Morena: la ruta del desastre

* En el Estado de México, el Movimiento de Regeneración Nacional se alista para afrontar sus primeras elecciones como partido político. Creación de Andrés Manuel López Obrador, Morena ha generado expectativa entre la izquierda mexiquense presentándose como una opción ante el debilitamiento del PRD. Pero con las elecciones encima, el partido de AMLO se debate entre actos de corrupción que nadie se atreve a calificar de malos entendidos, y desde la militancia se revela una ruta hacia el desastre provocada por su propia dirigencia, encargada ahora mismo de enterrar cualquier opción de triunfo que se hubiera planificado.

 

 

Francisco Cruz/ Miguel Alvarado

Toluca, México; 11 de febrero del 2015. Las proyecciones sobre el futuro del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) suelen ser tan exageradas que con frecuencia rayan en el extremo cómico. Detractores y simpatizantes representan un contrapunto llamativo como si sus opiniones, calificativos y análisis fueran cortes encargados por diseño y a la medida. Unos y otros se mueven en bandas coloridas que ocultan una verdad oscura del bisoño partido: invisible, la militancia es conducida mansamente y en rebaño al matadero, como pasa en el Estado de México.

Atraída por la promesa de “el cambio verdadero” que propaga su líder moral, el dos veces candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, el sueño propio de la decencia política y el convencimiento de que sí puede limpiarse de corrupción el Estado de México, esa militancia mexiquense se ha convertido en testigo silenciosa del abuso sin recato de sus líderes estatales para hacerse de los millonarios recursos que empiezan a fluir a través de las prerrogativas partidistas.

Un breve análisis de las contabilidades públicas del Instituto Electoral del Estado de México (IEEM) —entre ellas el acuerdo CG-15/2015— aporta elementos incuestionables: la dirigencia estatal de Morena, cuya queja es eterna por la falta de recursos, recibirá este año nueve millones 713 mil pesos para actividades permanentes. También se le entregarán 2.9 millones para promoción del voto, otros 397 mil 382 para actividades especiales, al menos 150 mil pesos adicionales, cada mes, para gastos de oficina, secretaria, chofer y vehículo oficial, que se le entregan directamente a Luis Daniel Serrano Palacios.

Además de atestiguar lo que se llama “el agandalle”, esa militancia, último eslabón de los partidos, ve de reojo cómo sus dirigentes encabezados por Pedro Zenteno Santaella acaparan burdamente los primeros lugares en las listas de las candidaturas plurinominales a través de procesos de dudosa legalidad, amañados, fraudulentos y tramposos o de franca imposición para garantizar su ingreso, y el de algunos allegados, a las jugosas nóminas gubernamentales en el Congreso de la Unión.

Si antes de llegar a la dirigencia morenista el doctor Zenteno, como lo conocen sus amigos y colaboradores cercanos, prometió y se comprometió a no buscar cargos de elección popular porque quería servir desinteresadamente para consolidar un nuevo proyecto, y romper con la tradición de que el presidente de un partido siempre busca cargos para sí, en las últimas semanas ha demostrado que la “democracia” mexicana es muy benevolente, que las palabras se las lleva el viento y que siempre es muy placentero servirse con la cuchara grande.

Dividido y confrontado el Comité Ejecutivo Estatal, con bandos irreconciliables, en Morena mexiquense se hacen cada día más visibles los vicios que criticaban y por los que abandonaron al Partido de la Revolución Democrática (PRD) y todavía un poco antes, en muchos casos, al Revolucionario Institucional (PRI) para transformar “la realidad del país por la vía pacífica, y construir una sociedad realmente libre, justa, democrática […] una revolución ética de la vida pública y de la política, reivindicando este noble oficio como la vocación al servicio de la sociedad”, como advierten los documentos básicos de Morena.

En otras palabras, la democracia, la igualdad, la justicia y el derecho a disentir, como la autocrítica y la vocación de servicio, son algunos de esos tantos eufemismos en la vida diaria del mexicano común; palabras apenas sobresalientes en la discursiva partidista, en el Congreso de la Unión y en el Poder Ejecutivo federal.

 

Temas para preocuparse

 

Aciago, incierto y terco, el juego del poder ha colocado a los militantes mexiquenses de Morena en estados de ánimo y escenarios nada gratos de corto plazo: el temor ante el comportamiento cínico de sus dirigentes estatales y de que éstos se conformen con el 10 por ciento de los votos que obtendrían en automático en los comicios de junio próximo; la incertidumbre de que sus líderes nacionales —Martí Batres Guadarrama y López Obrador— se queden de brazos cruzados, y el descontento porque aún recuerdan el 2011, cuando apenas y con muchas penas pudieron aportar 132 mil sufragios de Morena a su candidato a gobernador, Alejandro Encinas Rodríguez.

Si bien ha puesto toda la carne al asador para sacar adelante el proyecto, esa misma militancia ha empezado a cuestionar. Ve como una quimera los lemas lopezobradoristas de “Morena, un partido diferente”, “Justicia y gobierno honrado” y “Organización para la revolución de las conciencias”. La política partidista a través de Morena Estado de México —la entidad con el mayor número de votantes, casi once millones, y más distritos electorales del país, aparece como un monstruo inmortal, una hidra cuyo aliento contamina el primer proceso electoral en el que participará como partido.

Cualquier observador medianamente informado se habría enterado que antes de terminar la primera semana de febrero, un grupo de militantes de Morena en Cuautitlán Izcalli hizo llegar a Batres y López Obrador una carta que documenta, en parte, la descomposición interna: “lo que ocurrió en la asamblea electoral del pasado 1 de febrero es uno de los actos contra los que siempre ha luchado el movimiento, de no permitir imposiciones por parte de ningún órgano de poder”.

Si los problemas se han enraizado o no, el tiempo lo dirá, pero la grosera imposición de Xóchitl Nashielly Zagal Ramírez, secretaria de Comunicación de la dirigencia estatal como candidata única a diputada federal enfureció a los morenistas locales y puso al descubierto parte del desaseo, de la forma en la que se maneja el partido, de las trampas para impugnar las candidaturas y de la protección que ofrece la presidencia estatal del partido para algunos de sus dirigentes. Firmada debidamente, la misiva alerta sobre una estrategia deliberada “con el objetivo de colocar sólo a los amigos” en los puestos clave de elección directa y de representación proporcional.

“De igual forma, se violentó la autonomía de la asamblea al especificar que no se iba a rendir (permitir) opinión alguna ni a discutir ningún aspecto; es decir, se negó” el debate interno y el derecho a disentir. La asamblea “se redujo a un ejercicio ya viejo y característico de los partidos opresores […] sólo se nos entregó un papel en blanco para emitir nuestro voto […] se montó un teatro haciendo alusión a un acto democrático (y) así salvaguardar la imposición”.

Y en Naucalpan amenazaron con llevar sus quejas hasta el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF, antes Trife) si sus dirigentes estatales mantienen sus políticas de ojos cerrados y oídos sordos, mientras en Toluca denunciaron acarreos, lo mismo que en los distritos del Valle de Chalco. En Huixquilucan y Villa Nicolás Romero fueron evidenciadas otras trampas, que incluyeron “asambleas” en domicilios particulares “a los que era imposible llegar”.

Los protagonistas del cambio documentaron 99 candidaturas ilegítimas o 99 candidatos impuestos a través de maniobras oscuras en sus primeros procesos internos. Por las fricciones internas evidentes y las pugnas con aquellos que intentan mantener su antiguo estatus de políticos consagrados, bañadas por la rumorología que proviene de la misma dirigencia estatal, Morena no tuvo capacidad para realizar asambleas formales —cumplir con el quórum reglamentario de 151 protagonistas del cambio— en 27 de los 40 distritos federales electorales.

Aunque medianamente funcionó el “arte” del acomodo e interpretación engañosa de los reglamentos, fueron esos los casos, entre otros, de los distritos que no lograron quórum aquellos con cabeceras en I Jilotepec, III Atlacomulco, IX Ixtlahuaca, XII Ixtapaluca, XIII Ecatepec, XIV Atizapán de Zaragoza, XV y XIX Tlalnepantla, Naucalpan XXI, XXVI y XXXIV Toluca, XXVII Metepec y el XL de Zinacantepec.

Como lo puso una protagonista del cambio en Tenancingo, a donde se quejaron de que la dirigencia estatal “intenta imponernos como candidato a un doctor, Guillermo Gómez Ramírez, que nadie conoce. Pero, como dicen en la dirigencia estatal: tiene dinero para pagar su campaña […] de tal manera que las candidaturas parecen estar en venta al mejor postor. […] Y le ha solicitado apoyo a la ex alcaldesa priista Tanya Rellstab Carreto —protegida del ex gobernador priista Arturo Montiel Rojas— para que algunas asambleas se realicen en sus salones de fiesta. […] Cuando reclamamos, Pedro Zenteno culpó enteramente a la dirigencia nacional… todavía cree que somos unos idiotas.

”Zenteno nos envío como su representante personal a Javier Prianti Velázquez, un ex regidor perredista del millonario municipio de Metepec, que no tiene cargo alguno en Morena, para advertirnos que es necesario tener candidatos que puedan sufragar sus campañas porque el partido requiere sacrificios en este momento”.

La sombra de preocupación es muy evidente: con el apoyo del grupo de Zenteno, Morena impuso a Maurilio Hernández como candidato a presidente municipal de Tultitlán, quien es hermano de Everardo Hernández—un político muy cercano a Carolina Monroy del Mazo, prima consentida de Enrique Peña Nieto, ex alcaldesa de Metepec, ex titular del Sistema de Radio y Televisión Mexiquense, ex secretaria de Estado, sobrina de Alfredo del Mazo González y actual aspirante priista a una diputación federal—.

En mayo de 2013, el dirigente de Morena Metepec, Agustín Lagunas Álvarez, y el secretario de la organización, Rolando Méndez Aguilar, acusaron a Everardo, entonces jefe de la Unidad Anti-Corrupción del gobierno municipal que encabezaba Monroy del Mazo, de intentar desestabilizar y sabotear la construcción de Morena como nuevo partido político: “no puede pasar inadvertido, dado que Everardo Hernández es un funcionario de primer nivel que se supone sólo responde a órdenes directas de la alcaldesa”.

 

Crónica terquedad

 

Los conflictos y las diferencias internas, que han dejado como saldo ya incluso algunas suspensiones de derechos, enmarcan ya una breve historia que empezó hacia finales de 2012: impulsado por el contador Manuel Álvarez —personaje con sólidas ligas en el movimiento Izquierda Democrática Nacional (IDN) que controla René Bejarano Martínez en el Partido de la Revolución Democrática— y protegido por Luis Daniel Serrano Palacios —secretario de Organización de Morena mexiquense, representante ante el IEEM y a quien se identifica como el poder real—, Zenteno se ha convertido en un dirigente camaleónico en la alta burocracia morenista, un “caníbal” que ha empezado a devorar a su partido y que se “metió” a las listas plurinominales federales con apenas 28 votos en el distrito II con cabecera en Teoloyucan.

Los secretos de Zenteno no están tan bien guardados: Álvarez es un empresario del ramo de la construcción con intereses en el municipios de Atizapán y en otros que controla directamente Zenteno, y Serrano —un bejaranista que ahora controla los recursos millonarios que empieza a entregar el IEEM a Morena—, es pareja sentimental de Iliana Almazán Cantoral, directora general de la Red de Transporte de Pasajeros (RTP) del Distrito Federal convertida en una agencia de empleo del grupo del profesor Bejarano, conocido más por su mote de El señor de las ligas. Almazán es suplente de la diputada bejaranista Ariadna Montiel Reyes, ex directora de esa empresa de transporte.

Con el apoyo efectivo de esos cuatros personajes —Álvarez, responsable del financiamiento, Serrano, Almazán y Montiel, además de Mauricio Hernández Núñez, responsable nada más en la Comisión de Honestidad y Justicia—, Zenteno ha pasado inadvertido o, como se dice, ha nadado de a muertito para sortear los vaivenes de la grilla interna y eludir las menciones frecuentes de su nombre en operaciones políticas dudosas, como la burda imposición de candidatos, la manipulación de asambleas distritales, la ausencia total de autocrítica y la difusión de rumores sobre presuntos actos de corrupción.

Pero viejos demonios acechan al grupo de Zenteno. La duda sobre su separación del PRD y en especial de la tribu bejaranista es permanente; pero también hay quienes lo ligan muy de cerca al Grupo de Acción Política encabezado por Higinio Martínez Miranda. La indignación aumenta porque en su apoyo también se ha visto muy activo a Hernández Núñez, funcionario de la Delegación Iztacalco del Distrito Federal, mientras que en el Consejo Estatal de Morena el grupo de Zenteno cuenta con el manto protector de María Eugenia González Caballero.

Nadie quiere acordarse de que Zenteno fue responsable directo del primer gran fracaso de Morena en el Estado de México; de la simulación en la que se convirtió el movimiento cuando le prometió al menos tres millones de votos efectivos a su candidato a gobernador Alejandro Encinas en 2011, pero que en esa gran farsa sólo pudo entregar cuentas por 132 mil. Esa historia fue documentada en el libro AMLO, mitos, mentiras y secretos que se publicó en 2012 bajo el sello temas de hoy de editorial Planeta México.

También se ha dejado por la libre al secretario general, Félix Santana Ángeles, quien en 2014 fue acusado, juzgado y sentenciado por la Comisión de Honestidad y Justicia de Morena Estado de México por “permitir el acarreo y las prácticas corporativistas” del Grupo Acción Política y la Unión Popular Revolucionaria Emiliano Zapata. A Santana Ángeles le salió barata la condena: seis meses proscrito de toda actividad partidista.

Hoy, personajes allegados a Zenteno han empezado a correr rumores en el sentido de que investigan a Santana por uso fraudulento de recursos internos y por salirse de la institucionalidad para promover intereses personales y de su grupo.

Entre la desconfianza, la turbación, el caos por la derrota de 2011, la animosidad y después del enojo inicial, Zenteno y su equipo tuvieron un margen de maniobra muy amplio para sortear el fracaso y dejar que este episodio y los pésimos resultados recayeran en los hombros de los equipos de Octavio Romero Oropeza; el hijo menor de Andrés Manuel —Andrés Manuel López Beltrán— y algunos otros operadores.

Pasadas las sospechas que prevalecían y la intriga, Zenteno y compañía sacaron la varita mágica para eludir cualquier señalamiento por el desastre electoral mexiquense. Aquel se hizo un personaje de todavía menor perfil. La protección directa de López Obrador y la llegada de Encinas al Senado, como primera minoría, lo alejaron de las calamidades del naufragio electoral, exiliándose en San Luis Potosí.

Contrariamente a lo que se pensaba, hasta el rancho con piscina a donde acostumbra descansar el doctor Pedro Zenteno Santaella y su colección de autos clásicos quedaron a buen recaudo. Si fue casualidad o buena suerte, el caso es que muy pocos recordaron que Morena Estado de México, todavía movimiento, prometió a Encinas tres millones de votos. Ateniéndose estrictamente a los hechos, la simulación fue de tal nivel que, pasado el proceso y digerida la derrota, la cúpula lopezobradorista descubrió lo que sospechaba y tanto temía: la “maquinaria” morenista era un fantasma en territorio mexiquense.

Los caciques priistas de barriada y el ejército magisterial que despachó el Sindicato de Maestros, controlado por el gobierno del estado, habían impuesto un sistema de control tan efectivo que en aquellos comicios sólo dos de cada diez protagonistas del cambio verdadero conocían la labor que les correspondía realizar. Morena quedó evidenciada, junto con urgente necesidad de cambiar de estrategia.

 

Golpe de timón

 

Rota hoy la dirigencia estatal por la disensión, los conflictos, la sospecha, el recelo, el abuso, muchos chismes, el canibalismo político y la prevalencia de intereses personales que alientan la creación de pequeños “dictadores”, morena mexiquense enfrentará en junio próximo a los demonios de 2011.

Regocijados por los escándalos de Morena, los priistas registraron el sábado 7 de febrero la llegada de José Ramón López Beltrán, el primogénito de Andrés Manuel López Obrador, y siguieron puntualmente una gira de reconocimiento que realizó por municipios de la zona sur: entre ellos Amatepec, Tejupilco, Zacazonapan, Otzoloapan y Luvianos, este último gobernado por militantes del PRD, pero considerado bastión lopezobradorista. Tlatlaya quedó pendiente porque la dirigencia estatal ocultó que no lo ha trabajado y es muy peligroso el trabajo político; Zenteno y compañía escondieron deliberadamente que el municipio se lo han dejado enteramente al PRD.

Sólo por curiosidad, militantes priistas de aquella zona difundieron con sorna que el enlace morenista en la región lleva por nombre José Benítez y que nada más es hijo del alcalde perredista de Luvianos. En otras palabras, parece que la dirigencia estatal está haciendo el trabajo político por el PRD.

Si fue mera coincidencia, fruto de un proyecto personal, de la desconfianza o la incertidumbre es difícil establecerlo en este momento, pero para los vecinos de enfrente, sus rivales priistas, no hay duda de que, con los comicios a la vuelta de la esquina, la necesidad de mantener su registro e impulsar una gran agenda legislativa, Andrés Manuel ha dado un golpe de timón para meter en cintura a su dirigente estatal porque los escándalos han trascendido, se acumulan y amenazan con estallar.

Frente a una dirigencia estatal erosionada, dispuesta a sacrificar a sus protagonistas del cambio en beneficio de las minorías, con los priistas siguiéndole la pista y un rosario de reclamos, José Ramón ciertamente ha tomado, sin hacerlo público, las riendas de Morena y se ha trazado una ambiciosa agenda de trabajo que incluye la revisión íntegra del padrón morenista, la consolidación de una estructura territorial con mando único. José Ramón no lo soltará ni lo prestará. Y Pedro, para mantener posiciones y prerrogativas, no parece dispuesto a reclamar el liderazgo perdido.

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4 comentarios

  1. ¿Una ves que se sumen todos los agravios, Martí Batres y López Obrador reconocerán su criaturita? Está por verse

  2. Aun estamos a tiempo de corregir el camino.

  3. Reblogueó esto en Zurdo por el Sury comentado:
    Aun estamos a tiempo de cambiar el camino y llegar a buen destino.

  4. ¡Que barbaridad….!


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