Los ojos de Manhattan

* Al New York Times le interesan los Golden Boy’s pero también el Grupo Higa, y pronto soltará su versión, muy mundial pero muy a destiempo aunque nunca irrelevante. ¿Le interesan los muertos en Ecatepec? ¿La guerrilla y el narco del sur mexiquense? ¿La historia del gobernador mexiquense, Eruviel Ávila? Quién sabe, pero que volteen a esta pequeña urbanidad por lo menos es algo. Que pregunten y miren en una ciudad donde parece no pasar nada ya es algo. Donde parece que no pasa.

Miguel Alvarado

Toluca, México; 25 de marzo del 2015. De pronto The New Times voltea a México. Pero al Estado de México, para hacer su propia indagatoria respecto a Enrique Peña Nieto. Esto, después de que formara parte de esa prensa extranjera que apostaba por el que, decía, movería a México. Luego vinieron Tlatlaya, reporteada primero por la revista gringa Esquire y Ayotzinapa, que derrumbaron el espejismo del Peña comprometido, aunque sin leer nunca un libro, con los necesitados. Es político y con ello cumple el primer requisito de la corrupción. Pertenece a la familia que por más de 70 años ha gobernado, explotado el suelo mexiquense. ¿Por qué tendría que cambiar justo ahora, desde el máximo poder público del país, cuando todo va como ellos quieren?

Peña es incapaz, sí, pero su grupo, el de Atlacomulco, no.

¿Cómo se dio cuenta la prensa extranjera de que Peña y su grupo depredan, como lo hicieron anteriormente otros mandatarios, otros clanes políticos?

Bueno, hubo muertos, algunos desaparecieron y fueron contados. Pero antes también había muertos y desaparecidos. Y estaban contados, había estadísticas, como ahora, establecidas desde los propios gobiernos y organizaciones civiles. La prensa extranjera, en ese entonces, destacaba las inversiones públicas, las reformas y los viajes de la familia de Peña pero no supo o no quiso decir de dónde le venía aquel linaje, por decirlo de alguna manera.

Luego, pues Tlatlaya y Ayotzinapa, y entonces esa prensa que lo elogió, que fue la primera en rendirse ante su televisiva imagen, tomó una conciencia o algo así, como si los medios la tuvieran. Ya detrás de los esfuerzos mexicanos que reportaban los descalabros internos, TNYT y The Wall Street Journal, ahora sí, buscan. Se dieron cuenta que deben venir o mirar, al menos, a Toluca. Y por acá andan.

Y es que Peña vivió aquí, pues, muchos, muchos años.

Al New York Times le interesan los Golden Boy’s pero también el Grupo Higa, y pronto soltará su versión, muy mundial pero muy a destiempo aunque nunca irrelevante. ¿Le interesan los muertos en Ecatepec? ¿La guerrilla y el narco del sur mexiquense? ¿La historia del gobernador mexiquense, Eruviel Ávila? Quién sabe, pero que volteen a esta pequeña urbanidad por lo menos es algo. Que pregunten y miren en una ciudad donde parece no pasar nada ya es algo. Donde parece que no pasa.

La escritora Fátima Vélez dice:

“el cuerpo

“en cambio

“revela su caudal

“si yo estuviera quieta

“habría cosas que no se detendrían

“no mi sangre

“no mi aliento”.

No su sangre, no su aliento. Ella dice que en Nueva York la gente es fanática de dividir o separar las historias en ficción y no ficción. “Como si no fueran lo mismo”.

Una joven, vestida con mallones ajustados, vende en el centro de Toluca botellas de vino a los automovilistas que se detienen. Desde la cafetería alguien sospecha si es prostituta. Porque como están las cosas. Pero si lo fuera, el que la ama no dejaría de hacerlo porque entonces para qué.

Pasan las patrullas.

Nos miramos en el espejo del hotel

cuando por la ventana nada se escucha

sino un pájaro posado en la insistencia de una mano

Aquel reflejo de los cuerpos junto a la tele y los muebles vacíos de la ropa hacía juego

técnicamente hablando

con las ganas aquella mañana de ovillarse en una luz y sus descargas.

Porque, ¿quiénes son esos que nos miran, posponiendo el momento para irse?

Tomamos la decisión de no aceptarnos,

de espaldas al espejo, recelando de la cama aún tendida

donde nadie ha dormido

y ese charco de sábanas blancas nos parece ahora el otro lado de la puerta

donde alguien mete las llaves.

¿Qué va a encontrar el New York Times en Toluca? Probablemente nada, sólo la certeza de que algo pasa pero invisible para los que no viven aquí, como sucede en las ciudades, cada uno de los sitios, pues. O las historias que ya están pero que esta vez se leerán desde la cultísima cultura norteamericana.

Entonces la prensa extranjera, que cuenta cosas.

Porque el periodista Francisco Cruz, especialista en narcotráfico y la politiquería de Peña, afirma que sí hay historias, pero no tantas porque la prensa local, la de Toluca en general, está pagada o al menos tiene compromisos económicos con los gobiernos mexiquenses, así como los de MVS, que corrieron a Aristegui porque. Por muchas razones. Y que no entra a Radio UNAM porque a la Universidad no le alcanza para pagarle.

Porque nunca sabremos si Peña y Eruviel son buenos políticos. Se equivocan y no les pasa nada, Nadie los despide pero tampoco esos yerros, que lastiman sólo a la ciudadanía, sirven como aprendizaje. ¿Qué busca la prensa extranjera, con su pulcra redacción, aséptica, que no huele? Quizás una historia que explique por qué Peña es como es, aunque el presidente no represente a su país, ni siquiera desde lo legal.

Porque la jerga que utiliza la prensa incluye premisas como “grupos políticos” donde sólo hay grupos canallas, de bribones. O “proyectos de desarrollo” que confunde las vallas de una autopista con mejores condiciones de vida. O el desempeño del presidente. Él aprueba porque ha conseguido los negocios de la vida para su grupo de amigos. Peña, ni ningún otro político mexicano, trabaja para ajenos.

Pero la historia es sobre una chica de mallas ajustadas y camisa de escote vendiendo vino en los portales de Toluca, que sabe de Peña porque enfrente hay un quiosco con la foto del tipo, levantando la mano, él sí, en una camisa verde sin escote, muy arremangada. Es donde sale diciendo que Julión Álvarez, un cantante que derrotó a Ricky Martin en un concurso de televisión, como si se tratara de vencidas, de fuerzas desde los brazos. Julión le canta a las chicas en pantalones ajustados vendiendo vino en los portales. Las considera. Las vuelve heroicas sólo porque en Toluca se mata porque sí, como en otros lados, dice Fátima sin hablar con su voz de madrugada sin dormir.

La chica va y viene de la vinatería cercana, El Gallito, ¿no?, a los autos que se estacionan. Un policía la observa, creyéndola prostituta porque al policía lo vemos acercarse y darse cuenta de que es una edecán. Entonces se acerca más pero sólo para ahuyentar a los autos mal estacionados. Son mujeres las de los coches, dice el que observa, que vuelve a decir que qué tal que fuera prostituta, porque las cosas no son tan fáciles. Luego, mueve su café, sumergido en esa cuchara desleída, que ya todos hemos usado pero no lo toma porque si no, entonces qué.

Los autos se van y también la chica, vestida ahora como una edecán, salvaguardada de aquella otra afirmación. Vende algo, como todos, incluso como el más prostituido, como ése de los periódicos, el que le aplaude al Julión, sonriente con su sonrisa, ésa que (que) ya ni siquiera es Colgate.

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