El Barco Ebrio

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Las ejecuciones militares de Tlatlaya terminaron por revelar la verdadera inteligencia del gobernador priista del Estado de México, Eruviel Ávila Villegas, quien no sabe qué hacer cuando no reparte cobijas para el frío o se reúne con líderes de opinión, como los dirigentes estatales de los boy scouts. Veintidós ejecutados y Ávila no es quién para abrir la boca. Lo sería, seguramente, si el Toluca, el equipo de futbol profesional de la ciudad, obtiene el campeonato de liga o algún cantante de Televisa le solicitara una donación para el denostado Teletón de Emilio Azcárraga, vetado incluso por la propia ONU. El gobernador del Estado de México da pena y él lo sabe, porque tampoco es tan tonto. Simulador, eso sí, apuesta a que Ayotzinapa le ayude para que Tlatlaya y su torturadura Procuraduría estatal se olviden. A Eruviel se le vienen en cascada otros casos, los homicidios de Los Remedios en Ecatepec, por ejemplo.

 

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La Comisión Nacional de los Derechos Humanos documentó las ejecuciones de civiles a manos del ejército y las torturas de la Procuraduría contra las tres sobrevivientes la madrugada del 30 de junio del 2014. Avaló que el ejército se enfrentó a sicarios del narcotráfico que secuestraban en la zona sur mexiquense y de Guerrero. Bueno.

 

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Reveló que esos sicarios tenían entre 15 y 23 años.

Que eran 22. Que escaparon dos, los jefes, y que a uno de ellos le decían “El Comandante”.

Que fueron ejecutados, sí, pero que eran sicarios, “malos”, narcos.

 

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Pero hay una versión, que puede tomar forma y que es la que preocupa en realidad a los involucrados, incluyendo al gobierno del Estado de México y que indica que el batallón 102 o al menos esos soldados habrían pactado la venta de armas a un grupo guerrillero. Que algo había salido terriblemente mal y allí los habían ejecutado con las mismas armas previamente pagadas, porque incluso hasta granadas estaban allí, en ese paquete de entrega inmediata. Luego actuaron como si nada, limpiaron y la vida siguió su curso. La versión de la CNDH desvía la historia guerrillera, que tomará forma a partir, incluso, del rumbo de Ayotzinapa, porque en esa región todo está conectado.

¿No eran narcos?

 

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Hace menos de un mes la detenida ex esposa de Servando Gómez Martínez, “La Tuta”, manejaba su Passat gris en Almoloya de Juárez, Estado de México. Los vecinos de la localidad la reconocían perfectamente como la esposa del famoso narcotraficante michoacano, líder de los Caballeros Templarios y hasta le ayudaban allanándole los obstáculos locales, quitándole los molestos conos o señalamientos viales que obstaculizan las calles en aquel municipio. “La señora Tuta”, Ana Patiño, visitaba en el penal del Altiplano a su hijo, Huber Gómez Patiño, preso desde mediados de junio del 2014 y se hacía acompañar de su hija, la joven Alejandra Sayonara Gómez Patiño, a quien se describe como elegantemente vestida. Iban solas. La esposa manejaba. No llevaban escoltas. Se bastabas solas. La hija era una asidua de las redes sociales y amiga de cantantes gruperas como la fallecida Jenny Rivera.

 

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Ana Patiño fue detenida recientemente y la hija, Alejandra, dejada en libertad, luego de una breve detención. Ellas vivían prácticamente en el Estado de México porque su hijo estaba en Almoloya de Juárez, a 20 minutos de la ciudad de Toluca. Eso hasta Eruviel Ávila lo sabía. El reciente video donde el narcotraficante Servando, “La Tuta”, parece despedirse del mundo que lo vio encumbrase y poner de cabeza a todo un país es de lo más extraño. Parece el preludio del fin para el narcotraficante, mandado hacer ex profeso por el virrey Alfredo Castillo, como golpe final para Michoacán en un momento adecuado, cuando la Federación y el vapuleado gobierno de Enrique Peña más necesitan de un triunfo. “La Tuta” es uno de los personajes prefabricados del peñismo, el Bin Laden mexicano, desechable, les da lo mismo vivo que muerto.

 

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Hace dos semanas, en la esquina de Instituto Literario y Benito Juárez, en pleno centro de Toluca, a las doce del día, un estudiante de secundaria fue levantado por un grupo armado que no tuvo ninguna dificultad en llevarse al joven, a quien subió a un auto, frente a un grupo de policías municipales, que observaron el movimiento, sin intervenir. Quienes hicieron algún intento por hacerlo fueron los vendedores de periódicos instalados afuera de la cafetería TOK’S pero fueron rápidamente disuadidos por las armas que les fueron mostradas. Secuestro o venganza, aquello todavía no tiene explicación oficial pero algunos ya especulan que el estudiante estaba inmiscuido en algún tipo de crimen y que el levantón obedece a revancha. La ley no sirve para nada. La ley de la calle. El ojo por ojo.

 

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Lectores de esta columna envían de nuevo consideraciones acerca de Jaime Efraín Hernández González, secretario ejecutivo del Sistema Ejecutivo del Sistema Estatal de Seguridad Pública. Aquí la nueva entrega.

“Efraín, en aras de “tapar el sol con un dedo”, ha instruido que nadie, tratándose de persona ajena a su gente más cercana tenga acceso al piso donde se ubica su oficina. Hay mucho hermetismo, ¿qué pretende conseguir con cerrar las puertas? No con ello podrá ocultar su ignorancia, su desconocimiento e inexperiencia en temas de seguridad; su ineptitud de liderar una dependencia; su inconsciencia y omisiones para cumplir acuerdos, bastaría con preguntarles a los presidentes municipales del estado si se les ha dado cabal cumplido a los Acuerdos que se toman en los Consejos Municipales de Seguridad Pública; su torpeza para hacer política de alto nivel. De llegar siempre tarde a los eventos, de demostrar una total desorganización. Lo de él es la grilla barata: hablar mal a espaldas incluso de sus propios colaboradores y de “amigos”; y de frente, sonreírles.  A él le gusta el chisme de pasillo, que alentado por sus pupilos, es un ir y venir de cuanta patraña y cizaña sea necesaria. Sería muy interesante charlar con los servidores públicos del Secretariado Ejecutivo y preguntarles si sienten una mínima lealtad hacia él; si es respecto o es indiferencia lo que sienten hacia él.

“Resulta de mucho interés saber exactamente lo que pasa dentro del Secretariado Ejecutivo porque, a poco más de un año, le han renunciado intempestivamente tres personajes; muy recientemente, la renuncia hermética de un Director General. ¿Será acaso que ellos no sucumbieron a sus bajos intereses, a su juego de poder, a sus malévolos planes?

“¿Qué tan cierto es que su gente más cercana juegan un papel de Celestina porque le conocen y le saben, cosas muy personales (ellos hablan de deslices, de romances fuera del matrimonio) y que es por eso, que JAIME ha sucumbido a sus malsanos deseos de poder y les ha proyectado en un muy corto plazo, una carrera meteórica? De no ser nadie, ahora alardean de tener cargos dentro del Gobierno del Estado.

“Maestro Manzur, ¿no le resulta incómodo aguantar a un personaje de este tipo por el simple hecho de tener una amistad con él? ¿Y que él se sienta plenamente seguro en el cargo porque ha declarado ser su amigo? ¿No le resulta más redituable y fructífero poner a la cabeza del Secretariado Ejecutivo a una persona capaz en todos los sentidos? ¿Hay o no compromiso con el señor Gobernador?”.

Servidos.

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