Manos arriba

* Como esta vez, muchas otras en el pasado hemos presenciado cómo los diputados del Estado de México ni siquiera cuentan con los dictámenes que aprueban, y que llegan a las comisiones sólo a levantar la mano. Más grosero aún es que ni siquiera lean las iniciativas y sus dictámenes, bajo el argumento de que así facilitan “el desarrollo de la sesión”.

 

Jorge Hernández

Bajo el mismo guión de los primeros dos años de la gestión, el pleno de la LVIII Legislatura estatal aprobó en sesión ordinaria del actual séptimo periodo, el 31 de noviembre del 2014, sin análisis previo ni un dictamen elaborado por los miembros de las comisiones correspondientes, desincorporar un predio ubicado en el centro de Ecatepec para donarlo sin condiciones de por medio a la Diócesis de la iglesia católica ahí radicada, que lo destinará, presuntamente, a la construcción de una Casa Hogar para sus ministros y oficinas de la misma.

Previamente, el legislador del PRD, Octavio Martínez Vargas, había impugnado la inclusión de este punto en la Orden del Día de la sesión, ya que, argumentó, el tema no se había discutido ni mucho menos dictaminado en comisiones, por lo que incluirlo para votarlo sin respetar el procedimiento era una violación incluso constitucional.

También afirmó que no se concebía semejante pretensión cuando era obvio que atentaba contra nuestro legado histórico y la separación Iglesia – Estado realizada desde tiempos de Juárez. No dejó de señalar que en el fondo se trataba de una decisión personal del presidente municipal local, Pablo Bedolla López, quien ni así se “ganará el cielo”.

Ante este reclamo, el controvertido diputado priista Aarón Urbina Bedolla López, presidente de la Junta de Coordinación Política, instruyó rápidamente al secretario de Asuntos Parlamentarios, Javier Domínguez Morales, para resolver el entuerto. Éste decidió que lo mejor era suspender por un momento la plenaria y convocar a reunión de la comisión dictaminadora, Patrimonio Estatal y Municipal, para cumplir el trámite y evitar alguna violación reglamentaria.

Suspendida la plenaria, dicha comisión legislativa dio curso al trámite y presentó un dictamen que ninguno de los ahí presentes conocía, aunque fue presentada como de su autoría. El diputado Martínez Vargas fue mayoriteado y el dictamen aprobado, consumando en los hechos dicha concesión. Todavía en el pleno, reanudada la sesión, Martínez y Norberto Morales Poblete, del PT, intentaron detener la calificación de este dictamen sin éxito alguno.

Pero más allá de este jaloneo -que también tuvo tintes cómicos cuando, durante su argumentación Martínez Vargas lamentó que algunos de sus compañeros fueran a votar a favor por el desconocimiento de nuestra historia, “lo que se comprende cuando muchos de ustedes ni siquiera terminaron la secundaria”-, el pasaje pone al descubierto una vez más el desaseo con el que se ha venido manejando esta LVIII Legislatura.

Nadie ignora que esto se debe a la mano del citado Urbina Bedolla –a quien iba dirigida esta última acusación- quien ha maniobrado para limitar al mínimo el accionar del Congreso. En este específico caso del estudio y dictamen de las iniciativas recibidas, ha detenido al máximo las que ingresan el PRD, el PAN, el PT y MC, no así las del gobernador, que se aprueban casi de inmediato.

También ha limitado el trabajo de las comisiones, que se reúnen el mismo día de la plenaria sólo para cumplir el trámite dictaminador. El peso del estudio recae ahora en las dizque “mesas de análisis”, donde se reúnen los asistentes y asesores de los legisladores para hacer este trabajo. Y al final de cuentas para decidir ellos qué se incluye y qué no en los dictámenes y proyectos de decreto.

Como esta vez, muchas otras en el pasado hemos presenciado cómo los diputados del Estado de México ni siquiera cuentan con los dictámenes que aprueban, y que llegan a las comisiones sólo a levantar la mano. Más grosero aún es que ni siquiera lean las iniciativas y sus dictámenes, bajo el argumento de que así facilitan “el desarrollo de la sesión”.

Lo que no deja de alentar Urbina Bedolla, sin embargo, es el trabajo político electoral de los legisladores del PRI y sus aliados, a quienes sigue insistiendo en repartir despensas y otros recursos entre sus electores. El verdadero trabajo de un diputado, para Urbina, es ése y no legislar.

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