Narcotrama

* La detención de Mario Casarrubias Salgado en el 2014 supuso para “Guerreros Unidos” un reacomodo en su organigrama. Casarrubias, alias “El Sapo Guapo”, trabajaba junto con sus hermanos Ángel, Sidronio y Adrián, quienes controlaban el narcomenudeo en puntos estratégicos de Guerrero. En Iguala, por ejemplo. Allí, pandilleros llamado “Los Peques” tenían ese encargo. Otras pandillas hacían lo mismo, como “Los Tilos”. Según informes policiacos, a uno de los hermanos Casarrubias Salgado le apodan “Chucky” o “Chino”, no se sabe a cuál.

 

Miguel Alvarado

I

“En el Edomex hay cosas más importantes que atender” (que investigar feminicidios), contestó el gobernador Eruviel Ávila a afectados y manifestantes que le preguntaron cuándo.

Cuándo es, después de todo, una palabra peligrosa.

La tarde del 13 de octubre del 2014 el diputado local mexiquense, el perredista Octavio Martínez denunciaba que en el río de Los Remedios o canal de La Compañía, dragado por un mandato judicial de la Procuraduría estatal, se hallaban los cuerpos de 21 personas, 16 de ellos de mujeres. Minutos después, el secretario de Gobierno estatal, José Manzur, desmentía a Martínez, presidente de la Comisión de Seguridad Pública en la LVIII Legislatura. “Son restos de animales”, dijo el funcionario, muy seguro, casi seco, con un desdén profesional ensayado desde que era agente del ministerio público en Tejupilco, hace unas decenas de años.

Al otro día Martínez respondía al gobierno del Estado de México y anunciaba la intención de crear de una comisión de seguridad que integrara a la ONU junto con un dictamen pericial desincorporado del gobierno estatal sobre los restos humanos hallados. Pero no eran 21 los cuerpos. Según la organización civil Solidaridad por las Familias, representada por David Mancera, los cadáveres son 46. Lo que sí contó la PGJEM fueron los huesos, 6 mil 962, milimétricamente clasificados, ordenados y embolsados, listos para su estudio o análisis que, en un lugar como el Estado de México, puede demorar sexenios. El dragado del canal fue, casi, una casualidad, ordenado después de la detención de un militar acusado de asesinato, “El Mili”, y que había arrojado dos cuerpos al río.

Feminicidios y desapariciones en el Estado de México están relacionados pero las investigaciones no arrojan ninguna luz. Martínez cree que en Ecatepec, tierra de Eruviel Ávila y Tecámac, tierra de Aarón Urbina, presidente de la Junta de Coordinación Política en la Cámara local y aspirante a la gubernatura del Edomex, se cometieron 16 feminicidios que corresponderían a los cuerpos hallados.

El canal de La Compañía es una fosa común y nadie, antes, se había tomado la molestia de dragarlo porque se sabe de antemano lo que va a encontrarse. Ese panteón supera en todo a la tragedia de Guerrero y sus 38 fosas y 200 cadáveres, descubiertos con horror y paciencia, pero a fuerza, desde el 2005.

El periodista Enrique Gómez pone algunos números respecto a las desapariciones reportadas de manera oficial en el Estado de México, obtenidos de la propia Procuraduría estatal.

En el 2011 hay mil 250 casos, en el 2012, mil 554 y en el 2013 mil 527. Estos tres años representan la administración de Eruviel Ávila, un hombre que usa el eslogan “En Grande” para promocionar su actividad pública. En total, los tres años de Ávila reportan 4 mil 331 desaparecidos, además de los 922 casos de feminicidios, herencia de la administración peñista, del 2005 al 2011.

 

II

Toluca, la capital política del Grupo Atlacomulco, desarrolla sus actividades en la apariencia de lo próspero, lo tranquilo. Pero la ciudad esconde un infierno similar al de otras ciudades. Gobiernos corrompidos por el narco, secuestros, asesinatos, robos, se desarrollan a la sombra de la vida cotidiana y en algunos casos la suplantan.

Hace años se gesta el cambio violento. En el 2007 la ciudad era quinto lugar nacional en delitos no denunciados de manera oficial y para inicios del 2014 la entidad era la que más secuestros registraba, con 537. Hoy es segundo lugar estatal, sólo por debajo de Ecatepec, que por su parte es segundo lugar nacional, después de Acapulco.

Para el actual cuerpo edilicio, encabezado por la alcaldesa priista Martha Hilda González, la inseguridad es una cuestión de percepción y crímenes y ejecuciones sólo suceden en municipios alejados, casi fuera del mapa, como Tlatlaya y sus 22 muertos, “ejecutados por tres soldados”, según otra percepción, la de la PGR.

La segunda semana de octubre del 2014 el ayuntamiento de Toluca rindió homenaje al Ejército mexicano anclado en la 22 Zona Militar y del cual depende el Batallón 102 estacionado en San Miguel Ixtapan, en Tejupilco. Ese batallón participó en la matanza de Tlatlaya, el 30 de junio del 2014.

A las autoridades municipales se les pasó por alto aquel detalle y con finura premiaron a los soldados por la implementación de 95 comedores comunitarios en Toluca. El reconocimiento lo recibió el nuevo encargado de la Zona Militar, el general de Brigada José Ricardo Bárcenas Rosiles, en sustitución del general José Luis Sánchez León, responsable, entre otras unidades, del cuestionado 102. Bárcenas fue declarado visitante distinguido de la ciudad.

¿Cuál es el mensaje?

 

III

El batallón 102 anclado en Tejupilco había sido infiltrado por el narcotráfico. Johny Hurtado Olascoaga, “El Mojarro”, de La Familia, logró pagar un equipo de 52 soldados que le informaban sobre movimientos de las tropas. Ese batallón también fue involucrado en otras irregularidades, incluida la de Tlatlaya. Allí, el 30 de junio del 2014, la versión que avaló, aplaudió, festinó y divulgó públicamente el gobernador Eruviel Ávila señala que los soldados se enfrentaron en un  tiroteo a 22 narcotraficantes, relacionados en ese momento con los Guerreros Unidos, abatiéndolos a todos. Liberó a tres mujeres, secuestradas, y un militar fue herido en el combate. Luego se supo otra cosa.

 

IV

El batallón 27, con sede en Iguala fue involucrado en el ataque a los normalistas por un testigo, Omar, estudiante de primer semestre en Ayotzinapa. Su versión es clara. Los militares se limitaron a ver cómo el grupo armado atacaba el camión de un equipo de futbol profesional, Avispones, donde murió baleado un jugador. Los militares no ayudaron a ningún herido. Antes les tomaron fotografías a estudiantes caídos y algunos que se quedaron a ayudar a sus compañeros. Los militares fueron custodios de la escena pero no movieron un dedo. “Cuando llegamos a las inmediaciones de la plaza, huyendo de los balazos, el ejército ya estaba patrullando. Nos jalan y nos retienen. Nos decían: ‘Cállense, cállense, ustedes se lo buscaron. Quería ponerse con hombrecitos, pues ahora éntrenle, éntrenle y aguántense’”, dice la versión del estudiante.

 

V

La muerte de Benjamín Mondragón, “El Benjamón”, uno de los líderes de los Guerreros Unidos, supone que se llevó con él los secretos de lo sucedido con los normalistas desaparecidos. Salido de la nada en el 2011 para morir de inmediato, Benjamín Mondragón se batió a tiros hasta la muerte,  a las dos de la mañana del 14 de octubre, en una colonia de Cuernavaca, en Morelos, cuando la policía federal lo cercó junto con sus acompañantes. “A’í se ven”, dicen que dijo el narcotraficante antes de suicidarse, cuando vio que su batalla estaba perdida. Se le liga con la muerte del hijo del escritor Javier Sicilia. Todo, según la policía federal. Guerreros Unidos fue fundado por El “Tilde”, Clotilde Toribio Rentería, capturado en el 2012. Fue liderado por Mario Casarrubias, también detenido en el 2014. Después asumió como cabeza Salomón Pineda Villa, hermano María de los Ángeles Pineda Villa, esposa de José Luis Abarca, alcalde de Iguala. Salomón también fue capturado.

Actualmente la Federación asume que lo dirige un hombre apodado “El Chucky”. En la pequeña Cuernavaca se asegura que uno de los cabecillas es Federico Figueroa, hermano del cantante Joan Sebastian y primos del ex gobernador de Guerrero, Rubén Figueroa.

Pero Mondragón militaba en el narcotráfico al menos desde el 2010, cuando fue señalado por grupos rivales de robar armas, traficar droga y autopartes y pertenecer a grupos de Édgar Villarreal, “La Barbie”. El núcleo de Mondragón estaba relacionado también con autoridades policiacas de Cuernavaca.

 

VI

La Tierra Caliente es zona guerrillera y algunos creen observar ese factor en los hechos de Iguala. De cualquier manera, algunos grupos han declarado públicamente. El Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente, ERPI, llama a crear una Brigada Popular de Ajusticiamiento 26 de Septiembre para combatir a los Guerreros Unidos, al Estado corrupto y hace cómplice a Nueva Izquierda, del PRD, de los narcos.

El Ejército Popular Revolucionario calificó el levantamiento de estudiantes como un crimen de Estado y afirma que los jóvenes son torturados en campos militares o paramilitares de Guerrero.

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Liberación del Pueblo, FAR-LP, en el 2013 denunciaron represión federal a activistas sociales relacionados con grupos de autodefensa en Guerrero y catalogaron como objetico militar a cualquier empresa extranjera que se instale en México derivado de las reformas energéticas impulsadas por el presidente Peña Nieto.

Uno más, Milicias Populares ¡Basta Ya!, llama a resistir y combatir excesos como los de Tlatlaya y Ayotzinapa.

José Antonio Ortega, entrevistado por el reportero Arturo Ángel considera que el secuestro de los jóvenes podría ser un mensaje de Guerreros Unidos al ERPI, enemigo del narco.

El periodista Francisco Cruz, autor de los libros Tierra Narca y La Biografía no Autorizada de Enrique Peña, sostiene la posibilidad de que los muertos en Tlatlaya hayan pertenecido a grupos guerrilleros.

Un artículo de José Antonio Rivera y María Idalia Gómez publicado en el 2013 reseña que los Templarios habían enrolado entre 50 y 60 militantes del ERPI en actividades del narco en zonas que abracan desde el sur mexiquense hasta Coyuca de Benítez en Guerrero. El reclutamiento, dicen los autores, fue posible gracias a la muerte del erpista “comandante Ramiro”, que debilitó a la guerrilla. Los nuevos templarios tendrían la obligación de abrir, cuidar y pelear por nuevos corredores para el trasiego de goma de amapola, mariguana y heroína, producida en la sierra de Guerrero. Una gran cantidad de familias fueron expulsadas de regiones que comprendían municipios como Arcelia, de donde serían originarios los ejecutados por el ejército en Tlatlaya. En Guerrero se han identificado 26 cárteles operando, dice la reportera Nancy Flores para la revista Contralínea.

Un reporte de la PGR, “Células Delictivas con Presencia en el País”, ubica a 80 grupos en México. A los Templarios los ubica con actividad en el Edomex y Michoacán. Una célula de esa organización es la de Los Troyanos, que opera en el valle de Toluca y que informes federales la relacionan con la policía estatal y “actividades especiales” para la Secretaría de Seguridad Ciudadana.

 

VII

En Tlatlaya, una versión periodística señala que un hombre de alto rango del ejército habría interrogado a los 22 supuestos narcotraficantes, luego de rendidos y desarmados y antes de ser fusilados. Este hombre, pregunta en una columna el diario local Alfa, podría ser el comandante Carlos Manual García Laine, Capitán Segundo de Infantería del 102 Batallón de Infantería de San Miguel Ixtapan.

De ese militar se sabe poco o nada, excepto que de vez en cuando aparecía en actos oficiales acompañando a funcionarios como Eduardo Gasca, secretario estatal de Desarrollo Agropecuario en diciembre del 2013 en Zacazonapan, durante la conmemoración del centenario del ejército e inauguración de obras públicas. Nadie sabe dónde se encuentra García Laine pero ya no está en el batallón 102.

 

VIII

Guerreros Unidos es liderado por un hombre sin identidad. Las fuerzas federales solamente saben su apodo, “El Chucky”. Los propios informes policiacos y redes sociales ubican a dos “chuckys”. Uno vive en Puente de Ixtla, Morelos. Se llama Carlos Quezada pero no queda claro para quién trabaja. Por un lado se le ubica con “Los Rojos”, liderados por Santiago Mazari Miranda desde el estado de Morelos, alias “Carrete” y por otro con Guerreros Unidos, cuya zona de influencia abarca desde Iguala hasta Toluca. El otro “Chucky” sí está ubicado en el bando de los “Guerreros Unidos” y se mueve en Iguala.

Los “Guerreros Unidos”, hasta el 26 de septiembre ley absoluta en Iguala, son escisión de los Beltrán Leyva, igual que “Los Rojos” y pelean por el control absoluto de la zona. En guerra contra los “Templarios” y la “Familia Michoacana”, ubican al hermano del cantante Joan Sebastian, Federico Figueroa como uno de sus líderes, pero también como controlador o patrón de la policía en Iguala y Amacuzac, Morelos, de donde es originario Santiago Mazari, líder de “Los Rojos”.

La detención de Mario Casarrubias Salgado en el 2014 supuso para “Guerreros Unidos” un reacomodo en su organigrama. Casarrubias, alias “El Sapo Guapo”, trabajaba junto con sus hermanos Ángel, Sidronio y Adrián, quienes controlaban el narcomenudeo en puntos estratégicos de Guerrero. En Iguala, por ejemplo. Allí, pandilleros llamado “Los Peques” tenían ese encargo. Otras pandillas hacían lo mismo, como “Los Tilos”. Según informes policiacos, a uno de los hermanos Casarrubias Salgado le apodan “Chucky” o “Chino”, no se sabe a cuál.

 

IX

El periodista Ezequiel Flores escribe para Proceso, el 11 de octubre del 2014, que “Los Peques” controlan la zona donde los normalistas fueron atacados. Que luego de la desaparición de los estudiantes, “Los Peques” salieron de Iguala, con el conocimiento de autoridades civiles y militares, y se instalaron en el poblado de Carrizalillo, municipio de Eduardo Neri, donde permanecen y donde no han llegado los operativos de búsqueda. El reportero proporciona nombres: “los hermanos Víctor “El Oso”; Mateo “El Gordo” y Salvador “El Chava” Benítez Palacios, propietarios del autolavado Los Peques, ubicado sobre la calle Juan N. Álvarez, participaron junto policías municipales en el ataque y detención de normalistas”.

Otro grupo involucrado es el de “Los Tilos”, que firmaron dos narcomantaa junto con Guerreros Unidos exigiendo la liberación de los 22 policías presos en Nayarit acusados de participar en el levantamiento de los normalistas. Una de ellas dice:

“Gobierno corrupto regresen a nuestros policías municipales si no lo hacen vamos a empezar a matar GENTE INOCENTE y también del GOBIERNO, no porque se anden haciendo pendejos aquí en IGUALA nos van a agarrar, nos pelan la verga junto con nuestros presidentes y directores porque ellos son nuestra GENTE GOBIERNO ILUSO que por eso tenemos plazas TAXCO, Huitzuca, Ixtapan de la Sal, Teloloapan y Apaxtla putos mugrosos asalariados.

“LA GUERRA COMIENZA

“ATTE LOS TILOS Y GUERREROS UNIDOS”.

 

X

“Los Rojos” son un brazo narcopolítico que se mueven sin ser molestados en el pequeño estado morelenses. Su líder entendió las ventajas de los aliados pero también las filias. Las traiciones en política y narcotráfico son parecidas.

La narcotrama de la familia Mazari ha funcionado hasta el momento. Informes policiacos lo relacionan con la plurinominal diputada local por Jojutla, Morelos, la priista Rosalina Mazari Espín, quien resultaría tía del narcotraficante. Ella busca la presidencia municipal de Puente de Ixtla en las próximas elecciones. “Carrete” también es sobrino del diputado Alfonso Miranda Gallegos, del Partido del Trabajo, ex alcalde de Amacuzac, municipio colindante con Guerrero pero también corredor de droga, paso de secuestradores y ladrones de autos. Lo complementan municipios como Cuautla, Tlaltizapán, Tlalquitenango y Zacatepec, todos tierra roja. A Miranda Gallegos se le promueve desafuero para juzgarlo. Un primo del “Carrete”, Jorge Mazari, buscaría también la alcaldía de Amacuzac. En el sur de Morelos la Familia Michoacana ha sido exterminada. Otros políticos, como el diputado priista Matías Nazario, es señalado por tener amistad con el líder narcotraficante.

Al “Carrete” también lo apodan “El 8 de Sonoyta” o “El Señor de los Caballos” y hasta un corrido tiene, compuesto por Larry Hernández, un cantante de “corridos alterados” junto con El Komander, famoso en el norte de México.

 

XI

¿Calentar la plaza es lo que pasa en Iguala?

Así, entonces, se registran actos criminales en una ciudad o territorio. El gobierno federal envía a fuerzas policiales y militares. Los criminales se retiran, abandonan el lugar. Las fuerzas de seguridad se van. Otras organizaciones ocupan la plaza abandonada.

¿Para quién se calienta la plaza?

Es sólo ver lo inmediato. ¿Hay algo inmediato en una guerra? Los muertos y la violencia, una batalla sin frentes que se desplaza desde puntos concreto, relacionados entre sí, con similares actividades y en las que se ejecutarán proyectos. Una zona donde la limpieza social es necesaria si se quieren cumplir contrato con trasnacionales. Guerrero, Michoacán, Estado de México y Morelos forman un superestado donde se cultiva y eclosiona el camino de la barbarie pero que conduce hacia alguna parte. Narcos, guerrilleros, políticos, militares, riqueza natural, compañías extranjeras, estudiantes normalistas de izquierda y ciudadanos en medio, que sólo ven los resultados de ese caldo y tal vez ni eso, chocan y sobreviven –si bien les va-.

Un Golpe de Estado se desarrolla en México, a la vista de todos. El ejército se desplaza por el país con la excusa de combatir narcotraficantes. La Presidencia se ocupa en vender recursos naturales pero envía tenebrosos mensajes de descontrol, sumisión ante las fuerzas armadas.

Los narcoestados de México, Guerrero, Michoacán y Morelos enseñan que los pobladores de México pelean entre sí, como si el vecino o el de al lado fuera culpable de algo que ni siquiera se sabe nombrar. Entre narcotraficantes o secuestradores se exterminan porque consideran competencia a los rivales. Pero siempre asesinan a las tropas. Nunca a los generales. Pasa lo mismo entre la clase política y los verdaderos dueños de los cárteles. El exterminio mexicano lo realiza otro mexicano, tan miserable como el que mata.

 

XII

Publica el portal Sin Embargo MX un texto de Francisco Ortiz Pinchetti:

“El 30 de diciembre de 1960, el entonces gobernador Caballero Aburto ordenó a la policía estatal disolver a balazos una protesta estudiantil en Chilpancingo. Hubo 19 muertos. El 20 de agosto de 1967, alrededor de 800 campesinos que intentaron tomar la sede de la Unión de Productores de Copra de Guerrero fueron acribillados por policías judiciales, guardias blancas y pistoleros dejando un saldo de 38 personas muertas y más de 100 heridas”.

Los 43 estudiantes de Ayotzinapa no aparecen. Las primeras cuatro fosas no contenían sus cuerpos y el horror se profundizó. Los 28 cuerpos encontrados no tienen nombre, pasado ni futuro. Otras 15 fosas fueron descubiertas entre el 11 y el 16 de octubre.

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