Más negro que la noche

* Ahora el México de Peñalandia promete la bonanza al estilo Televisa y el productor José María Torre es de los primeros en apuntarse para retomar el bodrio que en 1975 le dio fama a actrices como Lucía Méndez quien, preciosa, personificaba la malvada inocencia de la protagonista embrujada. Con ella aparecieron Claudia Islas, Susana Dosamantes y Helena Rojo, casi todas de medio pelo pero nadie se fijaba en sus cabelleras, eso sí.

 

Miguel Alvarado

Por ejemplo, “Más negro que la noche” es una de las peores películas mexicanas de todos los tiempos, ni siquiera tan acá como La Lechería o Los Plomeros y las Ficheras (1988), de los ínclitos “Princesa Lea”, Sasha Montenegro, “Polo Polo”, “El Comanche” y Olivia Collins. Pero ellos, feos y buenas, sabían lo que estaban haciendo. Eran películas para calenturientos que la ida adolescencia agradecerá por años. Allí se movía el bote y se echaban albures, unos ingeniosos y otros también aunque soeces. Eran los gloriosos años 80, en el siglo pasado, cuando la quiebra de la industria cinematográfica había orillado a algunos a hacer “videohomes” para evitar tener que trabajar como dios manda. Por eso nalgas tutankamónicas y tetas de copas imposibles poblaron las pantallas de las novedosas teles Sony, todas de fayuca o importadas por las tiendas Blanco, quebradas en 1992 y adquiridas por los dueños de Gigante, que ahora juega a la escuelita con las franquicias de Office Depot, entre otras.   

Ahora el México de Peñalandia promete la bonanza al estilo Televisa y el productor José María Torre es de los primeros en apuntarse y retomar el bodrio que en 1975 le dio fama a actrices como Lucía Méndez quien, preciosa, personificaba la malvada inocencia de la protagonista embrujada. Con ella aparecieron Claudia Islas, Susana Dosamantes y Helena Rojo, casi todas de medio pelo aunque nadie se fijaba en sus cabelleras, eso sí.

Y en tercera dimensión el fraude de esta producción se parece tanto a las entrevistas de Peña en los programas populacheros de Hoy, donde defiende exitosamente las reformas de su gobierno, incluyendo aquellas que él apenas entiende. Pero “Más Negro…”  es simple y la idea no es mala. Una mujer recibe una herencia y acude a la casa de su tía, difunta y millonaria. Allí está Bécquer, gato cabrón y encima negro que les hace la vida imposible a la chica y sus amigas, todas bellas y bien potables hasta que al final posee en cuerpo y alma a la beldad que es la sobrina y continúa haciendo el mal o al menos pretendiendo hacerlo. Al estilo de Eugenio Derbez, la película se cae apenas los créditos y pues ya no tiene caso. Lo más recomendable es ejercitar las manos con la pareja o de plano aceptar el destino y soplársela hasta el final.

Mientras “Más negro…” sucede, la nación de Peña Nieto toma forma casi a la par de las horribles pesadillas de las chicas en esa casa. Unos 300 conflictos sociales de cualquier tipo amenazan con estallar de veras, si es que no han estallado, y derrumbar el guajiro sueño del Grupo Atlacomulco. Ni tan guajiro, dicen los más entendidos en eso de las izquierdas o al menos de la oposición política en México. Según ellos, México se encuentra en el umbral de la noche más oscurecida, con rayos y truenos y hasta con Torre en ese reparto de aquelarre. Y es que todo fracasará. Las consultas para detener la reforma energética no pasarán, dicen, pero tampoco lo harán las intenciones priistas de cancelar a los plurinominales. En el primer caso porque tocará lo inamovible, lo supra-(aquí va lo que uno quiera): los bienes nacionales: el presupuesto público: los contratos de la nación: nada, cero. En el segundo, la consulta sobre los plurinominales, que se quedan o no está diseñada para ser rechazada por el Congreso, haiga sido como haiga sido, pero que quede la constancia de que los priistas cumplieron con una promesa que ya nadie recuerda si fue parte de la campaña de Peña. Porque los priistas lo dijeron, los plurinominales están en el ojo de la discusión, pero el Congreso o el Senado o los dos, que son uno mismo al final de cuentas, dirán que no, que cómo, que no manchen.

(La espotización comienza. Unos mil millones de pesos para anunciar en medios masivos, los más decentes, que ese día para algunos, o esa noche para la mayoría, efectivamente ha comenzado).

Y todo fracasará porque Peña no es el burro que todos critican, sino uno de los más maquiavélicos actores políticos que representa a la ultraderecha más inteligente y ambiciosa que ha pisado México. O sea, como diría La Gaviota, no es que Peña sea listo pero entiende su papel y lo cumple.

Hay razones para creer aquello de la noche más oscura para el México que ya no es, no porque el petróleo determine la identidad nacional, sino porque privatizado todo, el futuro que se avecina no parece ser otro que el mismo que se vive en la gran barata de Liverpool o del Palacio de Hierro. Uno se dará cuenta, poco a poco y cuando sea el momento, que el feudalismo del Grupo Atlacomulco y sus cuates en el poder y el empresariado, ha resquebrajado lo único que pervivía en el país y que es la inútil esperanza. Por un lado, una revuelta armada resulta poco menos que risible y por otro el cambio social, la conciencia colectiva deberá derribar primero los desenfrenados domingos de futbol o sábados o viernes, y después los partidos de la Champions y el desastre inglés del flemático “Chicharitou”. Luego, con suerte, eludir las barreras de intelectuales como Andrea Legarreta y el “Negro” Araiza o la comentadísima Laura G y su programa Sabadazo, estúpido hasta para ella misma.

En Toluca, el enfermo gobernador del Edomex, Eruviel Ávila, enferma de cistitis, padecimiento que significa que le duele cuando orina porque tiene bacterias en la uretra y la vejiga, y le ordenan 36 horas de descanso. Nadie nota su ausencia en el vacío administrativo mexiquense y hasta algunos señalan que es posible que las cosas se desatoren. Pero cuál. Todos cobran a tiempo y son felices y hasta en Zinacantepec alcanza para que se repartan apoyos a los ancianos y se les arengue para que usen una tarjetita donde se les deposita una lana para que la vayan pasando. “No tengan miedo de ese plastiquito, es para su bienestar”, dice la alcaldesa Olga Hernández Martínez desde una improvisada plataforma. Frente a ella, detrás de todos y subido en el quiosco del lugar, un policía juega con su arma como apuntando a la muchedumbre. La seguridad es lo que es y comienza primero con la discreción, luego con el apañe.

Todavía no está tan negro, ni siquiera es de noche, dicen unos que no vieron la película del tal “Chema” Torre.

Espérense a verla.

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