Polvo en el silencio

* Libros así, Polvo en el Silencio, de Juan Carlos Barreto (Toluca, IMC, 2014) y luego las cosas afuera y las que pasan adentro prologan una eternidad que termina por suceder y sucede pero de otra manera, como si el dictado de eso que ordena experimentara interferencias, como una canción escuchada al paso, por la calle, en la tienda de las televisiones.

 

Miguel Alvarado

Paisajes así, sacados de una serie de televisión que retrata la mexicana miseria, casi siempre en ciudades agigantadas de suciedad y pena, con hombres y mujeres y a veces niños caminando por allí vestidos de Dior o calzando Panam, de mano limosnera entre el tráfico de audis o camiones atestados o vacíos y las ventanas abiertas, algunas que no existen, por donde se mete el viento, los árboles.

Fosas así, tan de moda porque hay para todos.

Vistas así, palabras de todas maneras ruidosas como un desgarro de nubes o cenizas, cigarros a medias a las cuatro de la noche y la urgencia por alargar, terminar nunca de “nombrar lo que corresponde y deje aullar el silencio”.

Libros así, Polvo en el Silencio, de Juan Carlos Barreto (Toluca, IMC, 2014) y luego las cosas afuera y las que pasan adentro prologan una eternidad que termina por suceder y sucede pero de otra manera, como si el dictado de eso que ordena experimentara interferencias, como una canción escuchada al paso, por la calle, en la tienda de las televisiones.

O las que no las dices, como si eso estuviera permitido, como una tristeza que gusta.

Palabras así apenas se hallan en un tiempo donde la mayoría se ocupa porque sí y porque así debe ser, de sí misma. Que entienden liberadas del yugo de quien las dijo, las escribe y entonces… ¿qué, entonces? El entorno está allí, el polvo y el silencio.

O por ejemplo las que viven en un soplo del tiempo, observadas casi de reojo “como contemplaste el río en que bañaste los pies de tu infancia y veas, María de la Luz, la luz del agua”. Entonces observamos y fumamos. Fumo yo, porque tal vez ya no fumes y sigas ocupando cacharros electrónicos comprados en Sanborn’s que ningún bien te hacen.

O el poso de los días, caminata semanal a las entrañas de una ciudad que no expele. Dices mierda, como si rezaras porque sabes que al final es lo mismo, que “da igual, sobreviene el naufragio”.

Ruidos así, circulares.

Paisajes así, sacados de retratos de millares de rostros, unos sonrientes porque a veces se vale la risa y otros como si no pudieran imprimirse ni siquiera en la serigrafía de tarjetas de presentación o camisetas arrebatadas como un capricho.

“No hago nada, pienso”. Yo también pienso que no hago nada.

Uno se hunde pero luego sale, hasta desdeñoso y se agarra. Naufragios como esos de lluvias o soles o las hojas secas o blancas de árboles y libretas. Hojas, pues. Ojas, pues.

Esos como hundimientos, ruidos así, circulares.

No hay nada qué decir porque ya lo dijiste todo.

 

* Juan Carlos Barreto.

Polvo en el Silencio.

IMC, Toluca, México; 2014.

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