Despotismo feudal

* “Era de dominio público que el Banco Obrero lo controlaba Fidel Velázquez, quien en 1981, desde la dirección general de esa institución —con el apoyo de De la Madrid, entonces precandidato presidencial priista— se lanzó a la conquista de la gubernatura del Estado de México, a través de su ahijado Alfredo Hilario del Mazo González. Velázquez se impuso, a pesar de la reticencia del gobernador Jorge Jiménez Cantú y del profesor Carlos Hank González, cabeza del fantasmal Grupo Atlacomulco”, escribe el periodista Francisco Cruz en el libro Los Amos de la Mafia Sindical, editado por Planeta en el 2013.

Francisco Cruz

En ese duelo de elogios, tanto Gamboa como Peña omitieron explicar a los más de 2 mil delegados que el Pacto por México tiene, entre otras cosas, como trasfondo una reforma laboral que favorece la contratación de trabajadores a través de terceros —outsourcing—, que nada hace por combatir la corrupción, el “coyotaje”, los bajos sueldos, la problemática que enfrentan los empleos que subsisten sin un salario base y que, por lo tanto, no cuentan con seguro social ni con prestaciones de ley; una reforma cuya prioridad es proteger a los dueños de gasolineras, grandes restaurantes e importantes cadenas de supermercados. En otras palabras, una reforma que favorece los intereses del patrón. (De acuerdo con la Confederación Sindical Internacional del Trabajo (CSI), considerada como el mayor movimiento sindical en el mundo cuya sede está en Bruselas, Bélgica, la reforma constituye un retroceso para México y una violación a los convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), pues carece de consulta a los trabajadores, aumenta la inestabilidad en las relaciones laborales y no atiende las demandas por una mejora de los derechos de los trabajadores mexicanos. Consultado en http://www.reforma.com/ el 18 de abril de 2013).

Y es en esto último donde se respaldan las ganancias de muchos líderes obreros. Hace tiempo dejó de ser un secreto que la fuente de algunas riquezas se encuentra en los contratos de protección. De acuerdo con señalamientos que ha hecho en su momento el doctor en Derecho Laboral, José Bouzas Ortiz, del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, “de los 100 mil contratos de protección que están registrados ante la Junta Local de Conciliación y Arbitraje en el Distrito Federal, unos 40 mil llevan la firma del dirigente de la CTM y cada uno de ellos ampara a unos 30 trabajadores. Estamos hablando de 1.2 millones de obreros a los que Joaquín Gamboa Pascoe no puede ver a la cara ya que vive de ellos, de haber vendido ante las empresas sus derechos laborales”.

En la lista de los negocios que se le achacan al líder de la CTM también destaca la concesión de créditos y contratos para la construcción de más de 50 mil casas de interés social, que no es poco y, menos si se toma en cuenta que fueron construidas en terrenos de su propiedad. Las mismas que él presume como un beneficio para los trabajadores, “un conducto de justicia social, de que vivan en sus propias casas, de que no vivan en mazmorras de un tamaño que resultara risible”.

 

El comienzo

Apenas egresó de la UNAM, Gamboa Pascoe se dedicó a litigar. La vida y sus relaciones lo llevaron hasta Jesús Yurén Aguilar —un histórico de la CTM—, quien lo hizo asesor de la Federación de Trabajadores del Distrito Federal —la delegación capitalina de la CTM y la más importante de esa central obrera en todo el país— y siempre será un misterio el porqué, en 1958, Fidel Velázquez llevó a Gamboa como compañero de fórmula para buscar la diputación federal por un distrito de la Ciudad de México.

Fidel tenía capacidad para embelesar a mucha gente, pero cualquier cosa quedaba pequeña cuando se hacía público que la CTM, la mayor organización obrera, tenía empresas valoradas en miles de millones de pesos, manejadas por líderes sindicales; desde luego, controlados por él, que necesitaban asesores en todos los niveles. Y Gamboa Pascoe, un hombre muy habilidoso y lleno de ambiciones, encajaba bien en todos los proyectos y el futuro cetemista.

Sobre cuál era el nivel de recursos de la CTM o su poderío económico, además de la titularidad de los contratos colectivos de trabajo que controlaba, es casi imposible saberlo por las leyes que amparan la secrecía sindical, pero en 1984 —cuando ya el presidente Miguel de la Madrid tenía dos años afianzando el neoliberalismo y había decaído el poder de Fidel Velázquez— se develaron algunos secretos que mostraban a líderes obreros enquistados como patrones en el sector empresarial.

La primera semana de marzo de 1984 se dio a conocer en una rueda de prensa que “con sus 63 mil millones de pesos de activos fijos —que lo colocan en el segundo lugar de las instituciones fiduciarias en el país— el Banco Obrero se convertirá en el brazo financiero del movimiento obrero para adquirir empresas. En los próximos meses, de acuerdo con Fidel Velázquez, se invertirán los primeros 6 mil millones de pesos para la adquisición de importantes negociaciones”.

Era de dominio público que el Banco Obrero lo controlaba Fidel Velázquez, quien en 1981, desde la dirección general de esa institución —con el apoyo de De la Madrid, entonces precandidato presidencial priista— se lanzó a la conquista de la gubernatura del Estado de México, a través de su ahijado Alfredo Hilario del Mazo González. Velázquez se impuso, a pesar de la reticencia del gobernador Jorge Jiménez Cantú y del profesor Carlos Hank González, cabeza del fantasmal Grupo Atlacomulco.

Gustavo Romero Kolbeck, director general del banco, dijo aquel marzo de 1984 que la CTM se enfocaría en la adquisición de empresas estatales que, paulatinamente, se pondrían a la venta. Ése fue un indicio porque tres semanas más tarde, el 24 de marzo se dio a conocer en la revista Proceso que la CTM echaría mano de “todos sus recursos para fortalecerse. Su actividad ya no se limita a los asuntos gremiales y políticos. Está decidida a tener una participación más activa en la economía y para ello reorganiza sus empresas, que con todo y que están dispersas, representan un capital superior a 200 mil millones de pesos. […] Pero se ha encontrado con varios problemas. El principal, que la mayoría de las empresas obreras ha sido manejada, hasta ahora, como negocios privados de los propios líderes. De ahí que los obreros no sepan cuántas son, qué producen o cuánto valen. […] En la mayoría de los casos, los líderes sindicales, sobre todo los más poderosos, tienen cuidados de no informar sobre las empresas que manejan sus organizaciones. Cuando lo hacen, no dan detalles de su producción ni de sus utilidades”.

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