El otro sur

* A 38 grados centígrados el cuenco o valle en el que están ubicados esos municipios lucen verdes pero abandonados. Las carreteras secundarias son suficientes sin embargo para que el transporte local todavía circule por ellas. Esas escenas no son nuevas. Tienen decenios los enormes agujeros y la grava suelta, aunque ahora el deterioro es peor porque ya no son de terracería, que aguantaban más. Los caminos son el menor de los problemas para una comunidad que apenas tiene trabajo o que, en el caso de los cuatro municipios, apenas la dejan hacer algo sin que algún grupo cobre protección, derecho de piso o condicione las actividades.

Miguel Alvarado/ primera parte

Con cerca de 30 ejecutados en un mes, entre ellos un niño en Luvianos, la Tierra Caliente del Estado de México confirma su condición de ingobernable, pues a pesar de la presencia de marinos, ejército y policía estatal, la actividad relacionada con el tráfico de drogas continúa sin mayores dificultades y genera fenómenos que no coinciden con las políticas de seguridad de la Federación y del gobierno del Estado de México, que “blindan” los alrededores y fronteras municipales, como Valle de Bravo, pero no detienen a nadie, a pesar de que los habitantes de aquellas regiones saben desde años quiénes se dedican al narcotráfico.

Luvianos, uno de los centro del narco más importantes en la zona centro del país, es paradójicamente una de las regiones más pobres del Estado de México, junto con otros 13 municipios de la zona, tradicional expulsora de migrantes hacia Estados Unidos. Datos del Centro de Investigación y Estudios Especializados de la Población, de la Universidad Autónoma del Estado de México, indican que la mayoría de los municipios en el sur están despoblados en 30 por ciento, como sucede en Luvianos, pero algunos asentamientos han perdido hasta el 80 por ciento de sus habitantes debido al fenómeno. La gente no se va sólo por la falta de oportunidades y la pobreza a pesar de contar con recursos naturales suficientes, aunque sin recursos para explotarlos. La violencia extrema hace mella en las condiciones de seguridad. El último caso, el asesinato de un niño de 12 años, hijo del locutor en Luvianos, obligó al padre, Indalecio Benítez y su familia, a escapar sin que hasta el momento, luego de un mes de la muerte, exista algún detenido. La migración es un fenómeno arraigado en el sur mexiquense y establece incluso usos y costumbres entre jóvenes, que saben ya que deben irse a cierta edad y seguir los pasos de algunos de sus parientes. Sin embargo es precisamente el fenómeno migratorio hacia EU lo que permite el sostenimiento de  los que se quedan.

El municipio que genera más remesas en el Edomex es Tlatlaya, seguido de Zacualpan y San Simón de Guerrero, todos ellos en el sur mexiquense, según el estudio “Migración y Remesas en el Sur del Estado de México”, del investigador Juan Gabino González Becerril, edita por Papeles de Población de la UEAM, en el 2006.  

La región de Luvianos no es la misma de hace dos años, en el 2012, cuando el narco se infiltraba hasta en las giras presidenciales, donde enviaba “halcones” para enterarse de primara mano sobre los pasos de los aspirantes. Salitre, poblado minúsculo del municipio de Amatepec, a 40 minutos de Luvianos, recibía al aspirante perredista Andrés Manuel López Obrador, quien luego de su mitin preguntaba a los organizadores locales quiénes dominaban esa plaza, Templarios o Familia.

– Es La Familia Michoacana, señor.

– ¿Ah, sí? ¿Y están por aquí ahora?

El organizador levantó la cara y dirigió la vista al fondo del escenario, delimitado por lonas, en la pequeña plaza pública de aquel lugar.

– Son ese grupo que está hasta el fondo.

Lo mismo sucedió con cuanta visita política hubo. Hoy son pocos los que se atreven a ir, pues no es una época electoral ni existen condiciones de seguridad que otorguen certezas, aunque sea. Los casos de extorsión y secuestro en Luvianos no excluyen a los jefes políticos, aunque sean alcaldes o representantes de los gobiernos estatal y federal. Uno de esos casos, el más reciente, involucró al ex alcalde perredista Zeferino Cabrera Mondragón, secuestrado hace poco más de dos meses, cuando pasaba con su esposa algunos días en un rancho de aquella localidad. Días después fue liberado, pero nadie supo qué había sucedido ni quiénes habían sido sus plagiarios.

Pero en Luvianos todo se sabe. Municipio de apenas 70 mil habitante y un territorio de 703 kilómetros cuadrados, es imposible no enterarse. Zeferino, por años un jefe político casi intocable, debió observar y nada más observar, cómo el narco se apoderaba de los municipios sureños. Fue uno de los muchos alcaldes que debieron aprender a convivir con “las verdaderas autoridades”, como se conoce a los jefes de plaza de los cárteles, y a delegar en ellos gran parte de los poderes públicos, incluidas decisiones que tenían que ver hasta con elecciones estatales, pago de quincenas, contratación de personal y adjudicación de obra pública.

Todavía el actual edil de Luvianos, José Benítez, se niega a hablar en público sobre el tema de la seguridad después de que en el 2012, antes de tomar posesión en el cargo, librara una emboscada pistolera en caminos vecinales. Benítez ha trabajo en Luvianos siguiendo las mismas directrices de años anteriores. Hay cosas de las que no se pueden hablar, según él.

A Zeferino le pasó lo mismo. Y su secuestro indica que no hay una garantía ni siquiera para quienes representan un poder público. Luego de que lo levantaron en su rancho, al ex alcalde lo llevaron a una casa en el campo, donde lo retuvieron por unos días, sin hacerle daño, hasta que un operativo policiaco se implementó para buscarlo. La llegada de los agentes obligó a los captores a movilizarse. Dejaron aquella casa y se internaron en la Sierra de Nanchititla, donde se escondieron en peñascos y cañadas hasta que aquella operación terminó. Según los vecinos, A Zeferino le tocó vivir en la intemperie por algunos días y dormir sobre rocas o donde sus captores consideraban que no serían vistos. Después lo soltaron, pero con la condición de que él mismo obtendría el dinero para su rescate y pagaría a los captores lo solicitado, que en una primera “mesa de acuerdo” alcanzaría 100 millones de pesos.

Cabrera no pudo reunir aquella cantidad pero su libertad condicionada le dio oportunidad de acudir en busca de consejo con dirigentes e instancias federales. Las negociaciones finales le devolvieron tranquilidad cuando consiguió que los secuestradores se conformaran con 2 millones de pesos, aunque aún seguía siendo alto para el ex edil, quien decidió tomar consejo de la dirigencia nacional, que lo refirió hacia la Comisión Nacional Antisecuestros encabezada por Renato Sales, nombrado para ese encargo por el presidente de México, Enrique Peña. La instancia terminó de negociar el caso, pero no se hizo público si se hicieron los pagos.

A Zeferino lo trataron bien, dicen algunos, pero otros aseguran lo contrario y apuntan que más que el cobro de un plagio se trató de enviar un mensaje desde el crimen organizado para dar a entender que hay un grupo distinto al de La Familia gobernando la zona o al menos peleando por el poder que ejerce el narcotráfico.

Dos años después, López Obrador regresó al sur mexiquense, ahora como líder del partido Movimiento de Regeneración Nacional. Apenas una pequeña caravana lo acompañó, no más de 6 autos, sin ninguna seguridad, aunque el gobierno del Edomex, militares y marina montaron un discreto dispositivo que “encapsuló” a los de Morena en sus traslados. Un kilómetro adelante, un convoy militar abría paso y un kilómetro más atrás, patrullas custodiaban las espaldas de los viajeros. Obrador evitó las cabeceras y sólo Luvianos y Tejupilco fueron visitados frente a la alcaldía, que permanecieron cerradas mientras el ex perredista hablaba en público. La razón de aquella gira era juntar firmas para oponerse a la reforma energética. Muy puntual y sin salirse de lo programado, el viaje llevó a Obrador a puntos específicos donde cumplió sus arengas. Pero Luvianos, Amatepec, San Simón de Guerrero y Tejupilco son mucho más que cuatro poblados. De salud está “bien, gracias”, diría él mismo.

A 38 grados centígrados el cuenco o valle en el que están ubicados esos municipios lucen verdes pero abandonados. Las carreteras secundarias son suficientes sin embargo para que el transporte local todavía circule por ellas. Esas escenas no son nuevas. Tienen decenios los enormes agujeros y la grava suelta, aunque ahora el deterioro es peor porque ya no son de terracería, que aguantaban más. Los caminos son el menor de los problemas para una comunidad que apenas tiene trabajo o que, en el caso de los cuatro municipios, apenas la dejan hacer algo sin que algún grupo cobre protección, derecho de piso o condicione las actividades. Las casas al pie de carretera son ancestrales y se están cayendo desde siempre. Cada uno los cruces mantiene siempre un hombre, al menos, que implementa una tiendita al aire libre de refrescos o la venta de algunas frutas embolsadas. Son jóvenes casi todos, lugareños y los más viejos, los que se sientan en los pórticos de sus casas, señalan como “halcones”.

– La mayoría sí. Miran quiénes entran y se comunican con sus jefes. Los están monitoreando porque en cada cruce hay un vigía y saben con certeza a dónde se dirigen. Si representan algún peligro o algo, entonces los detienen.

La vegetación cubre el campo e invade las rutas. Los sembradíos se implementan hasta en los cerros más empinados y los bueyes muertos son pasto para los buitres, que se disputan hasta los huesos de cualquier cosa muerta que hallen en los sobrevuelos, que son nada comparados con los del helicóptero Black Hawk, que llegó el 27 de agosto del 2014 a Valle de Bravo

Pero esa actividad –detenerlos- sólo se realiza cuando la zona no está caliente. Ahora, luego de tantos muertos, el narco se ha replegado o al menos ha mantenido una tregua, quietud, aunque del otro lado de la sierra la búsqueda de las células del narco Jonnhy Olacoaga, “El Mojarro”, no la interrumpan los militares.

La presencia de helicópteros de alta tecnología no es nueva en la región. Los narcos los identifican como G3 y los lugareños los describen como naves que vuelan con sensores y radares que facilitan cacerías nocturnas o en condiciones climáticas adversas. Equipados con armas que alcanzan rangos de disparo de hasta un kilómetro, las naves de la Marina han causado decenas de muertos, a quienes cazan de vez en cuando. Esta versión de ataque ha causado más terror que bajas, pero es un ejemplo del poderío militar que de todas maneras no se siente porque, dicen los pobladores “nada más no quieren”.

Luvianos es un paseíllo por la intranquilidad. El convoy de Obrador, encabezado por su camioneta blanca tipo Suburban, arranca en los peatones caras de susto. Allí, en esas mismas calles, por ahora cubiertas de polvo y cerradas por un tianguis al pie de la iglesia, el niño Diego Benítez era masacrado por pistoleros que atacaron a su padre, locutor de Radio Calentana. Las mujeres que observan los autos meten a los niños y toman los celulares. Luego, cuando ven los logos de Morena, consiguen calmarse.

“El problema con Tierra Caliente no es nuevo”, apunta un  integrante de la comitiva de Obrador pero que vive en la zona. “La cosa es que ahora hay demasiados grupos delictivos peleándose el control”.

– ¿Y la gente que los sigue son fuereños?

– Eso también ha cambiado. La gente que forma sus grupos ya son de aquí. Antes, cuando esto empezaba, pues había pistoleros de todos lados pero no eran de aquí.

– La gente ya vio…

– Algunos ya vieron que obtiene dinero luego, luego, aunque no tanto. Porque esa es otra parte. Ni siquiera pagan tan bien como pareciera. A lo mejor contratan desde mil 500 pesos, o hasta menos, para los que andan de “halcones”.

– Pero se enganchan…

– Y ya contratados se salen hasta que los matan o los agarran o hasta que consigan una plaza tranquila y asciendan como jefes. Pero como hay muchos que quieren lo mismo, la mayoría no llega a nada.

– ¿Y para quiénes trabajan?

– Nombres no, pero grupos, pues está La Familia, están Guerreros Unidos, están Los Templarios y otros que por allí aparecen de vez en cuando.

– Entonces, quién rifa en Luvianos y Tejupilco…

– La Familia.

– ¿Los militares?

– Pues ahí andan, dando vueltas hasta Amatepec y Tlatalaya, pero nada más. Ahorita todo anda calmado porque están con el desmadre de la Gendarmería y hasta que no se sepa qué, todo estará tranquilo.

– ¿Es distinto el nivel de violencia de ahora?

– Puta, sí. Es que ahora son más y también se han hecho del poder público. No se puede comparar con algunos años atrás, cuando había violencia, pero no en este nivel. Ahora todos se quieren matar entre sí y a los que no andan en eso, también se los echan nomás para no dejar.

– ¿Y qué hacen las autoridades?

 – Pues lo de siempre. Nada. Pero a la gente le falta información, Yo digo que esto que pasa también podría solucionarse un poco si la gente tuviera acceso a libros o en la tele dijeran otro tipo de noticias. Acá en Tejupilco ya todo es peligroso. Es mejor ni venir, aunque te conozcan.

– ¿Y qué pasó en Tlatlaya?

– Unos dicen que el ejército ejecutó a los 22 que estaban en la bodega ésa. Pero no parece ser muy cierto eso porque… mira… esas gentes, las muertas, no eran de la región, venían de Guerrero y entonces usaban esas bodegas para quién sabe qué chingados. Esta vez la versión del ejército es más confiable, pero nunca se sabe. Nosotros creemos que los encontraron y los enfrentaron o los militares pues ya sabían y se agarraron a tiros. Nomás que fueron muchos los muertos. Tlatalya está más con lo que pasa en Guerrero que por acá.

– ¿Y las elecciones que vienen?

– Ya todos se están moviendo. Ya ves a Obrador, que viene con su nuevo partido. Creemos que no le va a alcanzar para el año que viene pero sí para el 2018, cuando ya sea otra cosa. Pero los políticos ya están sobres y parece que no les importa eso del narco porque es inevitable. En Amatepec, ya está la familia Casique, políticos de allá, preparando a su gente para quedarse en el poder con sus grupos. Lo mismo en Luvianos y aquí en Tejupilco ya se empieza la movilización política.

Lo inolvidable

* “Pancho, Paco, Francisco no era más aquel jovencito lustrador de calzado. Nadie tampoco recordaba los tiempos aquellos del “lidercito” de Telmex que aprovechaba cada fiesta sindical, y vaya si eran famosas, para bailar, valga la palabra, con todas las operadoras que con él querían bailar cuando era un héroe. Tampoco tenía rastros del panadero que pudo ser, ni del aprendiz de mecánico y del Departamento de Centrales Telefónicas Automáticas que llegó a la empresa a los 16 años de edad. Había cortado la melena estudiantil. Poco a poco la memoria colectiva olvidó aquel viejo y destartalado Volkswagen que se le conocía y que, consolidado en la dirigencia, cambió por un Corsar. Y sí, con todo y chofer”, escribe el periodista Francisco Cruz en el libro Los Amos de la Mafia Sindical, editado por Planeta en el 2013.

 

Francisco Cruz

Poderoso uno, ambicioso el otro, la relación Velázquez – Francisco Juárez se consolidó. De mano de Fidel, los nuevos colegas, el gobierno y las autoridades del Trabajo recibieron al joven audaz y ambicioso David que había derrotado, a pesar de la mano negra, al charro Salustio Salgado Guzmán, a los embates de una parte del oficialismo de la empresa a través de Rosina y, por si fuera poco, había nulificado el “bipartidismo” interno y expulsado de Telmex al ala izquierdista. Si bien no era una apuesta a ciegas, Pancho parecía dispuesto a arriesgarlo todo para ganarlo todo. Fidel tenía capacidad para embelesar a mucha gente, pero cualquier cosa quedaba pequeña cuando se hacía público que la Confederación de Trabajadores de México (CTM), la mayor organización obrera, tenían empresas cuyo valor superaba 200 mil millones de pesos, manejadas por líderes sindicales desde luego controlados por el eterno Fidel.

En un abrir y cerrar de ojos, Pancho se encontró bajo la larga sombra protectora que proyectaba ese monstruo de colmillos tan largos como retorcidos que conocía cada palmo de las entrañas del poder. La interlocución de Fidel brindó a Pancho y a sus telefonistas fortaleza para aguantar, a pie firme, los ataques que salieron desde las oficinas de los presidentes José López Portillo y Miguel de la Madrid, de 1977 a 1988.

Gracias a su dominio del sistema político y al control que ejercía del movimiento obrero organizado, en 1985 Velázquez impuso su voluntad y llevó a Hernández Juárez a la Vicepresidencia del Congreso del Trabajo. Dos años más tarde, en 1987, el líder de los telefonistas llegó a la Presidencia de ese organismo, desde donde se dio el lujo, nacido más de la inexperiencia, de enfrentarse a más de un funcionario federal. Al secretario del Trabajo, por ejemplo, el durísimo Arsenio Farell Cubillas, lo llamó mentiroso.

Pancho, Paco, Francisco no era más aquel jovencito lustrador de calzado. Nadie tampoco recordaba los tiempos aquellos del “lidercito” de Telmex que aprovechaba cada fiesta sindical, y vaya si eran famosas, para bailar, valga la palabra, con todas las operadoras que con él querían bailar cuando era un héroe. Tampoco tenía rastros del panadero que pudo ser, ni del aprendiz de mecánico y del Departamento de Centrales Telefónicas Automáticas que llegó a la empresa a los 16 años de edad. Había cortado la melena estudiantil. Poco a poco la memoria colectiva olvidó aquel viejo y destartalado Volkswagen que se le conocía y que, consolidado en la dirigencia, cambió por un Corsar. Y sí, con todo y chofer.

Con Fidel cuidándole las espaldas, Pancho y sus telefonistas aguantaron a pie juntillas los ataques directos del poderoso Farell, secretario del Trabajo y Previsión Social en el sexenio de Miguel de la Madrid, cuyas líneas políticas tenían una dedicatoria particular: eliminar a los sindicatos independientes, líderes incluidos, y desmantelar, de una vez y para siempre, a las organizaciones gremiales oficialistas.

Enero de 1987 vio el encumbramiento definitivo de Pancho. En los 11 años anteriores hizo de todo por entrar a la elite del sindicalismo y de la política nacional, incluyendo la militancia en las filas del Partido Revolucionario Institucional. No hacía falta que diera a conocer que trataba de emular a su maestro Fidel Velázquez Sánchez. En cada paso que daba él lo sabía y todo mundo lo vio antes que él. Ese año se hizo público que, entre 1976 y 1987, había hecho, al menos, tres viajes a Europa con recursos del sindicato.

Las lecciones de Fidel fueron provechosas. Todavía hay quienes recuerdan el fastuoso arranque, en el auditorio de la CTM, con todo y acarreados, de la Octava Convención Nacional, el 19 de septiembre de 1983 —cuando madrugó a sus rivales y puso los cimientos para la segunda reelección—, inaugurada por un invitado especial: el presidente Miguel de la Madrid, un tecnócrata enemigo de los sindicatos, sin importar sus etiquetas: independientes y oficialistas.

Más recordado —en el pueblo dirían “de aquellas cosas inolvidables que nunca se olvidarán”— sería el discurso que pronunció el 1 de octubre de 1984, a propósito de su segunda reelección —si se toma en cuenta que la de 1976 que propició el derrocamiento de “Charrustio” Salgado Guzmán fue una elección limpia—: “Esta es una magnífica oportunidad para expresar un especial agradecimiento a una organización ejemplar y a un hombre de distinguidas y trascendentes dimensiones sociales. Me refiero a la Confederación de Trabajadores de México y a su secretario general, el compañero Fidel Velázquez, que con su apoyo han fortalecido nuestras luchas. Hay intereses que se beneficiarían si nosotros nos alejamos de la CTM y del Congreso del Trabajo”.

Si fue hipocresía, un acto de agradecimiento puro o una morbosa declaración, la realidad es que Hernández Juárez suplió con palabras su flojo currículum sindical. La respuesta del viejo Fidel, ya de 84 años de edad, fue automática, le pagó con creces aquellas declaraciones públicas. Pancho, Paco, Francisco puso en marcha una campaña incisiva por la Presidencia del Congreso del Trabajo, el máximo organismo de los obreros mexicanos o, como se le llama entre los trabajadores, la casa máxima de la charrería mexicana. Según se desprende de las informaciones del momento, ya convertido en un líder de verdad y atendiendo siempre consejos y recomendaciones de su nuevo padrino político, también se dio a la tarea de formar un bloque con sindicatos pequeñitos, entre los que destacaban los sindicatos Mexicano de Electricidad (SME), así como los de pilotos, sobrecargos y tranviarios.

La cúpula del Congreso del Trabajo vio con recelo el ascenso de Pancho y, aún más, la formación del bloque con los electricistas, pero no pudieron hacer nada por impedirlo. Ninguno se habría atrevido a emprender una campaña contra el nuevo protegido de Fidel. Atados de manos, se sentaron a esperar. Y no tuvieron que hacerlo tanto, la inexperiencia le jugó una mala pasada al impetuoso Hernández Juárez y se llevó entre las patas a Fidel.

Sentado, pues, en enero de 1987 en la silla para “regir” el destino de millones de obreros, solicitó —tomando como base una inflación anual reconocida superior al 100 por ciento— un aumento salarial de emergencia de emergencia para trabajadores de las empresas paraestatales, entre ellas los telefonistas. Amenazas más, amenazas menos, el Gabinete Económico del presidente De la Madrid se lo prometió. Pancho se sentó a esperar, esperar, esperar y esperar. Y esperaría toda la vida. Al final, el gobierno lo ignoró, las negociaciones se empantanaron y el incremento nunca llegó. No llegó nada.

El 18 de febrero el gobierno federal le hizo saber que no estaba en condiciones de dar ningún incremento para los 200 mil empleados de las paraestatales. Atrapado en un callejón sin salida y descubriendo su ingenuidad, Pancho responsabilizó al secretario del Trabajo del incumplimiento a los trabajadores. Y lo llamó mentiroso.

El 20 de abril de 1987, Salvador Corro escribió en la revista Proceso: “Por lo pronto, su imagen de líder obrero diferente a los tradicionales, surgida de su actitud de hace algunos años, se ha deteriorado tanto que pone en riesgo su posición frente al sindicato”.

Más negro que la noche

* Ahora el México de Peñalandia promete la bonanza al estilo Televisa y el productor José María Torre es de los primeros en apuntarse para retomar el bodrio que en 1975 le dio fama a actrices como Lucía Méndez quien, preciosa, personificaba la malvada inocencia de la protagonista embrujada. Con ella aparecieron Claudia Islas, Susana Dosamantes y Helena Rojo, casi todas de medio pelo pero nadie se fijaba en sus cabelleras, eso sí.

 

Miguel Alvarado

Por ejemplo, “Más negro que la noche” es una de las peores películas mexicanas de todos los tiempos, ni siquiera tan acá como La Lechería o Los Plomeros y las Ficheras (1988), de los ínclitos “Princesa Lea”, Sasha Montenegro, “Polo Polo”, “El Comanche” y Olivia Collins. Pero ellos, feos y buenas, sabían lo que estaban haciendo. Eran películas para calenturientos que la ida adolescencia agradecerá por años. Allí se movía el bote y se echaban albures, unos ingeniosos y otros también aunque soeces. Eran los gloriosos años 80, en el siglo pasado, cuando la quiebra de la industria cinematográfica había orillado a algunos a hacer “videohomes” para evitar tener que trabajar como dios manda. Por eso nalgas tutankamónicas y tetas de copas imposibles poblaron las pantallas de las novedosas teles Sony, todas de fayuca o importadas por las tiendas Blanco, quebradas en 1992 y adquiridas por los dueños de Gigante, que ahora juega a la escuelita con las franquicias de Office Depot, entre otras.   

Ahora el México de Peñalandia promete la bonanza al estilo Televisa y el productor José María Torre es de los primeros en apuntarse y retomar el bodrio que en 1975 le dio fama a actrices como Lucía Méndez quien, preciosa, personificaba la malvada inocencia de la protagonista embrujada. Con ella aparecieron Claudia Islas, Susana Dosamantes y Helena Rojo, casi todas de medio pelo aunque nadie se fijaba en sus cabelleras, eso sí.

Y en tercera dimensión el fraude de esta producción se parece tanto a las entrevistas de Peña en los programas populacheros de Hoy, donde defiende exitosamente las reformas de su gobierno, incluyendo aquellas que él apenas entiende. Pero “Más Negro…”  es simple y la idea no es mala. Una mujer recibe una herencia y acude a la casa de su tía, difunta y millonaria. Allí está Bécquer, gato cabrón y encima negro que les hace la vida imposible a la chica y sus amigas, todas bellas y bien potables hasta que al final posee en cuerpo y alma a la beldad que es la sobrina y continúa haciendo el mal o al menos pretendiendo hacerlo. Al estilo de Eugenio Derbez, la película se cae apenas los créditos y pues ya no tiene caso. Lo más recomendable es ejercitar las manos con la pareja o de plano aceptar el destino y soplársela hasta el final.

Mientras “Más negro…” sucede, la nación de Peña Nieto toma forma casi a la par de las horribles pesadillas de las chicas en esa casa. Unos 300 conflictos sociales de cualquier tipo amenazan con estallar de veras, si es que no han estallado, y derrumbar el guajiro sueño del Grupo Atlacomulco. Ni tan guajiro, dicen los más entendidos en eso de las izquierdas o al menos de la oposición política en México. Según ellos, México se encuentra en el umbral de la noche más oscurecida, con rayos y truenos y hasta con Torre en ese reparto de aquelarre. Y es que todo fracasará. Las consultas para detener la reforma energética no pasarán, dicen, pero tampoco lo harán las intenciones priistas de cancelar a los plurinominales. En el primer caso porque tocará lo inamovible, lo supra-(aquí va lo que uno quiera): los bienes nacionales: el presupuesto público: los contratos de la nación: nada, cero. En el segundo, la consulta sobre los plurinominales, que se quedan o no está diseñada para ser rechazada por el Congreso, haiga sido como haiga sido, pero que quede la constancia de que los priistas cumplieron con una promesa que ya nadie recuerda si fue parte de la campaña de Peña. Porque los priistas lo dijeron, los plurinominales están en el ojo de la discusión, pero el Congreso o el Senado o los dos, que son uno mismo al final de cuentas, dirán que no, que cómo, que no manchen.

(La espotización comienza. Unos mil millones de pesos para anunciar en medios masivos, los más decentes, que ese día para algunos, o esa noche para la mayoría, efectivamente ha comenzado).

Y todo fracasará porque Peña no es el burro que todos critican, sino uno de los más maquiavélicos actores políticos que representa a la ultraderecha más inteligente y ambiciosa que ha pisado México. O sea, como diría La Gaviota, no es que Peña sea listo pero entiende su papel y lo cumple.

Hay razones para creer aquello de la noche más oscura para el México que ya no es, no porque el petróleo determine la identidad nacional, sino porque privatizado todo, el futuro que se avecina no parece ser otro que el mismo que se vive en la gran barata de Liverpool o del Palacio de Hierro. Uno se dará cuenta, poco a poco y cuando sea el momento, que el feudalismo del Grupo Atlacomulco y sus cuates en el poder y el empresariado, ha resquebrajado lo único que pervivía en el país y que es la inútil esperanza. Por un lado, una revuelta armada resulta poco menos que risible y por otro el cambio social, la conciencia colectiva deberá derribar primero los desenfrenados domingos de futbol o sábados o viernes, y después los partidos de la Champions y el desastre inglés del flemático “Chicharitou”. Luego, con suerte, eludir las barreras de intelectuales como Andrea Legarreta y el “Negro” Araiza o la comentadísima Laura G y su programa Sabadazo, estúpido hasta para ella misma.

En Toluca, el enfermo gobernador del Edomex, Eruviel Ávila, enferma de cistitis, padecimiento que significa que le duele cuando orina porque tiene bacterias en la uretra y la vejiga, y le ordenan 36 horas de descanso. Nadie nota su ausencia en el vacío administrativo mexiquense y hasta algunos señalan que es posible que las cosas se desatoren. Pero cuál. Todos cobran a tiempo y son felices y hasta en Zinacantepec alcanza para que se repartan apoyos a los ancianos y se les arengue para que usen una tarjetita donde se les deposita una lana para que la vayan pasando. “No tengan miedo de ese plastiquito, es para su bienestar”, dice la alcaldesa Olga Hernández Martínez desde una improvisada plataforma. Frente a ella, detrás de todos y subido en el quiosco del lugar, un policía juega con su arma como apuntando a la muchedumbre. La seguridad es lo que es y comienza primero con la discreción, luego con el apañe.

Todavía no está tan negro, ni siquiera es de noche, dicen unos que no vieron la película del tal “Chema” Torre.

Espérense a verla.

Desobediencia constitucional

* “El gobernador siempre está al pendiente de las necesidades de nuestras niñas, niños y jóvenes, porque sabe que ellos son el potencial de nuestra entidad. Siempre nos pregunta ¿Cómo vamos? ¿Cómo se encuentran ustedes?…”

 

Luis Zamora Calzada

Lo inesperado ocurrió el lunes 18 de agosto de 2014. La escuela pública fue utilizada para fines promocionales, lo que nunca se había dado en clara desobediencia constitucional.

La ceremonia del inicio del ciclo escolar fue organizada y determinada en la Secretaría de Educación, desde el centro se definió el proscenio, ocupantes de los lugares en el presídium, cuya figura central fue un “representante gubernamental” enviado a cada escuela, personajes improvisados de diferentes oficinas estatales, municipales y supervisores escolares que acudieron a presidir a zonas distintas a la de su responsabilidad.

Los directores escolares a quienes se desea construir liderazgo, desde el transitorio quinto fracción III de la reforma constitucional, que determinó de manera literal crear las condiciones de “participación para que alumnos, maestros y padres de familia, bajo el liderazgo del director, se involucren en la resolución de los retos que cada escuela enfrenta”, no aconteció en la ceremonia de apertura. El mandato fue violentado en la entidad al colocarlos en un segundo término, vulnerando su imagen ante los docentes, alumnado y padres de familia de la escuela a su cargo.

El discurso enviado fue leído por el representante, no por el director, que en muchos casos ni las palabras de bienvenida le fue posible manifestar.

El contenido del discurso de la discordia contiene nombres de personajes en turno, cifras de la matrícula escolar estatal que compara con cantidades el número de habitantes de otros países y, por supuesto, frases de escaso significado para una población escolar más interesada en otros elementos como las siguientes:

“El gobernador siempre está al pendiente de las necesidades de nuestras niñas, niños y jóvenes, porque sabe que ellos son el potencial de nuestra entidad. Siempre nos pregunta ¿Cómo vamos? ¿Cómo se encuentran ustedes? Y en esta tarea no está solo, por ello a nosotros los secretarios nos ha pedido todo nuestro compromiso, para que juntos hagamos entrega de incentivos que aumentan la calidad educativa de los mexiquenses. Sabemos que la educación es la llave que abre múltiples puertas como la del conocimiento, del desarrollo, de la innovación y de la prosperidad. Por ello, en el gobierno del Estado de México ponemos especial énfasis en el tema educativo”.

Discurso que muchos funcionarios olvidan rápidamente o que no aplican, por ejemplo en la suspensión de clases o en la terrible carga administrativa que hostiga al profesorado, en perjuicio del tiempo para la docencia y de los alumnos que se atienden en la escuela pública.

 

Circular 167

 

La Dirección General de Educación Básica emitió lineamientos para el ciclo escolar que inicia en su Circular 167, de fecha 28 de julio del año que transcurre, destinado para directores regionales, supervisores, coordinadores de área, directores escolares, docentes y personal de apoyo de las escuelas, es decir para todos, aún cuando dicha Circular, a la fecha, no la conozca una gran mayoría de los maestros de preescolar, primarias y secundarias.

En un intento discursivo de fundamentación y motivación, mandatan orientarse para brindar educación de calidad cuando la propia dirección citada no tiene una propuesta pedagógica que la identifique y proponga un estilo de docencia que transforme las relaciones interpersonales que se desarrollan en el aula.

En una manifestación expresa señala que “promoverá el valor de la justicia, de la observancia de la ley y de la igualdad de los individuos ante está; propiciar la cultura de la legalidad, la paz, lo no violencia en cualquier tipo de sus manifestaciones, así como del conocimiento de los derechos humanos y el respeto a los mismos”, lo que no ocurre ante las continuas violaciones legales que se cometen en dicha dirección, a manera de ejemplo, los despidos injustificados que practican violando el artículo 3 de la Ley del Trabajo de los Servidores Públicos del Estado y Municipios.

Es claro que las manifestaciones de legalidad quedan en el discurso y contradicen incluso sus propios lineamientos al ordenar la integración a los consejos técnicos del personal de apoyo sin tomar en consideración sus horarios y la especialización especifica del personal en las tareas propias de su competencia.

Incluso se giran instrucciones sin razón de ser, como el desarrollo del “Plan y Programas de Estudio 2011 para la Educación Básica, en vinculación con los programas federales y estatales, atendiendo los acuerdo secretariales vigentes”, como si existiera alguna otra tira curricular por la cual pudiera optar el profesorado o que los mencionados no fueran a nivel federal y obligatorios, tal y como se mandata en el artículo tercero constitucional.

Las incongruencias y la falta de coherencia de la circular es un elemento claro que puede explicar la problemática que enfrentan los niveles que integran la educación básica en el subsistema educativo estatal.

La hermandad

* La guerra michoacana entre narcotraficantes, autodefensas y autoridades rebasa ya los límites del Estado de México. Zitácuaro y Huetamo, municipios fronterizos, están ligados de manera directa con Valle de Bravo, el primero; y con la Tierra Caliente mexiquense, el segundo. Zitácuaro fue una de las puntas de lanza desde donde los cárteles se propusieron entrar en el Edomex, hacia la zona sur de la entidad y la capital, Toluca, Zitácuaro está a menos de una hora de Valle de Bravo, principal destino turístico y también una de las sedes de capos en los últimos años.

Miguel Alvarado

La relación entre el Edomex y Michoacán es compleja pero natural y se desarrolla en diferentes ámbitos, entre ellos el político y el empresarial, aunque también el crimen organizado comparte territorios y recursos. Políticos michoacanos han trabajado en la tierra del presidente Enrique Peña y viceversa. Pero el narcoestado en el que se han convertido Michoacán y parte del Edomex ubica estas relaciones en una nueva plataforma que cambia hasta las fronteras políticas oficiales para crear un territorio amorfo donde los nexos de estas familias de poder con el narco determinan una estructura que opera a la sombra de los gobiernos, aunque amparada por ellos. Existe desde hace años y su supervivencia está relacionada con el control de regiones consideradas como productoras de droga, usadas como bodegas y puentes. Entre Michoacán y el Edomex existe una zona intermedia, “tierra de nadie” que hace mucho está fuera de control.

La guerra michoacana entre narcotraficantes, autodefensas y autoridades rebasa ya los límites del Estado de México. Zitácuaro y Huetamo, municipios fronterizos, están ligados de manera directa con Valle de Bravo, el primero; y con la Tierra Caliente mexiquense, el segundo. Zitácuaro fue una de las puntas de lanza desde donde los cárteles se propusieron entrar en el Edomex, hacia la zona sur de la entidad y la capital, Toluca, Zitácuaro está a menos de una hora de Valle de Bravo, principal destino turístico y también una de las sedes de capos en los últimos años. Actualmente, Valle de Bravo está bajo vigilancia militar, poco efectiva cuando en menos de un mes se han registrado hasta seis secuestros. La policía municipal ha sido desactivada y la población no cuenta con seguridad pública. El pretexto oficial es que los gendarmes se hallan en capacitación o en evaluaciones de confianza. Hasta el 21 de agosto, el gobierno mexiquense anunciaba la detención de 12 secuestradores en menos de 8 días, y señalaba orondo que “aún faltan más”. Y Huetamo, a unas tres horas de Amatepec, es históricamente un territorio donde se siembra mariguana, que se reparte al país por tierras mexiquenses.

La presencia del narcotraficante Servando Gómez, “La Tuta” en videos donde se reúne con políticos y empresarios en Michoacán confirma la participación del sector gubernamental, obligado o no, con las actividades de los cárteles del narco, primero La Familia Michoacana y luego Los Caballeros Templarios, fundados por el mismo criminal y señalado de obtener protección hasta de instancias federales. Una de esas filmaciones ha propiciado la detención del hijo del ex gobernador michoacano, Fausto Vallejo, y su posterior encarcelamiento en el penal de Almoloya, en el Estado de México. Junto con Rodrigo Vallejo también fue exhibida la alcaldesa de Huetamo, Dalia Santana, acusada de homicidio y de entregar 14 millones de pesos a la delincuencia. Otra alcaldesa, Salma Karrum, de Pátzcuaro, fue grabada en reuniones con “El Tony”, lugarteniente de “La Tuta”, pidiéndole ayuda para esclarecer el asesinato de uno de sus yernos y castigar a los responsables. También en Zitácuaro, a hora y media de la capital del Estado de México, “La Tuta” fungió como notario para repartir una herencia a la familia Estefan Abouchard luego de la muerte de uno de sus miembros, el empresario Luis Miguel Estefan, conocido también como “Maico”, un ex aspirante a una diputación por el Partido Verde en 1993 y dueño del hotel Monarca Inn. Era también familiar político del ex senador Ascención Orihuela, delegado del PRI en el Estado de México durante la administración de Arturo Montiel Rojas, en 1999, y uno de los operadores políticos más importantes en Michoacán para Enrique Peña Nieto y su grupo político.

“Maico” era una figura pública en Zitácuaro, pero casi nada comparado con Ascención Orihuela, uno de los aspirantes a la gubernatura por Michoacán que luego se le otorgó a Vallejo y también uno de los sucesores naturales de ese mismo político, al renunciar al cargo.

“La Tuta”, en papel de notario, dispone, por ejemplo que el hotel Monarca, uno de los más conocidos de esa región, sea entregado a los hermanos de Luis Miguel, llamados Guillermo y Salvador. “La Tuta” le pone a aquel inmueble un valor de 15 millones de pesos, aunque en el 2001 Estefan había intentado venderlo por 4.4 millones de dólares.

Luis Miguel Estefan fue candidato a diputado en el 2003 por su región, postulado por el Partido Verde Ecologista. En aquella campaña tenía como suplente a Lorenzo Sesmas Ortega, quien en años posteriores ocuparía el cargo de coordinador regional de ese partido y aspiraría en el 2011 a una diputación local. En el video, “La Tuta” aparece en un patio al aire libre, rodeado de bancas metálicas de color azul. Allí, junto con otras cuatro personas, los deudos de Estefan, determina el destino de las propiedades y otra persona se encarga de tomar cada uno de los rostros de los participantes, mientras “La Tuta” los menciona. Al término del reparto, el narcotraficante les ha dejado claro a los deudos que les cobrará 3 millones de pesos, que saldrán de la misma herencia.

La historia de los Orihuela ha estado salpicada de escándalos políticos desde el 2008, cuando el joven Juan Antonio Ixtláhuac Orihuela ganó la alcaldía de Zitácuaro, pero luego fue detenido, por casi un año, junto con otros 30 funcionarios michoacanos en el 2009, por relaciones con el crimen organizado, que en el caso de Ixtláhuac no pudieron comprobarse, a fin de cuentas. Salió tan bien librado fue reinstalado en el 2010 y en el 2012 fue llamado por Fausto Vallejo para integrarse a su equipo de trabajo como coordinador de Atención Ciudadana, en Morelia.

Los hijos de Ascención Orihuela son Eduardo Orihuela Estefan, diputado local por Zitácuaro, y Juan Carlos Orihuela Tello, también diputado del PRI. Ascención Orihuela, actualmente en el extranjero, ha negado que los Estefan Abouchard sean sus parientes políticos. Pero este hombre está casado con Carmela Estefan Colín, media hermana del empresario fallecido. Según la agencia de noticias Quadratín, la relación más fuerte en este narcovideo se encuentra con Fernando Orihuela Carmona, tío del senador Orihuela Bárcenas y líder estatal del PRI a finales de los años noventa. Fernando es el notario 134 de Michoacán, con oficinas en Morelia y en el 2001 era coordinador de campaña del candidato priista a la gubernatura de Michoacán, Alfredo Anaya Gudiño. Fernando tiene un hijo, Luis Miguel Orihuela Estefan, quien trabajó junto con él en esa campaña. A mediados de octubre de aquel año, los dos Orihuela se accidentaron cuando viajaban por la carretera de Ecuandureo. En ese percance fallecería el secretario de Fernando, Salvador Munguía. El ahora notario tiene otro hijo, Fernando Orihuela Estefan.

Desde el 2003 las autoridades militares sabían de los nexos entre políticos y narcos en Michoacán y señalaban a dos colaboradores de Víctor Tinoco Rubí (1996-2002), ex gobernador priista de aquel estado y oriundo de Zitácuaro. Los implicados con el cártel del Milenio eran “José Antonio y Eduardo García Torres, secretario de Gobierno y procurador de Michoacán”, escribió el semanario Proceso en agosto del 2003, y presuntamente participaron en lavado de dinero proveniente del narco, junto con ese ex gobernador, a quien apenas el 19 de agosto del 2014 se le entregó la presa Junta Nacional Americana en Zitácuaro, con el comisionado por la Paz como testigo, el mexiquense Alfredo Castillo.

El documento dice que “desde el arribo del actual gobierno encabezado por Víctor Manuel Tinoco Rubí, el nombramiento de procurador de Justicia recayó en Jorge Eduardo García Torres, quien hasta este momento (2000) fungía como tal; al ser nombrado Héctor Terán Huerta como nuevo procurador se empieza a destapar la verdadera actividad que realizaban el procurador y sus asesores.

“Desde el inicio de la gestión de García Torres se le ha caracterizado como núcleo de corrupción y órgano de mafia; acusados públicamente todos sus colaboradores; que desde su ingreso con este gobierno, a la Procuraduría se le acusa de tener nexos tanto con el crimen organizado como con el narcotráfico.

“Prueba de ello son los decomisos de diferentes vehículos de reciente modelo, como Windstar, Explorer, Grand Cherokee, Venture, entre otros, los cuales se encuentran remarcados, ‘doblados’ y con reportes a la vista de robo, mismos que no han sido devueltos a sus respectivos dueños o aseguradoras, ocultándolos en diferentes lotes de esta ciudad (Santa María, Ocolusen, La Soledad e Independencia, entre otros), a la espera de tres meses para realizar un remate interno, como marca la ley, beneficiando a deshuesaderos, como el ubicado a la salida a Salamanca, propiedad de Fernando Orihuela Carmona –ex presidente del Comité Directivo Estatal del PRI–, actual coordinador de campaña del priista Alfredo Anaya Gudiño”.

Los militares explican que en ese 2000 “dichos vehículos se encuentran estacionados y separados en dos o tres bloques, marcados con letras y números, localizados algunos en la parte posterior de la Procuraduría, sobre las canchas de básquet y corralón.

“Algunos de estos vehículos se han utilizados para diferentes objetivos, tanto de trabajo como delictivos, o como parte del equipo de avanzada en la campaña del senador Antonio García Torres, y del actual candidato Alfredo Anaya Gudiño.

“Los vehículos también se les ha proporcionado a diferentes periodistas (Ignacio Roque Madriz, El Universal; Raúl Puente, Ovaciones; Elíseo Caballero, Televisa, etcétera), y estatales (Isaac Reyes, familia Palomino, Lino Hernández Gachí, Francisco García Davish, etcétera); los vehículos son asignados con resguardo de la Procuraduría o de la Oficialía Mayor y firmado por las áreas administrativas, bajo órdenes del propio Eduardo García Torres o del oficial mayor Fausto Vallejo Figueroa (actual alcalde priista de Morelia), para que no sean molestados”.

“…es importante mencionar que existen vehículos consignados como BMW, Mercedes, Lincoln, entre otros, que son resguardados y utilizados sólo por funcionarios de gobierno, entre los que se encuentran Francisco Corona Núñez, de Secodam; Raymundo González, de personal; Guillermo Guzmán Fuentes (ex delegado del Infonavit y ex candidato a diputado por el PRI); el propio Antonio, y Arturo (magistrado en Edomex y hermano mayor) y Eduardo García Torres, así como sus hijos, entre otros”. En ese año el cártel de Juárez controlaba Zitácuaro y Huetamo.

El ex alcalde Orihuela

Juan Antonio Ixtláhuac Orihuela era un apasionado del deporte. Siempre quiso hacer carrera en el futbol pero supo desde un principio sus limitaciones. Decidió entonces vivir los partidos de otra manera e intentó con alguna fortuna narrar los partidos del Monarcas-Zitácuaro, conjunto profesional de aquella zona que tenía en sus filas al portero Federico Vilar, actualmente en el Atlas de la primera división. Con 15 años de edad, Ixtláhuac parecía haber encontrado su razón de ser. Trabajó luego para la oficina del comentarista Raúl Orvañanos en 1998 y coordinó alguna oficina en la Segunda División Profesional pero en el 2003, según narra el periodista Diego Osorno, entró de lleno en la política, cobrando en el PRI mexiquense.

El equipo de futbol era propiedad del hermano de Ascención, Ignacio Orihuela, tío de Juan Antonio y cacique máximo de aquella región, dueño entre otros negocios, de la distribuidora de Volkswagen y General Motors, además de todas las gasolineras de aquel municipio.

En el 2008 los comerciantes de Zitácuaro se despertaron con la noticia de que el cártel de La Familia era dueña de la plaza y cobraba por la seguridad de quienes tenían negocios. Hasta 20 mil pesos al mes debían pagar los dueños de las tiendas y medianos comercios a esa organización, que además daba protección a particulares, convirtiéndose en algunos casos en defensores de la población pues asumía las funciones que ninguna policía del país está dispuesta a realizar.

Era del dominio público que La Familia se había infiltrado en el ayuntamiento de Zitácuaro y que trabajaba en la administración de Ixtláhuac, quien procuraba, obligado o no, protección y empleo para algunos de los relacionados con el cártel. Ixtláhuac sabía que se la jugaba al relacionarse con el narco. Otros niveles del ayuntamiento estaban también infiltrados, los cuales pagaban hasta 200 mil pesos y algunas instituciones más, como la clínica del ISSSTE, donde se comenzó a contratar gente relacionada con La Familia.

Los orígenes

Ixtláhuac es sobrino de Ascensión Orihuela Bárcena, diputado federal del PRI, senador y operador político en la administración de Arturo Montiel. Ixtláhuac estudió en la Universidad Iberoamericana y presumió siempre su cercanía con el sobrino de Montiel, el actual presidente de México, por lo que en Michoacán se le conocía como el Enrique Peña purépecha. De 33 años de edad, fue diputado a los 24, luego de haber trabajado en el PRI del Edomex. Allí fue colocado como asesor por su propio tío con ayuda de Miguel Sámano, en ese entonces secretario particular del mismo Montiel, recuerda el diario Alfa. La familia de Ixtláhuac estaba inscrita en la nómina del gobierno mexiquense pues allí se encontraba Rocío González Orihuela, su prima hermana, ex directora del Programa de Apoyo a Migrantes y hoy en la Secretaría de Organización del PRI mexiquense.

“Tal era su proximidad al grupo que detenta hoy el poder en la entidad, que recibió financiamiento para la campaña política que lo llevó a la alcaldía de Zitácuaro. El encargado de llevarle el dinero que salía de Toluca fue nada menos que el diputado federal con licencia y candidato a diputado local, Jesús Alcántara. No sólo eso, también se le apoyó con un grupo de operadores electorales”, escribe Alfa en referencia a los nexos mexiquenses del alcalde detenido.

Antonio Ixtláhuac estudió la preparatoria en la escuela Melchor Ocampo. Le gustaban los gallos y bebía moderadamente, recuerdan sus antiguos compañeros de salón. Tenía una gran amistad con su primo, Juan Carlos Orihuela, apodado “El Pollo”. En general, es un apellido conocido en Zitácuaro por el impulso que le dieron al deporte y al comercio pero nadie niega que sus colaboradores políticos estaban involucrados en actividades poco claras y mantenían contacto con Tuzantla y Huetamo, en la región de Tierra Caliente y reconocidos como bastiones de grupos de narco.

Pronto, Ixtláhuac fue detenido y sometido a investigación, en el 2009, junto con un puñado de alcaldes y funcionarios michoacanos. Según Ascensión Orihuela, la detención de su sobrino obedeció a que el gobierno federal de Felipe Calderón quería involucrar a altos funcionarios del Estado de México, sobre todo de Atlacomulco y que detrás hay además una intención de venganza, pues impulsaba una investigación contra Miguel Ángel Jiménez, ex director de la Lotería Nacional.

Ascensión o “Chon”, como se le conoce en su círculo político se reunía constantemente con secretarios de los gobiernos de Montiel y Peña y era común encontrarlo comiendo en los restoranes de la ciudad. La detención de Ixtláhuac sirvió para desactivar sus intenciones de competir también por la gubernatura.

Los Orihuela, con todo el poder político que tienen, no han podido evitar episodios grotescos relacionados con ellos. Así, en el 2006 aparecieron dos cabezas humanas en Zitácuaro, las cuales fueron enviadas Ascensión e Ignacio. A mediados de agosto del 2012, “Chon” Orihuela era captado a bordo de un auto Porche Panamera modelo 2010 con placas SMT 47 34, que hace dos años costaba unos 130 mil dólares. Después, “Chon” dijo al diario Reforma que se trataba de “un auto como cualquier otro”. En abril del 2014, “Chon” Orihuela festejó la boda de su hijo Eduardo, a quien el círculos michoacanos se le apoda “Bebesaurio”, con más de mil asistentes y cuyo invitado principal fue el senador Emilio Gamboa. En esa misma fiesta estuvo el todavía gobernador de Michoacán, Fausto Vallejo.

Las narco-relaciones entre la clase política michoacana y la del Edomex se profundizaron en el 2014 cuando llegó a gobernar, prácticamente, aquel estado, el procurador mexiquense Alfredo Castillo, quien asegura haber limpiado de Templarios y Familia, aunque no ha podido capturar a “La Tuta”.  

Minidictadura

* “Fidel Velázquez empleó sus extensas relaciones y apeló a sus amigos y todas sus influencias para consolidar a Pancho Hernández en el sindicato de telefonistas, enseñarle o educarlo en esas extrañas artes del sindicalismo mexicano y guiarlo entre las telarañas del poder verdadero de las esferas gubernamentales. En otras palabras, el recio e imperturbable líder nacional cetemista y pilar del sector obrero priista le prodigó atenciones. Lo llevó de la mano como a un hijo de 27 años —el 22 de abril de 1976 Francisco Hernández Juárez estaba a cinco meses de cumplir esa edad— que recién empieza a caminar”, escribe el periosusta Francisco Cruz en el libro Los Amos de la Mafia Sindical, publicado por Planeta en el 2013.

 

Francisco Cruz

Aquel 20 de abril de 1987, Salvador Corro precisó, en un reportaje de su autoría, que Hernández Juárez estuvo allí y “esperó que el dirigente cetemista le resolviera el problema […] A partir de entonces decidió caminar de la mano de Fidel. El 20 de septiembre, durante la VII Convención Nacional Ordinaria, a la que asistió el presidente (José) López Portillo, se deshizo en halagos al dirigente cetemista. Le hicieron un homenaje y Velázquez devolvió los cumplidos”.

Por si hubiera alguna duda sobre la intervención de Fidel para allanarle el camino a Pancho, los investigadores Roberto Borja y Fabio Barbosa encontraron que “no puede dudarse que el apoyo del Congreso del Trabajo fue fundamental en los acosos de Telmex que, por lo menos en esta etapa, concluyeron con el acuerdo del 28 de julio de 1982 bajo el largo título de Convenio que celebran la empresa Teléfonos de México y el Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana, […] cuyo fin fue la garantía y corresponsabilidad del Congreso del Trabajo y la Secretaría del Trabajo.

Durante el conflicto, por solicitud del viejo Fidel, envió, protegido por un contingente de granaderos de la policía del Distrito Federal, a un grupo de golpeadores profesionales para desalojar el edificio sindical. Así, por las buenas, los disidentes y otros 500 “telefonistas” contratados por la empresa, se retiraron. Era la época en la que, todavía en muchos casos, las disputas sindicales se resolvían a balazos y a madrazos. Diecinueve días después de la revuelta, Francisco Hernández Juárez retomó su liderazgo.

Allanado, pues, el camino y arropados por Fidel y el Congreso del Trabajo, Pancho, Paco, Francisco y su Comité Ejecutivo Nacional pudieron sentarse, con placer, a dirigir el destino de los telefonistas. Con la protección de Fidel, se hicieron de herramientas para desmantelar a la oposición interna, incluida aquella con la que habían contraído compromisos, con lo que limitaron estatutariamente la participación de sus rivales.

El mensaje de aquellos que el 22 de abril de 1976 habían llegado a la Secretaría General del STRM con las banderas de la “democracia”, la “no reelección” y “fuera los charros” se hizo escuchar muy clarito en todas las oficinas de Telmex: “que los responsables del problema por el que acaba de pasar nuestra organización, los cuales ya están bien identificados y son precisamente los líderes de la llamada disidencia, sean sancionados enérgicamente como lo marcan nuestro estatutos, de tal manera que se les nulifique su participación representativa sindical así como política en nuestro sindicato”.

Obligaron a los comités de las secciones Matriz y Foráneas a reconocer, por escrito, la dirigencia de Francisco Hernández Juárez. Y, en los hechos, los panchistas de cada centro de trabajo se convirtieron en espías de la dirigencia sindical para nulificar a los cabecillas de la disidencia y, además, para mantener un estrecho cerco de vigilancia sobre líderes intermedios. Las medidas le han dado resultados, los complejos métodos de selección del Comité Ejecutivo Nacional, excepto el de secretario general, simulan ser incluyentes. En otras palabras, se sentaron las bases para establecer una minidictadura.

Para todo estaban preparados los telefonistas, pero 1983 los sorprendió una mañana cuando el Comité Ejecutivo Nacional, con Pancho a la cabeza, hizo público el rompimiento con el grupo interno identificado como Línea Proletaria, que tenía una fuerza importante en Coahuila. Después de un par de regaños que recibió directamente de Fidel, ese tema lo incomodaba. Poco se dijo que, en los peores días de marzo de 1982, fue el único grupo interno que apoyó a Hernández Juárez. Presionado por el Congreso del Trabajo y en especial por el líder minero Napoleón Gómez Sada, Pancho se convirtió en un Judas moderno. Cuando encontró la oportunidad, negó cualquier relación con esa facción telefonista, y se refería muy poco a ella.

En una entrevista que concedió en 1987, cuando ya se encontraba bien asentado y sintiendo el apoyo pleno de Fidel, advirtió: “cuando en 1977 ó 1978 tuvieron la contratación los compañeros de Telefónica Nacional en Monclova, donde está enclavada la sección 147 de Mineros, fuimos a verlos para tratar los problemas de la negociación. Los compañeros de los comités locales tenían relación con ellos. […].Ahí conocimos al compañero Francisco Uvences. Yo no sabía si era de Línea Proletaria y que estaba en la dirección sindical. El caso es que ahí se mantuvo la relación. Tuvimos seis o siete intercambios de experiencias y nos pareció muy importante la forma de organización que tenían. […] Resulta que, por azares del destino, el compañero Uvences salió por cuerda de los mineros, que lo corrieron por andar de avanzado allá. Aquí ya no, porque está en el comité ejecutivo, vino y nos aportó sus experiencias”.

Aquella mañana de 1983 la sorpresa fue mayor —incluso se calificó como una gran traición fraternal—, porque el rompimiento se hizo durante la revisión salarial de 1983. Y todavía fue más impactante porque Pancho dio personalmente la información, en una Asamblea General Nacional para tratar asuntos salariales.

Apersonado ante los delegados de STRM, Hernández Juárez declaró: “un grupo de trabajadores integrantes de la llamada Línea Proletaria, últimamente ha incurrido en actitudes que no corresponden al proyecto general del sindicato”. La Dirección Nacional, dijo, no apoya a esta Línea, por lo que sus acciones corren por su cuenta y riesgo. “No se están coordinando con el CEN y las acciones que han efectuado para establecer su propio proyecto para el proceso electoral, están al margen de los organismo oficiales correspondientes, lo que rompe el compromiso que tienen con el sindicato y toca a los trabajadores calificar su conducta”.

Para entonces, Pancho, Paco, Francisco y su grupo —Lejarza y Marino a la cabeza— tenían meses en campaña. Con dos años de anticipación había preparado, a través de la Planilla de los Trabajadores, la segunda reelección, también “por esta única vez”, de Hernández Juárez. El albazo funcionó. Con el rompimiento también le dieron gusto a Fidel Velázquez y, sobre todo, al Congreso del Trabajo, donde algunos líderes obreros como Napoleón Gómez Sada, entonces presidente del organismo y secretario general del sindicato minero, cuestionaban y desconfiaban todavía del trabajo de Hernández Juárez.

Los juaristas tenían listo el largo y complejo mecanismo de reelección que, en los hechos, también se adelantó. Además, sin una oposición articulada, el sindicato entró, entonces sí, en una nueva etapa, porque Pancho y su Comité Ejecutivo Nacional tendrían a su disposición todos los recursos de los trabajadores. Acapararon todo, incluida la Comisión Nacional de Vigilancia y todas las otras comisiones nacionales. Los comicios de 1984 reflejaron el abuso muy al estilo del carro completo priista: 17 mil 295 votos para la planilla oficial, casi 70 por ciento del apoyo total de los telefonistas. El 24 de julio de 1983, los telefonistas avalaron la segunda reelección.

Salvado el obstáculo, la relación prosperó. Y así se demostró, Fidel Velázquez empleó sus extensas relaciones y apeló a sus amigos y todas sus influencias para consolidar a Pancho en el sindicato de telefonistas, enseñarle o educarlo en esas extrañas artes del sindicalismo mexicano y guiarlo entre las telarañas del poder verdadero de las esferas gubernamentales. En otras palabras, el recio e imperturbable líder nacional cetemista y pilar del sector obrero priista le prodigó atenciones. Lo llevó de la mano como a un hijo de 27 años —el 22 de abril de 1976 Francisco Hernández Juárez estaba a cinco meses de cumplir esa edad— que recién empieza a caminar.

Normalidad mínima violentada

* ¿Acaso el Estado de México no respeta la normatividad aprobada a nivel federal, no le importa romper la normalidad mínima ordenada ni tampoco la Ruta de Mejora?

 

Luis Zamora Calzada

Los Consejos Técnicos Escolares se llevaron a cabo en sedes que reunieron a maestros de varias escuelas y, como lo establecen las guías de trabajo, fueron organizados por horarios rígidos atendiendo su propia normatividad y temática. Las tareas a desarrollar eran las estrictamente contempladas en la llamada Ruta de Mejora, para lograr la normalidad mínima; ruta que por cierto algunos docentes han sugerido se llame “Bruta de Mejora”. Sus razones tendrán.

En los Consejos Técnicos no estaba permitido otro tipo de tareas en el desarrollo de sus jornadas que las estrictamente programadas, sin embargo esto no fue respetado por el sindicato oficial de docentes, el viejo sindicato, como también se le denomina.

Se asegura que con el permiso y visto bueno del secretario de Educación estatal en turno, se les permitió a los representantes sindicales ingresar a las sedes e interrumpir el trabajo programado para hacer proselitismo a su favor menospreciando a los maestros e insultando su inteligencia al asegurarles que lo que son se lo deben a ellos, sin considerar el esfuerzo diario que realizan en las aulas, sus estudios en los diferentes programas de formación docente o su antigüedad, entre muchos elementos que garantiza la Ley del Trabajo.

La perorata difundida llegó a extremos en muchas sedes, como lo acontecido en Ocoyoacac, donde el flamante e irrespetuoso representante del viejo sindicato les pidió a los maestros que no escucharan otras opciones sindicales, el “ombligo laboral” de los ahí reunidos les pertenecía a ellos, que no creyeran en el cuento de la libertad sindical, que “si no está uno con los jefes” nada vale.

Por supuesto, las reacciones no se hicieron esperar, los cuestionamientos de los profesores, que quedaron sin respuesta, les intimidaron y espantaron a tal grado que en dicha sede ocurrió lo inesperado al asegurar, el de la voz oficial sindical, que no vean a otro sindicato, que recuerden que “más vale malo conocido que bueno por conocer”, interiorización que permea en la intimidad cupular de la organización oficial sindical, que en momentos difíciles lo difunden desde su más profundo sentir. Esto, por cierto, despertó sonoras carcajadas que siguieron a su autodescalificación.

Lo urgente es el pronunciamiento del secretario de Educación para que explique por qué los supervisores a su cargo fueron los acompañantes, guías y presentadores de los visitantes sindicales inesperados ante los grupos de trabajo. ¿Acaso el Estado de México no respeta la normatividad aprobada a nivel federal, no le importa romper la normalidad mínima ordenada ni tampoco la Ruta de Mejora? Son preguntas, hay que contestar. 

 

Convicción sindical

 

El viernes 22 de agosto del 2014 se cumplen siete años de existencia del Sindicato Unificado de Maestros y Académicos del Estado de México (SUMAEM), el camino está trazado. En este siglo XXI el sindicalismo independiente no sólo debe retomar su condición innata de defensor de la clase trabajadora, sino reenfocar sus formas de lucha desde el Estado de Derecho y la Ley, manteniendo una posición imprescindible de independencia respecto a la patronal sin que ello signifique buscar confrontación. Tampoco se rehúye a la controversia, asumiendo una actitud y visión de responsabilidad y respeto para con la sociedad a la que se sirve desde la escuela pública.

El SUMAEM es prueba viviente de los avances democráticos en el Estado de Derecho, evidencia fehaciente de que la justicia siempre prevalecerá contra todos los intentos de imposición y represión desde algunas instancias del gobierno y sus titulares, que les cuesta mucho acatar la ley.

La máxima del SUMAEM es el respeto a la legalidad y desde las leyes hemos luchado y triunfado por la libertad e independencia sindical, y seguiremos luchando por la búsqueda de políticas educativas que garanticen el desarrollo de la escuela pública, pero también de las oportunidades para el progreso personal y profesional del docente; por la equidad en el acceso a las oportunidades y la transparencia en la gestión sindical; por la procuración de una calidad de vida digna y satisfactoria para el maestro; por una retribución justa al esfuerzo, la iniciativa y la creatividad de cada profesor, por el bienestar del profesorado y de la sociedad.

El propósito es recuperar para los maestros la posición de referente social, ser conocidos, reconocidos y aceptados como un ejemplo a seguir ejerciendo la libertad de pensar y decidir, convirtiéndonos en los promotores, provocadores y agentes de los cambios sociales. Al frente de los alumnos se contribuye a la construcción de una sociedad libre y democrática porque sólo las mentes libres pueden formar a los hombres y a las mujeres libres que la construirán.

La lucha no ha terminado, seguimos combatiendo con las mismas armas: la ley, la libertad, la voluntad y la legalidad; los derechos de los docentes tienen que ser respetados, las demandas no atendidas deben cumplirse, la igualdad sigue siendo meta, lo mismo que la democracia que como bien social debe practicarse desde las escuelas de educación pública; los maestros, con nuestro trabajo y nuestras ideas debemos recobrar la confianza de la sociedad.

La cerrazón hasta ahora mostrada por las instancias gubernativas no nos desanima, tampoco nos desalienta, se confirma que cada derecho debe defenderse desde la ley.

Hoy somos un sindicato independiente en crecimiento y apegado a derecho, con la responsabilidad legal de promover las modificaciones a las condiciones generales de trabajo, a las leyes, reglamentos, convenios y demás documentos normativos que se firmaron con el Sindicato Único hasta el 2009 y que causan agravios a los maestros. Dada la existencia ahora de dos sindicatos en el magisterio estatal, el despertar del profesorado de un pensamiento de subordinado a la de un trabajador con derechos garantizados en la ley, es una nueva realidad que se constituye ya en el inicio de una transición educativa en el Estado de México.

Por estos principios seguiremos estando en la lucha legal por el logro de nuestras convicciones y el cumplimiento de nuestros compromisos, porque somos una nueva organización de maestros pensantes, propositivos, maestros de los que hoy requieren los padres de familia para sus hijos.

El único compromiso del SUMAEM es con la educación y con la sociedad que nos ha dado la oportunidad de prepararnos para servirles y poner en nuestras manos a los hijos de la nación que ya construyen un futuro más alentador para nuestro país.

El Barco Ebrio

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Toluca contra Pumas el primero de agosto del 2014, en la Bombonera. Mil ochocientos policías cuidaron el estadio, el partido, las inmediaciones. El futbol profesional en México debe observar saldo blanco porque es la actividad más pública y comentada, brinca fronteras y es pulso social y económico.

 

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Ejército y policías contra narcos contra pobladores. Tlatlaya, Luvianos, Caja de Agua, La Goleta, Amatepec, Tejupilco. Mil efectivos enviados por Eruviel Ávila a la Tierra Caliente. Nadie nos quitará el control del territorio, dice el gobernador del Edomex, quien los últimos tres años se ha especializado en decir.

 

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Hay diferencias. A la Bombonera no asistieron delincuentes, al menos no los reconocidos por el gobierno y la Federación, aunque sí estuvo Televisa en el palco de costumbre para trasmitir dos horas de emocionante, vibrante, eléctrico y necesario futbol de primera división. Ya en eso, Lucas Lobos no quiere jugar para José Cardozo, el técnico del Toluca, quien lo oprime con su dictatorial personalidad, sus arrebatos más que emocionales y su exigencia militarizada. Cardozo no juega a nada pero al equipo le alcanza para rescatar puntos y hasta para ser campeón.

 

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Pero hay diferencias. En el sur del Estado de México no hay equipo de futbol de primera división profesional. Tampoco hay ciudades y los verdaderos criminales no viven allí. Ruralizado, el Triángulo de la Brecha asiste sin querer y desde hace años a la pistolización de sus pocas calles y brechas y municipios enteros han cambiado su forma de vivir pero también de morir. El gobierno tiene razón, nadie podrá quitarle el control de Tierra Caliente. ¿Cómo podría si de pronto la simbiosis entre autoridad y sicariato es una realidad, aunque fantasma, atestiguada por marinos y militares, que asisten como testigos de lujo a pequeñas masacres cotidianas?

 

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Lucas Lobos es un argentino naturalizado mexicano a quien nunca consideraron para la selección nacional. Delgado y voluntarioso, porta el diez en su playera y le costó el Deportivo algo así como cinco millones de dólares, poco más de 50 millones de pesos. Pero es una inversión y hay que cuidarla. Los dos mil policías no eran para cuidar al jugador, ni siquiera las instalaciones de la vieja Bombonera.

 

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Al mismo tiempo, Peña pone en orden al país. Por fin, un miembro del Grupo Atlacomulco se atreve a dar solución a la crisis mexicana. Pemex y el sector energético son por fin privatizados y los beneficios que esas operaciones arrojen serán para todos. Peña ha pasado a la historia pero a menos que le toque una invasión militarizada, hasta de Guatemala si se quiere, será colocado al lado de los apóstatas más célebres del calendario mexica. Las cohortes de Santa Anna le dan la bienvenida al infierno de la historia. Peña tiene su plan. No le importa la historia, ni siquiera lee algo que no sean sus discursos. Ha creado, en paralelo, una pequeña oficina para reescribirla. Operada por tolucos desde el diseño, la edición y lo ejecutivo, y supervisada por Emilio Chuayffet, imprime libros con los hitos atlacomulquenses que volvieron a ponerse de moda. Serán los encargados de las versiones petroleras y energéticas desde el punto de vista de los intelectuales más orgánicos. ¿Cómo es que un hombre como Peña puede ser presidente de un país como México? Es una de esas preguntas que lo mismo funciona como respuestas. Peña también socava la irrisoria resistencia panista contra sus negocios. La trama de sexo y cumbias desde Acapulco que involucra a Edelmiro Sánchez, relacionado con el narco pero también con el asesinato del ex diputado panista Hernán Belden y de pasada con la cúpula azul nacional es sólo una advertencia, que funciona y bien en la podrida actividad política. Este despeñadero se hará más profundo cuando Morena, el partido de López Obrador, entre de lleno al escenario político nacional.

 

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Si una inteligencia menos que mediana como la de Peña es capaz de revolucionar al país, otra más clara y digna podría ubicarlo casi de golpe como potencia. La Federación también atiende el tema del narcotráfico. Todo sucederá al mismo tiempo. A México le esperan los días más aciagos, como si los que se han pasado no fueran suficientes.

 

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Las redes sociales comienzan, en la indiferente Toluca, a funcionar como un medio de denuncia que permite dar a conocer de manera inmediata lo que sucede en las calles. No son los medios tradicionales de comunicación los que proveen ya la información. Los propios ciudadanos se encargan de subir todo tipo de vivencias, absurdas o determinantes. El hecho es que cada vez más el ciudadano de a pie se da cuenta del valor que tiene la difusión de algo que realmente importa.

“Ayer como a las 7:30 am me asaltaron y encañonaron con pistola y me pusieron un desarmador en el cuello, en la colonia Morelos, exactamente en las calles de González y Pichardo y Silviano López (en Toluca, estado de México).

“Me quitaron mi mochila con dos libros, mi desodorante y mi cepillo de dientes, un celular de 100 pesos y mi cartera vacía con mis identificaciones. Como no traía nada de valor me pusieron un golpe en la cabeza, algunos en el estómago y uno en los testículos, me amenazaron de muerte y me dijeron un rosario de groserías.

“En esa esquina, precisamente, hay una lona de los vecinos exigiendo seguridad en esa zona. No es el primer asalto del que me entero, hay muchas quejas en esa zona al respecto y los polis solo pasan por su coperacha los domingos. ¿Cuánto más debemos aguantar?

“Tengan cuidado en todo Gómez Farías, alrededor de El Calvario asaltan diario y a todas horas, ya hasta por 20 pesos te encañonan con una pistola, no manchen…”.

Neocharro

* El acercamiento entre Fidel Velázquez y Francisco Juárez fue normal e inevitable; aquel hombre de 76 años de edad era un almanaque y un compendio de la historia sindical del país a partir de la segunda mitad de la década de 1920. Aceptó al naciente líder porque se lo impuso Echeverría o, de plano, Pancho le cayó bien, aunque al principio —entre 1976 y 1982— le tenía desconfianza porque no acababa de amarrar todas las piezas del rompecabezas del sindicato telefonista.

 

Francisco Cruz

De Fidel Velázquez puede hablarse todo, y en él encajan todas las definiciones. Desde mediados de 1970, y hasta 1988, detentó un poder omnímodo. Conocía las reglas y los secretos del sistema. Literalmente, era el todopoderoso. A todo el mundo le hacía favores y todo el mundo le debía uno. Las conspiraciones terminaron en la basura. Pero acogiendo a diversos personajes, entre los que incluso se destacan otros líderes sindicales, Echeverría y Salinas irían un poco más allá porque, literalmente y sin disimulos, intentaban exterminar a Fidel del movimiento obrero. Uno y otro fracasaron. Todos fracasaron. Fidel controló la CTM a placer desde 1941 —cuando instauró su maximato con el apoyo y autorización del presidente Manuel Ávila Camacho, que luego afianzaría por instrucciones del sucesor de éste, el veracruzano Miguel Alemán Valdés— y hasta el día de su muerte en 21 de junio de 1997, a los 97 años de edad, en la ciudad de México.

 

La minidictadura, “por esta única vez”

 

Titubeante e inseguro por el repentino e inesperado ascenso, Pancho poco apoco se acogió a la sombra de las frases pintorescas de Fidel —“llegamos con la fuerza de las armas, y no nos van a sacar con los votos”, o “el que se mueve no sale en la foto”—. Se unió a la veneración a un hombre que concibió la gerontocracia cetemista como eterna, al grado que alguna vez llegó a creer que se le había pasado la muerte. Agachó la cabeza cuando los secretarios del Trabajo se convirtieron en modernos capataces de los obreros que redujeron el papel de los sindicatos a meros organismos de la defensa del empleo.

El acercamiento entre Fidel Velázquez y Francisco Juárez fue normal e inevitable; aquel hombre de 76 años de edad era un almanaque y un compendio de la historia sindical del país a partir de la segunda mitad de la década de 1920. Aceptó al naciente líder porque se lo impuso Echeverría o, de plano, Pancho le cayó bien, aunque al principio —entre 1976 y 1982— le tenía desconfianza porque no acababa de amarrar todas las piezas del rompecabezas del sindicato telefonista.

Tres meses después de asumir el inesperado cargo y cuando el torbellino de la revuelta contra el charrismo no se apagaba, Pancho tuvo una serie de traspiés que pudieron ser fatales para él y para todo su movimiento. No era que lo exhibieran sus indecisiones o algunos de los opositores de la dirigencia anterior —quienes aún controlaban secciones sindicales foráneas, como Guadalajara, Puebla y Monterrey—, sino lo errático de sus posicionamientos.

Los recelos del viejo Fidel tenían otras razones. La oposición interna, o los democráticos, como se les identificaba entre los telefonistas, a través de Línea Democrática y otros grupos que se inclinaban en forma abierta por el sindicalismo independiente, presionaban al bisoño Paco para romper cualquier tipo de alianza con el gobierno federal, renunciar públicamente al PRI, así como a la CTM, y, lo más grave, desligarse del Congreso del Trabajo, ambas organizaciones controladas por Fidel Velázquez. Haciendo una retrospectiva, representaba el equivalente a un pecado mortal. Todavía, todos los mexicanos nacían católicos y priistas.

Lo de la CTM no representaba ninguna novedad. En 1962, delegados poblanos que asistieron a la convención anual del sindicato hicieron la propuesta, que se aceptó, de separar la organización de la CTM. Para los telefonistas, el rompimiento no significaba, bajo ningún concepto, “aislarse de las luchas de los demás trabajadores, especialmente en lo que se refería a la lucha por la democracia sindical y por la reestructuración del movimiento obrero en general”.

Los enjuiciamientos a Hernández Juárez y su grupo —comandado por Lejarza y Marino— llegaban casi a diario y por todos los flancos. Jesús Sosa Castro, responsable de la Comisión Sindical del Partido Comunista Mexicano (PCM) —que había logrado conjuntar una pequeña y muy aguerrida fuerza de telefonistas reagrupada en el Frente Democrático de los Telefonistas—, acusó: “El actual secretario general del STRM cree que la manera de consolidar sus triunfos debe partir de estar bien con el gobierno […] Considera que salvaguardar al sindicato de las acechanzas del enemigo y consolidar la organización de telefonistas en sus propósitos político-sindicales, podrá lograrse en la medida en la que se establezcan alianzas con el gobierno”.

Por su parte, telefonistas leales a Juárez, como Walter Vallejo, ex dirigente de la sección tres de Puebla, no tenían problema en señalar que Pancho actuaba en función de los intereses de que le acusaban: “El enemigo central de los trabajadores es la Línea Democrática, las huelgas son negativas para los trabajadores, es necesario una alianza con nuestro enemigo de clase, que es el Estado, y cambiar las estructuras sindicales por otras que permitan un mayor control sobre la base trabajadora”.

Por si le hicieran falta problemas, el 19 de noviembre de 1981 los departamentos de Centrales Manutención Matriz y Centrales Automáticas Foráneas redefinieron y entraron a una novedosa etapa de lucha a través de ausentismo colectivo. La protesta se generalizó y justo la víspera de Navidad se reportó la segunda protesta, otro ausentismo colectivo. El año siguiente fue un caos entre paros pequeñitos —de 45 minutos a tres horas— y el ausentismo colectivo programado. Lo mismo se reportó en las instalaciones de San Antonio Abad, Casa Matriz, Vallejo o Zaragoza en la Ciudad de México, que en Poza Rica, Veracruz; Oaxaca; Ciudad Guzmán, Jalisco, y Monterrey, Nuevo León.

El permanente enfrentamiento entre las dos corrientes provocó un caos en el sindicato y en la empresa, aunque en la lucha interna iba ganando Hernández Juárez, el Congreso del Trabajo se mostraba receloso y hasta hostil a la nueva directiva. […] Su desempeño como líder cayó paulatinamente en las viciadas prácticas del sindicalismo oficial, contra las que decía luchar en 1976: el control de los trabajadores por diferentes mecanismos, como la manipulación de los préstamos para vivienda, de las vacantes para los familiares de los trabajadores o de los préstamos personales. […] Hernández Juárez es un dirigente que no es independiente, ni charro. Se le aplica un nuevo término: neocharro. Al paso de los 11 años que lleva al frente del sindicato se ha ido definiendo, poco apoco. […] Siempre tuvo un objetivo, llegar a la cúspide del sindicalismo oficial y moverse en las altas esferas de la política nacional”, escribió el 20 de abril de 1987 Salvador Corro.

La generalización de los problemas, sin embargo, no fue suficiente para derrotarlo en las elecciones internas de 1980. Pancho, Paco Francisco, quien a esas alturas era ya un superhombre para la operadoras de Telmex, encontró siempre la fórmula para caer de pie. Por ejemplo, aún no terminaba de sentarse en la silla que antes fue de Salustio Salgado Guzmáncuando tuvo la ocurrencia de proponer que se redujera de cuatro a dos años el periodo de la dirigencia sindical. Sólo él sabe quién lo hizo cambiar de opinión, pero casi de inmediato dio marcha atrás y él mismo tiró su propuesta.

Tampoco desatendió a Fidel. Ya se descubriría que en aquellos días aciagos conocidos como la crisis de marzo de 1982 —del 3 al 19 cuando incluso algunos contingentes lo desconocieron, con todo y su Comité Ejecutivo Nacional, y tomaron el edificio sindical—, Pancho se resguardó en las oficinas del Congreso del Trabajo, controlado, como hasta su muerte en 1997, por Fidel Velázquez.

Batallas perdidas

* El desplazamiento de La Familia en Toluca y el Valle de México fue posible gracias a que el bastión del sur, con sede en Luvianos, nunca fue molestado por el gobierno mexiquense, desde el sexenio de Arturo Montiel, en 1999. La expansión de La Familia, luego de un proceso de lucha contra los Zetas y de negociación con autoridades y corporaciones policiacas no obedeció tampoco a la casualidad ni a una reacción. Era un plan armado con antelación, que incluía reconocimiento de las zonas, equivalente a un estudio de mercado.

 

Miguel Alvarado

Por años, el cártel del narcotráfico de La Familia Michoacana controló el sur mexiquense luego de pelear por la región contra Los Zetas, convencer a autoridades locales con generosas alianzas y finalmente imponer una ley extraconstitucional en cerca de 23 municipios del Edomex, Guerrero y Michoacán. Luego aparecieron en escena los Caballeros Templarios, a quien Servando Gómez, “La Tuta” y también fundador de La Familia, llevó a controlar Michoacán y su clase política, incluyendo gobernadores y poderes públicos. La capacidad negociadora de Gómez, una especie de publirrelacionista o CEO, pronto colocaron a Los Templarios como el grupo delictivo más poderoso del país, señalado incluso de recibir apoyo de la Federación. En el 2014 la Federación anunciaba que La Familia y los Templarios serían combatidos, después de que civiles armados, Autodefensas, tomaran la seguridad pública en sus manos. La intervención federal pronto definió el rumbo. Todos los líderes de Familia y Templarios fueron apresados o abatidos, excepto “La Tuta”, intocable personaje que lo mismo reparte herencias en Zitácuaro que le exige favores a hijos de gobernadores y los documenta. Videos de él mismo circulan en redes sociales y lo mismo da que los envíen los narcos o provengan de las oficinas del comisionado para la Paz en Michoacán, el mexiquense Alfredo Castillo Cervantes.

Enero del 2014 iniciaba con combates y repliegues de narcos hacia otras entidades desde tierra purépecha. En el Edomex “La Familia”, refugiada en el sur como su bastión principal, experimentaba un cambio en sus relaciones con autoridades, incluidas las militares. Se hizo evidente la presencia de Templarios en Toluca, a pesar del anuncio de Castillo Cervantes sobre su exterminio. El cártel, lejos de huir, se expandía a la tierra del presidente Enrique Peña, a pesar de cambios estatales en altos mandos de seguridad, que a tres meses no han dado ni un solo resultado. La presencia del ejército y la marina es mera decoración, como casi siempre ha sido cuando de la Tierra Caliente se trata.

El proceso de desmantelamiento de un cártel no es cosa menor y es lo que la Familia Michoacana enfrenta. Hay cambios gerenciales y acomodos. Los empleados son los mismos pero otros los jefes.

Mil ochocientos policías cuidaron el encuentro de futbol entre Toluca y la UNAM, pero a la sombra del match, siete policías municipales fueron imputados por secuestradores o nexos con el crimen organizado. Sólo uno ingresó al penal de Almoloya, Alfredo Castillo Romero, jefe de turno de la Región 11 de Seguridad Pública de Toluca.

Luego de que en el 2012 se descubriera que “El M1”, Germán Reyes, ex subdirector de Política Criminal municipal, era además encargado de plaza para el cártel de La Familia en Toluca, apenas sorprende. Al “M1” se le relacionó con 25 ejecuciones.

El “M1” aparece en un video tomado por la PGJEM cuando fue presentado, en enero del 2012, olvidado en los archivos públicos de aquella instancia y repetido en blogs y redes sociales. A pesar de seguir un guión y haber planteado de antemano el cuestionario, aquella entrevista revela de manera simple lo fácil que es para un policía involucrarse con el crimen organizado, voluntariamente o no.

– ¿De dónde eres originario? –pregunta una voz fuera de cuadro.

– De Toluca, Estado de México -responde Germán Reyes, quien porta un chaleco negro, luce barbado y cansado, con señales de no dormir.

– ¿Consumes drogas?

– Sí. Cocaína.

– ¿Para qué organización criminal trabajas?

– Para La Familia Michoacana.

– ¿Qué funciones ilícitas hacías tú?

– En este momento estaba encargado de la distribución de la droga en Nicolás Romero y Atizapán, y tenía que agarrar ahí los municipios aledaños y… alinear a la gente, cumplir cualquier comisión relaciona con armas de fuego, levantones.

– ¿Has trabajado para alguna corporación policiaca?

– Sí, señor.

– ¿Para cuáles?

– Para la PGR, en la Agencia Federal de Investigaciones y para Seguridad Pública municipal en… Toluca. Renuncié porque ya iba a dedicarme de lleno a la Familia Michoacana. Fui comisionado en operaciones especiales. Estuve en casi toda la república mexicana.

– ¿A partir de qué momento te incorporas a la Familia Michoacana?

– … me aborda una persona que, ahora sé, la conocen como Culebra o como Alfa… esteee… él fue el que me hizo la invitación para ingresar…

Luego le preguntan sobre las autoridades que le brindaban protección, a lo cual Germán Reyes responde:

– La policía municipal de… del centro, la de Calimaya y la de Zinacantepec. A los mandos se les pagaba de 8 a 10 mil y a los elementos, 6 mil.

– ¿Cuánto tiempo duraste trabajando para la policía municipal y al mismo tiempo reportando para la Familia Michoacana?

– Aproximadamente un año y medio.

Después preguntan por su jefe inmediato.

– Mi jefe inmediato eraaaa… La Culebra…

– Posteriormente agarran al… y sube Rafita…

– Era una persona que le apodaban Rafita. Después de eso, laaa… el mismo Alfa o Culebra me ofreció empezar a trabajar como operativo… se realizaron levantones de gente para alinearnos y el primer evento en que participé junto con La Culebra fue el levantamiento de un ratero apodado El Pájaro. Después de eso… eeh… La Culebra me mandó también a levantar a una persona, este… de nombreee… eeeh… o lo conocen como Lalo Ríos. Después de ese asunto, eeh… no me… me dieron aproximadamente la cantidad de 70 mil pesos, lo cual se me hizo muy poco. Y yo ya conocía a Rafita, entonces yo le hablé a Rafita y le dije que quería hablar con él para que… esteee… me diera un grupo nada más para mí, para ya no reportarle a La Culebra y me tocara, esteee… una cantidad más… eeeh… más grande de dinero.

– ¿Qué arma de fuego portabas tú?

– Yo portaba un arma Pietro Beretta calibre 9 milímetros.

– ¿Qué eventos desarrollaste?

– El primer evento que se desarrolló en… eeeh… en enero del 2011, me habló Rafita para decirme que fuera con un tal Quico y me dio la instrucción… este… deee… de ejecutarlos y dejarlos con una cartulina alusiva a La Familia Michoacana y dirigida a toda la gente que no se alineara y a los chapulines.

– ¿De qué forma los ejecutaron?

– Se les dio un balazo en la cabeza… esteee… y después de eso… eeeh… fue cuando se dio la ruptura entre El Pony… eeh… Rafita y La Culebra. Y posteriormente en el mes de abril del 2011, que fue cuando conocí a Harry y fue cuando me invitó a trabajar… eeh… ya sin estar trabajando en la policía municipal, me invita a trabajar comooo… esteee… como encargado operativo de la plaza de Toluca. Estuve levantando gente, sobre todo en San Mateo Atenco. Se hablaba con ellos para que compraran esteee… la droga deee… La Familia Michoacana.

– Platícame del grupo de choque…

– Mandaron gente del sur para que formara parte del grupo operativo que iba trabajando en Toluca.

– ¿Cuánto personal tenias a tu cargo, ya?

– Nunca hubo una cifra exacta, pero aproximadamente trece elementos.

– Platícame cómo era tu modo de operación, cómo te movías, qué armas manejabas, vehículos que usabas…

– En todo el municipio de Toluca y sus municipios aledaños… yo los organicé en regiones y a cada región le puse un comandante. A esos comandantes yo les encargué que no permitieran que ningún grupo antagónico de nosotros entrara a esos municipios y que… eeh… checaran toda la droga que se estaba vendiendo para ver si sí era la droga de la empresa, de la Familia Michoacana.

– ¿Qué armas manejabas?

– Eeeh, escuadra… eeeh… pistola 9 milímetros, .38 Súper y .45… aproximadamente ocho… eeeh… AK-47… y si… y como seis u ocho AR-15.

– Posteriormente, ¿qué funciones hiciste?

– De mandar a la gente a que rentara… este… eh… casas pa’ que las pudieran habitar. Se levantó mucha gente en San Mateo, eeeen San Francisco Tlalcilalcalpan, eeeh… de tiradores que no estaban comprando producto de la empresa. Después de Toluca me mandan como supervisor deee… de una persona apodada “El Mata”, el cual estaba trabajando por el municipio, también, de Nicolás Romero y la instrucción era agarrar todos los municipios aledaños…

La policía municipal de Toluca sabía de las actividades del M1 así como también del comandante secuestrador Castillo Romero, a pesar de que la alcaldesa lo niegue y por otro lado afirme que se ha depurado esa corporación. El crimen organizado armó en la ciudad una red intrincada de dependencias policiacas y servidores públicos para garantizar la industria de la droga.

“El Mata”, personaje al que se refiere Germán Reyes, “El M1”, era líder de “La Familia” en Cuautitlán Izcalli, Nicolás Romero y Jilotzingo. Su nombre real es Raymundo Mateo Cruz y fue detenido en enero del 2012, luego de que se le vinculara con el narco y una balacera el bar Zodiaco, en Nicolás Romero y a quien se le achacan 12 asesinatos. “El Mata” reconoce protección de las policías de aquellos municipios, a cuyos elementos pagaba desde 2 mil 500 pesos por servicios

 

Capturas

 

El desmantelamiento de La Familia no es un proceso actual, se ha venido dando desde el 2010. Las avanzadas de aquel cártel han sido desarticuladas pero el narcotráfico no, que permanece intacto en sus operaciones. Otro de los líderes detenidos es “El Beto”, José Luis Silva Soto, también conocido como “El Licenciado”, quien en enero del 2012 transportaba 21 armas de fuego desde Michoacán con destino a Ecatepec, a una casa de seguridad. A “El Beto” se le consideraba lugarteniente y enlace entre células delictivas con actividad en secuestro, extorsión y homicidio. El detenido reveló que La Familia contaba con una pista aérea clandestina en un rancho mexiquense, desde donde trasladaban semanalmente media tonelada de cocaína. A Silva Soto se le imputó un ataque armado contra la sede de la PGR en Texcoco, en el 2011.

“El Pony” era uno de los narcos más escurridizos. José María Chávez Magaña, su nombre real, enfrentó a sus propios compañeros cuando se rebelaron para formar Guerreros Unidos y disputarle la plaza de Luvianos a La Familia. Esto desencadenó una docena de ejecuciones tan sólo entre junio y julio del 2012, en la región calentana, cuando Mario Casarrubias, lugarteniente de “El Pony”, y otro narco apodado “El Bofo” deciden que podían operar la región mejor que su ex jefe. Los enfrentamientos encontraron pronto un balance y Guerreros Unidos pudo hacerse de una zona. Pasarían dos años para que “El Pony”, autor de cerca de 200 asesinatos, fuera detenido en Pénjamo, Guanajuato. Chávez Magaña reveló, entre otras cosas, que sus gastos mensuales ascendían a 12 millones de pesos, entre sobornos y pago de operaciones. A este narco le costó apena tres años en convertirse en el líder estatal de La Familia y en ese tiempo trabajó en Ecatepec, a la sombra de José de Jesús Méndez Vargas, “El Chango Méndez”, otro líder detenido en el 2011.

En la lista de narcotraficantes destaca Johnny Hurtado Olascoaga, “El Mojarro”, a quien se le ubica en el sur del Edomex como jefe de plaza de La Familia, pero también se cree que ha participado en las últimas refriegas contra el ejército en Tlatlaya y algunos municipios de Guerrero. En el 2013 creían haberlo detenido luego de un enfrentamiento en Temascaltepec que dejó 10 muertos y un militar herido en el poblado de San Pedro Tenayac. Luego lo ubicaron en Arcelia, Guerrero, donde su suegro, en ese tiempo director de Tránsito municipal, Mario Uriostegui Pérez, “La Mona”, le ayudaba. El suegro fue abatido junto con otros cuatro funcionarios, relacionados todos con La Familia, cuando el batallón 102 del ejército en Tejupilco les hizo frente. El “Mojarro” era brazo derecho de Leobigildo Arellano Pérez, antiguo jefe de La Familia y a quien se le atribuye la organización de laboratorios en Michoacán y el Estado de México. Detenido en Pénjamo, Guanajuato, a principios de julio del 2014, dejó su cargo al “Mojarro”, a quien se ubica como el nuevo gerente. Las fuerzas federales, incluidos marina y ejército, lo buscan desde el 2012, y saben que es protegido por las autoridades locales, a las que se les investiga en 15 alcaldías. La caza del “Mojarro” se desarrolla en Amatepec y Tlatlaya en el Edomex, y Teloloapan, Apaxtla, Arcelia, Ixcapuzalco y Acapetlahuaya en Guerrero. Los enfrentamientos entre narcos y marina se agudizaron cuando asesinaron al teniente de corbeta, Arturo Uriel Acosta Martínez, en Liberaltepec, Apaxtla. La revista Proceso reporta 400 desplazados en esa región por la violencia.

Leobigildo y “El Mojarro” tenían alianza con otro narco, Rodolfo Paredes Cárdenas, “El Bofo”, quien en el 2011 les dio la espalda y fundó, junto con Mario Casarrubias, ya detenido, en Tierra Caliente, una ramificación de los Guerreros Unidos, quienes hasta la fecha pelean el control del territorio.

Al “Pony” se le ubica como uno de los extorsionadores de los ayuntamientos de Luvianos, principalmente, donde cobraba hasta 500 mil pesos mensuales, según reportes de los propios ciudadanos, durante dos trienios al menos.

En agosto del 2012, Josué Alexis Aguilar Trujillo, “El Kiko” o “El Doble K”, otro jefe de plaza de La Familia, fue capturado junto con su célula. Acusado además por homicidios perpetrados en diferentes colonias de la capital del Edomex, fue rápidamente sustituido por “El Pollo”, Eduardo Gaviño Mercado, a quien se detuvo en un retén portando armas, droga y 86 mil pesos en efectivo, cuando encabezaba un convoy que salía de Almoloya de Juárez rumbo a Toluca. Gaviño controlaba para La Familia los municipios de Metepec, Toluca, Calimaya, San Mateo Atenco, Zinacantepec, Almoloya de Juárez, Lerma y Mexicaltzingo.

En Jaltetenco, Morelos, un ex lugarteniente de los Caballeros Templarios pero también identificado con los cárteles del Golfo y Nueva Generación, fue ejecutado mientras tomaba con sus amigos, a mediados de agosto del 2014, en el poblado de Amayuca, en aquel estado. “El 80” o “El Comandante Jaguar”, como se lo conocía a Noé Bernardo Navarrete Valencia, había sido subdirector de la policía municipal de Cuautitlán Izcalli. “El 80” tenía la misión de recuperar plazas para los del Golfo en el Estado de México.

 

Luvianos en el mapa

 

El desplazamiento de La Familia en Toluca y el Valle de México fue posible gracias a que el bastión del sur, con sede en Luvianos, nunca fue molestado por el gobierno mexiquense, desde el sexenio de Arturo Montiel, en 1999. La expansión de La Familia, luego de un proceso de lucha contra los Zetas y de negociación con autoridades y corporaciones policiacas no obedeció tampoco a la casualidad ni a una reacción. Era un plan armado con antelación, que incluía reconocimiento de las zonas, equivalente a un estudio de mercado, y que el periodista Francisco Cruz recuerda en el libro Tierra Narca:

“Tejupilco, Sultepec, San Simón de Guerrero, Valle de Bravo, Donato Guerra, Zacualpan, Tlatlaya, Amatepec, Ixtapan de la Sal y Luvianos forman la parte correspondiente al Estado de México de lo que se conoce como Tierra Caliente, la cual se completa con municipios colindantes de Guerrero y Michoacán. El descubrimiento mayor de las caravanas que llegaron, presididas por automóviles de gran lujo y camionetas de un costo cada una superior al millón y medio de pesos, no fue el ancestral abandono del gobierno estatal en Toluca, ni el insignificante número de policías contratados por el ayuntamiento para vigilar los setecientos dos kilómetros cuadrados del municipio, ni la presencia esporádica de agentes federales o soldados del Ejército, sino la cercanía a poblaciones igualmente abandonadas, descuidadas y pobres de Guerrero y Michoacán, ya controladas y sometidas por bandas del crimen organizado, en especial narcotraficantes, como Los Valencia del Cártel del Milenio, Los Zetas —ya cimentados—, Los Sierra —que más tarde se integrarían para dar forma a La Familia Michoacana—, Los Castañeda o Los Treinta.

“El control del Triángulo de la Brecha no era ni es un capricho para los cárteles. Para ellos, el esfuerzo vale con todo y sus muertos, porque allí se creó la mayor industria regional para elaborar drogas sintéticas. En las decenas de cocinas michoacanas se produce el ice de mejor calidad, llamado también oro blanco o droga letal. La región también es segura para el tránsito de heroína. Aunque en la mayoría de las áreas marginadas predominan el hambre y el miedo, en la cadena productiva y de distribución Tierra Caliente es una especie de eslabón perdido que incluye amplias zonas para el lavado de dinero, tierra fértil para la siembra de marihuana, amplitud de terrenos para el aterrizaje de aeronaves pequeñas llenas de cocaína, caminos sinuosos que dificultan los operativos militares y policiacos, disponibilidad de personas que pueden ser utilizadas como correos humanos, matones a sueldo o narcomenudistas.

“Por esas razones, por el histórico desdén gubernamental, la pobreza y la cercanía, en 2002 resultaba inevitable que Luvianos se convirtiera en un territorio ambicionado. La avanzada para preparar un ejército de matones se había puesto en marcha en 2000 y 2001. Fue también el tiempo en el que llegaron nuevos y misteriosos personajes.

“Pronto recorrieron los terrosos y a veces casi intransitables caminos en esas caravanas de camionetas y automóviles blindados, sin placas o con placas sobrepuestas de otros estados, con vidrios polarizados y antenas de radiocomunicación.

“Visitaron cada rincón para reconocer caminos rurales. Escoltados siempre por guardaespaldas de corte paramilitar, vestimenta típica de las policías federales y equipados con armas en las que resaltaban los cuernos de chivo AK-47, los rifles AR-15 y el menos conocido, pero igual de efectivo, fusil ligero alemán MP-5 de culata retráctil, llevaban una consigna: “Dinero o muerte”.

“La amenaza de muerte surtió efecto en la población. Todo Luvianos se silenció. Todo el pueblo comprendió cabalmente la naturaleza de los empleadores e inversionistas inmobiliarios recién llegados. La prudencia aconsejó a los luvianenses ver, oír y callar. Sin futuro claro, jóvenes campesinos cambiaron la improductiva labor del campo y el desempleo por un AK-47”.

 

Partes de guerra

 

El primero de agosto un comando mató a Diego Benítez, de 12 años de edad, hijo del locutor de Radio Calentana, Indalecio Benítez, a quien un comando esperaba en su casa. El menor recibió tres tiros y todavía nadie sabe los motivos del ataque, aunque sucedió días después de que 22 personas fueran masacradas, ejecutadas o en combate, por el ejército en el municipio de Tlatlaya, también, en esa región. Indalecio Benítez diría en julio del 2013, durante bloqueos de la carretera Toluca – Altamirano,  en protesta por el levantamiento de 7 personas por parte de la marina mexicana, y por el creciente número de desapariciones, que “de la nada los levantan, uno de ellos señaló que estaba en un cibercafé y así nada más se lo llevaron y al momento de interrogarlos los torturaron”, publicaba el diario El Universal. Benítez era vocero de aquel movimiento de protesta.

Ahora, dos semanas después del atentado, no hay un solo detenido pero sí un nuevo caso.  Benito Jaimes Alpízar, presidente del PRD en Luvianos, fue levantado el 13 de agosto, un día después de la misa celebrada en recuerdo del niño Benítez y también de que el presidente de México, Enrique Peña, acudiera a Atlacomulco con su plana mayor para festejar un aniversario de Isidro Fabela, fundador del grupo político al que pertenece el Ejecutivo. “Coincidencia que la estatua de Isidro Fabela fuera inaugurada el año en que yo nací”, diría jocoso el presidente, en una frase que recorrió después las redes sociales.

Peña también estuvo en Nanchititla, meses antes, en la inauguración de una base militar. El secuestro ocurre un día después, además, de que el gobernador mexiquense Eruviel Ávila afirmara que el ejército y la policía tomarían el control de 13 municipios sureños. Benítez fue síndico municipal el trienio anterior en Luvianos y era uno de los representantes oficiales del ex alcalde Zeferino Cabrera Mondragón, también secuestrado hace dos meses, aunque liberado después. En noviembre del 2012 el actual alcalde de Luvianos, José Benítez, también sufría un atentado, cuando pasaba por el emblemático poblado de Caja de Agua, escenario de enfrentamientos entre cárteles y cuyas matanzas superan más de 150 muertos. Un día después fueron detenidos 10 integrantes de La Familia que participaron en ese ataque. Otro alcalde que sufrió secuestro fue Santos Cabrera, ex edil de Otzoloapan, a quien sus plagiarios lo instruyeron para que el mismo funcionario  consiguiera su propio rescate, en una modalidad que se aplica frecuentemente en la región.

“Serán mil 187 elementos, tanto de las fuerzas federales como estatales, los que se estarán incorporando a este operativo especial la región sur del estado y en la región de Valle de Bravo, así como 292 vehículos y dos helicópteros que estarán patrullando permanentemente en esta zona”, anunciaba Eruviel Ávila. Las respuestas, un día después, fueron tres secuestros a motociclistas que circulaban carreteras secundarias en Valle de Bravo.