Glosa para el olvido

* Aunque se adelantó que la glosa se haría bajo un nuevo formato, en realidad se usó el de siempre, es decir una participación de los funcionarios para exponer los resultados de la gestión estatal en cada uno de sus rubros, y dos más para responder a las preguntas de los diputados. Por parte de los diputados dos rondas para preguntas y cuestionamientos varios con la participación de un diputado por cada partido político.

Jorge Hernández

Con la misma urgencia y ausencia de debate que ha caracterizado la aprobación de prácticamente la totalidad de iniciativas de reformas legales o nuevas leyes recibidas durante dos años de gestión, la LVIII Legislatura del Estado de México dio cuenta del “análisis” y calificación del Tercer Informe de gobierno de Eruviel Ávila Villegas, ejercicio pomposamente conocido como “glosa”.

Tal como fue anunciado, comparecieron ante comisiones legislativas los secretarios de  Seguridad Ciudadana, Agua y Obra Pública, Comunicaciones, Desarrollo Social, Salud y Educación, además del procurador. También asistieron como “chaperones” el secretario general de Gobierno, José Sergio Manzur Quiroga y el de Finanzas, Erasto Martínez, quienes al final de cuentas sí tuvieron participaciones.

Aunque se adelantó que la glosa se haría bajo un nuevo formato, en realidad se usó el de siempre, es decir una participación de los funcionarios para exponer los resultados de la gestión estatal en cada uno de sus rubros, y dos más para responder a las preguntas de los diputados. Por parte de los diputados dos rondas para preguntas y cuestionamientos varios con la participación de un diputado por cada partido político.

La novedad estuvo en que las comparecencias fueron dobles, es decir, dos funcionarios en cada una. Iniciaron la jornada el procurador Alejandro Gómez Sánchez junto con el secretario de Seguridad Ciudadana, Damián Canales Mena, bajo la mirada vigilante de Manzur Quiroga.

Como en años anteriores, los tiempos fueron marcados pero no respetados. Se asignaron 10 minutos de exposición a los funcionarios, mientras que los legisladores tres minutos en cada participación. Ninguno respetó este tiempo, unos y otros se tomaron hasta veinte minutos por intervención, de tal manera que las comparecencias se tomaron hasta cinco horas cada una. El ejercicio, que empezó alrededor de la una y media de la tarde, terminó poco antes de la medianoche.

Como cabía esperar, una glosa bajo estas condiciones no podía ser ni profunda ni objetiva ni fundada. Prevalecieron las improvisaciones, las reiteraciones, las declaraciones al paso, las acusaciones coyunturales, las ingenuidades, las lamentaciones, los reconocimientos obligados, las nuevas promesas y renovados compromisos pero nada más. Y al final sólo se dieron por cumplidas dando a entender que con ellas se daba por atendida la glosa, el “análisis” del informe.

El único momento que pudo trascender fue cuando el secretario Damián Canales ofreció su renuncia si en un plazo determinado no lograba los resultados esperados. Le tomó la palabra el petista Óscar González, quién le pidió ponerlo (por escrito), aunque al final no insistió.

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