Neocharro

* El acercamiento entre Fidel Velázquez y Francisco Juárez fue normal e inevitable; aquel hombre de 76 años de edad era un almanaque y un compendio de la historia sindical del país a partir de la segunda mitad de la década de 1920. Aceptó al naciente líder porque se lo impuso Echeverría o, de plano, Pancho le cayó bien, aunque al principio —entre 1976 y 1982— le tenía desconfianza porque no acababa de amarrar todas las piezas del rompecabezas del sindicato telefonista.

 

Francisco Cruz

De Fidel Velázquez puede hablarse todo, y en él encajan todas las definiciones. Desde mediados de 1970, y hasta 1988, detentó un poder omnímodo. Conocía las reglas y los secretos del sistema. Literalmente, era el todopoderoso. A todo el mundo le hacía favores y todo el mundo le debía uno. Las conspiraciones terminaron en la basura. Pero acogiendo a diversos personajes, entre los que incluso se destacan otros líderes sindicales, Echeverría y Salinas irían un poco más allá porque, literalmente y sin disimulos, intentaban exterminar a Fidel del movimiento obrero. Uno y otro fracasaron. Todos fracasaron. Fidel controló la CTM a placer desde 1941 —cuando instauró su maximato con el apoyo y autorización del presidente Manuel Ávila Camacho, que luego afianzaría por instrucciones del sucesor de éste, el veracruzano Miguel Alemán Valdés— y hasta el día de su muerte en 21 de junio de 1997, a los 97 años de edad, en la ciudad de México.

 

La minidictadura, “por esta única vez”

 

Titubeante e inseguro por el repentino e inesperado ascenso, Pancho poco apoco se acogió a la sombra de las frases pintorescas de Fidel —“llegamos con la fuerza de las armas, y no nos van a sacar con los votos”, o “el que se mueve no sale en la foto”—. Se unió a la veneración a un hombre que concibió la gerontocracia cetemista como eterna, al grado que alguna vez llegó a creer que se le había pasado la muerte. Agachó la cabeza cuando los secretarios del Trabajo se convirtieron en modernos capataces de los obreros que redujeron el papel de los sindicatos a meros organismos de la defensa del empleo.

El acercamiento entre Fidel Velázquez y Francisco Juárez fue normal e inevitable; aquel hombre de 76 años de edad era un almanaque y un compendio de la historia sindical del país a partir de la segunda mitad de la década de 1920. Aceptó al naciente líder porque se lo impuso Echeverría o, de plano, Pancho le cayó bien, aunque al principio —entre 1976 y 1982— le tenía desconfianza porque no acababa de amarrar todas las piezas del rompecabezas del sindicato telefonista.

Tres meses después de asumir el inesperado cargo y cuando el torbellino de la revuelta contra el charrismo no se apagaba, Pancho tuvo una serie de traspiés que pudieron ser fatales para él y para todo su movimiento. No era que lo exhibieran sus indecisiones o algunos de los opositores de la dirigencia anterior —quienes aún controlaban secciones sindicales foráneas, como Guadalajara, Puebla y Monterrey—, sino lo errático de sus posicionamientos.

Los recelos del viejo Fidel tenían otras razones. La oposición interna, o los democráticos, como se les identificaba entre los telefonistas, a través de Línea Democrática y otros grupos que se inclinaban en forma abierta por el sindicalismo independiente, presionaban al bisoño Paco para romper cualquier tipo de alianza con el gobierno federal, renunciar públicamente al PRI, así como a la CTM, y, lo más grave, desligarse del Congreso del Trabajo, ambas organizaciones controladas por Fidel Velázquez. Haciendo una retrospectiva, representaba el equivalente a un pecado mortal. Todavía, todos los mexicanos nacían católicos y priistas.

Lo de la CTM no representaba ninguna novedad. En 1962, delegados poblanos que asistieron a la convención anual del sindicato hicieron la propuesta, que se aceptó, de separar la organización de la CTM. Para los telefonistas, el rompimiento no significaba, bajo ningún concepto, “aislarse de las luchas de los demás trabajadores, especialmente en lo que se refería a la lucha por la democracia sindical y por la reestructuración del movimiento obrero en general”.

Los enjuiciamientos a Hernández Juárez y su grupo —comandado por Lejarza y Marino— llegaban casi a diario y por todos los flancos. Jesús Sosa Castro, responsable de la Comisión Sindical del Partido Comunista Mexicano (PCM) —que había logrado conjuntar una pequeña y muy aguerrida fuerza de telefonistas reagrupada en el Frente Democrático de los Telefonistas—, acusó: “El actual secretario general del STRM cree que la manera de consolidar sus triunfos debe partir de estar bien con el gobierno […] Considera que salvaguardar al sindicato de las acechanzas del enemigo y consolidar la organización de telefonistas en sus propósitos político-sindicales, podrá lograrse en la medida en la que se establezcan alianzas con el gobierno”.

Por su parte, telefonistas leales a Juárez, como Walter Vallejo, ex dirigente de la sección tres de Puebla, no tenían problema en señalar que Pancho actuaba en función de los intereses de que le acusaban: “El enemigo central de los trabajadores es la Línea Democrática, las huelgas son negativas para los trabajadores, es necesario una alianza con nuestro enemigo de clase, que es el Estado, y cambiar las estructuras sindicales por otras que permitan un mayor control sobre la base trabajadora”.

Por si le hicieran falta problemas, el 19 de noviembre de 1981 los departamentos de Centrales Manutención Matriz y Centrales Automáticas Foráneas redefinieron y entraron a una novedosa etapa de lucha a través de ausentismo colectivo. La protesta se generalizó y justo la víspera de Navidad se reportó la segunda protesta, otro ausentismo colectivo. El año siguiente fue un caos entre paros pequeñitos —de 45 minutos a tres horas— y el ausentismo colectivo programado. Lo mismo se reportó en las instalaciones de San Antonio Abad, Casa Matriz, Vallejo o Zaragoza en la Ciudad de México, que en Poza Rica, Veracruz; Oaxaca; Ciudad Guzmán, Jalisco, y Monterrey, Nuevo León.

El permanente enfrentamiento entre las dos corrientes provocó un caos en el sindicato y en la empresa, aunque en la lucha interna iba ganando Hernández Juárez, el Congreso del Trabajo se mostraba receloso y hasta hostil a la nueva directiva. […] Su desempeño como líder cayó paulatinamente en las viciadas prácticas del sindicalismo oficial, contra las que decía luchar en 1976: el control de los trabajadores por diferentes mecanismos, como la manipulación de los préstamos para vivienda, de las vacantes para los familiares de los trabajadores o de los préstamos personales. […] Hernández Juárez es un dirigente que no es independiente, ni charro. Se le aplica un nuevo término: neocharro. Al paso de los 11 años que lleva al frente del sindicato se ha ido definiendo, poco apoco. […] Siempre tuvo un objetivo, llegar a la cúspide del sindicalismo oficial y moverse en las altas esferas de la política nacional”, escribió el 20 de abril de 1987 Salvador Corro.

La generalización de los problemas, sin embargo, no fue suficiente para derrotarlo en las elecciones internas de 1980. Pancho, Paco Francisco, quien a esas alturas era ya un superhombre para la operadoras de Telmex, encontró siempre la fórmula para caer de pie. Por ejemplo, aún no terminaba de sentarse en la silla que antes fue de Salustio Salgado Guzmáncuando tuvo la ocurrencia de proponer que se redujera de cuatro a dos años el periodo de la dirigencia sindical. Sólo él sabe quién lo hizo cambiar de opinión, pero casi de inmediato dio marcha atrás y él mismo tiró su propuesta.

Tampoco desatendió a Fidel. Ya se descubriría que en aquellos días aciagos conocidos como la crisis de marzo de 1982 —del 3 al 19 cuando incluso algunos contingentes lo desconocieron, con todo y su Comité Ejecutivo Nacional, y tomaron el edificio sindical—, Pancho se resguardó en las oficinas del Congreso del Trabajo, controlado, como hasta su muerte en 1997, por Fidel Velázquez.

Anuncios

Deja un comentario

Aún no hay comentarios.

Comments RSS TrackBack Identifier URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s