Fantasmas en el museo

* “Me he quedado aquí en la noche, pero con la luz encendida porque espantan. Un día que yo me quedé aquí, me tocaron. Yo pensé que era la muchacha que me traía café y le dije “pásale”, pero nadie me contestó Luego me tocaron en otra puerta y esta vez sí era la muchacha con el café. Le dije que por qué no me había hecho caso. Pero me dijo que nadie había ido, más que ella, y yo soy la única que está en el taller, en el Museo. Entonces, ¿quién me tocó? Quién sabe. Porque cuando me he quedado aquí, en la noche, me quedo con la luz encendida, por las recochinas dudas”, recordaba en el 2009 a este semanario Luis Nishizawa, el pintor mexiquense más reconocido y que murió el 29 de septiembre del 2014.

 

Miguel Alvarado

– ¿Qué significa la pintura en su vida?

– Desde pequeño dibuja los principios de la lluvia con un palo. Ya mayor, me gustó la pintura y desde entonces hasta hoy sigo pintando. Uno va cambiando de acuerdo con lo que uno va haciendo. Le pone uno más azul, más verde.

– ¿Hacía dónde derivó su trabajo?

– Generalmente he dibujado con tinta china, pero eso lo he tomado de la pintura japonesa, con mucho agua, muy aguados, nada más de un color, negro. También he hecho con colores, pero en formatos grandes.

– ¿Recuerda el premio que le otorgó el Imperio Japonés?

– Yo soy Premio Nacional, el premio más alto que da México a un artista y el Japón me considera hijo predilecto, por ser pintor, porque me conocen, han visto mis cosas y ellos propusieron eso. El premio es el hecho de salir, no es el metal, ni nada. No a todos les dan. Pero el más alto, que yo considero, es el Premio Nacional que me dieron… me lo dio el presidente Zedillo.

– ¿Recuerda algunas publicaciones que hicieron por sus 90 años de vida?

– Tengo varios libros, sobre todo uno donde está la mayor parte de mis pinturas. Hay otro donde están los dibujos, pero el libro de pinturas ha recorrido varios países del mundo.

– ¿Conoce el libro “Enhilando Recuerdos”, de Guadalupe Cárdenas?

– Me entrevistó como tres veces y ella después hizo la selección, porque cuando a uno lo entrevistan, uno se explaya y dice lo que uno quiere, pero para un libro se hace un compendio, una cosa así… suave. Me entrevistó hace como cinco años. El libro me parece bien. El artista, por más sencillo que sea, siempre prefiere que alguien lo tome en cuenta.

– ¿En qué momento se encuentra la pintura mexicana?

– La pintura mexicana… sobre todo los jóvenes, tienen una influencia de la pintura norteamericana, pero otros pintores, que son los que yo prefiero, son aquellos que toman el arte por el arte y han hecho una obra interesante olvidándose de las influencias.

– ¿Es difícil ser pintor ahora?

– Bueno, el pintor nace, con eso digo todo.

– ¿Es difícil vivir de la pintura?

– Afortunadamente yo soy maestro de la Universidad y doy clase allí de técnicas, y de eso vivo.

– ¿A quiénes considera los tres mejores pintores mexicanos?

– Pues cuáles son, porque no me acuerdo en este momento… ah, Benjamín Domínguez. Arturo Rivera, también… es que yo he tenido tantos alumnos… Ismael Guardado…

– ¿Qué significa compartir un taller con los jóvenes?

– Desde siempre en mi taller, me hablan los de la UNAM para que los reciba, pero procuro limitar, porque pierdo el tiempo… en el sentido de lo que yo hago. Prefiero mandarlos para acá (Toluca) porque aquí tengo más tiempo.

– ¿Vive algunos días en el Museo Nishizawa?

– Me he quedado aquí en la noche, pero con la luz encendida porque espantan. Un día que yo me quedé aquí, me tocaron. Yo pensé que era la muchacha que me traía café y le dije “pásale”, pero nadie me contestó Luego me tocaron en otra puerta y esta vez sí era la muchacha con el café. Le dije que por qué no me había hecho caso. Pero me dijo que nadie había ido, más que ella, y yo soy la única que está en el taller, en el Museo. Entonces, ¿quién me tocó? Quién sabe. Porque cuando me he quedado aquí, en la noche, me quedo con la luz encendida, por las recochinas dudas. Pero también había una mujer que trabajaba aquí y un día la espantaron. Ya no quería venir, pero la entrevisté y le pregunté qué había pasado. Me dijo que nada le habían hecho, pero que sintió que alguien la estaba viendo. Dijo que había un joven vestido de monje, muy guapo, que se sonreía con ella. Yo dije: pues es el Quintín (pintor toluqueño). Es que los espantos son según las circunstancias…

– ¿Cuál es el momento que más recuerda de su niñez?

– Mi padre tenía un pequeño rancho con vacas y todo. Y cuando llovía yo, con una vara, dibujaba, trataba de dibujar una vaca o un caballo, porque para mí los caballos… porque teníamos un caballo muy fino, que casi era como un hombre. Por ejemplo, mi hermano, para montar al caballo… él se agachaba… pero cuando mi padre lo quería montar, se ponía brioso. Y después, cuando nos venimos a México, el caballo lo vendió mi padre a una hacienda y cuando veníamos a tomar el tren, vi al caballo con otro caballo, con una yegua, en el cerro. Y yo dije, bueno, siquiera ya tiene su compañero, porque el caballo nos quería mucho.

– ¿Qué recuerdo tiene de su padre?

– Él fue un hombre… un judoka… y siempre me habló de las hazañas de los guerreros en Japón. Todas las mañanas me hablaba. Entonces yo conocí primero, antes de ir al Japón, lo conocí a través de mi padre.

– ¿Cuál fue la primera impresión que se llevó de Japón?

– Al llegar el avión, vi el Fuji, y era una tarde preciosa. Más tarde, ya estando ahí, un día dije: voy a subir el Fuji. Empecé a subirlo, pero llegué a una altura donde había rocas muy grandes y dije: como tiembla mucho en Japón, tiembla orita y me mata, porque me aplasta una roca.

– ¿Qué lugares le han impresionado más?

– Cuando yo me casé, le dije a mi esposa que tenía para comprarle una casa o que nos íbamos de viaje y me dijo: vámonos de viaje. Entonces viajé durante un año por todo el mundo. Y claro, a donde viajé varias veces, que me ha gustado mucho, es Francia.

– ¿Por qué Francia?

– Yo tenía una alumna, una señora grande, que cuando estuve en Francia me llevó por todos lados. Y esa señora tenía un conocido que era arquitecto, también muy famoso, que era ministro. Me decía: mira, Luis, a la una te espero en mi despacho. Iba y tomábamos y café. Luego me decía que se iba porque tenía un puesto muy importante, pero a las siete te espero en la casa. A las siete, su señora había una cena para la familia.

– ¿Cómo es hoy un día en la vida de Luis Nishizawa?

–  Me levanto a las siete y media, invariablemente. Procuro que mi esposa me dé mi desayuno y después me meto a mi taller. A la una, una y media, me llaman para ir a comer. Después de la comida, descanso otra media hora, me levanto y sigo trabajando hasta las 11 ó 12. Para mí el tiempo no existe porque lo que yo hago requiere mucho tiempo.

– ¿En qué trabaja ahora?

– Estoy haciendo una serie de cuadros chicos para mis hijos, porque como no les voy a dejar dinero, les voy a dejar obra.

– Si no hubiera sido pintor, ¿qué habría escogido?

– No sé. Porque siempre desde niño quise ser artista, pintor.

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