Niños en campaña

* Tres niños, morenos y desmañanados, están sentados junto a una mujer, desvelada y con un extraño peinado anaranjado. Desvelada porque sus ojos están cansados, aunque nunca sabremos por qué. Quizás no lo está, pero lo parece. Ese peinado, por sí mismo, es un estilo que ya la caracteriza. Ellos llegaron, se sentaron junto a ella, quien observaba desde la reflexión –detrás de ella una iglesia con los contornos azules, más blanca debido a la hora- y le pidieron una foto.

Miguel Alvarado

Toluca, México; 9 de abril del 2015. Llegamos a la casa del Santo cuando el sol y sus sombras labraban caminos en los agujeros.

Aullaba el viento dibujado por una crayola

y la serpiente rozando nuestros pies arrastraba la advertencia

de una nada de adivinas y futbol.

Pregúntale al muerto cómo se llama.

Los papeles, las actas sobre el escritorio y un rótulo que dice homicidio, pero al revés, es lo primero que uno encuentra. Reflejado en los ángulos del techo de cristal, las ventanas repiten sesenta veces ese ruido desde la infame fe, redacción epiléptica en la zozobra de los muertos.

Quien escribe mira el texto. Su ortográfico suicidio, su cansancio revisando la misma sangre, de nueva cuenta describiendo la manera en que la equimosis se presentaba en el área nasolabial es también parte de las ejecuciones. Sólo queda el recuerdo de aquella redacción, pocas palabras disfrazadas del asalto

asfixia mecánica por ahorcamiento

El que escribe se levanta y deja la oficina por unos minutos. Frente a uno están la ropa, los objetos amados que alguna vez se movieron, actuaron, personificaron, sintiendo a través de alguien el ingenuo placer de una tarde soleada. Nos rodearon, incluso fueron útiles. Allí los lentes oscuros de enorme cristal y los tickets de la última compra. Acá las monedas. No se olvida que alguien entró después y revisó la carpeta de investigaciones, subrayando las acusaciones del crimen, abriéndola, sopesando las hojas como si contuvieran la sangre, los huesos quebrados del cuello.

Escudriña mientras lee –uno lo sabe porque lo está viendo- las caras frente al escritorio y abre un cajón para sacar el diccionario. Identidad cadavérica. Yo, cadáver, declaro que mis padres serán mis ojos, declaro que no los reconozco, que ninguno de los que aquí me rodean habló conmigo más de cinco minutos.

En ese rostro habitaba la notable ausencia de las flores.

Y esto es lo que se ve desde las fotos.

II

La candidata a diputada federal por el PRI, Martha Hilda González Calderón, hace sus giras por el municipio que gobernó hasta hace poco. Recorre algunas calles del distrito 34 en Toluca, donde hacía el personaje de una alcaldesa que un día decidió llegar a su oficina montada en bicicleta para poner el ejemplo. Detrás de ella, una patrulla la cuidaba para que ningún patán la atropellara.

Y que llamó a la capital municipio educador porque, según esa percepción, “es una ciudad eminentemente estudiantil”. Luego ganó varios concursos internacionales, algunos pagados por el propio ayuntamiento, con excelentes dividendos compartidos desde espectaculares en las principales avenidas.

Ahora, desde las postales de campaña, una imagen de las que nunca tuvo como alcaldesa y que el actual director de Comunicación Social del ayuntamiento de la ciudad, Lucio Ramírez, se encarga de difundir en su feis, conmueve a los afortunados que siguen ese trajín.

Tres niños, morenos y desmañanados, están sentados junto a una mujer, desvelada y con un extraño peinado anaranjado. Desvelada porque sus ojos están cansados, aunque nunca sabremos por qué. Quizás no lo está, pero lo parece. Ese peinado, por sí mismo, es un estilo que ya la caracteriza. Ellos llegaron, se sentaron junto a ella, quien observaba desde la reflexión –detrás de ella una iglesia con los contornos azules, más blanca debido a la hora- y le pidieron una foto.

– Señora Martha, ¿nos podemos tomar una foto con usted? Es que sabemos que está haciendo campaña para ser diputada y queremos que gane.

– Ay, mis niños. Pero claro que sí.

– Pero siéntese aquí, entre nosotros, porque la queremos un buen.

– Bueno, pero es que me da un poco de pena.

– ¡No, no diga eso! Abráceme fuerte, por favor.

Martha Hilda, enternecida hasta la raíz de los votos duros, se acerca y le propina un abrazo de oso. La gorra de Batman del niño amenaza con caer pero eso a nadie le interesa. Ahí hay amor, que también es política de la más sens

(de pronto, así nomás, ruidos de disco detenido a fuerzas, rechinido de dientes, rayadura en el pizarrón por déspotas gises, el corazón fracturado, los ojos termonucleares)

Martha Hilda posa con los niños como lo hacen todos los candidatos que pueden. Y es que sus propuestas de campaña quedan como frases en cámara lenta, música de fondo para pasosdobles y personajes de Disneylandia.

Ella misma es la coqueta Daisy, la novia del Pato Donald.

(Pero los niños no votan)

Tampoco presionan a los padres. Ni que las elecciones fueran los juguetes de temporada. O sí.

Ya votarán, dice la regla elemental. Hasta Hitler lo sabía. Hitler, sobre todo. Y Obama y los peñas. Y los chavistas y los amlistas. Los del PAN. Los de Morena. También Martha Hilda. Si no lo sabe, cabe la posibilidad, lo intuye. La Sonora Santanera lo sabe, lo sabe.

Entonces los niños. Y el ruido ése que rompe los huesos de disco forzado a no tocar.

Porque la escena pudo ser de otra forma.

– Oiga, señora, ¿nos presta a sus niños para una foto con la alcaldesa? -(porque seguirá siendo para toda la vida una alcaldesa y eso está bien. Hay lugares comunes inevitables, que hinchan de orgullo el corazón electorero, aunque negro y pequeñito, su fatigado little black heart.

Y Martha Hilda, con su chalequito rojo, llega y se sienta. Hola chicos, quizás. “¿Me dan chance?”, pudiera ser. Y los niños: pueees… bueno, ya dijo mi mamá que sí. Bueno, un abrazo aunque sea, ¿no, chicos? Ándale, tú, el chiquito. ¿De qué es tu gorra? ¿Te gusta Batman? Ay, a mí también.

Porque ni modo que los niños le pidieran esa foto. ¿O sí? Bueno, pudiera ser. Pero a esa edad los niños son listos, más que un político, mucho, mucho, mucho más.

“Por nuestros pequeñines queremos que existan más becas, y espacios recreativos, porque sabemos que invertir en la educación y en su sano esparcimiento es apostarle a México”, es el mensaje, uno de ellos, que difunde la alcaldesa en funciones, ya casi disfrazada de diputada federal.

¿Y si pierde? Naah. Cómo.

Pero es que luego le mandan mensajes bien mala onda en ese muro de feis que se promueve desde el ayuntamiento de Toluca.

“Señora es cierto la información que esta circulando que son varias bandas que se están dedicando al robo y secuestró de infantes pero que la información no se está difundiendo por alguna oscura razón que usted y la clase política solo entienden ??? Porque no se da aviso a la población en general para que todas las Madres tomemos medidas ???porque usted no es realista?? Porque le cuesta tanto bajarse de su nube ??”.

Qué manchados. Porque la alcaldesa anda en la gira y si hace gira es para que uno empatice. Que la apoye, le otorgue una sonrisa. Y la copia de la credencial de elector, de pasada.

Pero hay que recordar, ay qué flojera, que la administración de González Calderón se ocupaba en defender la tesis de que la violencia, la inseguridad, el crimen, eran cuestiones de percepción. Y señores, la percepción es la transmisión de un estímulo físico a la conciencia.

Y su interpretación. O no.

O sí.

Porque el niño que abraza interpreta a Martha Hilda. Y ella al revés. Y nosotros a ellos. Las fotos son tan explícitas. Cómo interpretarlas, entonces. Tal vez el modelo televisivo nos funcione, nos aterrice.

Y es que el América le metió seis goles al Herediano. El Darío Ismael Benedetto es una bestia que se apuntó cuatro de esos goles. No, no le hace que el Herediano sea de Nicaragua, porque en Nicaragua se disparaban balas como ahora goles. Cómo cambiamos los goles por las balas. Cómo es que Nike viste a la selección nica. Cómo. Por qué nos arrasaron y sacaron nuest

(el Herediano, dice aquí y también allá, es de Costa Rica. Nicaragua ni futbol profesional tiene).

No le hace que al Herediano le gane hasta el Gas del Valle, de la liga municipal de Toluca.

– Seee, la verdad que seee –dijo Darío.

Así es la percepción. Porque otros dirán que Martha Hilda no le va al América. Ella hincha, como dicen los argentinos, ella hincha por el Toluca.

(¿Ya te suscribiste al Vanidades?)

Otro comentario malaonda, pegado junto a una foto donde Marthita, pues sí, algo así, se abraza con un buen de gente que se ve que la aprecia porque hace un sol para abandonar. Y al fondo la ciudad, con su desmadre cotidiano, sus malinterpretaciones de ley, sus casuísticas debidamente conformadas. Y un comentario que se transforma en una conversación entre los ellos del ciberpúblico y los éstos que quieren siempre ser gobierno:

– Las últimas semanas se han perdido de 10 a 15 niños por día en Toluca y las autoridades no han hecho nada para evitarlo. ¿Es así como los priístas están viendo por ellos?

Ya sabemos que son palabras. La respuesta también. Palabras, pero a veces olvidamos.

– En lo absoluto sería la primera en estar preocupada y ocupada en el tema. Lamento en sobremanera que se estén generando este tipo de rumores en las redes sociales.

(¡No manches! ¡Campañas negras!). O no.

Esa es la respuesta firmada por Martha Hilda. Qué mala onda, pero esa especie de fascinación por eso dicho, peor escrito y por eso perpetuado, al menos hasta que a alguien se le ocurra borrarlo o corregirlo, nos obliga, nos obliga a decir cosas. Ahí va, pero primero un intermedio para un bonito poema, bien sensacional y que además me gusta mucho. Tengan:

1

“Todos somos zombis”: proclaman

camisetas, grafitis, esténciles, pancartas.

2

Porque tú, porque yo, porque nosotros

podemos convertirnos en zombis

defiende a los zombis: defiende tu futuro.

3

¿Quieres conocer tu futuro? ¿Quieres saber qué

te deparan los astros?

Llama a Amira: 01800 333 457.

4

Últimas noticias: cerca de ochenta personas

que se manifestaban en pro de los derechos de los zombis

frente a las puertas de Palacio Nacional

fueron devoradas por una horda de muertos vivientes

sin que la policía ni el ejército interviniesen en su auxilio.

5

Una ventana: del otro lado del cristal un zombi acecha:

Ah, la vieja fábula del monstruo en el espejo.

Ya.

Seguimos. Pero antes, el poema es de Luis Felipe Fabre. No está en internet pero sus datos sí. Es del libro Poemas de Terror y de Misterio, editado por Almadía. Una envidia, sí, por 82 pesos.

Debemos decir que en la foto de Martha Hilda, con Toluca de fondo, entre ese público que la abrasa porque la acalora, también hay niños. O algo así. Niños en campaña, pues. Y el mensaje de respuesta de la alcaldesa, habrá que recordarlo, es el siguiente:

– En lo absoluto sería la primera en estar preocupada y ocupada en el tema. Lamento en sobremanera que se estén generando este tipo de rumores en las redes sociales.

Otra vez:

– En lo absoluto sería la primera en estar preocupada y ocupada en el tema. Lamento en sobremanera que se estén generando este tipo de rumores en las redes sociales.

Otra vez:

Naah, es broma.

Bueno, otra:

– En lo absoluto sería la primera en estar preocupada y ocupada en el tema. Lamento en sobremanera que se estén generando este tipo de rumores en las redes sociales.

Pues qué podría decir la alcaldesa de sí misma. Dice: “En lo absoluto sería la primera en estar preocupada y ocupada en el tema”.

Le faltaría una coma, ¿no? ¿O así está bien? Martha Hilda es la más sincera del mundo. Alguien que se toma fotos con niños debe ser el más sincero. Pero eso a nosotros no nos interesa. Yo, por ejemplo, en lo absoluto sería el primero en estar preocupado y ocupado en el tema. En el de las fotos, pues. Lo lamento en sobremanera.

Es en serio.

III

En San Andrés Cuexcontitlán la gente está enojada, también asombrada porque saben que Martha Hilda tiene un terreno de casi seis hectáreas, y que su vecino, dueño del terreno de junto, pero éste de 10 hectáreas como mínimo, es Enrique Peña Nieto.

Y que en esos terrenos van a construir unos fraccionamientos de Grupo ARA, con el que se vinculaba a Peña como socio desde que éste era diputado local en el Estado de México. Y que en esos terrenos –ahora ponemos la dirección- hay un operativo policiaco permanente de la policía estatal, pareja, que detiene autos y los revisa pero que en realidad le echa un ojo a los terrenos porque si los invaden qué vamos a hacer.

Todo eso ya lo vimos. Hasta saludamos a los agentes.

Buenas.

Buenas tardes, dijeron. O días, pero sí dijeron.

Y que esos terrenos ya están escarbados y hace poco personal de ARA llegó para hacer las pruebas de suelo y excavar los pozos de la necesaria agua.

Yo sí creo en usted, licenciada, aunque usted misma le dé laik a sus propias publicaciones. A veces hago lo mismo. Con las mías, pues.

III

– Pero sí te digo una cosa: que destaques y trates de ser el mejor y de ahí, pues, qué te digo…

– Osusjui  dh djdjd jshhhs.

– Lo que hagan por ellos, nadien lo va a.. y no lo ves hasta que pasan 4 ó 5 años y te quedaste sin aprender. Orita, ya entrar al gobierno en el nivel más bajo es la preparatoria.

Híjole.

– Entrar a gobierno en Intendencia, ya te piden la preparatoria y a eso le agregas responsabilidades con niños, no pues…

Malísimo, malísimo.

IV

Cuando ganes, Martha Hilda, seremos los primeros en colgar lonas en los puentes de la ciudad: “Perdón Martha Hilda. Gracias Martha Hilda”. Así, al estilo Bilardo, en el Mundial que Maradona ganó él solo, con una sola pierna.

Ah, y la zarpa de Dios.

V

Selene levanta las manos cerrando los puños. Sus ojos redondos hoy son negros y no sonríe mirando la hendidura suavizada del acero. Las manos levantadas, los brazos quizás, hacen sombra, ensombrecida sobre sus ojos. Su pelo le cae sobre la cara como una cascada amarilla, de reflejos lisos, om mani padme hum.

VI

La dirección de los terrenos, los de Martha Hilda y los de Peña Nieto:

Loma la Providencia, San Andrés Cuexcontitlán, Sección 7, avenida Cristóbal Colón.

Frente al panteón de la localidad. Incluye el caso de la hacienda La Providencia.

Se puede llegar fácilmente por la carretera a Temoaya. Los polis son la señal de que se ha encontrado destino.

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1 comentario

  1. La mujer ha dado un viejazo, hace esfuerzos sobre humanos para “mantenerse” en pie contra el repudio social a su mediocridad, oscuridad, y falta de sensibilidad hacia seres humanos y animales. Se ve hinchada porque le está saltando a la cara lo que contiene en su interior. Nefasta.


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