El Barco Ebrio

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Fernando Zamora Morales es el candidato del PRI a la alcaldía de Toluca. Nadie tiene que ser inteligente para saberlo, aún cuando todavía ese partido no lo oficializa y a pesar de que hay otro aspirante, Guillermo Molina, calificado como “independiente”, en el mismo tricolor.

 

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A Zamora no lo hubiera enviado el PRI si mediaran otros tiempos políticos. El ex líder del Sindicato de Maestros al Servicio del Estado de México, el oficial, y que tiene cerca de 80 mil agremiados, tiene una sólida carrera política, de muchísimos años, basada en la militancia, una de las cualidades que los partidos políticos confunden con lealtad.

 

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Esa sumisión le ha permito hacer una fortuna y obtener poder político, muy local pero interesante y que en la zona norte de Toluca, una de las más pobres, se expresa en muestras de afecto, saludos, algunas calles pavimentadas en San Pablo Autopan y una casa enorme, al estilo de los Peña-Rivera, que se alza en medio de la nada, en la colonia Aviación. Por lo pronto aquella casa es lo de menos. Zamora deberá ser elegido formalmente por su partido y, gane o pierda, explicar de dónde salió aquel modesto reflejo de su fortuna. Ése y otros.

 

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La exhibición pública de Zamora, que incluye una fotografía, hace años, con el narcotraficante Albert González Peña, “El Tigre”, líder de Los Zetas en Luvianos, hacen del profe un caso digno de atención. Todavía en los hechos, es en ese gremio magisterial donde descansa su poder político, precisamente en esas bases. Aún no se sabe si en verdad es un buen político, pues siempre ha actuado desde encargos que no exigen una postura pública dura, aunque sí acatar órdenes. ¿Todos los encargos públicos, las dirigencias sindicales exigen eso? Zamora y su dilatada carrera en esas sombras conocen la respuesta mejor que nadie.

 

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Nadie sabe si esa forma de ser popular le alcanzará a Zamora, que por otro lado operará como tradicionalmente lo hace el PRI. Fernando es en realidad un aspirante cortado al estilo de la Nación Peña Nieto y un mes de campaña no será suficiente para comprobar lo contrario, luego de años en esa dinámica. El candidato tricolor pues, revivirá la historia de aquella foto, tendrá que volver a explicar por qué estaba sobre un caballo, con un rifle en su mano y qué estaba haciendo “El Tigre” con él. También deberá explicar sus propiedades y hacer un recuento de sus bienes particulares. Hacerse transparente, pues y atender muy bien a los consejos de sus amigos, magistrados y jueces que desde ya lo asesoran en esa campaña iniciada hace meses.

 

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Resulta que Fernando Zamora no debiera temer por sus rivales en la elección que viene, porque su principal enemigo es él mismo. El panista Juan Rodolfo, “que viene con todo”, ya fue alcalde una vez en la ciudad y su paso fue poco menos que gris, mediano, apenas recordable. Porque, fuera del desalojo de los tianguistas del antiguo mercado Juárez –otro caso para reportaje-, no se recuerda nada. Claro que tuvo sus puntos buenos. Imposible no tenerlos, hasta por inercia, pero habrá que recuperarlos. Por el PRD va la diputada local Ana Leyva, encaminada en lo público por manejar temas como los feminicidios en el Edomex, pero a quien le ha tocado un bastión que rechaza al perredismo y las izquierdas de manera genética. La verdadera capital de Peña Nieto en México se llama Toluca, chiquita, discreta, pero eso sí, muy Atlacomulco trendy. De Morena, ni hablar, o luego, mejor.

 

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Pero Zamora.

El panista Sánchez Gómez y hasta Ana Leyva tienen sus chances, ellos solos. Y Zamora, entonces ha sido enviado para perder. Su partido lo ha usado como carnada para que, precisamente no estorbe en las elecciones. ¿Desde dónde se pactan los resultados, los candidatos? ¿Existen los momentos políticos en un país donde la democracia es una empresa privada de capital público? ¿Qué significa que Juan Rodolfo “vaya con todo”? Tal vez la diferencia esté en los desayunos. A quién se desayuna uno. O quién se desayuna con uno.

 

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Y Zamora, enviado para perder, se trasforma en el caballo negro nada más por ese perverso jueguito de los políticos de mentirse con la verdad. En fin. Sabido es que, pierda quien pierda la capital del Estado de México, el único que gana es Peña Nieto, nuestro brillante presidente. Zamora, ganando, se somete. Sánchez, ganando, le resta poder al señor doctor Ávila Villegas, así como para que no se le vaya por la libre al Grupo Atlacomulco para las elecciones presidenciales. Además, dicen que es compadre del sobrino de Montiel. Eso no se sabe. Si un tipo como Peña puede encabezar el máximo poder público en un país, Ávila Villegas entonces ganará las próximas presidenciales pero barriendo a los que le pongan. Por Morena, ya se sabe, irá López Obrador.

 

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Zamora inició su campaña hace meses. Salía en diarios como El Sol de Toluca hasta moviendo piedras. “Se levanta Fernando Zamora”. “Paga su refresco el profesor Zamora”. “Pese a boicot, triunfa Zamora en las canicas”. Y así. Sánchez, en redes sociales, envía mensajes buena onda, energéticos, cargados de los mejores deseos. Ana Leyva ya aparece en discretos espectaculares, como el de la esquina de Heriberto Enríquez y Tollocan. Y de Morena, ni hablar. Bueno, luego.

 

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Don Fernando no es un Ferrari, como los dos que circulan por la avenida Venustiano Carranza, a la altura del Sanborn’s de Colón, por allí. Dos superautos rojos a toda velocidad, seguidos por un Avenger repleto de guaruras que se deleitan siguiendo a aquellas máquinas, se dejan ver. Qué lástima que las obras de arte estén en manos, también, de la barbajanería. Qué tal que sean ferraris clonados. Los demás apenas, en su camión Mercedes-Benz, para 40 pasajeros.

 

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Hace años, la concesión de Ferrari para México, una de ellas, al menos, la tenía la familia Cadena. ¿Manuel Cadena? ¿Secretario de Gobierno con Arturo Montiel? ¿Aspirante, siempre aspirante a la gubernatura del Edomex? ¿Amigui de Salinas? ¿Ya? Bueno.

 

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Que a David López lo hayan sacado del reparto los convenios publicitarios federales y le digan que va para una diputación, aunque sea plurinominal, es poco menos que inconveniente para el hijo, otro David López pero de Metepec, y que se ha registrado por la alcaldía de aquel pueblote y mágico, además. López, el papá, dicen los chismosos, se quedó fuera del círculo que decidía las publicidades y de pronto se vio convertido en figura de adorno. López, el hijo, fue ubicado por debajo del aspirante panista Alfonso Álvarez, en la carrera por la presidencia municipal. Otra vez, mintiendo con la verdad.

Porque, ¿qué mejor arma en México que un convenio? Ahí está el caso de Aristegui.

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