Salario emocional

* La Reforma Educativa olvidó el “salario emocional” que permite al maestro ser una persona satisfecha, un trabajador contento, con ánimo elevado para que no abandone su trabajo. Olvidó crear fórmulas creativas que vayan con las necesidades de los docentes.

Luis Zamora Calzada

El tercer escrito del maestro formador y con calidad moral refleja la necesidad que tienen los buenos docentes de que sea reconocido y valorado su trabajo, así como la docencia que realiza en las aulas, omisión que ha generado la falta de un salario emocional, creando vacíos en la parte afectiva del trabajador de la educación, rubro que expresa de la manera siguiente:

“El ritmo de la vida moderna ha provocado que los trabajadores estén sometidos a altos niveles de estrés, a los que no escapan los buenos maestros, generando angustia y miedo que van de la mano con las presiones que tienen efectos en la vida de las personas, provocando enfermedades, inestabilidad emocional, lo que a la vez produce otros efectos en el ámbito laboral, por ejemplo, entre los maestros se incrementan las licencias por enfermedad, se disminuye el interés por trabajar, hay tendencias a abandonar la actividad laboral, aumentan las incapacidades médicas y llega a darse incluso ruptura en las relaciones humanas entre compañeros.

“Esto que sucede a diario en las escuelas, las autoridades educativas y los líderes sindicales no lo visibilizan y lo tratan con indiferencia o lo ignoran, no se preocupan por observar esto que repercute en la calidad de vida de los profesores y en los aprendizajes de los alumnos; un maestro que falta a sus labores por estas causas parece no tener significado para nadie; a las burocracias estas cosas no les ocupan.

“A la mayoría de los padres de familia, a las autoridades educativas y líderes sindicales, se les olvida que los buenos maestros también tienen emociones y sentimientos, la sociedad los tiene que entender y estimular, reconocer su tarea; las autoridades educativas deben crear una cultura institucional que valore y facilite su capacitación y formación continua, eso es lo que los maestros reclaman en su silencio; con su miedo, insatisfacción, su trabajo honesto y su voz, están en el aula, no en la calle protestando, están callados por obediencia o la ignorancia de sus derechos, una “ignorancia culpable” de la que nadie los saca, porque así conviene al aparato autoritario, amenazante, productor de miedo y enemigo de la libertad creativa de los maestros.

“Trabajar con miedo y un alto nivel de estrés poco abona a la calidad educativa y aprendizaje de los estudiantes, la Reforma Educativa de manera legal atajó el poder sindical, la corrupción en el otorgamiento de plazas, la falta de transparencia; introdujo procesos para la incorporación, permanencia y promoción de los maestros mediante evaluaciones, pero ignoró los sentimientos y emociones de los maestros, los miedos no desaparecen, ahí están los partidos políticos tramposamente presionando a los docentes a través de candidatos, líderes sindicales, burócrata ávidos de poder que buscan escalar o mantenerse donde están.

“La Reforma Educativa olvidó el “salario emocional” que permite al maestro ser una persona satisfecha, un trabajador contento, con ánimo elevado para que no abandone su trabajo. Olvidó crear fórmulas creativas que vayan con las necesidades de los docentes.

“Actualmente, es recurrente que se haga del dominio público el número de docentes que no poseen los conocimientos y competencias para desempeñarse como tales, pero nada se dice de cómo se les obliga a realizar proselitismo a favor de un partido, entregar despensas, asistir a reuniones de tipo político o eventos sin sentido para hacer auditorio y parte de escenarios montados, distrayéndolos de su actividad principal, enseñar a aprender”.

Todo mundo necesita de ese reconocimiento, de esa palmada que motive ser el mejor en lo que se hace. Sin lugar a dudas, los buenos maestros también lo requieren, sin embargo es la gran deuda que tiene la autoridad educativa con el profesorado.

Atenta invitación al señor Manzur

Sirva este medio para hacer una atenta invitación al contador José Manzur Quiroga, en su carácter de secretario general de Gobierno, misma que se hace extensiva a Braulio Antonio Álvarez Jasso, presidente municipal suplente de Toluca, quien termina el periodo que abandonó Martha Hilda González Calderón ─actual practicante del oficio del chapulín, con la clara intención de brincar de un puesto de representación popular a otro─, dejando a la ciudad y a los pueblos del municipio en la inseguridad diaria, que niegan los actores políticos en sus declaraciones públicas.

No se trata de una fiesta ni de un evento con escenario montado para el aplauso fácil, es algo más simple para que sientan en carne propia la inseguridad y los peligros que vivimos los ciudadanos de a pie. Para ello se requiere que no se acompañen de guaruras ni escoltas, para no interferir con lo que ya es una realidad que ustedes no conocen y, si ocurre lo contrario, lo niegan sistemáticamente, a pesar de la responsabilidad legal que tienen las instituciones que hoy administran.

Como ciudadanos, acudan a cualquiera de los bancos ubicados en la avenida Alfredo del Mazo, entre la entrada a San Lorenzo Tepaltitlán y la avenida López Portillo, que siempre presenta un tráfico terrorífico.

En particular se solicita que realicen un trámite en la sucursal Banorte y tomen nota de las actuaciones en el interior del banco y lo que ocurrirá en el exterior.

Se sugiere que retiren en efectivo una cantidad que tenga que autorizar alguna de las funcionarias, principalmente por la que se ubica en la entrada, enfrente de los cajeros, se darán cuenta que retarda el procedimiento, inicia buscando el número del cliente en su base de datos, si el dinero solicitado llama su atención, marcará del teléfono fijo a otro supuesto funcionario ─que en teoría se encuentra en el edificio─, para conocer si se tiene el efectivo para pagar la cantidad solicitada.

Queda claro que la información que pide no se le otorga inmediatamente, pasarán lentos los minutos, ella en tanto estará con su celular, tecleando mensajes que el cliente nunca conocerá de sus contenidos, incluso irá al anexo que se ubica a un lado de los cajeros. No se omite mencionar que dicho espacio es de acceso restringido.

Cuando vuelva a su escritorio, firmará la autorización para el retiro y con tono amable dirá al cliente en turno, que “puede pasar al cajero, fórmese en la fila por favor”, sin imaginar lo que ocurrirá después.

Agotado el trámite del retiro con el cajero, por favor salgan del edificio de Banorte pero no teman, la cantidad retirada únicamente es del conocimiento de la funcionaria que autorizó, la cajera y usted.

Aborde su auto, abandone el estacionamiento, pagará en la caseta la módica cantidad de cinco pesos y maneje sobre la avenida Alfredo del Mazo, seleccione la estación de radio de su preferencia, relájese, lo que está por ocurrir le dejará la boca seca.

Si usted ya pasó el segundo semáforo, de un momento a otro le cerrarán el paso, será algún auto del año, una moto, quizá una camioneta, bajarán sujetos armados y, con pistola en mano, pretenderán romper los cristales de su auto y nada amables le dirán: “hijo de su puta madre, entreguen el dinero ─mencionarán la cantidad exacta que usted acaba de retirar del banco Banorte diez, veinte, treinta mil, el efectivo que le hayan entregado─, abrirán la puerta de su auto, le esculcarán de manera agresiva: “el dinero o se lo carga su chingada madre”, dirán los ladrones ─para entonces ya le habrán colocado la pistola a su costado o propinado un cachazo con la misma─, si encuentran el dinero se lo quitarán y si usted corre con suerte no le pegarán ningún balazo, como ha ocurrido en la semana que termina.

Señores funcionarios de la administración estatal y municipal invitados en turno, conozcan y resuelvan: qué fácil es decir en sus declaraciones que en Toluca eso no pasa, lo cierto es que la inseguridad está presente, no lo pueden negar más, como no pueden negar la muerte del profesor de la Universidad y su familia; los robos son a diario, hagan algo, los probables contubernios como el que se narra aquí, no pueden seguir, la seguridad es una obligación del gobierno en sus diferentes ámbitos, que hoy por hoy no cumplen.

Un usuario atracado dice con tristeza: “la única seguridad que tenemos es que, al salir de Banorte te van a chingar, pinche banco de mierda…”. Así o más claro, señor secretario general de Gobierno y presidente municipal suplente de Toluca.

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