A las 8 de la mañana

Miguel Alvarado

 

Andas por allí, con tu abrigo largo

de la mano de tus hijos, debajo de Nueva York

trepada en el Metro mirando, oliendo

sintiendo esa primera parálisis

del pasamanos al asirlo

 

la curva

 

el fantástico acomodo

del aire en tu cabello.

 

II

Están de pie

con ese viento de la mañana

y la cara al sol.

 

Podrían ser más altos.

Más delgados.

Menos jóvenes.

No tan hambrientos.

Más estudiantes.

Podrían hacer cualquier otra cosa.

 

Están formados mirando sus sombras alargarse en el suelo

mientras limpian sus cascos, las botas negras

intocables hijos de puta.

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