierra del gobernador mexiquense, Eruviel Ávila, unidas por interminables puentes que atraviesan la masa líquida. En medio del lago, algunas edificaciones triangulares sobresalen en la superficie. La miseria evidente e histórica del valle de México sería entonces una especie de cinturón de miseria que rodearía la fantástica arquitectura ecológica. “México Ciudad Futura propone la creación de un sistema de lagos permanente, interconectados con una extensión tres veces mayor que la bahía de Acapulco. Estos lagos serán alimentados con sólo 155 de las aguas residuales que la ciudad se ha comprometido a tratar. Los lagos estarán rodeados por un litoral de 80 kilómetros para desarrollo urbano”, apunta el documento de presentación del proyecto, en la página http://www.kalach.com/proyectos/ciudad-futura/pp38.html.

El proyecto dice que del total de la superficie de Ciudad Futura, 8 millones de metros cuadrados corresponderían al nuevo aeropuerto. Además afirma que habría doce millones de metros cuadrados para urbanización y garantiza orquestar el crecimiento de la ciudad por 25 años. Promete reactivar la industria de la construcción y el mercado mobiliario, además de equilibrar áreas marginadas. Las promesas, realizadas en el tono más festivo, son beneficios que a simple vista les tocaría a los constructores del nuevo entorno y a quienes pudieran pagar un hábitat de lujo. El resto, mejorado al menos su paisaje visual, tendría que conformarse con eso, con mirar, mientras atestiguan cómo nuevos edificios habitacionales de interés social se desarrollan para ellos junto a los mismos centros comerciales y las mismas, caóticas, vías de comunicación, pues hasta se contempla una enorme línea férrea, sobre la hipotética calzada México-Teotihuacán, que conectaría al sur del país con el DF.

La imaginación del proyecto parece no tener límite cuando los montajes presentados para Ciudad Futura muestran pirámides ultramodernas en el agua de la rescatada cuenca, emitiendo juegos de luz por su vértice más alto mientras carreteras y avenidas se deslizan junto a canales de agua transparente, en desarrollos similares al de Santa Fe, sólo que definidos entre parques y vegetación. Nada se habla de los desplazados o del futuro de quienes venderían sus tierras pero las respuestas serán las mismas llegado el momento. Que podrán trabajar en el proyecto, que podrán vivir en áreas cercanas y que el futuro nunca será más brillante para ellos.

La proyección del nuevo aeropuerto está representada en el bucólico paisaje. La estructura se dibuja junto a una gran masa de agua, que marca sus límites de crecimiento y que está conectado por carreteras que atraviesan un lago azulado. El puerto aéreo será vecino del rescatado lago Nabor Carrillo y de la depauperada urbanización de Ecatepec, por un lado, y de Texcoco por el otro. Otra gráficas muestra enormes complejos habitacionales y comerciales de primer mundo. Pintados en tono dorado, reflejan una puesta de sol mientras dominan la orilla de la zona ecológica. Detrás de ellos, el pobrísimo valle de México es para el artista una especie de cajas encimadas, unas sobre otras, aunque también doradas porque el sol todavía sale para todos. Una docena de torres de cristal, de altura indeterminada pero al menos tan grandes como la Latinoamericana, se yerguen en la franja colonizada. Al fondo y literalmente construidos en una isla, dos estadios deportivos conviven en espacios reverdecidos. Barcos tipo velero se observan anclados en bahías individuales a la espera de sus dueños

Pero el aeropuerto sería la estructura más impactante. Formado por dos polígonos, es atravesado por una autopista que pasa por el lago y allí ejecuta tréboles de concreto para dirigir la distribución vial. El dibujo mostrado no podría ser más encantador. Al fondo, los dos volcanes, el Popo y el Izta, atestiguan la llegada de aeroplanos y los enormes hangares se reflejan en el agua dorada de un valle de México transformado. El aeropuerto es en realidad parte de un sistema de terminales conectados entre sí por el Circuito Exterior Mexiquense y que comprende Toluca, Pachuca, Puebla y Cuernavaca, así como al actual aeropuerto de la ciudad de México.

“El plan maestro del aeropuerto fue desarrollado por el grupo de consultores en ingeniería Arup e incluye cuatro pistas y una terminal para dar servicio a 30 millones de pasajeros para 2018, año en que reemplazaría al aeropuerto actual”, dice la agencia de noticias Reuters, que menciona a Fernando Romero, yerno de Carlos Slim, como otro de los interesados en el proyecto.

Arup es una firma global de diseño y arquitectura que construyó la Ópera de Sydney, la catedral de Nuestra Señora de Los Ángeles, el Lincoln Center, el aeropuerto de Kansai, en Osaka, Japón; el Puente del Milenio en Londres; el Centro Pompidou de París y el Allianz Arena, de Munich, Alemania, entre docenas de ubicaciones mundiales.

Arup está ligada con el arquitecto Teodoro González de León, cabeza de Ciudad Futura, pues junto a él diseñaron la Torre Manacar, en el DF. Arup participa en otros cuatro rascacielos en la capital mexicana, la Torre Ejecutiva BBVA-Bancomer, la Torre Reforma, la Torre Pedregal 24 y la torre Punta Chapultepec.

Otra recomendación del proyecto señala que éste “sería impensable sin el compromiso y el apoyo del gobierno del Estado de México en cuanto a actividades y componentes específicos en el ámbito de sus competencias, ejercicio de gasto de inversión y operación, regulaciones y capacidad de concentración”.

Previsores, avizoran la creación de la Corporación para el Desarrollo del Lago de Texcoco, a la cual “se dotaría de un capacidad eficaz para disuadir a invasores de tierras mediante el apoyo específico de la Secretaría de Gobernación y la Secretaría de Seguridad Pública federal”.

Los proyectistas también han convenido que “la Corporación recibiría una asignación presupuestal multianual por parte dela SHCP, además de generar ingresos propios por concesiones, ventas de terrenos y otros conceptos… sería factible que la Corporación fuese una sociedad anónima con participación pública mayoritaria pero con una amplia apertura a la inversión privada…”. El propio gobierno del Edomex, la UNAM, y el Colegio Mexiquense participaron en la elaboración del proyecto.

El consorcio sería integrado preliminarmente por ICA, representado por Bernardo Quintana, “IDEAL de Carlos Slim; Teya, de Juan Armando Hinojosa; GIA, de Hipólito Gerard, Prodemex de Olegario Vázquez, La Peninsular, de Carlos Hank Rhon, Tradeco de Federico Martínez y Marhnos de Nicolás Mariscal. Existe un comité encargado del proyecto. Es encabezado por el ex gobernador de Hidalgo, Manuel Ángel Núñez Soto, y lo asesoran el ex director de la CFE, Alfredo Elías Ayub, el exsubsecretario de Transportes Aarón Dychter y el ex director del Fonadin, Federico Patiño”, dice el columnista Darío Celis.

Gustavo Lipkau, uno de los arquitectos que encabeza aquel proyecto, es socio fundador de Futura Desarrollo Urbano y se le describe llanamente: “en el Estado de México, sin embargo, Lipkau no sólo es conocido por su labor de difusión del proyecto ´México, Ciudad Futura´, sino de la negociación fina para adquirir terrenos con ubicaciones estratégicas y cercanas a vías de acceso como el Circuito Exterior Mexiquense”, apunta la columnista Claudia Villegas.

Lipkau ganó el concurso para construir la Biblioteca Vasconcelos en el 2004. Nació en Caracas, Venezuela, el 1972, aunque es mexicano y él mismo se ubica como nacido en la colonia Roma en el DF y es el vocero para Ciudad Futura, aunque siempre ha sido cuidadoso. El “staff” completo de arquitectos está encabezado por los mencionados Teodoro González de León, Alberto Kalach, quien tiene en Valle de Bravo muestras de su arquitectura, y José Manuel Castillo Olea. “Lipkau es sólo uno de los arquitectos –ligados con empresas constructoras e inmobiliarias– que, con una renovada promesa de recuperar y conservar el último reducto lacustre en el Valle de México”, informa El Colegio de Ingenieros Civiles, que además menciona a la empresa constructora ICA como otra de las interesadas en las obras y al ex candidato presidencial por el Verde Ecologista, Gabriel Quadri, relacionado con la profesora Elba Esther Gordillo, como uno de los asesores.

En Chimalhuacán, por ejemplo, los vendedores de tierras identifican a Lipkau como el negociador encargado por ICA de la adquisición de terrenos en puntos estratégicos.

Mientras tanto, el FPDT en San Salvador Atenco se declara listo para evitar despojos, los mismos que se pretendieron legalizar en el 2001, sólo que esta vez con nueva estrategia.

Se sabe que priistas de Atenco promueven la venta de terrenos diciendo a los interesados que de concretarse la operación, ellos se convertirían en accionistas. Reparten volantes con frases como “es hora de construir el nuevo aeropuerto” pero el único obstáculo siguen siendo los campesinos, a quienes se castiga quitando el agua como manera de presión.

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