Los Juniors del Poder

* El periodista Francisco Cruz Jiménez ha publicado el libro Los Juniors del Poder, su octava obra, entre las que destacan Negocios de Familia y Tierra Narca, todas editadas por Planeta. Disponible a partir de octubre del 2014, Los Juniors… recorre el camino de las heredades en ese poder público y empresarial que parece renovarse a sí mismo cada determinado tiempo, cuando es necesario. Los mismos apellidos en distintas caras, intenciones y actividades similares, cotos medievales y fortunas incalculables aparecen reseñados en las páginas de esa investigación, que también toca a familias del Estado de México.

Miguel Alvarado

Hombre de protocolos, aprendidos apenas, Enrique Peña nunca asistirá a un estadio de futbol sin que previamente sea llenado con acarreados ni dará la cara en algún escenario donde no tenga, al menos, el control parcial de la asistencia.

La noche del 15 de septiembre del 2014 representaba para él y su corte de reformistas uno de los retos públicos más interesantes y que les permitiría aplicar, si no sus conocimientos políticos, al menos sus tácticas de acarreo. Comprada una elección presidencial, la más discutida junto con la Felipe Calderón en el 2006, al equipo de Peña no le preocupaba la logística ni los costos, tampoco la moral o el resultado de al menos 10 reformas totalitarias, sino la exposición pública. México se polariza y cada vez se trata menos de pobres contra ricos. Peña volvió los ojos, amoroso esta vez y aunque se saltó en el mapa San Salvador Atenco al elegir sus opciones, volvió a comprar con espejitos y cuentas de vidrio las leales porras de quienes trabajan como acarreados. Cuautitlán Izcalli, Tlalnepantla, Huixquilucan y Atizapán entre otros municipios aportaron su grito de guerra, viva Peña, vivan los tamales, viva el atole, un chingue su madre silenciado a la hora correcta, a cambio de un mp3, una torta, un par de plátanos y para algunos los emblemáticos 500 pesos. En Coacalco hasta comida de despedida hicieron a los profesionales de la presencia, a quienes les hicieron saber que la seguridad estaría a cargo del gobernador mexiquense Eruviel Ávila, al permitir policías estatales y municipales para vigilar algunos de los cerca de 500 camiones que viajaron al centro del DF. Los cálculos ubican a diez mil convencidos con plátanos y arroz acudieron a gritar para Peña. Unos cuantos fueron colocados en micrófonos de estaciones de radio y televisoras, donde sólo se escuchaba “¡Peña, Peña Peña!” en el momento en el que el presidente daba el Grito.

Todo bien, montaje en popa, sólo eso se escucharía en las transmisiones en vivo, entre tomas abiertas y un sinfín de conductores, casi todos reflejo de la cara bizarra que se le ha impuesto al México narco desde la modernidad oficializada y el vestido negro y rosa de Angélica Rivera, diseñado por Óscar de la Renta.

Las hordas se organizaron desde temprano. Los camiones llegaron al zócalo con horas de anticipo y los asistentes, con platos desechables en mano, hacían la cola pacientes, comidos y bebidos y dispuestos a divertirse trabajando. Cada grupo o camión tenía uno o dos coordinadores en una logística de guerra que podría aplicarse para tácticas de venta en cualquier empresa. Esta empresa, la de Peña Nieto, exige presencia y eso se cumple, sí o sí.

Horas antes, una camioneta donde viajaba la hija de la pareja presidencial, Sofía Castro, fue acosada por una multitud que le impidió el paso rumbo a Palacio Nacional, llenándola de patria espuma. Sólo anecdótico, es de todas maneras la única respuesta que puede darse, además del catálogo de burlas que circulan en las redes sociales, contra el dueño del poder público.

Sofía Castro es un aiña y su madre la Primera Dama, a quien al menos hasta ayer un vestido, un apodo y tres post en twiteer todavía definen a la Gaviota mexicana, tan brillante como otras pero más guapa, más actriz.

“Osea yo creo que si los indios quieren salir de donde están que se pongan a trabajar y dejen deestar de flojos o violentos como en Atenco”.

“Enrique no se arrepiente nada por lo que pasó en Atenco, la verdad se lo merecían sólo pertuban la paz de todos los que si queremos trabajar”.

“Por eso dije que Salinas hizo bien cuando mando al ejercito a esos indios revoltosos, osea que se pongan a trabajar y amen a México también”.

La capacidad integradora de Peña polariza, pero eso ya se sabe. Con Peña, aunque pagados, o contra Peña, aunque jodidos. México avanza y nadie sabe de qué tamaño es el abismo adelante o el incendio a las espaldas mientras la Gendarmería Nacional traduce como nadie el lenguaje del temor que se habla desde la presidencia. ¿Puede dormir Peña? ¿Teme a los niños, a los bebés que fueron cateados para entrar al Zócalo, en busca de armas o drogas escondidas? ¿A qué le teme un presidente que anunciaría dentro de poco la intención de reelegirse? De nada valieron las luces en forma de águilas o Morelos y Matamoros en todos los pueblos del país ni los cohetes, las tortas, pambazos, el pozole porque fue nada más entretenimiento para unas horas, dos días de asueto, impasse hacendario desde el despido o los trabajos apenas remunerables que ya no hacen la diferencia entre el ambulantaje y los cautivos en el SAT.

Peña dicta clases. No lee, no escribe, no sabe nada, parece lerdo y sin embargo es el más adelantado de los bebesaurios, de la nueva clase política cuyos padres, naturales o putativos, pero padres al fin, gobiernan sin ningún contrapeso un país que aparece quebrantado, desunido, desintegrado. Eso no es verdad. Nunca antes México ha estado tan cohesionado ante un proyecto político y empresarial que si bien ha vendido y sigue vendiendo los bienes públicos, se matiza con frases como “mover a México” o la aparición en programas televisivos de chatarrería como “Hoy” con audiencias pasivas y gelatinosas líneas editoriales.

A fuerzas, pero cohesionado.

Peña es ejemplo de la política enmascarada, corporativa y criminal que se practica en México y el Tercer Mundo. Ese tomar la bandera, endurecer rostro, aliñar el copete y agitar una campanita mejor vestida que la mitad de Huixquilucan son los símbolos de un poder que de tan grande se ha vuelto amorfo. Morirán como todos a menos que encuentren la forma de perpetuarse, la inmortalidad de a deveras todavía no es posible. Mientras, la alternativa es preparar cuadros. Los hijos de los dinosaurios, los nietos, sobrinos, hermanos, ya juegan en las ligas del poder en México y no tardarán en hacerse públicos los que no lo son y más poderosos los que ya despuntan.

El periodista Francisco Cruz Jiménez perfila lo anterior en el libro Los Juniors del Poder, su octava obra, entre las que destacan Negocios de Familia y Tierra Narca, todas editadas por Planeta. Disponible a partir de octubre del 2014, Los Juniors… recorre el camino de las heredades en ese poder público y empresarial que parece renovarse a sí mismo cada determinado tiempo, cuando es necesario. Los mismos apellidos en distintas caras, intenciones y actividades similares, cotos medievales y fortunas incalculables aparecen reseñados en las páginas de esa investigación, que también toca a familias del Estado de México.

Incluso la imagen de portada es acertada. Un par de chupones de oro, muy juntos, complementan el título. Nada más sugerente para una investigación que aborda en ocho capítulos a personajes salidos del más oscuro surrealismo, pero efectivamente de carne y hueso y con el poder en sus manos. Allí aparecen el gobernador de Chiapas, Manuel Velasco Coello, nieto del ex gobernador Manuel Velasco y asiduo de revistas como TV y Novelas, donde su vida de potentado y jetsetero da para más de una nota, una novela. Viviseccionados está también la triada de los chicos mimados de Palacio Nacional, Aurelio Nuño Mayer, jefe de la Oficina de la Presidencia, a quien se le atribuye la invención de la frase “Mover a México”; Alfonso Humberto Castillejos Cervantes, titular de la Consejería Jurídica del poder Ejecutivo, poderoso “niño” quien fue investigado por el entonces procurador del Edomex, Alfonso Navarrete Prida, en el 2004, por el asesinato de Enrique Salinas de Gortari. El padre de Alfonso Humberto Castillejos también fue asesinado a tiros el 9 de julio del 2008. Era el abogado penalista Marcos Castillejos Escobar. El último es Francisco Guzmán Ortiz, un asesor casi espiritual para Peña y del que pronto se sabrá su verdadero potencial político.

Los otros capítulos integran a figuras, porque finalmente lo son, aunque inversas o negativas, que tarde o temprano dejarán de ser las sombras de sus parientes y perpetuarán la casta, como ha sucedido siempre en la historia del país.

Francisco Cruz no olvida, por ejemplo, que Peña Nieto fue gobernador del Estado de México y que mucho ha influido en esa carrera política el sobrinaje con Arturo Montiel, un ex mandatario acusado de enriquecimiento inexplicable y a quien se perdonó durante el propio sexenio mexiquense de Peña. Tampoco deja de lado que la gubernatura en el Edomex de Eruviel Ávila es sólo un paréntesis, aunque bien controlado, antes de que la casta jerárquica de los Del Mazo –a la que también pertenece Peña por derecho de sangre- retome el control absoluto de la entidad más importante del país en la figura de Alfredo del Mazo Maza, hijo del ex gobernador mexiquense Alfredo del Mazo González.

Alfredito, como lo llama Cruz, es actualmente director de Banobras y fue ex alcalde de Huixquilucan. Era el aspirante número uno del PRI a la gubernatura mexiquense en el 2011, pero una decisión de último minuto lo bajó de aquel escenario.

“El reto de Alfredito es –más que evitar los descalabros familiares- saberse colocar en el entramado de un proyecto atlacomulquense priista que está pensado en el poder como un medio para eternizase. Así pues, los andamiajes de esta maquinaria se están levantando desde hace muchos años, nutriéndose de sectores influyentes como el religioso y el empresarial… a sus casi 39 años de edad, Del Mazo Maza parece cumplir con todos los requisitos, ahora que han casado a la democracia con la idea del político-príncipe azul, las revistas de imagen ya empezaron a trabajar para insertar a este “sexy galán de cabello cano” en la memoria colectiva, convencidas de su influencia en las altas esferas de la política mexicana. Y aunque está abierto a cualquier posibilidad no se necesita preguntar qué quiere Alfredo: es un hecho que este junior mantiene la mirada y los suspiros en la gubernatura del Estado de México”, escribe Cruz en un capítulo dedicado al primo de Peña Nieto.

Mientras, un desfile militar reafirma la idea de las castas para un país que no se ha dado cuenta de que vive en la Edad Media. Peña convoca pero debe pagar para que asistan. Así sucede también con las clases militares, que participan activamente en el negocio privado en el que se ha convertido el país. Y con el resto de los que participan, ya como comparsas o actores de primer cuadro.

Soldados. Armas.

Viva México.

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