Juan Armando Hinojosa: el poder de Tamaulipas

* Sus oficinas, en el corazón de Toluca, en la esquina de las calles Villada y Morelos, son parte de un edificio negro, impenetrable. Allí nadie conoce a Hinojosa. Apenas contestan llamadas y a nadie desconocido se recibe. Pero Hinojosa ha dejado de ser una aparición y se ha convertido en uno de los eslabones que unen al Grupo Atlacomulco con los intereses que controlan Tamaulipas.

 

Miguel Alvarado

Toluca, México; 8 de enero del 2015. En realidad, el consorcio Higa es una creación del Grupo Atlacomulco y las familias que controlan Tamaulipas. Ese poder familiar que controla al Estado de México y hoy está en la presidencia de México puede triangular multimillonarias operaciones sobre asignación de obras públicas y diversificar negocios. Lo hizo desde los últimos años de gobierno de Alfredo del Mazo González (1981-1986) cuando el empresario Juan Armando Hinojosa apareció desde Reynosa, Tamaulipas, para ganar sus primeros contratos. Pero fue en la administración de Arturo Montiel que reavivaría un modelo que ya era antiguo, inaugurado por Carlos Hank González, “El “Profesor”, en la década de los años sesenta, cuando era gobernador mexiquense y creó una “empresa estatal” para competir en licitaciones convocadas por su propio gobierno. No ganó todas, pero sí las más importantes.

Montiel armó en torno suyo a un grupo que le ayudara con su proyecto político y que no era otra cosa que un montaje que implicaba familiares y amigos para conservar el poder ganado en el Estado de México desde los años 40, con Isidro Fabela, y que se había extendido por todo el país gracias a la regla no escrita que seguían los de Atlacomulco: las relaciones de poder deben estar regidas por tres ejes: el lazo de sangre, un nexo empresarial y una razón de compadrazgo. Cumplido lo anterior, el grupo creció casi sin fracturas y desarrolló una estructura cuasi-medieval donde el poder y los erarios públicos eran de su propiedad. A ese grupo sólo le faltaba la presidencia de México, obtenida en el 2012 gracias a una alianza con Televisa, primero, y también a que Atlacomulco supo imponerse sobre el resto de las agrupaciones priistas a las que hizo a un lado en cuanto tuvo control del mismo PRI, encabezado en este momento por el ex gobernador mexiquense César Camacho, y de la propia Federación.

En el 2005 Arturo Montiel compitió por la presidencia de México. Armó un equipo, animado por su ex esposa, la francesa Maude Versini, a quien la idea de ser Primera Dama de México le rondaba desde que casara con Montiel, y se lanzó de cabeza en una gira, primero muy mexiquense y muy arropado por el voto duro del priismo y después a nivel nacional. Fue allí cuando se dio cuenta de que los políticos mexiquenses no tienen idea de cómo gobernar, antes de que sucedieran las elecciones internas del priismo, donde el contrincante del tío de Enrique Peña fue Roberto Madrazo, réplica del mexiquense pero con reflejos más aguzados.

El 20 de octubre del 2005, Montiel anunciaba el retiro de aquella atropellada precampaña presidencial. “Esta es la determinación más difícil de mi vida, pero también la más honorable”, dijo desde la sede del PRI estatal. Esa decisión obedecía a causas difíciles, sí, pero que no tenían nada de honrosas.

Madrazo había dado el primero y único golpe de las campañas negras internas de aquel año. La única virtud del tabasqueño fue la velocidad. Fue más rápido que Montiel, a quien se le vino el mundo encima cuando se publicaba que él y sus hijos eran investigados por Hacienda por supuesto enriquecimiento inexplicable. El tío de Peña Nieto no tuvo más remedio que abandonar aquella competición entre bribones, que al final también destruyó a Madrazo, cuando el panista Felipe Calderón ganaba los comicios del 2006.

Meses antes, en el 2005, Madrazo había enviado emisarios a Toluca, que se reunieron con la clase empresarial y con medios de comunicación para advertir sobre el Grupo Atlacomulco. No están dispuestos a compartir el poder, dijeron, y hay un plan para desintegrar como partido al PRI. Montiel y su grupo son un peligro, anunciaron hace 10 años.

Decir aquello en Toluca era predicar en el desierto. Los Montiel, ellos mismos ramificaciones desde Atlacomulco, dominan la capital sin piedad. La ciudad es de ellos y se hace lo que ellos dicen. Lo mismo en el resto del Estado de México. Poderosos pero provincianos, a los de Atlacomulco jamás les pasó por la cabeza que se cuestionaran sus decisiones, una vez ganada la presidencia del país. Los funcionarios mexiquenses que amurallaron  el feudalismo de Montiel y luego el descaro de Peña fueron convocados para hacerse cargo de México, que para ellos significó la oportunidad de sus vidas para convertirse en supermillonarios a costa del sufrimiento ajeno, del dinero público.

El Estado de México es el espejo al que se debió voltear desde el principio, antes de elegir a Peña, de darle una oportunidad a su administración. La prensa del Distrito Federal apenas “descubre” quiénes son los Golden Boy’s, cuál es la capacidad real del esposo de La Gaviota y cómo, desde la ignorancia, el desdén y la impunidad opera para su propio beneficio.

Todo eso ya estaba escrito, investigado, cuestionado. Todo, antes del 2012, en los pocos medios independientes del Estado de México y libros como los del periodista Francisco Cruz, cuyos títulos, “Negocios de Familia”, “Los Golden Boy’s” y “Tierra Narca” son, ahora, oráculos que pintan un futuro que ya sucedió en el Estado de México.

A Peña un equipo lo arropó para gobernar la entidad más poblada del país, con más de 15 millones de habitantes, un padrón nominal cercano a los 10 millones y poco más de 200 mil millones de pesos en presupuesto anual. Ese grupo fue seleccionado desde la época de Montiel Rojas, cuyo plan administrativo era el mismo que el de Peña. Antiguo propietario de dos camiones cerveceros y ex vendedor de casas en el fraccionamiento Los Cedros, en Toluca -cuando a Montiel le tocó un sexenio de sequía política a finales de los años 80- se rodeó de jóvenes ambiciosos y poco preocupados por sus funciones públicas. En cambio, tenían otras habilidades. Una de ellas era la gran capacidad para hacer negocios con los erarios; una lealtad a prueba de casi todo y la obediencia ciega para sus jefes políticos y mecenas. Jóvenes todos, en aquel 2005 ya tenían el poder en sus manos y harían los números para la administración estatal de Peña, de quien todos supieron en el Edomex, era el proyecto particular de Montiel, su delfín presidencial adelantadísimo debido, en parte, a que despertaba simpatías nada más verlo. Joven y apuesto, entraba en los rangos estéticos de Televisa y TV Azteca, los principales clientes del gobierno montielista, quien entendió desde sus limitaciones la subcultura de la imagen que desprende la pantalla chica y la necesidad de perpetuar el linaje.

Peña nunca fue brillante pero siempre estuvo en la lista de presentes. Escaló con facilidad cargos políticos gracias a sus relaciones familiares. Pertenece al Grupo Atlacomulco y por “derechos de herencia” pudo, incluso, despachar como secretario de Administración estatal en el 2003. Afiliado al PRI a los 18 años y cumpliendo papeles de bajo perfil, Peña aprendió de inmediato que la política en México no es una cuestión de capacidades sino de relaciones familiares. Las aprovechó bien, pues la competencia estaba dentro de su propio clan, con los juniors de la época. Carolina Monroy, su prima; Alfredo del Mazo Maza, también primo o sus parientes en el empresariado como la familia Alcántara, dueña del transporte público, constructores de terminales como Observatorio en el DF y otras en el Edomex y ahora concesionaria de las tarjetas de peaje IAVE. Todos querían lo mismo: poder y dinero. Los hijos de Montiel, Arturo y Pablo, también habían entendido las bondades de la mexiquense sangre azul. Ellos fueron los precursores de un mini-modelo que luego con Higa se desarrolló en términos monstruosos, salvajemente.

Juan Pablo Montiel creó algunas empresas que saltaron a lo público cuando Madrazo asestó su golpe. Una semblanza de la revista Quién, en el 2013, lo ubica viviendo en Miami, al igual que a su hermano, y recuerda que los negocios que fundó en el 2005, y siguen funcionando, son “Surtidora de Karne (con 55% de las acciones), junto con Jenaro Barrera Nemer (15%) y Florentino Raúl (30%); además de Arrendadora y Maquiladora de la Industria Textil”.

En febrero del 2006 la PGR investigó a Surtidora de Karne, un requisito nada más, para seguir un proceso que conduciría a ninguna parte. Documentos de la Secretaría de Hacienda federal indicaban dos depósitos por 35 millones de pesos a una cuenta a nombre de Juan Pablo Montiel, entre el año 2000 y el 2001. Otros 35 millones de pesos serían contabilizados a partir de propiedades en Acapulco, Valle de Bravo, Ixtapan de la Sal, Houston, Miami, Toluca y Francia. El reportero de La Jornada, Gustavo Castillo, recuerda que en el 2004 una primera investigación contra Montiel indicaba transferencias por 2 millones 8 mil pesos. Finalmente ni Hacienda, la PGR ni la Procuraduría estatal probarían nada y exonerarían a la familia.

A Juan Pablo Montiel también se le relacionó como socio de la empresa OFEM, demandada por otra, Belumex Internacional, por incumplimiento de pagos por 3.6 millones de pesos en una compra de electrodomésticos. OFEM es encabezada por el ex tenista Oliver Fernández y el hijo del ex presidente de México, Ernesto Zedillo, el junior Ernesto Zedillo Velasco. Oliver Fernández también fue parte de la junta directiva de la empresa Oceanografía, a la que apenas se le vinculó con un fraude por más de 400 millones de dólares.

Juan Pablo Montiel hizo negocios desde las relaciones de su padre y junto con Jenaro Barrera Nemer aparecieron en el consejo editorial de una revista mensual, Live Santa Fe, en el 2012,  que “reúne las noticias y acontecimientos del distrito corporativo y comercial más importante del país, así como negocios y estilo de vida”.

Pero si Juan Pablo fue discreto, Arturo Montiel junior no tuvo esos cuidados. Actualmente tiene 46 años y vive en Miami, dedicado a la construcción de unidades habitacionales desde su propia empresa. Casado dos veces, tiene dos hijos adolescentes y dos pequeños, y su actual esposa es Lorena Martín. A Montiel junior se le relacionó siempre en negocios cercanos a los cargos públicos de su padre. Se le señala, desde que el ex gobernador fue dirigente estatal del PRI, como el encargado de la publicidad del tricolor y también, ya en el sexenio que gobernó su pariente 1999-2005), distribuidor de desayunos escolares. Él mismo, asiduo a bares y restoranes en Toluca, presumía este negocio que, según él, le hacía ganar 600 mil pesos diarios. Se le relacionó siempre con testaferros y con la propiedad del restorán Santorini, los bares Loft, Aqua, El Mastín y Bamboo, a nombre de amigos cercanos. También se le ubicó como el constructor de casas de interés social en San Antonio la Isla, en el fraccionamiento Rancho San Dimas; con trámites de cambio de uso de suelo; con el fraccionamiento La Providencia en Metepec y al frente de una comercializadora cuyo cliente principal era el gobierno del Estado de México.

Al hijo mayor de Montiel Rojas se le conoció una empresa, Meitro, SA de CV, creada a principios del 2005, dedicada a importaciones y exportaciones. Estaba ubicada “en el quinto piso del edificio de Carrocerías Toluca, en avenida Independencia. Iba ocasionalmente a las oficinas rentadas; todavía el cajón de estacionamiento para sus lujosos carros tiene su nombre”, recuerda una nota de la página web Dossier Político.

En esa empresa, Meitro, Arturo junior aparece como socio con 50 por ciento de acciones, junto con Marco Antonio Reyner Portes Gil, quien tiene 25 por ciento, y al lado de Marco Antonio González Villa. Además, Montiel junior incluyó a sus hijos, Arturo y Santiago. También se le relaciona con una empresa gasolinera, Grupo Gasolinero Mexicano, a nombre de Rafael Salgado y que en el 2005 poseía más de 40 estaciones.

El socio, Marco Antonio Reyner Portes Gil, egresado de la Universidad Anáhuac en Derecho en el 2005, es ahora un empresario ampliamente conocido en México. Reporte Índigo lo menciona como socio del dueño de Grupo Gasolinero  Mexicano, “Javier Rodríguez Borgio, (dueño además de) los casinos Big Bola y socio de Oceanografía, la compañía acusada de haber defraudado a Banamex con facturas falsas de Pemex”, en el 2014.

La amistad de Montiel junior con Reyner Portes Gil, pariente del ex presidente mexicano Emilio Portes Gil, resultó el amuleto de la buena suerte para este último, activo todavía en el mundo de los negocios. Un ejemplo lo da el fraccionamiento Villa Fontana, que una empresa de Reyner construyó en Lerma, con una inversión de 57 millones 864 mil 500 pesos, para 550 viviendas y que realizó en el 2012.

Vermudo México fue constituida el 22 de mayo del 2009, “inscrita en el Registro Público de la Propiedad y del Comercio del Distrito Federal, México, bajo el folio mercantil electrónico No. 404194-1, de fecha veinticuatro de septiembre” de ese mismos año. La Gaceta de Gobierno del Estado de México da cuenta de aquel fraccionamiento el 11 de diciembre del 2012.

El 12 de abril del 2013, la Gaceta del Estado de México publica “que mediante la Escritura Pública No. 23,205 de fecha quince de diciembre del dos mil nueve, otorgada ante la fe del Notario Público No. 82 del Distrito Federal, se hizo constar la Renuncia de los miembros del consejo de gerentes; la designación de los miembros del consejo de gerentes y la revocación y el otorgamiento de poderes que otorga la empresa “VERMUDO MÉXICO”, S. de R.L. de C.V., en donde se designan como miembros del consejo de gerentes a Marco Antonio Reyner Portes Gil, como Presidente y Marco Antonio González Villa, como secretario”. El círculo se cierra. González Villa fue socio de Montiel junior en aquella Meitro.

Los compañeros de Montiel junior se volvían a unir, sin él en lo legal, para seguir con los negocios.  Finalmente, el terreno para desarrollar Villa Toscana fue vendido a la constructora Consorcio Hogar de Sinaloa, dirigida en el 2013 por Ana Cristina Hernández Varela y que otorgaba un poder de representación Tipo A para Paul Davis Carstens, actual director y “pariente de Agustín Carstens gobernador del Banco de México y exsecretario de Hacienda”, documenta la revista Proceso. Reyner Portes Gil es también representante legal de la sociedad mercantil “METQRO”, S. A. de C.V., que tiene actividad en Querétaro. Reporte Índigo afirma que Reyner también participó en la empresa Java International, en 1998, junto con Javier Rodríguez Borgio.

Este era el caldo de cultivo en el Estado de México cuando Juan Armando Hinojosa llegaba, luego de 10 años de que su primera empresa, PACSA o Publicidad y Artículos Creativos, se instalara en Toluca para hacerse cargo de los impresos y las serigrafías del Ejecutivo.

 

Pasado nebuloso

 

Martín Mendoza, columnista del diario El Debate, de Sinaloa, ofrece una pista sobre la llegada de Hinojosa y sus relaciones con el Grupo Atlacomulco, cuando le pregunta al coordinador de Comunicación Social de la Presidencia de México, David López, de vacaciones de fin de año en el 2014 en Guamúchil, Sinaloa. López asegura que no fue él quien presentó al empresario de Tamaulipas con Del Mazo, sino Jorge Jiménez Cantú (1975-1981), ex gobernador mexiquense. La concordancia en los apellidos vuelve a engranar en una maquinaria donde nada es casualidad. Jiménez Cantú nació en el DF e Hinojosa Cantú en Reynosa. Nada hay que los relacione en grado de parentesco, al menos por ahora.

La línea genealógica del empresario más exitoso de los últimos años en México, con negocios actualmente por 49 mil millones de pesos, ha sido desglosada en una página de facebook, Historia de Reynosa, www.facebook.com/historia.dereynosa, dedicada a revisar la historia y los personajes de esa ciudad.

Eliseo Hinojosa Rodríguez es el más antiguo ciudadano rastreado con ese apellido. Nacido en 1890, “posiblemente en Herreras”, es el hilo conductor en la curiosa casta del empresario, desarrollada como una tela de araña.

Juan Armando Hinojosa Cantú tiene dos hermanos. El primero se llama Óscar Hinojosa Cantú, nacido en Reynosa en 1953; le sigue el empresario, quien vio la luz en la misma ciudad, en 1956 y por último aparece Thelma Ileana Hinojosa Cantú, sin fecha de nacimiento.

En aquel árbol escueto la pista de Thelma se pierde de inmediato, pero al menos hay una referencia sobre Óscar, desposado con Rosalía Camacho y por supuesto de Juan Armando, casado a la fecha con María Teresa García Cubria, “hija de Humberto García Gorena y Teresa Cubria Cavasos”.  En registros del gobierno del Estado de México María Teresa García Cubria aparece como apoderada de la empresa PACSA.

También consta el nombre de los padres de Juan Armando. Se trata de Óscar Hinojosa Sánchez, casado con Dora Patricia Cantú Moreno, “hija de Cayetano Cantú Cantú y de Dora Moreno Chapa”. El salto al pasado da para un poco más. El nombre de los abuelos redondea los orígenes aunque no aclara las circunstancias, las puertas abiertas del poder mexiquense con Hinojosa. Los abuelos fueron Eliseo Hinojosa Rodríguez, ese primer personaje fechado en 1890, casado con Rosa Sánchez Peña. El árbol se trunca allí. No hay constancia del hijo fallecido de Juan Armando y Teresa, Juan Armando Hinojosa Cantú -casado en 2007 y luego divorciado de la hija de Fidel Herrera, ex gobernador de Veracruz- muerto al accidentarse el helicóptero en el que viajaba desde la hacienda Cantalagua, Michoacán en julio del 2012.

Por ningún lado aparece un nexo con los apellidos del ex mandatario Jorge Jiménez, pero sí hay del resto de los Cantú, por ejemplo, el de Dora Patricia Cantú Moreno, citada por documentos del Congreso de Tamaulipas cambiando un terreno de su propiedad por otro, para que se construya un panteón, el 21 de enero del 2003 en un largo proceso que habría comenzado en los años 70 y que generó un conflicto legal, pues en parte de ese terreno, en 1992, se construyeron indebidamente oficinas de la Procuraduría de Tamaulipas. La compensación llegó tarde pero en forma de un terreno de 31 mil metros cuadrados a cambio de aquella donación, que tenía originalmente 41 mil metros cuadrados. Dora Patricia tiene un negocio: administrar cementerios como el Parque Funerario Valle de la Paz. Está inscrita en una lista de proveedores del gobierno de Tamaulipas, del 2014, http://transparencia.tamaulipas.gob.mx/wp-content/uploads/2014/02/XII.-PADRON-DE-PROVEEDORES-24012014.pdf, con el número 501980 y radicada en Matamoros.

Óscar Hinojosa Cantú, hermano mayor de Juan Armando, es el administrador del cementerio Valle de la Paz, la principal funeraria y consta en notas de prensa que “sustenta un contrato con el Ayuntamiento de Reynosa ciudad para el “levantamiento y sepultura” de cadáveres inidentificables”. De Thelma, la hermana, no hay registros.

La revista Impacto, http://impacto.mx/revista/BVA/pe%C3%B1a-otra-vez-al-rescate-de-sus-colaboradores, ubica a Juan Armado Hinojosa como pariente “de Ramiro Garza Cantú, propietario a su vez de 3 plataformas petroleras en aguas profundas por las cuales Pemex paga una renta diaria de medio millón de dólares por cada una”. Y es verdad. Como en Toluca, Tamaulipas observa la misma relación de apellidos con nexos con el poder y el dinero público. A los Hinojosa Cantú, por lazos de sangre, se les asocian los Garza, los Tijerina, los Ansaldua, los Villarreal, los Moreno, los Chapa, los Zamora y los Longoria, entre otros.

Garza Cantú es presidente del Grupo R y está considerado como el hombre más poderoso de Tamaulipas, pero también uno de los más influyentes de México. Es, literalmente, dueño de media ciudad de Reynosa y de la periferia que la circunda. Vive entre EU, Sudamérica y México. “El negocio que lo ubicó en las filas de los hombres más ricos de Tamaulipas… fue el de prestador de servicios y constructor de obra civil y mecánica al servicio de Petróleos Mexicanos”, recuerda el columnista Eligio Aguilar, del diario El Despertar de Tamaulipas. “La especulación inmobiliaria, la construcción y los contratos con PEMEX son las facetas visibles del negocio principal de Ramiro Garza Cantú, el negocio verdadero de una de las manos que mece la cuna en la política de Reynosa es, precisamente, la política”.

La relación que hace el columnista es reveladora y tiene la virtud de sacar del anonimato a Juan Armando Hinojosa, quien, a partir de ahora, tiene ya un lugar desde el pasado, en las conexiones políticas de sangre y empresariales que exigen los grupos que controlan al país. Ramiro, pues, representa el brazo político de los Hinojosa Cantú y es la verdadera conexión con el poder real de México. Ramiro mismo es la contraparte del Grupo Atlacomulco. Es hermano del ex alcalde de Reynosa, Rigoberto Garza Cantú y de Álvaro Garza Cantú, ex edil de Tamaulipas. Es tío de Rigoberto y Armando Garza, el primero presidente del Comité Directivo Municipal del PRI en Reynosa y el otro jefe de la Oficina Fiscal en Reynosa. Otros sobrinos, Javier y Ángel Garza, son gerente de Comercialización en la Comisión Municipal de Agua Potable y director de Ecología en Reynosa, respectivamente.

Además es propietario del diario pro-peñista La Razón y competidor directo de la empresa Oceanografía por los contratos de la paraestatal. Su empresa descubrió, frente a Tamaulipas, en el 2012, el yacimiento de petróleo más grande en México, calculado para generar 10 mil millones de barriles.

Otro círculo en la red de relaciones se cierra con Ramiro Garza Cantú. La hija del petrolero, de nombre Ana, está de novia y con boda en puerta con Eugenio Hernández Flores, ex-gobernador de Tamaulipas y uno de los hombres más ricos de esa entidad. Hernández es uno de los amigos más cercanos del presidente Peña Nieto y por ello, dice el analista Mauricio Fernández Díaz, tenía, en el 2014, amplias posibilidades de dirigir Pemex o controlar enlaces, esquemas y protocolos que se aplicarán con la reforma energética.

De todas maneras, nadie se explica cómo llegó Juan Armando Hinojosa a una ciudad como Toluca para poner un negocio de publicidad y serigrafía en 1988. Lo cierto es que no llegaba como cualquiera. Discreto, sí, pero con amplísimas recomendaciones que de inmediato lo pusieron a jugar golf en San Carlos, un club de Metepec, recuerda el propio David López. Ahí se conocieron. El resto es una ascendente espiral de dinero público entrando a las empresas de Hinojosa, que hasta ahora no sólo ha construido un emporio comercial, sino una serie de relaciones que incluyen al Grupo Hermes de la familia Hank y un fantasmal compadrazgo con Peña Nieto desde el 2005, que nadie en Toluca ha podido comprobar. Esas relaciones le alcanzan al empresario para nominar a uno de sus cercanos para la alcaldía de Reynosa y enfrentar el reclamo de los priistas de aquella ciudad, en un acto público en agosto del 2014, ante César Camacho, dirigente nacional. A Hinojosa los priistas lo llaman “El Padrino de Reynosa”.

Hinojosa entraría de lleno en el gran negocio de la construcción cuando se le otorga la concesión para edificar el hospital del ISSEMyM, en Metepec, cuyo costo excedió en unos 60 millones de pesos porque, se comentaba en los ámbitos palaciegos en la época de Montiel, de ahí saldría el pago del divorcio del tío de Peña Nieto, unos 30 millones de pesos. El resto es historia. Peña prohijó aquella relación que en Toluca no escandalizaba porque era una costumbre normal tener socios consentidos pero que alcanzó niveles de azoro cuando a Higa le abrieron la puerta de prácticamente todos los estados de la república. Sus oficinas, en el corazón de Toluca, en la esquina de las calles Villada y Morelos, son parte de un edificio negro, impenetrable. Allí nadie conoce a Hinojosa. Apenas contestan llamadas y a nadie desconocido se recibe. Pero Hinojosa ha dejado de ser una aparición y se ha convertido en uno de los eslabones que unen al Grupo Atlacomulco con los intereses que controlan Tamaulipas.

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2 comentarios

  1. Que asco y pobre México y sus ciudadanos, en manos de ratas criminales

  2. No me gusta para nada y pobre México en manos de ratas criminales


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