Grafismos Now

* La fotografía, tan lastimada ahora por ejecutantes del Instagram, “magos del autoselfie”, del registro y nada más, también sigue un camino sin fin. Luego de todo, el verdadero fotógrafo termina por entender o desentender y sabe que no ya no necesita la perfección. Al final de la vida. A los 25 años nada se sabe, ni siquiera dibujar ni tomar fotografías. Menos a los 43.

 

Miguel Alvarado

En Toluca se prefieren actividades callejeras como sustituto de la apreciación artística. El payaso que monta su espectáculo en la calle de Hidalgo, céntrica y cerrada a la circulación para ese laboratorio de chistes al alcance de todos, pista bicicletera que atrae a quienes sólo comprarán una torta y un refresco y regresarán caminado a sus casas si viven al menos a dos kilómetros del centro es mejor que nada. Mejor los payasos que los precios del futbol profesional, por ejemplo, que en la sección de palcos, para gente VIP, cobra 5 mil pesos a abonados.

Todo es cultura, entre los payasos y el futbol, pero no todo es arte.

Productora de pintores, ilustradores, magos de la animación web, la facultad de Artes en Toluca es una de las menos promocionadas, de bajo perfil a pesar de que ella misma organiza sus propios escenarios que incluye bienales internacionales de buen nivel y exposiciones internas. Estas últimas convocan, es verdad, aunque no más allá de sus propios muros.

La exposición colectiva Grafismos Now, en la Galería Principal de aquella escuela es una muestra de actividades in vitro que pueden ser exitosas, incluso hasta en la difusión, pero que por alguna razón se quedan atrapadas en las puertas de aquella facultad. Que pocos las conozcan no significa que desmerezcan. Artes de Toluca puede ser catalogada como una escuela libre, apegada a los protocolos de su universidad, la UAEM, y preocupada por proveer de ideas a los estudiantes, que gozan de una libertad inusual en lo que respecta a la búsqueda de conocimiento. Extraño oasis, el contexto en el que la escuela se ubica ha sido siempre un tinglado de reglamentos conductuales que necesariamente influyen en tiempos posteriores. En la facultad de Ciencias de la Comunicación, por ejemplo, a pocos estudiantes, casi a nadie, les interesa trabajar de reporteros. Tienen miedo o saben que apenas sobrevivirán en el depauperado sistema de medios del Estado de México, que solamente en Toluca genera más de 100 diarios o semanarios, casi todos en la categoría de pasquín y de inaccesible circulación. En la facultad de Artes pocos alumnos saben con certeza cómo podrán ejercer su habilidad en el mercado de la vida real. Nadie duda sobre lo que quiere hacer y lo expresa en pocas palabras: dibujar, pintar, esculpir, no importa que sea en inglés ni que las fuentes de las que aprenden, aleguen su parte correspondiente en la globalidad, la uniformidad, como si eso significara algo en una ciudad de 900 mil habitantes, de cuatro homicidios a la semana. Una entidad de 7 millones de pobres  y cuna del poder político más despiadado del país ubica el concepto de arte cocinado desde Atlacomulco y que a fuerzas permea en los siguientes estratos.

Grafismos Now.

Nadie busca perfección. Sólo gráfica en una exposición compartida entre 14 estudiantes de aquella escuela. Sólo atisbos. Algunas muestras, esos sí, de futura maestría se colgaron de los muros en una curaduría que no contempló los fondos blancos de los trabajos y sus propias paredes. Demasiado albo, es verdad.

Los atisbos, sin embargo, funcionan sobre blanco o sobre negro o sin colgar. Algunos no fueron tan afortunados en su selección, al menos dos artistas que se decidieron por el boceto limpio, acabado, pero al fin y al cabo ejercicio aún. La cara de un boxeador entrelineada rápidamente, porque el dibujante se ha obligado a ejercer de sparring y traza a su rival entre episodio y episodios, es curiosa. El resultado es un dibujo que no dista mucho del trabajo desde la incomodidad, y no es necesariamente malo. Explicado en un video cargado en una tablet, expuesta igualmente con ingenio de artificio, se convierte en oasis, junto a una mujer sostenida de una cuerda columpiada en el abismo del blanco. ¿Se justifica exhibir un boceto, aunque esté acabado? ¿Todo es un boceto? ¿Cuál es la condición que determina la calidad de la gráfica? ¿Su uso? ¿El ornato? ¿La razón del dibujante, intransferible pero también desconocida porque no está allí para explicar? ¿Se debe explicar? ¿Qué dicen los grandes maestros de la gráfica?

La fotografía, tan lastimada ahora por ejecutantes del Instagram, “magos del autoselfie”, del registro y nada más, también sigue un camino sin fin. Luego de todo, el verdadero fotógrafo termina por entender o desentender y sabe que no ya no necesita la perfección.

Al final de la vida.

A los 25 años nada se sabe, ni siquiera dibujar ni tomar fotografías. Menos a los 43.

Luis Enrique Sepúlveda, ilustrador toluqueño, es uno de los participantes en la colectiva Grafismos Now y su trabajo destaca, pues sí, ni modo. Se le puede decir: la gráfica, la suya es muy sincera y se notan las horas de trabajo. Es buena y cumplidora y su espacio en definitiva no está allí, aunque un empiezo es un empiezo. Su serie, “Inaccesible”, le hace honor a su trabajo. ¿El nombre es una salida fácil para titular un trabajo en el que la comprensión final, el desciframiento del mensaje es, básicamente, imposible? No lo sabemos y todavía no hay una regla para esas formalidades, más allá del ingenio de cada ilustrador. Inaccesible es, sin embargo, la serie de viñetas, cuadro por cuadro, seis por cada hoja, que Sepúlveda realiza. Su técnica es simple –aunque lo sencillo es talento- y nada más es una pluma con la que traza paisajes tan complejos como humanos. Eso se agradece porque al menos –he aquí- permiten accesar. Monstruos humanizados o personas como engendros se muestran en cada cuadro. No les falta nada. Son horribles en la finura que una pluma para escribir permite.

Sepúlveda es hábil pero no esconde nada, no hay truco. Tres viñetas son las que emocionan y con eso es más que suficiente. El resto, población anómala de caras, gritos, esperpentos otorgan profundidad y matizan, acompañan el aquelarre de tinta y papel guarro en una desastrada perfección que por sí sola arma su propio escaparate. Esconde más, secretea, abruma. Luego las sombras son aliadas si se saben iluminar, parece decirle a Luis la vecina de enfrente, una serie de cuadros con animales humanizados, bien vestidos, representados por Flor de María Gutiérrez García en cuadros para fotos familiares de antaño. Un perro con el brazo roto y la cabeza vendada reposa sus heridas mientras mira de soslayo, cubierto con un jorongo. Gráfica, pura gráfica que del puro gusto se pone a colgar una afortunada serie donde conviven trazos infantiles con la muestra, casi arrancada a fuerzas, de que el autor sí sabe dibujar, conoce de composición y usa buenamente sus materiales. Óscar Bernal Castillo regala una serie que por fresca emociona y genera, en la pequeña galería, un contraste que se agradece. La niña se mira al espejo y el espejo le devuelve el reflejo pero esta vez caricaturizado, tres rayas a crayola y una habitación pintada apenas.

Una última serie se ensaña en el desgarro de los enfermos. Niños con la vista dañada se escurren por la pared que los cobija. Vendas chidas y ojos inflamados son los que ocupan el inner espacio de Reyes Rayón.

Lo demás no se sabe.

Grafismos Now es lo que es. Gráfica pura. Para unos el inicio, para otros el principio del fin.

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