Los beneficios de la humillación

* Fuera el de caballo, el de carga maletas o el de golpeador, el trato vejatorio y la humillación le dejaron enormes beneficios a Víctor Flores, un veracruzano que nació el 6 de marzo de 1939 y cuyo futuro, de no haber aparecido Peralta, era de confinamiento en los patios del ferrocarril. De su modesto puesto de llamador de tripulación y cambiador de trenes pasó a guardacrucero de planta y, desde allí, su protector lo colocó en su primer puesto sindical: presidente de los Juegos Inter obreros en Veracruz y, casi de inmediato, representante sindical de la Sección 28. Nada lo detendría”, escribe el periodista Francisco Cruz en el libro Los Amos de la Mafia Sindical, editado por Planeta en el 2013 y al cual pertenece este extracto.

 

Francisco Cruz Jiménez

Hay quienes aseguran que Víctor Flores entró a trabajar a Ferronales cuando tenía 15 años de edad —en 1954—, aunque viejos registros de la empresa fechan su ingreso el 10 de julio de 1960, a los 21 años. A partir del 17 de mayo de 1995 —cuando desde la Presidencia de la República se operó su llegada a la Secretaría Nacional del STFRM—, ocupó el puesto 6918 como jefe de patio, cargo con el que fue jubilado el 6 de septiembre de 1999.

A finales de marzo de 2006, cuando el periódico El Universal intentaba armar un perfil de Flores, sus vecinas Carmen Machorro y su hija María Inés le dijeron que cuando Flores trabajó como llamador en ferrocarriles, acudía a las casas de los ferrocarrileros para informarles a qué hora se tenían que presentar a laborar. Jugaba futbol con los hijos de Carmen. “Era un prietito simpático, no guapo. […] Siempre fue un buen muchacho, era maestro de baile para Quince Años”. Y Petra Gutiérrez López, una de sus alumnas quinceañeras, recordó que, durante un mes, le enseñó a bailar el Danubio Azul y el Vals de las Flores. “No me cobró nada porque era amigo de mi madrina. Enseñaba bien, pero de aquel gran Víctor ya no hay nada, luego se amafió con Jorge Peralta”.

Publicado en la edición del 2 de abril de 2006, uno de los párrafos del perfil es muy esclarecedor: “El hombrecillo —como lo han descrito varías crónicas por su baja estatura—, una vez encumbrado, se iría hacia donde el barco del poder, sin importar quién fuera su capitán. Una sola anécdota daría muestras de su escaso temple como líder obrero. El 4 de julio de 2000, dos días después de que Vicente Fox había sido proclamado presidente, Flores lo interceptó en un hotel y al estilo del Patrullero 777 que protagonizó Cantinflas , le dijo: ‘¡A sus órdenes, señor!’, sólo le faltó decirle jefe. Así se condujo”.

Sólo Víctor y Jorge saben cómo trabaron amistad, pero, cuando a este último lo transfirieron a la estación de Buenavista como poderoso delegado sindical, se jaló a Víctor como secretario, chalán, carga maletas, golpeador, compañero de parrandas, hombre de confianza y, lo más importante, como niñera para que se encargara del cuidado de uno de sus hijos de 6 años de edad. Era el hombre de confianza. Viejos sindicalistas todavía recuerdan hoy cuando, en sus berrinches, muy a menudo, el niño Peralta, quien de vez en cuando llegaba a la oficinas sindicales acompañando a su papá, pedía a gritos a su caballo.

—¡Quiero a Víctor! Solía gritar el niño y el mismo Jorge lo llamaba.

—¡Víctor, Víctor jijo de la chingada!, en dónde andas metido que el niño te quiere montar. Atento, dócil y complaciente, humillado, Víctor nunca desoyó el llamado del patrón. Siempre estuvo allí. Tenía entonces 47 años de edad. Y en aquel 1986 confió su futuro a la suerte y a las amistades del influyente primo priista de Jorge Peralta.

—Hínquese, cabrón.

—Más abajo papá, más abajo.

—Ahora sí, brinque cabrón, y que relinche el caballo. Con el niño a la espalda, golpeándole y picándole las costillas con los talones, Víctor comenzaba sus saltos grotescos y, desde luego, a relinchar. Divertido, Jorge Peralta Vargas contemplaba la conjunción caballo-jinete.

Fuera el de caballo, el de carga maletas o el de golpeador, el trato vejatorio y la humillación le dejaron enormes beneficios a Víctor Flores, un veracruzano que nació el 6 de marzo de 1939 y cuyo futuro, de no haber aparecido Peralta, era de confinamiento en los patios del ferrocarril. De su modesto puesto de llamador de tripulación y cambiador de trenes pasó a guardacrucero de planta y, desde allí, su protector lo colocó en su primer puesto sindical: presidente de los Juegos Inter obreros en Veracruz y, casi de inmediato, representante sindical de la Sección 28. Nada lo detendría, de la mano de Peralta en 1976 fue nombrado secretario general de Ajustes por Trenes de la Sección 28. En 1977, coordinador Nacional de Escalafones y, ese mismo año, auxiliar del secretario nacional, Jesús Martínez Gortari. Este líder respondía a las órdenes del cacique Gómez Zepeda y, desde luego, de Peralta, cuyo primo, Vargas Saldaña, desde 1972 se había encaramado a la cúpula del poder como uno de los hombres de confianza del también veracruzano Jesús Reyes Heroles, el pensador e ideólogo más notable de la historia del PRI.

En un abrir y cerrar de ojos, Víctor —quien a los 33 años de edad, en 1972— veía su vida languidecer como mandadero y peón de los ferrocarrileros— confió su futuro al de Jorge Peralta Vargas. Si fue premonición o golpe de suerte no importa ya, desesperado porque en los patios rieleros veracruzanos su destino quedó marcado como llamador de tripulación y guardacrucero, palabras elegantes para las de mozo-mensajero y cambiador de vías, el poder se convirtió en una obsesión. La disciplina incondicional hacia Peralta le fueron útiles y escaló.

Flores empezó a construir así su propio futuro. Audaz como parecía su apuesta por Peralta, la vida lo recompensó: su carrera ha sido próspera e igual pasó a la arena política en las filas del Partido Revolucionario Institucional. Según los datos que entregó a la Cámara de Diputados, a los 35 años de edad lo hicieron dirigente del sector juvenil en el puerto de Veracruz y, tres años después, en 1997, presidente del sector obrero municipal de Veracruz. Ese mismo año se integró a la LVII Legislatura federal como diputado; en 2000 la dirigencia priista lo llevó como senador suplente, aunque en 2003 de nueva cuenta obtuvo una diputación federal.

En noviembre de 2012, Flores, un fiel soldado del viejo PRI, lo hizo de nuevo: se reeligió por seis años más como líder nacional de los ferrocarrileros. Si los cumple completos, como parece, al final de su periodo tendrá 78 años de edad. Pocos han vuelto a recordar al jovencito aquel, al maestro de vals que gustaba de sentirse el Elvis Presley de Veracruz.

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