Examen final

* Salta a todas luces la improvisación y la falta de unificación de criterios. De una revisión a los instrumentos utilizados en primarias y secundarias, es comprensible la expresión que muchos maestros dijeron en el transcurso de la semana: “están feos estos exámenes, parece que los hicieron con las patas, con esto no se puede trabajar”.

 

Luis Zamora Calzada

El escenario educativo no tiene un futuro claro en nuestra entidad, sin hacer referencia a las manifestaciones de docentes, suspensiones de clases, las condiciones de la administración de la educación, la infraestructura educativa, el financiamiento sectorial que invierte el mayor porcentaje a nómina, currículum, acoso escolar y demás factores que suelen considerarse, incluso descartando la propia reforma federal en la materia, sus leyes secundarias y las leyes estatales como las aprobadas en el Estado de México el 11 de marzo del año en curso.

Resulta que las autoridades educativas regionales, en la última evaluación, elaboraron las pruebas, lo que para muchos fue una novedad, con su entrega en cada una de las subdirecciones regionales existentes en el Estado de México, para los niveles de educación básica.

Cada una de las escuelas fue responsable de la reproducción con sus propios recursos, imagínese la cantidad de hojas impresas para una matrícula de mil alumnos con “baterías pedagógicas” de diez a quince hojas por asignatura, en el caso de secundarias. En primarias fueron menos.

Esta estrategia de instrumentos de evaluación entregados por los departamentos centrales de Educación fue utilizada cada fin de  ciclo escolar hasta los años setenta, y muchos de nuestros amables lectores recordarán el ritual inherente a los exámenes finales.

Entre las instancias educativas que las diseñaban figuró el Departamento de Planeación Educativa y Control Técnico, hoy desaparecida y sus tareas eran diversas, entre otras el diseño de reactivos para el ingreso a las escuelas normales, integración de base de datos que concluyó en los instrumentos estadísticos actuales, la elaboración de certificados de bachillerato y normales en la entonces “unidad de sistemas”, por supuesto las elaboración de exámenes finales que operaban los departamentos centrales de cada nivel.

El examen final consideraba los contenidos de todo el ciclo escolar. Las semanas previas a su aplicación las escuelas se dedicaba al repaso de todo lo trabajado. El alumnado sabía que reprobar era repetir el curso; no se escuchaba en ninguna escuela que a finales del año los alumnos estuvieran “insoportables”.

Este examen era entregado a las escuelas en el número exacto de alumnos reportados, sí, todo impreso, incluso la portaba, contenía los rubros a considerar para integrar la calificación; al indagar sobre los contenidos el instrumento mantenía un equilibrio “pedagógico” y no presentaba diversos errores como ocurrió en la Subdirección Regional de Toluca.

 

Exámenes feos

 

Para la obtención de la calificación de los alumnos en Matemáticas I en secundarias, la Subdirección Regional de Educación Básica Toluca seguramente sufrió grandes dificultades cognitivas para integrar el examen final y lograr el más amplio número de reactivos, que llegó a “cinco”, y que para su conocimiento se transcriben:

 

“1.- Andrés corrió ½ kilómetro el lunes, 1 ¼ el martes y 2 ½ el miércoles. ¿Cuánto le falta a Andrés para 5000 metros?

2.- Traza un cuadrado de L 5 cm; obtén las mediatrices de los lados. Selecciona uno de los cuadrados obtenidos y subdivídelos de igual manera. Sombrea uno de los cuadrados obtenidos e indica qué fracción del total representa ese cuadrado.

3.- ¿Qué área tiene la figura A? ¿Cuál es el área de la figura B? ¿Las áreas de las figuras B y E son iguales? ¿Por qué? ¿Qué nombre recibe la figura C? ¿Cuál es el perímetro  del cuadrado total?

4.- Alejandra, en un momento de ocio subió a un elevador e hizo el siguiente recorrido: subió 5 pisos, bajó 3, subió 12, bajó 8, bajó otros 2 y se detuvo en el piso 12. ¿De qué piso partió Alejandra?

5.- Encuentra el número que sumado a la _____  nos dé 6”.

 

En innecesarias consideraciones técnicas, es observable que metro en el Reactivo Uno era posible escribirla completo e incluso preguntar cuánto le falta correr a Andrés para una mayor comprensión; en Matemáticas II fueron cincuenta reactivos con su respectiva hoja de respuestas en alveolos; en Matemáticas III, diez con diferentes subdivisiones.

Salta a todas luces la improvisación y la falta de unificación de criterios. De una revisión a los instrumentos utilizados en primarias y secundarias, es comprensible la expresión que muchos maestros dijeron en el transcurso de la semana: “están feos estos exámenes, parece que los hicieron con las patas, con esto no se puede trabajar”.

¿Cuánto saca usted, amable lector, de las extraordinarias cinco preguntas diseñadas para aprobar en primero de secundaria?

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