Las aspiraciones más negras

* “El miedo a Praxedis lo hizo rodearse de un cuerpo personal de guardaespaldas formado por halcones o golpeadores ferrocarrileros que ofrecían un testimonio cristalino sobre la situación: un personaje de baja estatura, moreno, nervioso, delgado y muy sumiso —hombrecillo le llaman sus críticos—, lleno de ambiciones que habitaba en un modesto departamento de 50.65 metros cuadrados, en el condominio número 215 de la calle Guerrero en la colonia Guerrero”, escribe el periodista Francisco Cruz en el libro Los Amos de la Mafia Sindical, editado por Planeta en el 2013.

 

Francisco Cruz Jiménez

Cuándo y cómo operó el cambio, sólo en el sindicato puede encontrarse la respuesta. La mayoría coincide que justo el día de su ascenso como secretario nacional, Víctor Flores, valga decir, fue la víctima indefensa —quienes lo conocen lo asocian más a la cobardía— de las iras y bromas de Praxedis, un maquinista rudo, de carácter recio, atrabancado, musculoso y violento de 1.85 metros de estatura; de rasgos negroides. Flores, el bufón, era la encarnación de los intereses y las aspiraciones más negras de dos grupos —Héroe de Nacozari y peraltista— que querían prevalecer y hacerse, malamente, del futuro de los obreros del ferrocarril. Según se cuenta, Praxedis, no pensaba mucho cuando se trataba de liarse a golpes. Resultado de esas bromas, enemistades o antipatías, apenas al llegar a la Secretaría Nacional, y Víctor a la Secretaría del Tesoro, Praxedis mandó instalar cámaras de video en las oficinas de Flores, sobre todo, en la caja fuerte, como una provocación abierta para que no robara ni un centavo y en varias ocasiones lo amenazó. Le advirtió que si lo sorprendía robando le daría una golpiza y lo enviaría a la cárcel.

”Como la platicaba —recuerdan algunos de los praxedistas—, la anécdota parecía divertida. Pero Praxedis mostraba su puño derecho, preguntando a sus guardaespaldas ¿sí o no le dije?: mira Víctor, róbate un centavo y te parto la madre, te ando dando una madriza; me vale madre que seas un pinche enano y échame a tu papá Peralta (…) con él sí me puedo dar en la madre porque somos del mismo peso. Y Víctor reconocería, en una plática que había tenido altercado de esa naturaleza”.

A mediados de 1993, en una entrevista con Miranda Servín y el padre de éste, en el restaurante Tok’s de Insurgentes y avenida San Cosme, de la ciudad de México, Flores llegó “pálido y descompuesto porque acababa de tener un enfrentamiento con Praxedis; desesperado, molesto, manifestó que ya no lo aguantaba: ‘Le voy a romper su madre’. Y nos propuso: ‘Sáquenle un libro, yo lo pago (…) a ver si así me lo quito de encima’. Sin recursos para emprender un proyecto de esa naturaleza, la idea —cuenta Fernando— me pareció aceptable; además había sido marginado luego de colaborar en la campaña electoral que lo había llevado a ocupar el máximo cargo en el sindicato ferrocarrilero y también había atestiguado su proceder corrupto y desleal en contra de los obreros. Por otro lado, me atraía la idea de volver a denunciar públicamente a otro líder nacional de este sindicato, con pruebas documentales”.

”A partir de ese momento, Víctor me proporcionó más documentación sobre los fraudes de Praxedis. Con estos datos y los que yo tenía comencé a elaborar la cuarta edición de La Otra Cara del Líder, cuya portada sugirió Víctor Flores. Se hizo cargo de todos los gastos. De enero a junio de 1993, tuvimos varias entrevistas. Le interesaba conocer el contenido y nos aportaba dinero para la impresión. Nos apremiaba para terminar. Tenía un objetivo: ‘Pinche Urraco—el socorrido sobrenombre de Praxedis—, va a valer madre, se lo va a llevar la chingada. Conocía la efectividad de publicar un libro de este tipo, lo había vivido como íntimo colaborador de Peralta; sabía que La Otra Cara del Líder—tercera edición— le había cancelado la posibilidad de llegar al Senado. Y, además, le había ocasionado tropiezos en su intento de llegar, por segunda ocasión, a secretario nacional del Sindicato Ferrocarrilero. Flores estaba montado en un potro salvaje, quería vengarse. El 1 de julio de 1993 terminamos de imprimir la cuarta edición; en la portada resaltamos la frase que Praxedis constantemente repetía: ‘Caso Lombardo es homosexual’. Víctor insistió en que se publicara en la portada, según él, si no se incluía el libro no serviría”.

Su miedo a Praxedis lo hizo rodearse de un cuerpo personal de guardaespaldas formado por halcones o golpeadores ferrocarrileros que ofrecían un testimonio cristalino sobre la situación: un personaje de baja estatura, moreno, nervioso, delgado y muy sumiso —hombrecillo le llaman sus críticos—, lleno de ambiciones que habitaba en un modesto departamento de 50.65 metros cuadrados, en el condominio número 215 de la calle Guerrero en la colonia Guerrero.

Para 1996, ya con todo el poder sindical y el apoyo del presidente Zedillo, sus adversarios le documentaron la compra de un edificio de departamentos en la colonia San Rafael, en el 165 de la calle Edison, valuado en, al menos, 5 millones de pesos. Las fastuosas residencias junto al mar propiedad de Elba Esther Gordillo Morales en San Diego, California que se han documentado con detalle, hacen ver modesto el edificio de Víctor Flores; sin embargo, confirman el deterioro del sindicalismo y ponen en evidencia la voracidad de los líderes y su complicidad con funcionarios de gobierno de los tres niveles.

Las revelaciones sobre Víctor se multiplicaron o, como dicen en el pueblo, los trapos sucios estaban lavándose fuera de casa. Se iría tejiendo una historia personal llena de datos, anécdotas y excentricidades. El Semanario, una publicación que se edita en la ciudad de México, por ejemplo, publicó: “Los departamentos —del edificio en Edison— estaban hipotecados y el dirigente ferrocarrilero saldó los adeudos al contado. En ese año, pagó en diferentes transacciones un millón 431 mil 118 pesos (folios 474776, 686358, 9441469, 9441469 del RPP).Fue la misma época en que el líder ferrocarrilero Manuel Castillo Alfaro descubrió que en el sindicato había un desfalco por 25 millones de pesos. Admite que entonces pudo constatar que Flores había sustraído en 1994 esa cantidad en varios cheques con el argumento de que serían para la campaña (presidencial) de Zedillo.

”En la Procuraduría General de la República (PGR) está archivada desde 1995 la denuncia ACO/17/DO/95 por ese hecho. No se le ha dado cauce, lo que significa que no se inició averiguación. Tampoco se le dio cauce a otras 19 demandas en contra del ciudadano Víctor Félix Flores Morales que hoy están archivadas en la PGR, de acuerdo con una fuente cercana a Averiguaciones Previas. Una de ellas, fue puesta en 2001 por la Agrupación de Jubilados Ferrocarrileros por el desvío de 500 millones de pesos de las cuotas que habían aportado durante una década. En el momento de la denuncia, José Videles Camacho, representante de los afectados, exhibió documentos que indicaban que Flores percibía un salario de 17 mil pesos a la quincena como jubilado, aunque no había trabajado más de cinco años. En tanto, los otros trabajadores alcanzaban 2 mil 500 pesos al mes.

Sin proponérselo, por lo menos no a su llegada al Distrito Federal, Víctor Flores avanzó a pasos agigantados hasta convertirse en un monstruo de mil cabezas. El asesinato de PraxedisFraustro Esquivel, la historia negra de su compadre Jorge Peralta Vargas, la crisis de representación y su condición misma de instrumento presidencial en la aplicación de política económica neoliberal lo atraparon en las páginas del libro negro de la burocracia sindical corporativa.

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