Creatividad magisterial secuestrada

* Es de conocimiento público que no se brindó el servicio educativo en los días señalados en   el calendario escolar, pues a la menor provocación se suspendieron clases, entre otras cosas por los propios desgloses del CTE, la determinación de la autoridad competente, las concesiones sindicales ante la terrible arma de las porras y aplausos fáciles, que vencieron a los funcionarios asistentes a los escenarios montados, quienes sin contemplar las disposiciones federales, cedieron a las probables violaciones al artículo 4 constitucional.

 

Luis Zamora Calzada

Vuelven los Consejos Técnicos Escolares (CTE) y se realizarán del 11 al 15 de agosto. En los cuadernos llamados “Guía de Trabajo” de preescolar, primarias y secundarias para el ciclo escolar que inicia, en el apartado de Introducción se establece que se ha “impulsado desde el ciclo lectivo anterior el Sistema Básico de Mejora (Ruta de Mejora), que contempla la atención de cuatro prioridades: garantizar la normalidad mínima de operación escolar; mejorar los aprendizajes de los estudiantes; abatir el rezago y el abandono escolar y promover una convivencia escolar sana, pacífica y formativa”, aún cuando en la realidad únicamente se atienda la denominada “normalidad mínima”.

Para confundir, el documento “Orientaciones para establecer la ruta de mejora escolar” para el mismo ciclo, en su presentación señala que la Ruta de Mejora es “una herramienta para que el colectivo docente organice las acciones que fortalezcan las capacidades de la escuela para mejorar los aprendizajes de los alumnos y el desarrollo profesional de los docentes en lo individual y como equipo de trabajo, además de establecer una visión compartida de lo que hace falta o conviene modificar en la escuela mediante la generación de compromisos y acciones concretas y verificables”, estableciendo en su tercer párrafo que es un sistema de gestión y más adelante que sólo es un planteamiento dinámico.

Las contradicciones en cuatro párrafos y de un documento a otro son visibles, sin requerir de un análisis profundo, al no plantear una determinación clara del significado de “Ruta de Mejora” que transforme a la escuela pública.

Sin embargo, la gravedad del asunto radica en las guías de trabajo que señalan cuatro sesiones. En las tres primeras el producto esperado será obtener un proceso (la planeación) de cinco establecidos (implementación, seguimiento, evaluación, rendición de cuentas); y en la cuarta sesión, que se denomina “Acordemos el segundo proceso de nuestra ruta de mejora”, ordenando una lectura colectiva, para anotar respuestas de siete reactivos, cuyos acuerdos se anotarán en su “cuaderno de bitácora”’, parcializa lo que debe construirse de manera conjunta y completa.

En los documentos no se habla de contenidos curriculares, innovaciones pedagógicas, experiencias exitosas en el aula, diseño de interrelaciones personales, prácticas docentes que sustenten una cultura pedagógica, incluso ni probables supuestos enfocados a la docencia. Todo se reduce a una instrucción programada que no permite libertad de pensamiento, mucho menos manifestaciones de creatividad magisterial que ha sido secuestrada y que tanta falta le hace a la escuela pública para transformarse.

Al respecto, se llega al extremo. En la actualidad la sociedad no cuenta con una versión oficial de los resultados obtenidos de la experiencia del año escolar anterior a pesar del hostigamiento efectuado en contra de los maestros por tanto informe que seguramente ni se han leído, quizá confinados en algún archivo que pronto será eliminado.

 

 

¿Quién entiende la normalidad mínima?

 

 

La moda denominada “normalidad mínima”, que se pretende imponer en las escuelas públicas de educación básica no es comprensible para el magisterio, a pesar de los intentos por colocarla en el esquema mental de los profesores, en la búsqueda de los administradores para ubicarla como la panacea educativa de esta segunda década del siglo XXI.

Este tema, que ha ocupado el tiempo de los Consejos Técnicos Escolares (CTE), establecida como una de las cuatro prioridades, se integra por ocho numerales que llaman “rasgos”, en el orden siguiente:

“La escuela brindó el servicio educativo los días establecidos en el calendario escolar.

Todos nuestros grupos contaron con maestros en la totalidad de los días del ciclo escolar.

Todos los maestros iniciamos puntualmente las actividades.

Todos nuestros alumnos asistieron puntualmente a todas las clases.

Todos los materiales para el estudio estuvieron a disposición de cada uno de los estudiantes y se usaron sistemáticamente.

Todo el tiempo escolar lo ocupamos fundamentalmente en actividades de aprendizaje.

Las actividades propuestas lograron que todos los alumnos participaran en el trabajo de la clase.

Todos los alumnos consolidan su dominio de la lectura, la escritura y las matemáticas de acuerdo con su grado educativo”.

Agrega en las prioridades el ausentismo y la convivencia escolar, más la mejora de los aprendizajes, que se menciona pero no entra en las tareas como lo fundamental e inherente al maestro.

El planteamiento es meramente administrativo y parcial, que cansaron y fastidiaron a los asistentes a dichos consejos durante el ciclo escolar anterior, sin generar liderazgo en los directivos y mucho menos se obtuvieron mejoras académicas en los estudiantes.

Es de conocimiento público que no se brindó el servicio educativo en los días señalados en el calendario escolar, pues a la menor provocación se suspendieron clases, entre otras cosas por los propios desgloses del CTE, la determinación de la autoridad competente, las concesiones sindicales ante la terrible arma de las porras y aplausos fáciles, que vencieron a los funcionarios asistentes a los escenarios montados, quienes sin contemplar las disposiciones federales, cedieron a las probables violaciones al artículo 4 constitucional.

Tampoco fue posible tener a todos los maestros en los salones de clases, las inasistencias autorizadas son cotidianas y como consecuencia lógica se dejaron a alumnos sin atenderse en los días laborables, entre otros rubros administrativos totalmente palpables que se pueden mencionar en este espacio.

Por estas razones mínimas es dable señalar que la normalidad mínima no se ha entendido en el subsistema educativo estatal.

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