Los ejemplares

* “Repudié el asesinato de Praxedis, tanto, que en la reapertura del caso ofrecí mi testimonio ante la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, dentro de la averiguación previa 7/3949/93-07; extrañamente, los funcionarios al mando de Bernardo Bátiz Vázquez, durante la Jefatura de Gobierno de Andrés Manuel López Obrador, ignoraron mi testimonio. El asesinato fue un exceso; la mafia encabezada por Caso, Peralta y Flores tenía elementos para destituir a Praxedis y proceder penalmente en su contra por saqueoal sindicato; pero alguien optó por la venganza personal”, escribe el periodista Francisco Cruz en el libro Los Amos de la Mafia Sindical, editado por Planeta en el 2013.

 

Francisco Cruz Jiménez

Ambicioso y en campaña para exhibir a Praxedis, Víctor Flores mantuvo su promesa de apoyar a Miranda Servín. Lo apuraba para sacar, lo antes posible, la cuarta edición de La otra cara del líder; otro delincuente en el sindicato ferrocarrilero: “No fue ético proceder así, pero estábamos inmersos en una contienda política y en ese momento actuábamos indignados por el papel que hacía Praxedis. Sabíamos la cantidad de dinero que estaba robando con sus colaboradores, conocíamos las propiedades que adquiría, dónde comía, dónde se hospedaba —su pequeño departamento maltrecho, en la avenida Insurgentes Norte, lo había cambiado por un penthouse en Santa María la Rivera y una lujosa suite en el Hotel Pontevedra—, sabíamos a qué edecanes les había dado estatus de amantes oficiales y les había comprado un lujoso departamento. Todo. Y como parte importante de la portada publicaríamos la ficha signaléctica de Praxedis, acusado de lesiones graves y daños en propiedad ajena en 1983.

”Los primeros cinco ejemplares se los entregamos a Víctor el 1 de julio de 1993. Fue en una reunión en el Toks. Nublado y lluvioso el día, tomándonos una taza de café, vio la portada con la ficha signaléctica, una foto de Praxedis con Salinas y el secretario Caso, y la frase que sugirió. Después de una hojeada, nos dijo: ‘Ahorita se lo voy a llevar a Caso, también a Peralta’. El 3 de julio de 1993 comencé a promocionar la presentación del libro entre algunos periodistas, ferrocarrileros y políticos de diversos partidos, así como funcionarios de algunas secretarías de Estado. La venta comenzaría el 17, Día de la Nacionalización de los Ferrocarriles”.

Aunque los protagonistas prefieren olvidar esa parte, la historia siguió su curso. Todavía aquel julio de 1993, “Juan José Pulido me ofreció 200 millones de pesos: ‘Te lo digo derecho, Miranda, no queremos que saques ese pinche libro… te vamos a dar 200 millones y cada quien a la chingada, ¿cómo ves?’ No volví a aceptar una entrevista con Pulido. El 9 de julio recibí una llamada de David Guerrero, uno de los guardaespaldas de Praxedis. Me amenazaba dejándome un recado con mi hermana: ‘Dígale al escritor que no se meta con el diputado o se lo va a llevar la chingada’ […] El 14 de julio mi padre, Fernando Miranda Martínez, recibió una llamada de un Praxedis preocupado: ‘¿Qué pasó Miranda?, dile a tu hijo que no saque ese pinche libro, ya me habló Caso bien encabronado, me amenazó de muerte el pinche viejo. […] Vamos a arreglar esto, tú y yo siempre hemos sido amigos. […] Te espero mañana, a las ocho de la mañana, en el restaurante del hotel Del Prado’. La cita no se concretó. En los días anteriores Flores nos dio una fuerte cantidad, como gratificación por el tiraje: ‘Si se pone el pedo duro, (sic) no nos conocemos, ¡cabrones!’”

La madrugada del 17 de julio de 1993, Praxedis fue asesinado. “Después del homicidio, Víctor nos siguió dando gratificación para terminar de pagar la impresión. En una ocasión comentó: ‘Funcionó el pinche librito’. A partir de entonces mi padre y yo realizamos muchos trabajos de impresión y difusión para la mutualista Previsión Obrera, recomendados por Víctor. Durante este tiempo fueron directores de Previsión Obrera, Esteban Martínez, Jorge Peralta y Antonio Castellanos Tovar. Y aunque a veces no realizábamos trabajo alguno, ninguno tuvo objeciones para darnos el pago quincenal acordado. El director de Previsión Obrera del que recibimos mejor trato fue Peralta, a pesar de haberlo denunciado desde 1986. No nos decíamos nada respecto a Praxedis, pero sabíamos bien cómo estaban las cosas”.

Miranda Servín recapitula: “Repudié el asesinato de Praxedis, tanto, que en la reapertura del caso ofrecí mi testimonio ante la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, dentro de la averiguación previa 7/3949/93-07; extrañamente, los funcionarios al mando de Bernardo Bátiz Vázquez, durante la Jefatura de Gobierno de Andrés Manuel López Obrador, ignoraron mi testimonio. El asesinato fue un exceso; la mafia encabezada por Caso, Peralta y Flores tenía elementos para destituir a Praxedis y proceder penalmente en su contra por saqueoal sindicato; pero alguien optó por la venganza personal”.

Y Salvador Zarco, uno de los ferrocarrileros opositores más respetados lo ha dicho en algunas ocasiones: “Entonces se afirmó que Flores y Peralta tenían relación con ese hecho, aunque nadie levantó una denuncia por ello”.

Veinte años después y muerto el principal protagonista, es difícil conocer el impacto real del libro de Miranda, pero todavía hay testimonios de viejos obreros, ex maquinistas y ex guardavías, quienes en aquel proceso de 1992, se volcaron a votar por Praxedis cuando conocieron la portada y el contenido de La otra cara del líder. Si los sumarios —la historia de un capo sindical ferrocarrilero, y del presidio al presídium— impactaron, las imágenes hicieron más estragos. Nítida, en el centro, la ficha signaléctica en la foto que la policía le tomó a Peralta, era el convicto número 9235-61 de la Inspección General de Policía del estado de Veracruz; esa portada se amplió diez o 20 veces —un póster—, según el tamaño o la importancia de la estación de ferrocarril, para exhibir la peligrosidad del rival de Praxedis y de su cuestionado pariente Mario Vargas Saldaña.

En 1968, cuando aún le faltaban al menos dos tercios para cumplir su condena por el asesinato, con alevosía y ventaja, de su amigo, el atleta Serdán Reyes, Peralta salió de prisión gracias a su primo Vargas Saldaña, quizá el político priista más destacado en la historia moderna de Veracruz. Vargas Saldaña usó sus relaciones con el poder para hacer de lado aquel homicidio que mortificaba a la familia formada por Fausto Peralta Montero y Librada Vargas Quiroz. Liberado el primo homicida, recurrió a sus amigos en el gobierno federal para reinsertar a este en Ferrocarriles Nacionales de México.

En resumen, la historia que se contaba entre los ferrocarrileros era la siguiente. Como pasaba con muchos veracruzanos a los 15 años de edad, en 1955 el futuro de Peralta tenía un destino. Ese año el STFRM lo aceptó en una de las categorías más bajas: mensajero de patio, aunque más tarde, por recomendación de Vargas Saldaña, fue enviado al Departamento de Oficinistas de la Terminal de Veracruz, en calidad de extra y con la categoría de mensajero. Sin mucho esfuerzo, le consiguió la plaza que —hasta 1954, cuando murió— ocupó su padre Fausto Peralta Montero. De allí ascendió a boletero. En los movimientos ferrocarrileros de 1958 y 1959, Jorge había tomado una decisión: jugar al esquirol y apuntalar al grupo charro de Luis Gómez Zepeda. Pero en 1961, su vida se truncó cuando en los primeros minutos de la madrugada del 19 de octubre, en el cuarto número 5 del hotel Veracruz Courts, asesinó de dos balazos por la espalda, con una Súper Colt calibre .38 al atleta Carlos Serdán Reyes.

Protagonista del crimen del año en el estado de Veracruz, un juez del fuero común decidió detenerlo sin derecho a libertad bajo fianza. Después de un largo proceso, el 16 de octubre de 1962 el juez tercero de primera instancia, Arturo de la Llave Uriarte lo condenó a purgar 16 años de cárcel y a pagar 2 mil pesos de multa. Tres años menos obtuvo su cómplice Vicente Vilaboa Orduña, alias El Marihuano. Peralta, apenas cumplió seis de su condena, fue liberado en los primeros meses de 1968, gracias a la intervención de Vargas Saldaña, quien lo integró a su cuerpo de guardaespaldas. Al siguiente año lo reacomodó en ferrocarrilesy lo encargó personalmente con el charro Gómez Zepeda, quien lo hizo comisionado sindical y, en 1986, lo llevó a la Secretaría Nacional del sindicato.

A su salida de la cárcel, Peralta tenía un nuevo amigo: un obrero chaparrito, moreno y feo, de 33 años de edad, de barba rala, que pasaba gran parte de su vida en los patios del ferrocarril en Veracruz como llamador y cambiador de trenes. Por casi 12 años, éste había realizado la misma labor rutinaria: con una palanca cambiar el destino de los ferrocarriles. Era también un experto bailarín o, para decirlo en palabras de los viejos jarochos, era el maestro de baile de las quinceañeras del Puerto de Veracruz. Su nombre: Víctor Félix Flores Morales, un hombre tímido, sumiso, —ya luego mostraría otro rostro— que había crecido en la colonia Centro del puerto, en el 1140 de la calle Vicente Guerrero, casi esquina con Emparan. Vivía en una casa de madera y de teja —reconstruida más adelante y vigilada a través de circuito cerrado—, pero desde donde la familia entera, sus padres Faustino y Genoveva, así como sus hermanos Mercedes, Consuelo, Faustino y Ramón, alcanzaban a ver los patios ferrocarrileros.

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