La moda del nepotismo

* “Para la disidencia interna y sus detractores, Hernández Juárez representa el fracaso de una lucha que trataba de transformar el sindicalismo y lo reprodujo de mala manera. Hoy le ha ido muy bien teniendo una serie de prebendas millonarias, pero, en términos organizativos, la Unión Nacional de Trabajadores (UNT) —una central obrera que desplazaría al Congreso del Trabajo— está inmóvil y no representa nada más allá de los intereses de una minoría ideológicamente heterogénea, cuyo futuro sigue siendo incierto”, escribe el periodista Francisco Cruz en el libro Los Amos de la Mafia Sindical, editado por Planeta en el 2013.

 

Francisco Cruz Jiménez

Francisco Hernández Juárez es capaz de convencer a sus críticos que ya quiere retirarse y que está listo para hacerlo, que no es un cacique ni pertenece a la gerontocracia sindical mexicana. Su imagen, sin embargo, queda maltrecha por la realidad. La disidente Corriente Nacional de Telefonistas por la Democracia ha documentado como, bajo el liderazgo de Pancho, “el sindicato ha perdido 50 por ciento de su materia de trabajo, pues la empresa la ha trasladado a empleados de confianza; compañías filiales y Grupo Carso —Telcel, Cycsa, Sanborns, Imtsa, Telcorp, Comertel Argos, Teckmarketing o Contelmex; contratistas; proveedores como Alcatel, Ericsson, Nec o Philips, y personal eventual sin contrato y sin prestaciones. Telmex, arguyen, se desarrolla y crece, mientras el sindicato se reduce”.

Sin contar con que la cobertura de puestos vacantes por jubilación, muerte, renuncia, despido o cambio a empleado de confianza está en manos de la empresa, el sindicato tampoco ha sabido cómo enfrentar el contratismo o terciarización de funciones. Por eso, alertan, perdió labores de intendencia, conmutadores, automotriz, talleres de equipo telefónico, centros de capacitación, despensas, mensajería, registro de líneas, larga distancia, centrales construcción y postería, en detrimento de los trabajadores.

Y para algunos de sus más acérrimos críticos, como José Antonio Vital, de la Alianza de Trabajadores de la Salud y Empleados Públicos, Hernández Juárez fracasó en dirigir a los trabajadores organizados del país en los últimos 20 años. Igual que Fidel Velázquez no pudo avanzar a un movimiento de representación nacional y se quedó en un esquema de control hacia los trabajadores sin pensar en el país ni en los intereses de la clase laboral, constituyendo un “nuevo feudo con los vicios que combatió”.

No se trata de ninguna broma ni de palabras a la ligera. La imagen de sindicalista independiente de Pancho se daña un poco más cuando se especifican algunos casos concretos. Ejemplo sobran y asustan como lo pone en contexto la disidencia. Si bien los términos de la jubilación no han sufrido cambios desde la privatización, las condiciones reales en que se jubilan los trabajadores significan, hoy, la reducción de los ingresos a la mitad, porque, según la Cláusula 149 del Contrato Colectivo de Trabajo, se concede con 30 años cumplidos de servicios, pero el monto de la pensión jubilatoria contractual se calcula tomando como base al salario de nómina, eliminando, en el cálculo final, los incentivos y prestaciones que representan hasta 50 por ciento de los ingresos de un trabajador en activo.

Para la disidencia interna y sus detractores, Hernández Juárez representa el fracaso de una lucha que trataba de transformar el sindicalismo y lo reprodujo de mala manera. Hoy le ha ido muy bien teniendo una serie de prebendas millonarias, pero, en términos organizativos, la Unión Nacional de Trabajadores (UNT) —una central obrera que desplazaría al Congreso del Trabajo— está inmóvil y no representa nada más allá de los intereses de una minoría ideológicamente heterogénea, cuyo futuro sigue siendo incierto.

En abril de 2010, cuando se hablaba por enésima vez de su jubilación y, por lo tanto, retiro de la dirigencia del sindicato, se hizo realidad el problema de las jubilaciones. Ese mes se informó: “El año pasado los trabajadores aceptaron modificar las condiciones para los de nuevo ingreso. Se cambió el monto y el tiempo de la jubilación. Ahora van a trabajar hasta los 60 años de edad y 35 de servicio y la cantidad con que se jubilan será un poquito menor, digamos los que nos jubilamos ahora nos llevamos 140 por ciento del salario al que se integran las prestaciones y los que se van a jubilar se van a llevar 110 por ciento. Pero van a ganar más que como activos. Eso atenúa el problema de manera importante”.

Desde 2005, el tema había dado paso al sarcasmo: “En su controvertida estrategia de cooperación sindical para la ‘exitosa’ privatización de Telmex, al ‘visionario’ Hernández Juárez se le pasó en blanco (vamos a ser ingenuos) el pequeño detalle de que algún día sus agremiados tendrían que jubilarse y que su estrategia de mantener la plantilla de puestos básica, así como ‘el nivel’ de los salarios, aceptando el pago por incentivos, sólo tiene valor para los trabajadores activos, quienes una vez jubilados quedan totalmente desprotegidos. […] A pesar de los bajos montos de jubilación, ésta representa ya, políticamente, una bomba de tiempo para el STRM. Según declaró Hernández Juárez en aquella ocasión, es factible que en los próximos años ‘12 de cada 100 telefonistas soliciten su jubilación’. En 2001 Hernández Juárez estimó que para 2002 habría al menos mil 500 jubilados más en la nómina de Telmex y que para 2004 alcanzarían la cifra de 14 mil. Ante tal panorama, recomendó a los telefonistas, desde aquel momento, posponer su solicitud de retiro, si aún están en condiciones de laborar”.

El 16 de septiembre de 2012, Teléfonos de México y el sindicato dieron otra noticia: hacían estudios para poner en marcha un programa de permanencia voluntaria para los trabajadores en edad de jubilarse. En este año el número de jubilados fue de 3 mil, y el próximo promediará una cifra similar. Héctor Slim Seade, representante de la empresa comentó que habían platicado para establecer un punto de acuerdo en la propuesta de permanencia voluntaria. En un receso de la Convención Nacional Ordinaria Democrática número 37 de los Telefonistas, Slim destacó la importancia de darle viabilidad financiara a la empresa. La propuesta, dijo Pancho, es impulsar un programa de permanencia voluntaria que haga que la nómina se estabilice y no represente un gran peso financiero para Telmex. “Planteamos que los trabajadores se queden a laborar cuando menos cuatro años más de manera voluntaria al cumplir sus 31 años de servicio o 65 de edad, a cambio de un paquete de incentivos”.

El martes 3 de octubre de 2007, aprobada ya una reforma que garantizaría en 2008 otra reelección de Pancho, Paco, Francisco, una nueva bomba estalló. Algunos jubilados que habían pertenecido al sindicato, así como la Red Nacional Telefonista, que aglutinaba a poco más de ocho mil trabajadores y tenía presencia en siete estados, entregaron a la prensa un documento que mostraba un desconocido lado oscuro e, irónicamente, humano de Pancho: alcanzada la cumbre y la estabilidad en la dirigencia sindical, jamás olvidó ni desamparó a su familia entera.

Nadie podría considerarlo entre esos personajes que pueden separar su vida pública de la privada. La Red y los jubilados entregaron una lista con nombres y apellidos de familiares de Hernández Juárez que laboraban en o para el STRM. En otras palabras, aunque no siempre se puede juzgar a un líder por su parentela, en 31 años había consolidado el Comité Ejecutivo Nacional del sindicato como un negocio de familia. El documento incluía hermanos, hijos, cuñados, sobrinos, yernos y nueras en distintos puestos de la organización. Entre ellos destacaban sus hermanas Ana María, como contralora en caja; Margarita, secretaria privada; y Teresa, comisionada en la Coordinación General Comercial. Para esa época, los comisionados nacionales, además de cobrar su sueldo íntegro, con todo y el bono de productividad, más los dos salarios mínimos de ayuda estatutaria, obtenían un viático que llego a promediar 22 mil pesos mensuales, libres de polvo y paja.

Ni Pancho ni el sindicato desmintieron la información. El documento incluía a sus hermanos Jesús, Rafael y María Luisa. El primero, en la Comisión Obrero Patronal, encargada de las negociaciones con las empresas Telmex, CTBR (bienes raíces), Tecmarketing y Limsa. El Teto Rafael, técnico en telecomunicaciones, asesor, responsable de la agenda del STRM, y comisionado del Comité Ejecutivo Nacional con la más alta categoría salarial. Y, finalmente, María Luisa, contralora de la Caja de Ahorro de los Telefonistas, conocida sarcásticamente entre los trabajadores como BanJuárez.

En la genealogía de Juárez involucrada con el sindicato fueron incluidos sus hijos Noé y Claudia Hernández Castro. Con un sueldo de 50 mil pesos mensuales, Noé en el manejo del personal del STRM, así como todas las concesiones de las máquinas de café y refrescos pertenecientes al gremio a nivel nacional; además de prestar servicios en el área de Oficialía Mayor. Por su parte, Claudia, fue nombrada coordinadora del Sistema de Información Sindical, desde donde se controlan los trámites de los trabajadores, así como toda la información al interior de la organización.

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