Elecciones tenebrosas

* Las campañas en Toluca no son fáciles de descifrar. A simple vista, los partidos parecen estar peleando entre ellos, descalificándose unos a otros y cada uno en el camino de una postura más o menos definida. Sí, aunque la realidad es otra, pues los contendientes están enlazados unos con otros por las relaciones personales y política que tiene entre sí. En la recta final de las campañas del 2015, en Toluca nadie sabe quién ganará la alcaldía, en poder hasta ahora del PRI, pero sí quiénes están en la punta.

Miguel Alvarado.

Toluca, México; 29 de mayo del 2015. “En Toluca va a ganar el priista Fernando Zamora porque tiene la estructura política que el PAN de Juan Rodolfo Sánchez Gómez no puede operar. Algunos empleados del ayuntamiento, la Estructura H, claro que existe, están trabajando en la campaña del PRI, pero no están operando para Zamora Morales, la mayoría está trabajando para la ex alcaldesa Martha Hilda González Calderón, quien compite por una diputación federal, y que a fin de cuentas es la responsable de las campañas para Toluca”, dice un empleado de la presidencia municipal de la capital del Estado de México.

Por otro lado, el candidato Mauricio Aguirre, de Movimiento Ciudadano para la diputación local del distrito II en esta localidad, afirma que “Toluca es el municipio que permite entender al resto del Estado de México, a su vez un laboratorio electoral donde se puede leer, de acuerdo a los resultados del 2015, lo que sucederá en las elecciones para gobernador venideras”.

Pero las campañas en Toluca no son fáciles de descifrar. A simple vista, los partidos parecen estar peleando entre ellos, descalificándose unos a otros y cada uno en el camino de una postura más o menos definida. Sí, aunque la realidad es otra, pues los contendientes están enlazados unos con otros por las relaciones personales y política que tiene entre sí. En la recta final de las campañas del 2015, en Toluca nadie sabe quién ganará la alcaldía, en poder hasta ahora del PRI, pero sí quiénes están en la punta.

Esta carrera electoral fue reduciéndose a dos bandos: por una parte, el PRI que candidatea al ex líder del sindicato magisterial, Fernando Zamora, para quien opera la mitad del PRD, y a una fracción de panistas inconformes. También tiene al Partido del Trabajo, quien compite con un priista, Guillermo Molina, que ha aceptado en público su lealtad al tricolor. Zamora va, además, en asociación con el PVEM y Nueva Alianza.

Enfrente está el PAN de Sánchez Gómez, peleado a muerte con los ex alcaldes panistas de la ciudad, Juan Carlos Núñez Armas y Armando Enríquez, pero que ha logrado socavar a una fracción perredista y, señalan los priistas, al propio Movimiento Ciudadano. Cuenta con el apoyo de Los Pinos y priistas de primer nivel operan o al menos le dan vistos buenos a su proyecto político.

¿Por qué el PRI de Enrique Peña ha volteado a ver a Sánchez Gómez, un político prácticamente retirado de la vida pública, dedicado a negocios inmobiliarios, como los que hace en el exclusivo fraccionamiento Los Encinos y la venta de terrenos?

Para Mauricio Aguirre, de Movimiento Ciudadano, el PAN de ahora es distinto al del año 2000, cuando el triunfo presidencial de Vicente Fox lo encumbraría como primera fuerza. El propio Sánchez Gómez, alcalde de Toluca, no tiene el mismo empuje de su primera campaña ni la estructura política.

Aguirre, asesor legislativo en el Congreso mexiquense, recuerda que el panista Sánchez Gómez era diputado antes de contender por la alcaldía, en el 2006, y que pudo acceder a la presidencia municipal porque su fracción había negociado la aprobación, el 20 de julio del 2006, de la Cuenta Pública 2005, desde la LV Legislatura, de la cual era presidente. Ese pacto se realizó con el gobernador Peña Nieto pero la Cuenta pertenecía al último año de gobierno de Arturo Montiel Rojas.

En ese entonces, la diputada Porfiria Huazo, del PRD, diría que “de cierta forma se estará violando lo preceptuado en el artículo 35 de la Ley de Fiscalización Superior del Estado de México, el cual establece que es obligación determinar si los programas y recursos de los tres ámbitos de gobierno se ajustaron y aplicaron según lo autorizado. El OSF solamente toma una muestra de la Administración Pública estatal; es decir, lo que informa es sólo una parte, y si se hace una proyección, nos damos cuenta (de) que la cantidad de inconsistencias e irregularidades contenida en el presupuesto puede llegar hasta los 20 mil millones de pesos”.

Luis Videgaray Caso era el secretario de Finanzas, y no pudo o no quiso responder sobre las irregularidades, “como la diferencia de 500 millones de pesos en las participaciones federales; un superávit de mil 674.8 millones del año 2004 que no aparece reportado en 2005, y un superávit de mil 580 millones, de 2005”, decía Huazo.

Desde las partidas federales se dejaron de ejercer montos de diversos programas, unos 918 millones de pesos y se localizaron inconsistencias en el ISR de enero y diciembre del 2005, cuando se recaudaron 386 millones 436 mil 316 pesos, pero solamente fueron entregados a Hacienda 29 millones. El adeudo con el SAT fue de 357 millones de pesos. Otra irregularidad se encontró en el pago de la deuda, para la que se habían autorizado 3 mil 709 millones de pesos y se pagaron 4 mil 125 millones 697 mil pesos, “con lo que se violenta lo preceptuado en el artículo 9 de la Ley de Ingresos. Por otra parte, se autorizaron 3,117 millones para amortizar la deuda, y sólo se pagaron 2,532 millones 268 mil pesos, con una diferencia de 584 millones, sin establecerse la explicación de este procedimiento”, dice el boletín 1467 de la propia Cámara de Diputados.

Esas millonarias irregularidades fuero pasadas por alto por los diputados en el 2006. Eso, y que Sánchez –quien pasó por el Movimiento Católico Nacional Cristo Rey- y Peña, pertenecen a la Asociación Católica de la Juventud Mexicana, terminaron de consolidar una amistad, al menos política, que explicaría por qué un ala del PRI está operando a favor de Sánchez. Entre ellos se identifica a Luis Mirando Nava, subsecretario general de Gobernación y el operador político de mayor confianza para la Presidencia; José Manzur Quiroga, secretario general de Gobierno del Edomex; el secretario federal de Educación, Emilio Chuayffet; el subsecretario federal de Desarrollo, Ernesto Nemer y, en general, la comunidad libanesa de Toluca.

Este equipo, desde las sombras, había planeado que el PRI perdiera algunos municipios claves, como la propia Toluca, pero también incluyen a Naucalpan e incluso Huixquilucan. En contraparte, el gobierno del Edomex ha volcado todos sus recursos para que en Ecatepec no se pierda. Tierra de Eruviel Ávila, es el escenario de una cruenta batalla entre el perredista Octavio Martínez y el priista Indalecio Ríos Velázquez. Para Martínez, el proceso ha significado un atentado contra sus oficinas, Apenas el 28 de mayo, a las 8 de la mañana se reunía con el secretario general de Gobierno, José Manzur, en el restorán Antibes del Crown Plaza en Toluca. Allí platicaron, largo y tendido, hasta las 9 y media de la mañana. Ecatepec tiene el padrón electoral más grande del Edomex, con un millón y medio de ciudadanos, aunque en su territorio viven más de 3 millones. La preocupación del gobierno es evidente. Si se pierde Ecatepec, se pierde el oriente del valle de México en el siguiente ejercicio.

Ecatepec es un foco rojo electoral, pero en otras demarcaciones también se presentan hechos violentos. El 29 de mayo, un incendio consumió en Zumpango las oficinas del Comité Municipal del PAN y en Tultepec, la secretaria de Equidad del PRD fue amenazada de muerte cuando, luego de quemar dos autos frente al domicilio de Araceli Melitón Ríos, le dejaron un mensaje, escrito detrás de una lona con publicad de Alonso Vicenteño, candidato priista a la alcaldía. “Para la próxima sigues tú. Te vamos a volar tu casa”.

El PAN, desde la alcaldía de Sánchez Gómez en el 2006, se dividió en grupos claramente definidos. Por un lado, el ala conservadora de El Yunque, por otro los neopanistas y por último los prianistas. Otra intención de aquel “Pacto de la Cuenta Pública” era que Sánchez entregaría la alcaldía al PRI, luego de dos administración en manos de los blanquiazules. Cierto o no, así sucedió y al salir Sánchez, el PRI regresó a la presidencia con María Elena Barrera, secretaria particular de Peña Nieta y ahora senadora.

La simbiosis o mezcla entre el PRI y el PAN en Toluca y parte del gobierno del Estado de México obedece a que el tricolor está dividido desde el poder del gobernador Eruviel Ávila, quien tiene posibilidades presidenciales desde su perspectiva. Incluso, en palacio de gobierno se advierte que Ávila podría competir por el PRD en caso de no obtener la candidatura presidencial, justo como lo planeaba hacer en el Estado de México.

Aguirre sostiene que Ávila tiene buenos indicadores que lo llevan a pensar que tiene opciones: por ejemplo, un excelente sistema de salud, mejor inversión privada y una economía de la migración contenida, y que ha sabido hacer alianzas con los peñistas, aunque afirma que Los Pinos le dan juego a Sánchez, a pesar de que el PAN ha sido, hasta el 2015, la tercera fuerza en el Estado de México.

Juan Rodolfo salió mutilado de la elección interna y, al margen de los procesos y escándalos públicos que en realidad significaron bien poco para el desarrollo de su campaña, el candidato panista encuentra que su estructura política para el 7 de julio, día de la elección, no tiene experiencia, a pesar de que se encuentran con él personajes que, dicen, saben operar, como Francisco García Burgos, Jaime García Hareg, Jaime López y Rodrigo Niño de Rivera. Sabrán, sí, pero ellos apenas han comenzado esa campaña, mientras que el PRI se ocupa permanentemente, año con año, del negocio que lo justifica.

Para esta elección las cosas están definidas desde el palacio de Lerdo y Los Pinos, que han encontrado la fórmula para no pelear o, al menos, no estorbarse. Ávila decidió las candidaturas de diputados locales, Peña los federales y entre los dos se han repartido las alcaldías. Fernando Zamora no es de los afectos de Ávila Villegas y debió negociar con él parte de su plantilla. Con Zamora están ex panistas como Rosario Velasco Lino, suplente del panista Juan Carlos Núñez Armas y coordinadora de voluntariado con él, que renunció después de que Núñez la bloqueara para competir por una diputación en Metepec. Anunciado el retiro, el PRI la atrajo en el 2009. Es hermana de José Luis Velasco, delegado federal de Economía. Con Zamora también se encuentra Luis Miranda, quien juega también en la pista de Sánchez Gómez y Luis Videgaray, al menos impulsando una posición en la alcaldía. Las elecciones en el Estado de México son, en realidad, un negocio entre amigos, el ejercicio de guardarse el poder.

Otro inscrito en la planilla de Fernando Zamora es Alejandro Valencia Martínez, un ex consejero jurídico y después encargado del despacho de la Secretaría del Ayuntamiento, entre enero y marzo del 2015. Impulsado por Martha Hilda González, es también un operador para ese equipo de campaña y coordina, por ejemplo a los encargados de la Unidad de Verificación Administrativa como Víctor Hugo Roldán Pichardo, encargado del Despacho del Departamento de Verificación en Espacios Públicos. La UVA retira a los comerciantes ambulantes de zonas prohibidas. En esta etapa electoral, denuncian los comerciantes, la UVA ha cobrado cuotas por derecho de piso o “mordidas” para no desalojar, por 40 mil pesos semanales que, según ellos, se van a la campaña federal de González Calderón. La UVA es parte formal de la Estructura H.

Una más a quien empleados del ayuntamiento señalan de operar para la Estructura H es Melissa Estefanía Vargas Camacho, primera síndico y quien hace campaña junto a Martha Hilda.

“Sí, hay un montón de funcionarios que hacen campaña, pero legalmente se protegen porque lo hacen en fines de semana”, dicen los empleados, que afirman además que Melissa se separó de su encargo aunque nunca pidió licencia. Ella está señalada de hacerlo desde el 2013, cuando gestionaba su propia candidatura para una diputación local.

El reparto del poder con González Calderón fue relativamente terso. Todos de acuerdo, de todas maneras, iniciaron la campaña acompañada de figuras femeninas como la ex lideresa magisterial y ex pareja sentimental de Fernando Zamora, Trinidad Franco Arpero; la diputada federal Ana Lilia Herrera o hasta la misma Carolina Monroy, quien también compite, si cabe, por una curul federal. Rodeada del aura femenina, González pronto se dio cuenta de que Toluca le entregaría factura y que su administración no había pasado desapercibida. Primero, el derrumbe de la bóveda del Verdiguel, dos veces, y que ya costó un muerto, fue adjudicado a su responsabilidad. En el ayuntamiento de Toluca, hasta ahora, advierten sin hacerlo público que el tramo de las calles entre Lerdo y Bravo se colapsará en cualquier momento. Después, su propio equipo de campaña la exhibió al hablar con algunos reporteros para decirles que pagarían 10 mil pesos por que los medios no cubrieran las actividades de la ex alcaldesa. Eso, y la Estructura H terminaron de evidenciar que la campaña de PRI, al menos en Toluca, está dirigida al voto duro y que captar electores es, en todo caso, la última de sus preocupaciones.

En esta elección, afirma Mauricio Aguirre, votarán 3 de cada diez electores. Y de esos, 1.8 será para el PRI. Eso significa que el PRI está en su mejor momento pero no que puedan ganar en todos lados. Los que obtengan la victoria se convertirán en operadores políticos para los partidos.

El abstencionismo, según una encuesta de Mitofsky y datos del propio Aguirre, alcanzará en este proceso 65 por ciento. Y la mayoría del 35 por ciento restante será voto corporativo, obligado. Para Aguirre, el electorado está harto y “hay apatía por desconfianza”.

Tiene razón. Al ciudadano en Toluca no le interesa el proceso y no se involucra. Estas campañas están realizadas para los militantes de cada partido y ni siquiera ellos garantizan algo a los aspirantes. Fernando Zamora, en el papel el más poderoso porque tiene control del magisterio estatal y la estructura política, sólo hace giras controladas en el municipio. Las estrategias cambian, se vuelven simples. Zamora tiene un grupo de entre 60 y 80 personas, que acude siempre a todas las giras. Ellos se forman, aplauden, reciben el dinero de apoyos y se inscriben en los programas de reparto de pantallas planas. Lo hacen las veces que sean necesarias.

Desde ese equipo de campaña se observan las fracturas. Que Raymundo Martínez Carbajal, candidato a diputado por el distrito 1 y ex secretario de Educación mexiquense, le ha hecho vacío a Zamora es innegable y hay distanciamientos. La propia González, jefa de las campañas en el valle de Toluca, comenta en su equipo que con Zamora no se puede hablar y el coordinador de campaña de Fernando, un operador confiable, Enrique Mendoza, ha desistido. Incluso hizo un viaje a Estados Unidos con la excusa de tramitar una titulación académica. Las riendas de esa campaña las tomaron los hermanos de Zamora, Margarito y Roberta, a quienes Mauricio Aguirre considera con experiencia. Demasiado tarde, el propio Zamora ha buscado a Omar Talavera, dueño de “la casita blanca” de San Pablo Autopan y prestanombres del profesor, para que coordinara su campaña. Talavera fue coordinador de la campaña de Zamora en el 2006, cuando Zamora perdió la elección para diputado local. Estructura política, en tiempo de campañas, significa capacidad de pagar movilizaciones y un esquema que opera el día de las elecciones.

Una encuesta pagada a Parámetro Consultores por Radio Capital, propiedad de la familia Maccise, patrocinadores políticos y financistas del PRI, ubican a Zamora al frente con 42 puntos; a Sánchez Gómez en segundo, con 26 puntos; a Ana Leyva del PRD, en tercero, con 7 puntos y a Morena en cuarto con 3 puntos.

La prensa orgánica está del lado de Zamora, aunque el nivel de propaganda alcanza niveles primitivos. Toluca, es cierto, nunca se ha destacado por su periodismo. Un redactor local, Guillermo Garduño, califica a Zamora como zar de Huichochitlán y destaca que “el Potro Otomí les pintó cremas, caracoles y grecas prehispánicas a los seis candidatos que se dieron cita a invitación de la autoridad electoral equina. Al zar de Huichochitlán se le unieron dos candidatos más para hacer el vacío al reality show de dimes y diretes con que se buscó entretener al electorado. El jefe Otomí sabe que la ventaja suya sobre los perseguidores no necesita de exposiciones en público y exposiciones riesgosas ante el electorado”. Zamora siempre evadió los debates públicos.

Los números en las casas de campaña son distintos pero coinciden. El conteo del PAN y del PRI, hasta el 29 de mayo, daba empate técnico, aunque los dos partidos ubicaban a Sánchez por encima de Zamora por cuatro puntos. Los panistas estiman que se llegará al 7 de julio con Zamora en segundo lugar, con 21 puntos en las preferencias y Sánchez en primero, con 28 ó 27. La misma versión tienen los operadores del PRI, quienes aseguran que Zamora lleva nueve años preparando esta campaña.

El profesor, dentro de su planeación, incluyó también la construcción de un imperio desde la miseria de los otomíes y lo asentó precisamente en la zona norte de Toluca donde, efectivamente, es zar, pero de la industria textil, que arrebató a los lugareños. Todo eso sucedía cuando asumía el liderazgo del Sindicato de Maestros, en el 2004, cuando la estructura que organizó hacía también negocios para él y que ahora deberá trabajar, el 7 de junio, en un acarreo que incluye a un grupo de 8 mil profesores encargados encargado, cada uno, de diez personas, a quienes llevará a las casillas para que voten por Zamora a cambio de despensas. “Habrá transporte”, adelantan algunos coordinadores. Los negocios en ese magisterio incluyen, además de las elecciones, la venta de plazas. Hace 10 años, una plaza de supervisor costaba 50 mil pesos. Hoy, el costo es de 250 mil pesos, dice un maestro, quien afirma que un cambio de adscripción puede costar hasta 50 mil pesos.

Movimiento Ciudadano, por su parte, compite con ex panistas como el propio Aguirre, quien renunció a su partido convencido de que habían perdido el rumbo y a pesar de que entiende los resultados del 7 de junio, está seguro de que su método de hacer campaña les da resultados desde el discurso de decirle a la gente qué es lo que están haciendo ahora mismo. Las propuestas que estos panistas en desacuerdo entregan al electorado están sustentadas en el autoempleo, en el trabajo para todos, en algo que se ha denominado “campañas sin candidato”, una especie de “guerrilla electoral”, pues Aguirre dice que ellos acuden a casas marcadas con propaganda panista y priista y que allí explican sus posturas. Esto, reitera Aguirre, es porque se quiere capturar la causa social. Dice, de Fernando Zamora, que “tiene una estructura poderosa, es altamente probable que sea el ganador”, aunque no lo considera capaz. Ubica a Martha Hilda González, Raymundo Martínez y a Omar Velázquez, líder del SUTEyM, como los pilares que sostienen al priista.

Sobre el panista Sánchez, opina que va ganando la campaña pero no las elecciones porque se le percibe como a alguien que promete lo que no hizo, cuando tuvo oportunidad. Lo considera débil porque no tiene el respaldo de los exalcaldes panistas.

De Ana Leyva le reconoce una gran preparación académica y resalta su trabajo en torno a la equidad de género y temas sobre la mujer, en muchos rubros, pero también analiza que Iguala y Ayotzinapa le costará porque la gente relaciona al PRD con el narcotráfico.

La recta final

* Desde Los Pinos han llegado apoyos, al menos morales, para Sánchez Gómez, como los espaldarazos, cada vez más públicos de funcionarios de la Secretaría de Educación o de la comunidad libanesa. Era lo que se esperaba, a final de cuentas, pues la trama electoral que  encumbró a Zamora  revela que lo enviaron a perder y que lo eligieron a él porque, precisamente, perdería. Pero ni siquiera eso es tan fácil. El pupilo de Lauro Rendón Castrejón, faquir electoral priista de hace algunos años y ex líder del sindicato de maestros, encuentra un hándicap en él mismo, pero es duro y aguanta. Luego, los panistas enumeran las contras, reducida a una sola: hasta el 24 de mayo, Zamora y sus hermanos han gastado casi 300 millones de pesos.

Miguel Alvarado.

Toluca, México; 26 de mayo del 2015. Todos los sábados, desde marzo, salen a la calle, cerca de sus vecindarios, para visitar conocidos. No les gusta pero lo deben hacer porque es parte del trato que los mantiene en los cargos que ocupan, en el ayuntamiento de Toluca. Son personas normales, que forman pequeños grupos, de dos o, si se atreven, van solos. Tocan a las casas y son amables para esconder el nerviosismo porque saben que hacen trabajo sucio para otros. Es eso o la sanción, el incumplimiento del trato original con la estructura priista de gobierno. Es apenas abril, apenas el primer sábado de abril del 2015.

– ¿El señor Miguel Alvarado? Queremos hacerle una invitación, hablar con usted en privado.

– Sí, y ustedes son…

– Son el licenciado Víctor Hugo Mondragón Mercado y ella es una profesora jubilada, que me acompaña.

Suben. El tercer piso agota a la profesora, quien llega fatigada y a la mitad del trayecto debe descansar le duele una pierna y se niega a subir más. El licenciado Mondragón, un hombre altísimo, la anima y por fin llegan. Sentados, más o menos en privado, justifican aquella visita.

– Mire, soy el licenciado Mondragón, ya lo dije. Y estamos invitando a las familias de estas colonias, la Federal y la Morelos, para que se acerquen con el profesor Fernando Zamora, quien será nuestro candidato a la alcaldía de Toluca por el PRI. Yo soy jefe del departamento de Atención Industrial, Comercial y de Servicios, soy parte de la Estructura H, del Seccional 5240.

– Ah, qué chido… y… qué… más…

– Y pues yo conozco a uno de tus tíos y a tu papá –dice la jubilada, restablecida. En sus manos tiembla el cansancio y la fatiga pero no asoma otra cosa. No hay vergüenza. Da por sentado que así es la vida o por lo menos la vida que ella ha vivido desde el magisterio estatal y sus 100 mil agremiados.

– … y si los puedo saludar a todos estaría muy bien –sigue la profesora, revolviéndose en su silla.

– Yo los represento, dígame usted.

– Pues eso –completa el licenciado Mondragón, quien tiene un tic en la cara, que no demuestra ninguna emoción. Nada, como un sobre, una carta en blanco. –Quisimos platicar en privado porque abajo hay mucha gente y no sabemos cómo reaccionan. Luego algunos, ya sabe… entonces funcionamos así: somos parte de la estructura electoral de Fernando Zamora, del PRI, para Toluca. Yo ocupo una dirección en el ayuntamiento local, donde se nos identifica por una letra, en nuestro caso la “H”. Pero hay otras tres letras, la “K” para la estructura que se usa desde la Secretaría de Educación y la “N”, para los que trabajan en el PRI y el gobierno. Y quisiéramos saber si contamos con usted y su familia, señor Alvarado.

– Pues claro que…

– Entonces eso es todo, quedamos a sus órdenes y nada más le encargamos una copia de su credencial de elector y otra de sus parientes, para que sepamos con cuántos contamos.

– Bueno, sí…

– Y por esas copias pasaremos en los días siguientes, para tener el gusto de saludarlo. ¿Y a qué se dedica?

– Tenemos un semanario. Hacemos reportajes, esas cosas. Le doy unos ejemplares.

Apenas imperceptible, el tic de Mondragón se adecua a la circunstancia. Es funcionario, sabe comportarse, está en casa ajena y ha venido por credenciales de elector, sus copias al menos y ahora resulta. Y esa Nada que es ahora su rostro, parpadea. Fulgura, o eso parece.

– Bueno, lo podemos acercar a la publicidad, yo le doy los teléfonos de los compañeros que están haciendo esa parte y cómo no, podemos trabajar juntos, que es lo que quiere el profesor Fernando.

Mondragón escribe sus datos y los teléfonos de la publicidad, también. La profesora, mientras tanto, ha aguantado estólida el calor de la mañana y ahora piensa que bajar será una prueba que el PRI le solicita. Se levantan y, siempre gentil, se retira aquella célula del equipo “H”, que trabaja en sus días libres para la campaña de Fernando Zamora, candidato de manera oficial a mediados de marzo del 2015. La llamada para la publicidad nunca se hizo ni tampoco volvieron Mondragón o la maestra jubilada.

Un mes y medio después, a mitad de la campaña por la presidencia de Toluca, el candidato panista Juan Rodolfo Sánchez, denuncia la estructura operada desde el gobierno, apoyada por la fuerza política que aún preserva el priista Zamora, ex líder magisterial. Víctor Mondragón no aparece identificado, pero a cambo están los nombres de 48 personas, encabezadas por el alcalde sustituto, Braulio Antonio Álvarez Jasso, a quien los panistas consideran jefe de la operación, que incluye 9 sectores, 32 zonas y 303 secciones electorales en el municipio.

Pero a Toluca no le importan las campañas de nadie y los mil policías federales que anuncia el secretario de Gobierno mexiquense, José Manzur, para todo el territorio deberán cuidar a los grupos políticos, envueltos en una guerra intestina que, de pronto, parece también una simulación. Los ciudadanos, muy al margen, asistirán el 7 de junio a uno de los procesos más desencantados en la historia. Esta vez ni siquiera hubo guapos en la contienda pero sí lo de siempre. Pantallas planas y despensas encuentran en mayo el mejor de los pretextos para ser repartidas y las promesas, la ciencia de lo ficticio, se desparraman en una puesta de múltiples escenarios. Y lo mismo da para verterlas Huichochitlán que la colonia Morelos, Calixtlahuaca o la Nueva Oxtotitlán, el Centro y sus Portales. Los focos para Manzur son amarillos, aunque incluyen un atentado a las oficinas del candidato del PRD en Ecatepec, Octavio Martínez, el 25 de mayo y amenazas de muerte contra la candidata de Morena en Huixquilucan, Nélida Ruiz, dos días antes.

Pero hay algo.

Y ese algo es el convencimiento absoluto de los aspirantes de que cada uno tiene los merecimientos para ganar, y que la derrota es culpa del PRI y sus artimañas. Los punteros, que en Toluca son Zamora y Sánchez, hacen malabares cuando se trata del vaticinio. El panista, por un lado, señala 4 puntos de ventaja, un empate técnico que permite impugnación, en todo caso, pero que ubica arriba al ex alcalde de Toluca. Zamora tiene sus propias cuentas y al menos las públicas lo cobijan con 15 puntos de ventaja. El profesor se ha rodeado de sus hermanos, Margarito y Roberta, para controlar la campaña. Hicieron a un lado al original coordinador, Enrique Mendoza, quien ha preferido asumir que el 2015 es un desastre y se mantiene a la sombra. En familia, Zamora avanza pero da trompicones.

El segundo debate, en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad estatal, fue escenario de la forma más primitiva de hacer política. Primero, anunciadas fechas y lugares, a unas horas de su realización fue suspendido, aunque al otro día acudieron a la cita Ana Leyva, la aspirante del PRD, y el mismo Sánchez, del PAN. Zamora, diligente, anunciaba que no participaría porque debían avisarle con 24 horas de anticipo o porque no recibió la invitación.

La explicación más relapsa, frívola en todo caso, para esa ausencia la dio un columnista local, Guillermo Garduño Ramírez, quien escribió en un espacio llamado de Poder a Poder, el 25 de mayo del 2015: “la propuesta del profe Zamora siempre ha sido, desde el primer minuto de su campaña, sí al debate pero con todos los candidatos al cargo y bajo el formato que defina la autoridad electoral, con el propósito de garantizar legalidad, equidad y seriedad al ejercicio democrático”.

Después, dice: “Hoy habrá otro debate, ahora en el IEEM (y) es muy probable que Zamora Morales no asista pues su partido ha optado por no participar en los debates, el mismo César Camacho señaló que los priistas no necesitan debates políticos, pues todos los días exponen sus propuestas con la gente. Algunos pensarán que le resta puntos y simpatías el no asistir, puede que así sea, pero si se trata de una indicación precisa de su partido tendrá que aceptarla al igual que los demás priistas”.

El debate o la ausencia en esas discusiones de Zamora han generado cosas. “¿Qué saben del debate histórico que organizó el IEEM para los candidatos que van a perder?”, escribió Rafael Vilchis, director de El Sol de Toluca, en redes sociales, refiriéndose al tercer encuentro celebrado el 25 de mayo.

En esos sobreentendidos que exponen todos los días los aspirantes a la alcaldía, destaca la antilabor legislativa realizada por Zamora, apenas hace unos meses, desglosada por el periodista Elpidio Hernández.

“Uno de los legisladores con menor actividad parlamentaria ha sido el toluqueño Fernando Zamora Morales, que en 16 meses de trabajo no ha presentado ninguna iniciativa de ley, su labor como diputado se ha limitado a las diez iniciativas a las que se adhirió y los cuatro puntos de acuerdo que ha promovido, pero de los cuales ninguno ha prosperado… Zamora Morales se estrenó como legislador federal casi dos meses después de haber asumido el cargo, cuando se adhirió a la iniciativa para reformar los artículos 33 y 49 de la Ley General de Educación para implementar programas y acciones para prevenir, detectar y atender el acoso escolar o cualquier otra forma de maltrato físico y/o psicológico entre y hacia los estudiantes. El congresista volvió a tener actividad parlamentaria hasta el segundo periodo de sesiones del primer año, que fue su periodo más activo adhiriéndose a ocho iniciativas, de las cuales sólo tres fueron aprobadas”, recuerda Hernández en un reportaje sobre Zamora (http://www.diariobasta.com.mx/basta/nota.php?id=2255).

El segundo debate, realizado en la UAEMéx, fue suspendido desde la Rectoría, que adujo igualdad para todos, sí, pero en otro momento. Los aspirantes, de todas maneras llegaron y en la entrada encontraron una manifestación de alumnos con pancartas exigiendo el encuentro. Unos los identificaron como paleros. Otros, como azuzadores. Sánchez y Leyva dicen que fueron recibidos por la directora del plantel, Ivett Tinoco, que ella misma los condujo.

En fin. Buscar ganadores resultará la anécdota más inútil porque algunos diarios censuraron, como le sucedió a la reportera Leonor Sánchez, cuya crónica ni siquiera fue tomada en cuenta por El Sol de Toluca, que a cambio publicó una nota firmada por ella misma, titulada “Toman candidatos del PAN, PRD y PT tribuna en la UAEM”, el 23 de mayo. Ella decidió compartir la crónica por redes sociales, pero en todo caso la lectura final coincidió en que desde las estructuras del gobierno se buscaba proteger a Fernando Zamora, un hombre negado para la tribuna. Sánchez ejemplificaría esa inhabilidad cuando narraba que en una reunión con empresarios, los aspirantes, reunidos por fin, escenificarían una especie de encuentro y que uno de los industriales, dirigiéndose a todos, dijo: “espero que gane la mejor propuesta”.

– ¿Y saben qué respondió Zamora? –dijo Sánchez- pues que “aquí no se gana con propuestas, se gana con votos”.

Que un debate con calidad ínfima genere los más burdos miedos se entiende sólo porque se realiza en Toluca, emblema del Grupo Atlacomulco y su reflejo desde la burocracia, el control y la opresión, pero tirada para adelante con el priismo y la derecha, a pesar de los históricos abusos.

El Cuarto de Guerra de Sánchez Gómez, el panista, luce preocupado y concede que el ex alcalde, compitiendo por segunda vez, apenas empata con Zamora, pero que hace doce días “El Profe” estaba adelante por hasta diez puntos. “Eso, repito, hace 10 ó 12 días, cuando esto empezaba. Ahora pueden ser sólo cuatro. De los diputados… Sánchez es la figura del panismo en Toluca y si no gana, a los otros les sería muy difícil. Las condiciones no son las mismas que en el 2006, y sin embargo…”.

Y, sin embargo, desde Los Pinos han llegado apoyos, al menos morales, para Sánchez Gómez, como los espaldarazos, cada vez más públicos de funcionarios de la Secretaría de Educación o de la comunidad libanesa. Era lo que se esperaba, a final de cuentas, pues la trama electoral que  encumbró a Zamora  revela que lo enviaron a perder y que lo eligieron a él porque, precisamente, perdería. Pero ni siquiera eso es tan fácil. El pupilo de Lauro Rendón Castrejón, faquir electoral priista de hace algunos años y ex líder del sindicato de maestros, encuentra un hándicap en él mismo, pero es duro y aguanta.

Luego, los panistas enumeran las contras, reducida a una sola: hasta el 24 de mayo, Zamora y sus hermanos han gastado casi 300 millones de pesos para movilizar una estructura o militancia de cerca de 10 mil personas, a fuerza o no, y que trabaja hábilmente, incluso sin necesidad de hacer una campaña que desgaste. El 20 de mayo un reporte interno indicaba gastos por 200 millones de pesos para Zamora.

Sobre el PRD, esa junta de notables opina que no tiene ninguna oportunidad. Ana Leyva está demasiado lejos e incluso Mario Medina, quien busca una diputación local, ha pagado su cercanía con Mónica Fragoso, rival panista de Sánchez Gómez y su premio de consolación será ver a su hermano en una regiduría.

El escenario para los azules es simple. De casi 600 mil electores que tiene Toluca, y de 300 mil que ejercerán el voto, 60 mil deben ser para el PAN. Si no, adiós. Señalan que se espera casi la mitad de abstención o ausentismo en las urnas.

Ana, quien se da cuenta de la inutilidad de un buen esfuerzo, desgasta su nombre en facebook contestando a desesperadas seguidoras que reclaman la veracidad de los dichos del redactor Guillermo Garduño: “lo más preocupante es que me relacionen en un “supuesto frente” con el candidato del PAN, ¡esa NO es nuestra agenda! ¡No tenemos ningún tipo de acuerdo en ese sentido! ¡Y si desde ahora el candidato ya se da por perdido en esta elección, ese es su problema! ¡Mi proyecto de gobierno va arriba! ¡Ni un paso atrás! ¡Yo no voy hacer comparsa de nadie! ¡Ni mucho menos lavarle la cara a ningún candidato! ¡Vamos a seguir avanzando día a día para consolidar una nueva opción de gobierno! ¡Eso te lo aseguro!”, cerraba Leyva, quien es pareja sentimental de Roberto Valdez, un ex funcionario municipal del primer círculo de Sánchez Gómez.

El 23 de mayo, en conferencia pública, Sánchez desglosaba, con cara de preocupado, las trampas de Fernando Zamora o lo que ellos consideraban así. Cientos de miles de caricaturas, por ejemplo, poniendo a Sánchez el cuerpo de una gallina o algo similar; ataques a la casa sede; sabotaje a actos y, en fin, la campaña negra.

Y que van 9.5 puntos arriba.

Allí mismo anunciaba una demanda contra Zamora donde pediría la anulación de la campaña de “El Profe” por rebasar los tope establecidos.

– Y es que el daño puede ser irreversible- decía Sánchez, mirando a todos.

– ¿Eso significa que van a perder? –preguntó una reportera.

– No.

Bueno, entonces no.

Ya luego diría de los 9 puntos y medio de ventaja.

Pero tras referir la demanda, decía que ya estaban viendo la posibilidad de unir estructuras con el PRD y con el PT para el día de la elección, en defensa del voto. Que ya la estaba viendo porque si el alcalde de Toluca operaba para Zamora, qué se podía esperar.

El PAN mostró un video, tomado con celular, el 27 de marzo, “tres días hábiles antes del inicio de la campaña federal”, donde se observa a Gabriela Gallardo, directora de Gobierno y Autoridades Auxiliares del ayuntamiento, entregando recursos a delegados. Cada paquete, se diría después, tendría un costo de un millón 194 mil pesos. “En su conjunto, el valor de los listados de materiales anunciados asciende a 101 millones 490 mil pesos”, calculaba el PAN.

Los paquetes incluían 11 millones de vales.

2.2 toneladas de cemento.

19 camiones de arena.

10 camiones de grava.

9 toneladas de varilla.

198 metros cuadrados de azulejo.

642 metros cuadrados de loseta.

30 láminas de asbesto.

8 tinacos.

4 bombas de agua.

Herrería.

Dos días después, Gallardo exigiría una disculpa pública a Sánchez o habría demanda por daño moral.

Pues sí.

Sánchez, críptico o nebuloso, diría que “está empeñado todo mi liderazgo político” para hacer ganar al PAN. A la lista se añaden tarjetas de “La Efectiva”, que reparte el mismo profesor Zamora y las pantallas planas.

El equipo de Zamora opera rápida, eficazmente. No se tienta el corazón y pregunta, después de hacer las cosas, si alguien está inconforme. Eso aplica cuando sale a las calles y toca a las casas. Mientras le abren, jóvenes colocan mantas en las bardas de aquellas residencias. Los dueños, al ver la invasión, intentan protestar pero Zamora los convence a tarjetazos, con algunos puñados de La Efectiva, cargada con mil pesos electrónicos. Casi todos aceptan.

Sánchez considera que uno de los puntos más débiles del PAN está en el norte del municipio, de donde es originario el contendiente priista. Allí hay 102 mil habitantes y la pobreza más aguda de la zona. El 24 de mayo su campaña se enfocó en la región, donde lo recibieron unos mil curiosos, que iban, también, a comerse un taco de chicharrón y a pintarse los niños las caras con diseños de superhéroes. En ese salón Real de Catorce, enorme bodegón, se le recibió de pie, nueve años después de su última aparición pública, como la opción.

Sánchez domina el escenario. Nadie en el PAN de Toluca le gana a este catedrático de la UAEM, de discretos negocios privados que lo han mantenido al margen de la política sin ninguna dificultad, cuando enfrenta a los auditorios más apáticos. Porque sí, ha llegado allí, a Huichochitlán, como una estrella de la tele, con banda musical incluida y hasta un equipo de filmación apoyado en “pulpos” mecanizados. Hubo, de entrada, dos animadores muy profesionales y gritones y el piso brillante, adecentado, a pesar de la lluvia que ya se viene y encharca aquel jolgorio.

Y Sánchez, con todo y tacos de chicharrón, encontró arropo, al menos se lo exteriorizaron, y una estructura política dispuesta a moverse en su favor. Fernando Zamora, el candidato oriundo, tiene a su disposición unos 10 mil militantes para hacer lo que se le venga en gana y en la recta final los bandos prefieren, para no asustar a nadie, declarar empate técnico.

Al final no habrá sorpresas. Ganará, si nada extraño ocurre, el candidato de Enrique Peña.

El hombre de los quince segundos

* Cómo decirles que Ana, la valiente Ana, terminó por quedarse en la orilla de los afectos, rebasada por amor a un panista, desperdiciando la primera de sus oportunidades para convertirse en la izquierda victoriosa en una ciudad mustia pero que en política decide en bloque. Para eso falta corazón. Aquí, en Toluca, vivió el “Ché” Guevara. Hank lo cobijó por un tiempo pero lo mismo daría si no hubiera estado. Lo más parecido a la izquierda en la ciudad es una señal de tránsito, amarilla para colmo.

Miguel Alvarado.

Toluca, México; 26 de mayo del 2015. Ana Leyva llega al pequeño auditorio del IEEM. Entra temprano, cuando todavía no hay gente, tanta, y se sienta como una observadora más, en primera fila. Allí, junto a alguien de amarillo, de su equipo de campaña, cambia algunas palabras pero en realidad ha ido en busca de silencio. Se mantiene al margen, como estatua, pero el bullicio la inunda.

Es el tercer debate, el 25 de mayo del 2015, entre aspirantes a la alcaldía de Toluca y Leyva, del PRD, va en tercer lugar, alejada de los punteros, de quienes dicen serlo, Juan Rodolfo Sánchez, del PAN y Fernando Zamora, del PRI. Los candidatos no creen en las encuestas aunque las mandan hacer porque el electorado sí.

Las encuestas son adornos o lo contrario. Porque cómo podrían.

Ana está sentada al frente, donde nadie la ve o sólo su cabellera, recogida en un chongo. Otros contendientes pasean los pasillos de aquel lugar, con olor a elección. Nadie los conoce, y tratan de estar lo mejor que pueden. Nadie les obligó a asistir y luego de días reclamando espacios como éste, al fin se les concede. Se sabe de antemano que las próximas dos horas ni siquiera cambiarán las perspectivas. Nadie espera nada, menos desde la milagrería de la democracia en México.

Ana medita, hundida en el sillón. Gautámica, las piernas muy juntas, repasa el escenario mientras sus manos se unen en un acto de yoga electoral, desacalambrándose, contracturadas. En el regazo, los apuntes que habrán de servirle de guía en ese trayecto infame donde Caronte será aprendiz, apenas, de las orillas más democráticas.

Cinco atriles y ninguna silla. “Está de güevos estar allí de pie nada más para pelearse”, dice un fotógrafo pensando más en él mismo, mirando el reloj, la nariz hurgada. Atrás, justo en la misma línea de Ana está el panista Sánchez, quien aplaca su cansancio ejercitando una cara feliz que lo tiraniza, deformándole el rostro cuando la pierde. Allí, a medio pasillo, platica con quien se le acerca, cruzado de brazos, en control de la situación. Algo dice que se ríen con él. Un abrazo termina el ensueño y camina para encontrarse con Leyva. Saluda de beso, agachándose, mientras ella le muestra la sonrisa que ha cultivado para las campañas. Algo se dicen que los dos se alegran y luego posan para la foto mientras en el otro extremo Guillermo Molina, el del Partido del Trabajo, busca a gritos a Julio Añorve, su coordinador.

A falta de dios, que el IEEM tenga piedad.

Molina recorre los pasillos y el tal Julio no aparece. Los gritos de Molina, sin embargo, duran poco porque ha entendido que en este debate, aunque no se venga a debatir, podría decidirse su bono extra.

Porque los datos del PAN para el abstencionismo indican 50 por ciento.

A Molina le gusta el grito, lo pantagruélico. Viene de traje, porque esto, señores, sí es un debate, dirá más adelante cuando otro aspirante se burle de él diciéndole que no tiene méritos para la alcaldía pero quizás para dirigir la facultad de Derecho. En la esquina de Ana, el ayudante termina por empacar las notas en una bolsa de mandado rotulada con el nombre de Mario Medina, quien busca una diputación local en la ciudad. Allí, como una bolsa-bomba, quedarán hasta el final, cuando Ana por fin estalle cultivada en ira razonable pero tardía, que debió mostrar desde el principio, apoyada desde luego en la congruencia. Pero no lo hizo sino hasta que le recordaron que era pareja sentimental de Roberto Valdez, ex funcionario de Sánchez Gómez. La indignación, esa novia de nadie, ha quedado sólo para la anécdota. Mientras, Ana allí se ve bien, parada y seria, en medio de Sánchez y Molina. A los lados, el resto.

Antes de seguir: ellos enfrente tienen rosas sin buqué compradas para adornar aquella glaciación. Qué confiados, creyéndose gigantes (es que no nos creemos, para qué nos creeríamos).

Hum.

Gustavo González, por el Humanista. Militar y asesor de militares, de agentes federales. No se da cuenta el aspirante, a quien los demás llamarán “mi coronel”, de lo que significa eso en México. No se da cuenta, tampoco, que ser alcalde no es un juego de guerra ni ejercicios conjuntos aire-tierra-mar. Tlatlaya-Ayotzinpa-Tanhuato. No se da cuenta y no lo hará nunca.

Molina por el PT. Ana por el PRD. Sánchez por el PAN.

Aarón Dávila, por Movimiento Ciudadano

Maximino Pérez, por Morena

Sánchez le sonríe a alguien, náufrago en algún punto de la sala ya repleta. Después se entenderá que le toman fotos y es por eso el gesto transversal, casi áurico. Mientras, diremos que alguien lo admira y él acompaña en ese arrobo. Pero hay algunos que no lo tragan. El auditorio, una cuarta parte, está con el PAN. Un tanto igual lleva Ana y el resto, microscópicos pero ruidosos, se reparten. Acarreados hay en todos lados y en el IEEM no tiene por qué haber diferencia.

Esta vez tampoco está Fernando Zamora, el priista, pero esta vez ni siquiera en el rencor de los asistentes.

– No, no es buena opción –murmura una mujer en la primera fila, mientras apunta su pluma, cuando nombran a Sánchez. No, no, no, sigue diciendo, hasta que terminan de leer la ficha.

El humanista González estuvo en Inteligencia. Fue asesor de la PGR, de la Policía Preventiva y de comisiones de Seguridad Pública y Tránsito del gobierno del Edomex. Inicia enojado defendiendo sus blasones, sus encargos desde la inocencia política que demuestra. Enojado, reclama triturando, suprimiendo, dirían los Gafes, su propio tiempo de participación. Le alcanza, a pesar de todo, para balbucear, enérgicamente eso sí, la creación de un frente contra la inseguridad.

El moderador, un locutor local, está atento. También es el hombre del tiempo y de vez en cuando se le escuchará decir una frase que, apenas murmurada, se entiende como el límite. El conductor es el hombre de los 15 segundos. Y por eso viene de traje. Pero es así. Moderar es debatir, dirán en la calle los trasgresores horas después, cuando ejerciten señeros el desprecio a la democracia en general, del estú…

– Quince segundos…

– Yyy tieeempo, candidato.

El coronel se contiene. Todavía no entiende, y no lo hará, porque él mismo es intervalo, paréntesis entre su trabajo de inteligencia y supresión y ésta, la aventura política que lo justifica ante un público en tránsito de camuflaje. Por suerte va Guillermo, el Molina ilustre que ha comprado la impunidad en la memoria de sus ancestros, eso es lo que él dice, y que se nombra en público priista convencido. En política no hay pecado pero sí trasgresores y Guillermo, colorado pero elegante, considera que nada está por encima de la ley.

– Y es qu…

Un golpe en la puerta del acceso principal. Un tumulto, al menos docenas de pies arrastrándose.

– …e nada pu…

Gritos ahora sí, pero apagados, como detrás de los muros. “Miente el IEEM”, se escucha claramente. Pero también miente Eruviel Ávila. Mienten todos allá enfrente. Uno mismo, sometido al debate porque sí, sin escape, menos ahora, que la puerta se halla bloqueada.

– …ede es…

Miente el IEEM, vuelve a escucharse y esa repetición termina por girar algunas cabezas con el poder del aburrimiento. Molina reacciona en superslow motion y también se dan cuenta los demás, que mienten como dice la voz, atrás, mientras los del público murmuran que “allá van los reporteros”.

– … tar po…

Quince segundos, candidato.

Isaac Díaz es indígena y representa al Partido Encuentro Social, PES, que lo ha postulado para la alcaldía de la ciudad. Oriundo de Huichochitlán, hace años escribía poesía en otomí y se dedicaba a actividades culturales. Luego, quién sabe. Esa noche, la del 26 de mayo, ha reaparecido por la puerta principal del auditorio con un montón de gente atrás de él, que reclaman y preguntan por qué no lo invitaron. Por eso el IEEM, para Díaz, es mentiroso. Y lo es, incluso más, sólo que al del PES lo único que le importa en este momento es entrar.

– …r encima de la ley.

Yyyy tieeempo, candidato.

Ana. Es su turno y haba. Y habla mientras se entona, cuando Isaac entremete medio cuerpo.

Qué hará si lo consigue, porque tiene miedo. Tiene más miedo que rabia y con gusto, se le nota, daría la vuelta y regresaría pero no puede quedar mal. Habrá que seguir, cargar con los fajos de papel, La Jornada, quizás, y sus propias anotaciones en las que incrusta uñas y dedos como si fueran el último asidero. Díaz ya está adentro. Ha conseguido que los tres porteros lo dejen pasar porque a fin de cuentas tiene razón y el IEEM es embustero, aunque un joven con identificación de la instancia electoral le interpele. El “tú qué” es suficiente para engancharse contra ése, que, al fin y al cabo, dice que ser apartidista cuando lo enfocan los reporteros. Uno de ellos, frente a Díaz, le increpa porque grita, quizás para hacerse escuchar, en una pregunta que es reclamo y así suena. “Usted fue invitado, aquí hay una firma de recibido, me acaban de informar”. Y, bueno, hay un papel firmado por alguien cuya letra es la de un párvulo, pero Díaz no retrocede. Mal haría, menos ahora, que ya está adentro. Así que aparta a los periodistas mientras los porteros, con un “chigadamadre”, se recargan en las puertas de cristal que, dicen, están por reventar. Díaz avanza por el mismo pasillo que vio las suelas de Juan Rodolfo, los zapatos de aguja de Ana, el fru-frú ametrallado del coronel y como nadie lo detiene se para en seco, solo, porque ahora es la de a deveras.

Ana habla. Y habla. Y sí, habla.

El hombre del cronómetro le dice, porque tiene en sus manos algo que en otro lugar se llama protocolo o reglamento, que no puede pasar porque será muy candidato pero no confirmó la asistencia. Molina interviene, por qué no. Esto es un juego para él y, debemos reconocerlo, tiene razón. Las elecciones son un juego, ni siquiera un fraude, distracción monumental para adultos con vocación de servicio y valores inquebrantables. Y Díaz, el otro candidato otomí, es rechazado por los incluyentes aspirantes porque, sí, hay un reglamento y la inclusión no está por encima de nada. Díaz grita que el PES va arriba mientras baja las escaleras, en una iluminada contradicción que a veces la vida ofrece. El silencio invita y Díaz tiene que irse porque así son las reglas. Porque va arriba mientras baja.

Quince segundos, candidata.

¿A qué hora se fue todo al diablo?

II

Díaz ha llegado tarde pero no solo. Lo escoltan, o algo así, unos cuantos más, enojados aparentemente, que se pegan a las puertas de cristal que aguantan porque son gruesas. Todavía estuvieron así media hora, luego de retirado el aspirante, para ver si se podía hacer algo. Porque había que hacer algo, irse de manera más decorosa. “El que sale ya no entra”, anuncian los de la puerta, que finalmente reciben refuerzos mientras afuera, a pie de calle, se organizan las porras.

-Mi coronel, con todo respeto… –dice Molina una vez más.

Hasta ahora el debate transcurre y sólo eso. El formato permite, sí, la expresión, pero le importa un bledo el contenido y ya el público adivina guiones. Predecibles y desencantados luego de la zarandeada de Díaz, al final de cuentas los aspirantes siguen. Pronto, el desgaste es evidente. Cada uno, por su cuenta, se soba las piernas. Cambio. Ris-rás de zapatos y dobladillos. Cambio. La barbarie de no tener silla, mella. El debate sirve. Expone, ridículos, en el detalle del parado, del sentado, del dicho o de lo no hablado. Por eso Ana se ha guardado para el final y, a pesar de que calza las agujas más punzantes, tiene su as o lo que ella considera su manga de la suerte, agitada por fin, rompiendo el cansancio.

– Les digo a todos los policías corruptos que mejor se vayan. Me voy a ir duro contra ustedes… y el gobernador es cómplice.

Los aretes elegidos por Leyva le dan a su rostro la discreción de la plata, destellando mientras Sánchez, el panista, calza su corbata como un guante y plantea, siempre sonriendo.

Quince segundos, candidato.

No, no son quince segundos sino una monolítica acumulación de frases, disonancias desde facebook posteando las imágenes del candidato favorito. Otra vez, la mitad del auditorio atiende diligente la red social. Porque “en estos momentos el candidato de Morena explica la necesidad de sanear el Verdiguel”. En realidad, en esos momentos el candidato de Morena no aguanta las piernas y se da cuenta de que, a la salida, nadie lo espera.

Las propuestas, reportero.

– …el aeropuerto se nos ha venido abajo.

– …se cae la ciudad…

– …el primero que se hizo la prueba fue su servidor…

– …es el cáncer de la…

– …de… de… de…

– …mi coronel, con todo respeto…

Afuera los tambores, la rebelión que espera y que no es más que gritería, no halla otra expresión que lo gutural.

Quince segundos, reportero. Hasta aquí 2 mil 189 palabras.

Ana dice, citando, que “cuando una mujer entra en política, cambia la mujer, pero cuando…”, le da la razón a ese mundo porque la vida es una cita y esta vez Leyva ha reservado ese encuentro para el final, cuando Juan Rodolfo beba galán el agua que discreta se les entrega a los aspirantes, cuando Molina diga que se ha perdido el piso, cuando el coronel dispare sus orígenes, cuando en la porra del Humanista, en la fila central, haya dos mujeres realmente guapas.

– Aquí ganamos todos por asistir -dice Sánchez como respirando, porque sabe que es el final de la reunión. Alude a Zamora el priista, está bien, no pasa nada y recuerda que lo ha demandado por operar programas federales.

“Estamos ganando”, reflexiona al final, como en ultimátum. “Al candidato del PRI sólo le importan los votos”. Sánchez calla. Ha terminado. La parte que domina de ese estadio rompe en aplausos, en perfecto timing con la sonrisa del que, ahora sí, descansa.

Ana.

– Ya sabemos que hay de dos. Unos, que no vinieron a debatir –dice- elevando la voz mientras Sánchez le sonríe, porque qué más puede hacer.

– Y otros -grita Ana, en pleno desbarranque- ¡que no cumplieron cuando fueron gobierno!

Y saca los papeles donde, una vez más, se exhiben las gratificaciones de Sánchez cuando alcalde. Ahí están, esta vez en el IEEM, desde aquella bolsa amarilla del mandado, rotulada con el nombre de Mario Medina.

A Sánchez se le van los pies y se acerca al micro que le toca para gritar pero contenerse al mismo tiempo que “eso ya está…”. Se controla pero ese gancho a la sonrisa lo sacude, lo pone de malas, lo irrita, le echa a perder la noche. Y todavía tiene que ir y hablar a la gente afuera. Tiene que ir a la fuente del Águila, hablar con la gente.

Ana, eso ya está.

“¡Es grillera, le gritan a la perredista!” cuando a ella todavía le alcanza para sacar fotos de la bóveda del Verdiguel, colapsado y malherido. El auditorio se enerva pero es ya la recta final y no importan unos minutos más. El mundo da una vuelta y Ana, la defensora de los derechos de las mujeres y denunciante de feminicidios, está en el centro.

III

Epilépticos, los simpatizantes cantan afuera, a la entrada del IEEM. Se han formado dos coros, los perredistas y los panistas. La gente, clasemediera o menos, está harta del frío y con la mirada encendida, algunos. Agitan sus banderas, es cierto, pero cualquiera lo haría. Aquel trabajo de agitar el emblema político podría, en una de esas ayudar a ganar porque el triunfo se esconde hasta en la bandera más desgarrada. Ellos, los de los bandos, esperan que ganando alguien sean incluidos, que no los eliminen de los programas, como a Díaz, al pobre Isaac. Que alguien, aunque sea primo lejano, obtenga trabajo y proyecte. Pero allí afuera, a las 11 y media de la noche, esa revoltura azul y amarilla es la misma cara jodida que se repite año con año.

Aquí no es Tlatlaya, aquí está peor.

En esa celebración están los Medina, Mario y su hermano Gabriel, en la orilla del hacinamiento. Los cantos, las porras, el volar de las telas y, por otro lado, la azul provocación de hacer que Sánchez Gómez hable, inhumano como ya resulta, ante un altavoz y convoque al aquelarre, los enerva. Cuál búnker estratégico. Cuál, cuál. Reducidos al amarillo, los Medina se desaforan y mientras Gabriel, quien será regidor -pase lo que pase- en la próxima administración municipal, fuma, el otro comparte su necesidad más inmediata.

– ¡Qué exhibida le pusimos! Braavo, Anaaaa! ¿Vieron su cara? ¡No pudo, no pudo! –festeja el aspirante al lado de Citlalli, asesora de su campaña, quien comparte pero no exterioriza.

Cómo decirles que Ana, la valiente Ana, terminó por quedarse en la orilla de los afectos, rebasada por amor a un panista, desperdiciando la primera de sus oportunidades para convertirse en la izquierda victoriosa en una ciudad mustia pero que en política decide en bloque. Para eso falta corazón. Aquí, en Toluca, vivió el “Ché” Guevara. Hank lo cobijó por un tiempo pero lo mismo daría si no hubiera estado. Lo más parecido a la izquierda en la ciudad es una señal de tránsito, amarilla para colmo. Ana tendrá otra oportunidad, ella y su grupo lo saben (lo saben) pero esta vez deberá ceder. Sánchez, por su lado, hará lo que pueda para bajar las infames predicciones que hacen de Zamora un alcalde imposible, llegado de tierras cercanas, cargado de casas y gorras, de tarjetas de La Efectiva.

– ¿Y cómo viste? –dice Medina luego, más calmado.

– No, no manches.

Mario, por supuesto, no es un epiléptico de verdad.

La casita blanca de Fernando Zamora

* Describir la “casita blanca” del candidato del PRI a la alcaldía de Toluca equivale a constatar la miseria del entorno, como si la colonia Aviación en San Pablo Autopan se hubiera desprendido de sí misma para permitir la construcción. Esta mansión, a nombre de Omar Talavera Vázquez, actual supervisor pero ex subdirector de Educación Primaria y oficial mayor del Sindicato de Maestros al Servicio del Estado de México, se cimienta desde la penuria de la zona más pobre del municipio, que observa, solamente observa, cómo un hombre, desde el poder público, literalmente los mira desde arriba. Esta es la historia de un cacicazgo, del camino de Fernando Zamora y su familia por el poder público y cómo, solamente ellos, se han beneficiado.

Miguel Alvarado

San Pablo Autopan, Estado de México; 3 de mayo del 2015. A la entrada de la tienda un gato juguetea por la mañana, retorcido entre los pies de la dueña que, sentada en una silla de palma, casi a ras del suelo, despacha y cobra desde los rayos del sol. Los propietarios de esa tienda, de adobe y de apenas 20 metros cuadrados, son vecinos de uno de los hombres más poderosos de la zona norte de Toluca y que ahora busca la presidencia municipal, luego de años militando en el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Junto a la casa del candidato, la tienda aquella -aun con sus dos pisos- ni siquiera alcanza la altura de los portones de enfrente, de hierro forjado cercanos a los diez metros, aunque sobrepasados por la propia mansión que resguardan.

Esa fortaleza de ladrillo y cemento, de techos atejados, no tiene comparación. Ni siquiera la casa campirana, también de puertas ciclópeas, propiedad de otro de los políticos más poderosos de la entidad, el secretario de Gobierno, José Manzur, distante a 800 metros, le hace sombra, a pesar de contener una capilla de azules cúpulas y una colección de autos Mustang que, aseguran los vecinos, se guarda allí.

Ésta es la colonia Aviación, con menos de 2 mil habitantes, zona rural de San Pablo Autopan y una de las más pobres del municipio. También es uno de los territorios de mayores contrastes sociales, donde funcionarios públicos locales han construido sus casas, gigantescas edificaciones que remarcan todavía más la pobreza de los habitantes originarios.

Eso no es casualidad. Los terrenos, todavía ejidales, están destinados a planes más ambiciosos que sembrar y todo gira en torno al futbol. Porque el Deportivo Toluca, el equipo profesional de la ciudad, edificaría el nuevo estadio de La Bombonera en esa colonia. Los ejidatarios confirman esta noticia desde la venta de sus parcelas, que aún trabajan en lo que se asienta el proyecto, y que incluye un desarrollo comercial y nuevas vías de acceso, lo que cambiará radicalmente la zona, así como los precios de los terrenos.

II

– Aquí vive el profesor Fernando Zamora -dice el guía mientras se detiene en la esquina de Puerto Aéreo y la calle 23 de Octubre, mirando hacia arriba. Esta versión la corroboran los vecinos de la colonia Aviación, quienes afirman sin ninguna duda que el profesor es el dueño de la casa.

“La comenzaron a construir alrededor del 2010, pero terminaron pronto, como en un año. Y lo que sabemos es que allí vivía el profesor junto con su esposa”, dicen.

Las bardas no están pintadas pero sí la residencia que resguardan. Es la “casita blanca” del candidato a la alcaldía de Toluca, que se puede observar a simple vista desde la carretera Toluca-Ixtlahuaca, pasando el mercado de Palmillas. El terreno sobre el cual está asentada la construcción mide aproximadamente 100 metros de largo por 25 metros de frente, unos 2 mil quinientos metros cuadrados. Un estudio realizado por un despacho de arquitectos en Toluca para este Semanario calcula su valor en 8 millones de pesos, aproximadamente. En San Pablo Autopan el metro cuadrado de tierra cuesta, como máximo, mil pesos, casi nada comparado con los 4 mil 200 pesos que vale en la colonia Federal; 6 mil 47 pesos en la Morelos o los 10 mil 698 pesos de la Morelos Primera Sección, en la zona urbana.

Describir la “casita blanca” equivale a constatar la miseria del entorno, como si aquella colonia se hubiera desprendido de sí misma para permitir la construcción. Esa mansión, quienes maestros del Sindicato de Maestros al Servicio del Estado de México (SMSEM), afirman que está a nombre de Omar Talavera Vázquez, actual supervisor escolar pero ex subdirector de Educación Primaria y oficial mayor de Fernando Zamora cuando era líder gremial (2003-2005), se cimienta desde la penuria de los vecinos, que observan, solamente observan, cómo un hombre, él solo, desde el poder público, se ha beneficiado.

Del interior de la casa sólo puede observarse el patio principal -a través de los portones automáticos, de unos 7 metros de altura, encajados en muros de hasta 10 metros- decorado con piso de cantera y una fuente del mismo material. Ese patio es en realidad un estacionamiento donde, días antes de las elecciones, se guardaban cinco autos, entre ellos una camioneta negra y autos sedán. La fuente, en medio del patio, custodia la puerta principal de acceso, en forma de arco y de madera.

La descripción arquitectónica es simple pero reveladora. “Casa de estilo residencial tipo alto, con acabados de lujo, de al menos cuatro aguas y cinco niveles. La vivienda alcanza una altura aproximada de 17 metros en una zona cuyo uso de suelo es evidentemente para siembra, como lo constatan los terrenos vecinos, parcelas entre casas empobrecidas preparándose para la temporada.

La casa desentona con el discurso de servicio social y entrega comunitaria de Fernando Zamora: “He pasado toda mi vida en este municipio, por lo que conozco las necesidades y problemas de la gente, ya que además soy profesor desde hace 30 años, lo que me ha permitido estar en contacto directo con la población. Entre carencias y oportunidades, aprendí los pormenores de la actividad comercial, vendí prendas de vestir características de la producción de mi pueblo”, dice de sí mismo, presentándose desde su página web, http://www.fernandozamora.mx.

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III

La historia política de Fernando Zamora ejemplifica cómo se construyen en México los cacicazgos, a la sombra de los recursos públicos y el padrinazgo, pero también desde la óptica del gobierno mexiquense, que desde la Secretaría de Educación dice, literalmente a quienes encabezan el SMSEM, que “lo único que nos interesa de ustedes es su participación a nuestro favor en las elecciones”.

El aspirante a la alcaldía de Toluca era un maestro común que un día tuvo una responsabilidad, pequeña, dentro del magisterio. Egresado de la Normal Uno, desde un programa de cinco años de formación de docentes –sin grado de licenciatura- (1976-1981), se tituló desde un plan emergente diez años después, que le permitía entregar la planeación de trabajo para la escuela donde en ese entonces laboraba como prueba de sus conocimientos. Nunca hizo el intento de estudiar más. Y es que el sindicalismo lo llamaría casi desde el principio. Apenas con cinco años trabajando, fue incorporado a cuadros delegacionales en Temoaya. Su inicio, realmente modesto, se registra cuando armó un pequeño grupo con directores escolares –él mismo lo era- que derivaban en cuanto veían una oportunidad. Encontró una puerta abierta cuando Jacob Pérez Álvarez asumió la secretaría general del SMSEM e integraba a Fernando en una comisión sindical, en el trienio 1994-1997. En ese mismo comité estaba la profesora Trinidad Franco Arpero como secretaria de Educación Primaria, fundamental en el desarrollo político de Zamora.

A Franco se le identificaba desde entonces como una fuerza discordante que podía cambiar, llegadas las circunstancias, las manos en el  poder de un sindicato que, actualmente, maneja recursos cercanos a 150 millones de pesos al año.

Jacob Pérez Álvarez era un líder débil pero astuto y entre sus habilidades estaban las de identificar a quienes podían ensombrecerlo. Taimado como era, llamó aparte a Fernando Zamora para confiarle una misión delicada, que consistía en vigilar a Franco.

El actual candidato priista a la alcaldía no dijo que no e incluso fue más lejos porque, con el tiempo, Trinidad Franco Arpero se convirtió en su pareja sentimental. Había elegido bien porque Zamora tenía toda la intención de desarrollarse políticamente y ella era una mujer fuerte, capaz de operar elecciones y que no dudó en compartir durante 11 años aquel amoroso poder que el mismo sindicato le entregaría en su momento. El papel que Zamora desempeñaba era el que nadie quiere en una película, pues casi siempre estuvo entre la sombras. Manejaba los autos para la profesora, era el acompañante de planta y si al principio se dormía en las tediosas reuniones de su pareja, poco a poco aprendió las singulares maneras de hacer política desde aquel magisterio. No le dijo a nadie de ese aprendizaje y algunos tachaban sus propuestas, cuando las hubo, de poco serias o, en todo caso, de inadecuadas. En realidad, Fernando Zamora se entrenaba para suceder a Franco Arpero.

Pero en el trienio de Jacob Pérez y con Franco y Fernando aliados desde lo privado, se planteaba la posibilidad de que la profesora fuera la secretaria general. Ese camino era tan real que incluso se formó un grupo, Convergencia Magisterial, a finales de 1997, una asociación civil legalmente establecida que fedató el notario Gabriel Ezeta. Franco tenía ya su primera plataforma y podía preparar su ascenso. Y Zamora estaba con ella.

Sin embargo, no era fácil. Jacob Pérez, enterado de la existencia de Convergencia Magisterial, articuló una limpia en el sindicato. Zamora perdió su comisión pero Franco lo defendería organizando una marcha para exigir la reincorporación de su pareja. Esa manifestación exhibió la fragilidad de aquel líder pero también hizo patente la fuerza de la maestra. Conseguir que Fernando Zamora fuera restituido resultó, si cabe, pan comido.

A finales de 1997 Convergencia se presentaba a las elecciones del SMSEM en busca de la secretaría general con Trini como candidata, quien debió competir, a la buena y a la mala, contra la planilla oficial encabezada por Marcelo Quezada Ferreyra, que finalmente resultó ganador impuesto. Convergencia armó urnas transparentes para el ejercicio del voto secreto que, por supuesto, no sirvieron de nada. Pero los simpatizantes de Trinidad estaban aprendiendo. Franco había ganado esa elección a voto abierto, pero era una “no alineada” y al final Jacob Álvarez y Lauro Rendón, otro ex secretario general del SMSEM y “alquimista electoral del PRI”, impusieron a Quezada. Esas elecciones estuvieron plagadas de agentes de la Secretaría de Gobierno mexiquense. Trinidad protestaba pero los encubiertos estaban allí para disuadir a cualquiera.

– Si sigues con tus pendejadas, mañana va a haber dos o tres muertos –le dijeron en una llamada sin nombre a Franco.

Quebrantada Trini, Quezada asumió como líder de los maestros para el periodo 1997-2000 y Franco se integraba a sus labores cotidianas. Llegado el año 2000, una nueva planilla, Renovación Sindical, era impulsada por la profesora, quien insistía en la dirigencia. En ese proceso competían Luis Vargas Medina –un poco el término medio entre las propuesta oficial, encabezada por Horacio Albarrán- y la propia Trinidad.

En esos momentos los ex secretarios generales se encontraban divididos y terminaban por rechazar a Horacio Albarrán –quien compite hoy por el PRD para la alcaldía de Tejupilco-. Rendón, quien en el año 2000 tenía bajo su control a todos los coordinadores regionales, se decidiría por apoyar a Franco Arpero. Fue suficiente que el poderoso Lauro le pidiera al secretario de Educación que reuniera a esos coordinadores y les pidiera que apoyaran a la profesora.

El planteamiento del voto secreto era una exigencia y en ese año 2000 se lograría que los delegados, 3 mil 500, votaran de manera secreta. Pero cuando Rendón abrió la posibilidad a Trinidad, los propios subdirectores regionales se encargaron de distribuir toda la propaganda de Franco. Esa operación abrió la estructura magisterial, poniéndola del lado de la maestra.

El día de la elección las urnas fueron colocadas en el auditorio del Sindicato. Y a un lado de las urnas apareció la figura dinosáurica de Lauro Rendón, parado como patrón, viendo que los delegados pasaran, uno a uno, a votar. El resultado final fue el triunfo de Trinidad sobre Horacio Albarrán por 36 votos. La diferencia era lo de menos cuando el sindicato representa una de las cajas chicas más suculentas para el gobierno estatal y sus operadores. Era tal el poder de Rendón en ese magisterio que las cuentas bancarias del SMSEM estaban a nombre de uno de sus hijos, Hugo Rendón. Nadie movía un quinto si no firmaba él. Franco lo entendió bien pero también supo que debía romper con Lauro. Así lo hizo, asumiendo el control absoluto.

Fernando Zamora seguía conduciendo autos para Franco Arpero y se constituía en soporte emocional para la flamante lideresa. Ella premiaba la paciencia de su pareja otorgándole la dirección de Adquisiciones, donde Zamora usó el dinero de ese presupuesto sin ningún control. Pero tener contenta a Trinidad era el trabajo principal de Fernando, porque sabía que ése era el camino del poder.

Sumiso, el profesor supo aguantar, encontrar en la obediencia ciega un acicate más para sus propios objetivos, que se cristalizaron al terminar Franco su gestión, tres años después. Fue Zamora quien convenció a Trinidad de pelear sin cuartel por la diputación local o federal, premio que todos los líderes sindicales obtenían y de organizar una manifestación para exigirlo. Pero esa marcha resultó contraproducente. A Franco nada le otorgaron y se convirtió, de pronto, en la figura que desde sus orígenes había identificado el dirigente Jacob Pérez. El gobierno quitó a toda la estructura de la profesora que trabajaba en la burocracia. Esa marcha, que paralizó clases y de paso la capital del Estado de México, había sucedido el 13 de abril del 2003. Al otro día, todos los franquistas estaban en la calle, con sus renuncias firmadas. Alberto Curi era el secretario de Educación estatal.

La sucesión de Franco Arpero, sin embargo, estaba cantada. A pesar de otros candidatos como  Sergio Camacho o Rogelio Molina, la profesora eligió a Fernando Zamora, pues suponía que él le garantizaría el poder y el dinero desde el magisterio. “Es mi pareja, me tendrá que obedecer”, decía la maestra, según testimonios. A Fernando el sindicato le pagaría toda la campaña, desde movilizaciones hasta gasolina y los refrescos. Lo inevitable sucedió. Zamora ganaba de manera aplastante en la votación y ya era el líder. Franco Arpero estaba jubilosa, pues entendía que su poder podía alargarse y, si lo hacía bien, construiría un coto político sin precedentes. El ejemplo de Elba Esther Gordillo la seducía.

Pero Fernando Zamora tenía otros planes. Tomada la protesta a las seis de la tarde, una hora después acudía a la casa que compartía con Trinidad, en el poblado de San Lorenzo Tepaltitlán y empacaba. Se iría para siempre de la vida de la profesora, una vez que ésta le ha entregado el poder.

– Ya tengo nueva mujer. Se llama Yolanda Rosales, es de Toluca, es una maestra de preescolar –le dijo Fernando a bocajarro a la azorada Trinidad, a quien la impresión la enviaría a un centro médico privado en Metepec, por un mes.

El nuevo líder ejecutó su propio plan, masticado con la paciencia de quien lleva prisa y lo puso en marcha. Volvió con Lauro Rendón para pedirle perdón y culpó a Franco de la ruptura política. Eso aceleró la expulsión de Franco de aquel selecto círculo de ex dirigentes y la incrustación de Zamora como uno de los favoritos en aquella tiranía.

El profesor es el poder encarnado en la zona norte de Toluca, que tan sólo en cuatro pueblos, de predominancia otomí –Huichochitlán, Cuexcontitlán, San Diego Linares y Autopan-, aglutina poco más de 100 mil habitantes, según datos sumados del INEGI. Esa cantidad representa cerca del 10 por ciento del municipio de Toluca, pero también una enorme fuerza productiva, de la que es dueña la familia Zamora Morales, controladora de la industria textil que produce gorras, guantes y bonetes, que se venden sobre todo en Huichochitlán.

IV

La “casita blanca” no es la única propiedad de Fernando Zamora, quien unido a sus hermanos ha desarrollado en el pueblo de San Cristóbal Huichochitlán un cacicazgo fincado en el miedo y el control del mercado de gorras, bonetes y guantes que se producen allí. Si bien ninguna alcanza el lujo de la casa de Autopan, son demasiadas, incluso para toda una familia.

En el pueblo todos conocen esas propiedades pero pocos se animan a señalarlas. El temor por represalias es el principal motivo. Un comerciante, sin embargo, admite conocerlas y señala las más importantes.

La primera está ubicada en la calle Manuel Buendía, esquina con Monterrey, en Huichochitlán. “Este edificio fue construido con dinero del Magisterio estatal, cuando era secretaria general Trinidad Franco. A un costado se ubica la oficina de atención ciudadana de Fernando”.

casa 1

También en esa calle están las casas de los hermanos del profesor, “construidas con material proveniente del Programa Pie de Casa”, apunta el comerciante.

casa 2

La tercera es una de las primeras casas de Zamora Morales, en la calle de Monterrey S/N, “cuando en los años 90 no tenía ni drenaje. Lo que se aprecia en la imagen contrasta con los detalles del interior, como las chapas de las puertas bañadas en oro, vajillas de plata y cristalería fina”.

casa 3

Una serie de comercios se ubican en la calle Miguel Hidalgo S/N. “Estos son negocios donde el profesor invierte dinero. Son de los hermanos, que siempre han recibido apoyo económico de Fernando. Estos terrenos fueron adquiridos cuando era pareja de Franco y después secretario general del SMSEM. Allí se guardan bordadoras y tejedoras.

casa 4

La quinta propiedad está a nombre de su esposa, en la calle de Hidalgo esquina con Zapata, donde también se guarda maquinaria para bordados.

casa 5

La madre de Fernando también tiene un negocio, en la calle de Hidalgo, sin número.

casa 6

En Adolfo Ruiz Cortines, s/n., en el Barrio de La Concepción, Huichochitlán, Zamora tiene una bodega o nave industrial donde guarda material para construcción. Los vecinos señalan que en esa nave se guardaban tráileres con productos robados, y que el encargado de ese negocio era un hijo del profesor. Esa bodega fue cerrada luego de que un pariente de Fernando Zamora estafara a los ladrones, quienes amenazaron de muerte a la familia, que al final devolvió los productos. También, sobre la avenida Buendía, posee un terreno para renta donde actualmente hay una maderería abandonada.

casa 8

La última propiedad, considerada la joya de los Zamora, es otra nave ubicada en Colima, en el barrio de la Concepción, también de Huichochitlán, que en realidad “es una fábrica de hilo traída desde China, aunque aún no las puede echar a andar”.

casa 9

Una casa más, cuya dirección aparece en la credencial de elector del profesor Zamora, está ubicada en la calle Cerrada de la Independencia, en la colonia Científicos.

Pero las propiedades de la familia Zamora son apenas un reflejo del poder que el maestro ostenta en la zona norte de Toluca.

El castigo del fuego

 

* La zona norte de Toluca, una de las más pobres del municipio, pero también la de mayores contrastes sociales, vive desde hace años el dominio de la familia Zamora Morales desde un cacicazgo que ha sojuzgado la actividad comercial más importante del pueblo de Huichochitlán, la fabricación de gorras, bonetes y bufandas. Esta es la historia de una traición pero también la trama, telenovelesca, del encumbramiento económico y político de quien hoy quiere ser alcalde de la capital del Estado de México.

Miguel Alvarado

San Cristóbal Huichochitlán; 3 de mayo del 2015. El dos de agosto del 2004, a las tres y media de la tarde, vecinos del pueblo de San Cristóbal Huichochitlán habían detenido a agentes de la AFI porque realizaban cateos a los comercios. Los policías catalogaron a las miles de gorras que allí se fabrican como piratas o ilegales y se las llevaron argumentando violaciones y que algunos locales, ubicados en las calles de Juan Pablo II, Pablo Romero e Insurgentes, rompían la ley según una demanda conjunta de afectados. Esta historia está contada a partir de decenas declaraciones y entrevistas grabadas a testigos de los hechos que se describen, así como de habitantes del lugar, quienes razonablemente temen represalias.

Efectivamente, había un cateo, sólo que los policías se llevaban todo, sin importar lo que fuera. Ese saqueo, que hasta esa hora contabilizaba dos locales pero también un detenido, detonaba la ira de los habitantes, quienes habían conseguido cercar a los agentes para exigir la devolución de bonetes con figuras de la Warner Brother’s. Tres camionetas habían sido ya cargadas.

A esas alturas ya no había enojo sino rabia ciega. Cinco elementos de la PGR enfrentaban el linchamientos y quemarlos vivos sería el escarmiento que el pueblo había decidido. Reducidos, los agentes fueron rociados con gasolina mientras las campanas de la iglesia repicaban, convocando al resto de San Cristóbal, que en un santiamén estuvo reunido: la suerte para los policías parecía sellada.

Pero un diálogo de último minuto detuvo la sentencia. Un comandante enviado a negociar el destino de los condenados propuso una última opción.

– ¿Qué es lo que quieren? –preguntaba a voz en cuello el policía.

– ¡Que nos devuelvan la mercancía y que nos entreguen al detenido! – gritaron los habitantes.

Los policías, bañados en combustible, aceptaron sin chistar. La mercancía devuelta fue resguardada en el atrio de la iglesia y el intercambio de detenidos se realizó, también, sin complicaciones. Los policías se fueron, dejando atrás a un pueblo atónito, impedido para trabajar pero también traspasado de miedo.

Desazonados, los de Huichochitlán no sabían qué hacer para evitar nuevos encuentros con la fuerza pública. Ni pláticas o consejos pudieron tranquilizar a los espantados comerciantes, que poco a poco tomaban conciencia de lo que había sucedido.

Horas más tarde se presentó Fernando Zamora.

Rápidamente reunió a los afectados en la casa de uno de los vecinos. En ese tiempo el profesor era líder magisterial del SMSEM. Un asistente a aquella reunión recuerda los detalles.

– Ya se dieron cuenta de los problemas en los que están metidos –les dijo Zamora sin preámbulos –Es el momento oportuno para que la comunidad se una y resuelva este tipo de problemas. Yo los invito a que formen una mesa directiva.

Los pobladores se miraron extrañados, pero la propuesta, en un inicio, les pareció viable. Fernando Zamora dictaba las acciones, todavía sin disfraz de orden. Había que nombrar un presidente, un secretario y al tesorero, dijo. Después, constituirse para obtener una licencia y seguir vendiendo.

“Nos trasladamos al Salón Aldama y allí todos los locatarios, unas 250 personas, eligieron la Mesa Directiva. Luego, se dispusieron dos grupos, uno para tratar de adquirir la licencia y el otro para aclarar y resolver el enfrentamiento con la PGR”, rememora uno de los asistentes a esa reunión. Margarito Zamora, hermano del líder magisterial, sería uno de los encargados de conseguir aquella licencia que, entendidos los términos, podría dar equilibrio laboral a los habitantes de aquel pueblo, dedicado a la producción de gorras, bufandas, guantes, bonetes y artículos relacionados. Margarito quedó, además, como presidente de la nueva organización.

El mercado de las gorras representa demasiado dinero. El mismo Fernando Zamora reconoce, en una columna publicada en Poder Edomex (http://www.poderedomex.com/notas.asp?id=62934), que el 80 por ciento de San Cristóbal se dedica a esa actividad y que las gorras y los derivados se venden en los mercados más demandados del DF.

Quienes tenían que ir a la Procuraduría General de la República tenían miedo. No sabían cómo medirse ante los dueños de las armas, del poder público. Ese pánico les obligó a contratar a un joven para que los representara. Le pagaron 10 mil pesos para iniciar las pláticas pero más tardó en entrar que en salir. Los comerciantes lo rodearon, todavía más asustados. El miedo era la principal arma de la AFI para negociar y mandaba un mensaje en el cuerpo del chico.

Golpeado duramente, el muchacho deletreaba: que así como tuvieron valor para armar su escándalo, lo tuviera San Cristóbal para dar la cara. Ablandados, los comerciantes entraron a las oficinas y, después de identificados, fueron inquiridos.

– ¿Están dispuestos a pagar todos los daños?

Les cobraron todo. Carteras extraviadas y sus contenidos. Celulares dañados. La reparación de vehículos. La atención médica de los agentes lesionados. Quedó pendiente un tema. La AFI aseguraba que había un arma de fuego del ejército, en una de las casas cateadas, pero aún así se logró un convenio para que, por partes, se liquidara aquello, que alcanzaba 175 mil pesos. La AFI, luego de todo, tenía un as bajo la manga, que presentó al final.

– Si quieren trabajar sin problemas, coménteles a sus vecinos para que aporten una cantidad mensual por 20 mil pesos y asunto arreglado. Esto es para que, cuando vengan órdenes del DF, nosotros les hablamos y ustedes escondan las cosas y cuando nosotros lleguemos, pues que no haya nada  –dijo el de la AFI. Los comerciantes sopesaron y decidieron entrarle. También compraron motonetas y radios para estar en comunicación.

Noviembre se acercaba. Era el mes de las mejores ventas para esos productos pero todavía no había ningún resultado en la encomienda de Margarito Zamora. Si lo había, nadie estaba enterado. La licencia, de lograrse, debía salir a nombre de Artesanos y Productores Otomís de San Cristóbal, pues ese había sido el trato.

Pronto se supo que Margarito y sus hermanos habían conseguido la licencia, pero a nombre de ellos mismos, Ramoza´s Bros, SA de CV, cuyo domicilio actual está en la calle Manuel Buendía sin número, en la colonia San Diego de los Padres, de San Andrés Cuexcontitlán, otro pueblo del norte de Toluca.

Los comerciantes convocaron a una reunión, el 17 de noviembre, para que Margarito Zamora, como presidente, explicara las cosas. Pero el hermano de Fernando prefirió los insultos y arremetió contra el resto de aquella mesa directiva. “Ustedes ya tiene su cargo, ¿qué más quieren, cabrones?”, recuerda un testigo de aquella reunión. Las cosas estaban a punto de salirse de control cuando Rodolfo Zamora, otro de los hermanos, intervino, para terminar de ubicar a los comerciantes.

– Ya que están aquí presentes, pues sí, nosotros adquirimos la licencia a nuestro nombre y aquí está, para los que quieran verlo.

– Pero ese papel viene en inglés –le respondieron.

– Les vale madre, cabrones –reviró Rodolfo- Es más, ustedes no saben ni leer. Aquí está la licencia y según la relación que tenemos de quiénes tienen bordadoras y tiendas, será el pago que tendrán que hacernos. Para empezar, los de las bordadoras van a dar de a 150 mil pesos, y los que tienen local, pues 50 mil pesos. Los de los talleres, 25 mil pesos y los serigrafistas, 10 mil pesos.

“Y es que tenemos que juntar una cantidad de 3 millones y medio de pesos, que es lo que nos costó la licencia. Fernando (Zamora) nos dijo que se las compartiera. Y ultimadamente, al que no quiera dar nada, a partir de esta fecha, le vamos a dar en la madre”, concluyó Rodolfo.

Los comerciantes estaban anonadados. ¿Por qué los hermanos Zamora habían actuado de esa forma, si se suponía que todos estaban del mismo lado?

Entonces nadie pagó nada.

Esa noche no pudieron dormir, aunque nadie dijo nada.

Secuestros sin castigo

Al ver que nadie aportaba nada, los hermanos Zamora comenzaron con amenazas y algunos de los comerciantes se las tuvieron que tragar, en silencio. “Tú eres el primero al que te va a cargar la chingada”, les informaban directamente.

Los días se sucedieron y la venta encontraba sus mejores momentos. Pero el 25 de noviembre del 2004, cerca de las 8 de la mañana, un trabajador reportó los primeros actos de sabotaje. Al empleado lo habían visitado Margarito y Rodolfo Zamora, en la madrugada, para ofrecerle 20 mil pesos si revelaba el número de equipos que tenían los comerciantes, y dónde estaban guardados. Al negarse, el hombre fue amenazado.

– Hijo de la chingada, ¿desprecias 20 mil pesos que esos muertos de hambre no te pueden dar?

Los reclamos de los comerciantes no se hicieron esperar. Una comisión fue a buscar a los hermanos Zamora. Encontraron a Margarito, pero respondió a los reclamos con insultos. Ese día era jueves 25 de noviembre. A las nueve y media de la mañana Margarito y Rodolfo enviaban a un comando para secuestrar a la esposa de uno de los comerciantes. Junto con ella, otras cinco personas serían levantadas.

Los comerciantes, enterados del suceso, recorrieron la región. Buscaron por Cuexcontitlán, cruzaron hacia San Pablo y Prolongación Isidro Fabela, hasta que en la vialidad Alfredo del Mazo, rumbo a la terminal de autobuses de Toluca, encontraron a los familiares de los desaparecidos.

– ¿Qué están haciendo? –preguntaron los comerciantes.

– Vimos que Margarito Zamora estaba aquí, pero en lo que pudimos detenernos, ya se había ido–dijeron los familiares. Reunidos allí, los afectados se dieron cuenta de que los hermanos Zamora pasaban de nuevo, junto a ellos, encabezando un convoy de vehículos.

“Llevaban camionetas Durango y Suburban”, recuerda uno de los testigos, quien sostiene que los siguieron, perdiéndolos cerca de la Puerta Tollotzin y que sólo una corazonada los hizo avanzar hasta San Mateo Atenco, donde otra vez avistaron a las camionetas. Allí, los secuestradores se darían cuenta y en esa persecución, abierta ya, al único que alcanzaron fue a Margarito Zamora, en la desviación a San Pedro Tultepec.

El hermano de Fernando Zamora, bajando de su camioneta, alegó que a él también le habían secuestrado a un hermano, pero no pudo explicar por qué iba acompañando el convoy de los criminales.  A pesar de eso, tenía instrucciones precisas.

– Nos van a hablar en cinco minutos para decirnos dónde los tienen –informaba.

Los comerciantes no fueron engañados. Opinaban que en un secuestro a nadie le pedirían el número telefónico cinco minutos después de realizado el plagio. Decidieron seguirle la corriente a Margarito y, tal como había dicho, una llamada ingresó a su número menos de cinco minutos después.

– ¿Saben qué? Ya nos hablaron –dijo Margarito. Y están aquí en la Subprocuraduría de Metepec, por el Tecnológico Regional.

Fueron y, llegados, pudieron constatar que allí estaban todos los levantados, aunque esa Subprocuraduría tiene como función checar autos ilegales. Uno de los comerciantes se acercó para hablar con los secuestrados cuando fue interceptado por un hombre, que le impidió el paso.

– ¿Qué buscas? –le inquirió quien después se identificó como comandante, sin serlo.

– A mis familiares, quiero hablar con ellos –dijo el comerciante.

– No puedes, cabrón.

– ¿Por qué? ¿Me puede decir por qué están detenidos?

– Óyeme, jijo de la chingada, ¿y tú quién eres?

– Queremos que se nos explique qué está pasando –exigió el comerciante.

– Ah, pues los detuvimos por evasión fiscal, por usar marcas registradas sin permiso.

– Queremos que nos muestren la orden de aprehensión.

Los presuntos secuestradores ni siquiera estaban uniformados. Luego se supo que eran de Tepito, contratados por los hermanos Zamora para realizar el “operativo”. Los comerciantes habían llamado ya a sus abogados.

– No, no tranquilo, moreno, vamos a negociar –les dijeron.

Margarito Zamora llegó con un contador, quien trabajaba para ellos y que había participado en las reuniones que formaron aquella mesa directiva. “Yo no sé nada, pero ya se les había dicho que dieran dinero”, alcanzó a apuntar el hombre. Luego de un tiempo, el que se decía comandante se acercó a los comerciantes. “Vente, moreno, ya los vamos a dejar libres pero tienes que ir en nuestra camioneta. Súbete”.

Para entonces había anochecido y aquella Subprocuraduría estaba atestada de vecinos de Huichochitlán. El comerciante no subiría y, pactado que los supuestos policías serían seguidos por los vecinos, sacaron a los detenidos y enfilaron por la carretera Toluca-México. Poco después se detuvieron y la gente fue liberada. Mientras, un muchacho apuntaba las placas de aquellas camionetas pero fue descubierto y golpeado. Él fue el único herido en esa odisea, pues los plagiados estaban bien, nadie los había agredido.

– A ver, morenito –dijo otra vez el comandante- a ustedes se los va a cargar la chingada. Vamos a visitar a uno de tus compañeros en dos días.

El comando se retiró pero algunos comerciantes los siguieron. El grupo se detuvo a la altura de La Marquesa, donde estaban los hermanos de Fernando Zamora. Rodolfo y Margarito, además del contador y otras personas, eran los jefes de aquella operación. Esto, el jueves 25 de noviembre del 2004.

Los castigos

El sábado 27, cerca de las 10 de la mañana, los comerciantes reportaron un auto negro que daba vueltas por la avenida principal, Manuel Buendía, y que les pareció sospechoso. Los tripulantes señalaban algunos domicilios, ubicándolos. La tarde transcurrió en calma, hasta que llegó la noche.

Aquel sábado 17 se celebraba en el pueblo una boda. Los invitados estaban convocados para que, desde las siete de la noche, asistieran primero a la ceremonia religiosa y luego a la fiesta. Muchos de los comerciantes habían pensado no ir, creyendo peligroso dejar solas sus casas. Pero al final algunos se encontraron en el convivio, aunque la calma no tardó ni diez minutos en quebrarse.

Un vecino irrumpió en la fiesta vestido apenas con short, huaraches y una playera. Al verlo, los comerciantes supieron que algo había pasado. El hombre aquel avisaba que en la calle de Hidalgo y Nicolás Bravo un incendio devoraba la casa de allí, vacía porque los dueños habían ido a la fiesta. Sin embargo, no todos los ocupantes de aquella vivienda estaban a salvo. La familia propietaria, que llegaba para atestiguar el siniestro, gritaba desde lejos que uno de los hijos estaba adentro.

El padre de aquel chico quiso entrar por él, pero fue detenido por los vecinos, quienes ya habían llamado a los bomberos. El hombre consiguió que le prestaran un traje y que lo bañaran para buscar al hijo, pero cuando iba a entrar el chico apareció a su lado.

“Total que quemaron todo. Lo dejaron en la calle”, rememora uno de los vecinos.

Al día siguiente, una llamada a otro comerciante adjudicaba aquel siniestro.

– Ya cayó un hijo de la chingada, ¿quién sigue?– dijo una voz por el teléfono- Y los que no paguen, sobre ellos.

En pocas horas todos los locatarios pertenecientes a la sociedad de Artesanos y Productores Otomís de San Cristóbal recibían la amenaza. “El que no pague, se chinga”. Otro afectado señalaba que quienes hicieron aquellas llamadas fueron los hermanos Zamora Morales. Esta vez la amenaza de quemar casas y negocios había surtido efecto. Al hombre que había perdido su patrimonio le dieron la espalda. El miedo, pero también el incendio había logrado que todos pagaran las cuotas para la licencia. Y “todos” significaba un padrón de 250 comerciantes.

Sobre el misterioso incendio, los afectados levantaron actas y denuncias pero las investigaciones jamás se llevaron a cabo. Las carpetas, hasta la fecha, están perdidas, no aparecen en los archivos de la PGJEM. El afectado culpó directamente a Fernando Zamora y a sus hermanos, pero en el MP le dijeron que solamente podían levantarla contra quien resultara responsable. Aquella demanda cumplió 10 años sin resultado alguno.

La influencia de los Zamora en la policía se la atribuyen los afectados a Lauro, otro de los hermanos, quien cultivó la amistad de abogados que trabajan para la Procuraduría y que mantiene una red de informantes en esa instancia.

Un mes después, aquella familia terminaría de pagar por todos. Seis embargos a sus mercancías, notificaciones y querellas llegaron para destruir lo último que les quedaba. Las pérdidas materiales derivadas de aquel incendio ascendieron a tres millones de pesos. La casa original fue demolida. No servía para nada.

Los agentes de la PGR, aquellos que estaban a punto de ser linchados, se enteraron y acudieron con los afectados. Los comerciantes seguían pagando los 20 mil pesos que cobraba la policía por protección.

“Nos los vamos a fregar”, les dijeron, refiriéndose a los perpetradores.

Un plan a la medida

Luego de algunas pesquisas, informaron también sobre otra cosa. Los hermanos Zamora nunca habían adquirido ninguna licencia. Todo había sido un engaño para conseguir tres millones y medio de pesos. Pero si los Zamora no compraron la licencia, sí adquirieron productos que los distribuyeron por todo el país. También acapararon la materia prima que se usa en San Cristóbal para bonetes y guantes y obligaron a los productores, con amenazas, a comprarles. No había de otra. Los Zamora eran el poder absoluto y nadie se atrevería a levantarles la voz, luego de la demostración de fuerza e impunidad.

Las agresiones incluyeron las operaciones en el mercado de Sonora, DF, donde algunos de San Cristóbal mantienen locales como mayoristas. El grupo de los Zamora comenzó a atracarlos y, en el camino hacia la ciudad de México, con gente contratada en Tepito, los despojaban. Hoy, Zamora también es propietario en ese mercado.

El imperio del miedo de los Zamora alcanza para fábricas y bodegas, como Hilaturas Xinantécatl, pero también para, desde sus cargos políticos, hacer negocios con diversos sectores públicos. Su empresa, Ramoza’s, vendía uniformes deportivos a los maestros cuando Fernando era líder sindical. Al final los comerciantes se enteraron que había sido el mismo Fernando Zamora quien había solicitado el primero de los cateos, y que sus cálculos habían sido correctos.

Él, según los afectados, consiguió que los agentes de la AFI entraran al pueblo para requisar negocios. Después aprovechó para sugerir la conformación de una mesa directiva, donde sus hermanos tuvieron el control inmediato y desde allí planeó cómo conseguir dinero y castigar a quienes no lo apoyaran. Esto lo supieron los comerciantes porque existe un documento de la propia AFI donde agradecen la información a Zamora y corroboran que ésta es verdadera.

El profesor ha conseguido armar un discreto pero poderoso imperio en la zona más pobre de Toluca, la región norte, Huichochitlán, Autopan, Cuexcontitlán y Linares, donde ha impuesto a sus líderes, que tienen en sus manos programas sociales que usan para beneficio propio. Ellos, acusan los habitantes, han construido sus casas y otros inmuebles con esos apoyos sin que les cueste un centavo.

Todos conocen a Fernando Zamora. Sus manías han traspasado la discreción de la zona norte. “Aquí, el gran problema, es que la gente no quiera testificar”, apuntan los declarantes.

Una sola anécdota alcanza para entenderlo. “Yo estaba parado detrás del profesor Fernando, sin que él se diera cuenta”, señala un comerciante de la región- cuando alguien se le acercó para advertirle que se habían inscrito demasiadas planillas para una de tantas elecciones de delegados.

– No seas pendejo, Javier –respondió Zamora- Así se inscriban 40, la que va a ganar es la Roja y ya dije quiénes van a estar en ella. Aquello resultó cierto, pues llegado el momento la Planilla Roja arrasó en esas votaciones.

Campaña anticipada

Para las campañas rumbo a la alcaldía, Fernando Zamora tiene la capacidad de mover a cerca de 80 mil profesores afiliados al SMSEM para que hagan labores de proselitismo, apunta Luis Zamora Calzada, líder magisterial del Sindicato Unificado de Maestros del Estado de México (SUMAEM).

Pero no sólo los maestros harán ese trabajo. Desde el ayuntamiento de Toluca y el gobierno del Estado de México se ha organizado -y opera desde hace tres semanas- un grupo de promotores del voto que visitan las colonias de la ciudad presentando la candidatura de Zamora y, de paso, copias de credenciales de elector.

– Son para determinar con cuántos contamos –dijo uno de los activistas, identificado como director de una dependencia del ayuntamiento local y perteneciente al Grupo H, clave numérica para los empleados municipales movilizados.

Los 8 mil docentes se excusan diciendo que trabajan para programas comunitarios estatales pero lo hacen en horas de clases, por lo que el SUMAEM solicitó apoyo de padres de familia de la zona de Huichochitlán, Autopan, Totoltepec y Ocoyoacac para que proporcionen fotos y se establezcan las denuncias correspondientes. Y es que la existencia de una organización, Grupo Político, integrado por maestros, interrumpía las clases para repartir despensas y promover a Fernando Zamora.

El 20 de abril del 2015, el SUMAEM daba a conocer una determinación de la Secretaría de Educación, donde prohibía de manera oficial a los maestros colocar o distribuir propaganda electoral, así como salir de clases para hacer proselitismo.

Pobladores de Cuexcontitlán, por otra parte, describen los procedimientos de Fernando Zamora y del PRI en época electoral. “Recorren casa por casa y les dicen a los habitantes que deben votar por el candidato. De lo contrario, serán borrados de los programas de apoyo social, incluso los federales, como el Prospera o los locales como Apadrina un Niño y la tarjeta La Efectiva”.

No declarar, al menos, la intención de votar por el PRI genera presiones. Durante las campañas, esas brigadas organizadas de los Comités de Apoyo estatales vuelven a recorrer las mismas casas y sueltan las mismas advertencias. Piden, para comprobar ese voto, una foto tomada con los celulares.

Sin embargo, nada garantiza que los apoyos sean ni siquiera repartidos, como sucedió en la Secundaria estatal 69, de San Andrés Cuexcontitlán, donde hace cuatro años el gobierno llevó laptops, que nunca fueron repartidas. Tiempo después, alguien retiró los equipos y nadie volvió a verlos.

Desde octubre del 2014 la campaña priista está en marcha. Las brigadas ya tienen en su poder datos de los electores e incluso consiguieron que un documento, sin sellos ni identificación de ningún tipo, y que compromete a entregar la credencial al PRI, pero además a llevar a otras 10 personas el día de la elección, fuera firmado a cambio de los beneficios de los programas.

“A algunos les pagan 200 pesos. A otros 500. Dicen que este año el pago por el voto será de mil pesos y una despensa”, dicen los denunciantes mientras observan los enormes campos junto a sus pequeñas propiedades.

– ¿Estos terrenos son de ustedes?

– Ya quisiéramos. El pequeño, de unas 4 hectáreas, es de Martha Hilda González Calderón.

– ¿Y el otro, el más grande?

– Es un secreto a voces, ¿a poco no sabe? Es de Enrique Peña. Y abarca todo lo que es la ex hacienda de La Providencia, frente al panteón de Cuexcontitlán, entre la avenida Cristóbal Colón y la carretera a Temoaya. Es como de 10 hectáreas.

– ¿Cómo se llama aquí?

– Aquí es la Sección Siete, de Lomas de la Providencia, en Cuexcontitlán, Toluca.

– ¿Y cómo saben que son terrenos de Peña y de Martha Hilda?

– Pues porque vinieron trabajadores de la constructora ARA, para hacer pruebas de suelo y ubicar los pozos de agua. Aquí van a hacer casas de interés social. Y ellos nos dijeron.

– …

– Sí, pues.

Julio César Mondragón Fontes

* Desde que ocurrieron los trágicos hechos de Iguala, la sociedad mexicana ya no es la misma, algo está cambiando, flota en el ambiente una tendencia hacia la cultura de la legalidad que, de darse, seguramente las estructuras se modificarán radicalmente.

Luis Zamora Calzada

Julio César Mondragón Fontes, maestro en formación de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”, de Ayotzinapa, Guerrero, caído entre el 26 y 27 de septiembre en los lamentables hechos de Iguala, fue parte de una familia del municipio de Tenancingo, de la comunidad de San Miguel Tecomatlán.

Hasta el 15 de mayo, ninguna organización gremial les había manifestado solidaridad, hasta que lo hizo el Sindicato Unificado de Maestros y Académicos del Estado de México (SUMAEM) en la fecha señalada, en evento realizado en la sala “Benito Juárez” de la Cámara de Diputados, ubicada en el corazón de la ciudad de Toluca.

Recibió el “Manifiesto de Compromiso Gremial en Solidaridad y Exigencia de Justicia” su tío, Cuitláhuac Mondragón, quien en un emotivo mensaje agradeció a nombre de sus familiares las muestras de solidaridad de los docentes que integran el sindicato independiente de maestros de nuestra entidad.

En placa elaborada para la ocasión, se destacó en la parte que interesa “que con motivo del Día del Maestro y en reconocimiento a la docencia social que hoy practica en el Estado de México y en la nación entera, por un México mejor”, en el entendido de que Julio César no dará clases en ningún salón de ninguna escuela y, sin embargo, su nombre recorre no sólo los rincones del país, está en espacios internacionales junto con los 43 que faltan, dando clases de exigencia de justicia y lucha permanente por el cumplimiento del Estado de Derecho, que tienen la obligación de acatar quienes están al frente de las instancias gubernativas.

Desde que ocurrieron los trágicos hechos de Iguala, la sociedad mexicana ya no es la misma, algo está cambiando, flota en el ambiente una tendencia hacia la cultura de la legalidad que, de darse, seguramente las estructuras se modificarán radicalmente.

La clase política

La llamada clase política deja mucho que desear, sus actos molestan cada vez más a la ciudadanía que pretende despertar, sin lograrlo aún, ante algunos ejemplos que provocarían la reacción de la gente en cualquier parte del mundo, menos en Toluca. Veamos algunos casos.

El escándalo de OHL, empresa española “Obrascón Huarte Laín”, condujo al secretario de Comunicaciones del Estado de México, Apolinar Mena Vargas, a su renuncia al cargo, al encontrar la Secretaria de la Contraloría supuestas violaciones a la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos del Estado y Municipios por el asunto menor de haber recibido de la empresa una habitación sin costo en un hotel ubicado en la Riviera Maya, dejando de lado asuntos graves hechos públicos en las conversaciones, como la programación de obras y pagos adelantados, así como la inflación de costos al gobierno del Estado de México.

La virtual dirigente del Partido Verde Ecologista, la senadora María Elena Barrera Tapia, ex presidenta municipal de Toluca, sin resultados que la gente le relacione y recuerde, está asegurando a su familia. Resulta que su hija, María Elena López Barrera, es candidata a diputada plurinominal por Metepec, ubicada en la segunda posición por el partido citado, representación que obtendrá sin hacer campaña. El hijo, Francisco López Barrera, conocido como “Chico Barrera”, está apuntado para ser síndico en la planilla del PRI, que contiende por el municipio de Toluca, rumoreándose que no vive en esta ciudad, se dice que su domicilio está ubicado en Metepec.

La aspirante a la diputación federal, Martha Hilda González Calderón, también ex presidenta municipal, a quien se recuerda por la matanza de perros ordenada en su administración, hecho por el que se le colocó el mote de “Cruella de Vil”, villana de la película los “101 Dálmatas”, logró imponer en la citada planilla a Evelyn Osornio Jiménez, ex directora general de Desarrollo Social de Toluca y suplente de la propia Martha Hilda en la alcaldía; se dice además que fue la hoy candidata en comento quien recomendó al M1 (Germán Reyes) para que fuera director de Inteligencia de la policía municipal de Toluca, en la administración de su antecesora.

La historia del candidato a la diputación local por el distrito I de Toluca, Raymundo Martínez Carbajal, ex secretario de Educación estatal, registra la compra de 12 millones de pesos en tapetes para yoga con la única meta, como lo declaró en su momento, de obtener un Récord Guinness, que nunca se dio y para el que tampoco estaba facultado para pretenderlo, desde lo establecido en el reglamento interior de la Secretaría, que se concatena a la Ley Orgánica de la Administración Pública estatal. En medios periodísticos locales se difundió el año pasado una casa, supuestamente de su propiedad, ubicada en Cacalomacán, en el municipio de Toluca, con un costo estratosférico, insultante para la mayoría de los mexiquenses.

La Universidad Autónoma del Estado de México tampoco se escapa de los escándalos, Eduardo Gasca Pliego ha permanecido callado sobre un supuesto fraude de mil millones de pesos, no de trescientos, como se manejó inicialmente. De comprobarse, sería una terrible historia de corrupción que obligaría a transparentar lo que ocurre al interior de esa casa de estudios.

Salvo el escándalo de OHL y la UAEM, cuyo ex titular y titular respectivamente no son candidatos a un puesto de representación popular, los restantes, excluyendo al M1, sí son aspirantes, aunque la gran interrogante es sabe si los toluqueños seguirán votando por el PRI en estas elecciones. No hay otros perfiles mejores, por ejemplo, el candidato priista a la alcaldía de Toluca muestra a diario una serie de problemas de dicción que pretende suplir regalando palas, azadones y carretillas a la gente de San Cristóbal Huichochitlán, con motivo del día de San Isidro Labrador. ¿Podrá cambiar la historia?

El Barco Ebrio

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La escuela primaria Gustavo Baz Prada en Metepec es un caos. O por lo menos eso piensan los padres de familia de alumnos que estudian allí, y que detectan serias irregularidades por parte del director, el profesor Melitón Delgado Trejo, a quien le imputan, puntualmente, lo siguiente:

Acoso sexual contra madres de familia.

Manejos turbios del dinero que aportan los padres.

Conduce un taxi para ayudarse en los gastos de su hogar, pero lo hace en horas laborales.

Durante un año, los niños tomaron clases de guitarra, impartidas por un padre de familia pero, de buenas a primeras, al siguiente año ya no las permitió, sin razón alguna. Hoy los niños toman clases de guitarra en la calle.

Esos mismos niños, declarados rebeldes desde la dirección de aquella escuela, no tuvieron acceso al Festival del Día de las Madres por órdenes de Melitón, el profesor.

“Yo mando aquí y todos me obedecen, papás, alumnos y maestros, les guste o no y nadie me puede hacer nada, estoy bien parado”, señala Melitón cuando alguien intenta reclamarle o acude a las instancias correspondientes. “Nos hemos quejado y las autoridades no hacen nada”, dicen los afligidos padres, quienes buscan desde ahora asesoría para, desde lo legal, enfrentar al director de la Gustavo Baz, quien por otro lado colecciona rosarios de quejas y señalamientos. Hasta un video hicieron los padres para denunciar al profesor, todavía sin resultados. Bueno, todavía. En esa grabación, la madre que denuncia, Eli Esparza, apunta que Melitón contabiliza 22 años de abusos. Y sí, los niños músicos, unos diez, separados del programa oficial de la escuela en esa celebración, se acomodan en las bancas de un parque y cantar para sus madres.

Ay, Melitón.

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El ex gobernador del Estado de México, Arturo Montiel, prepara su tercer divorcio en los términos que los anteriores matrimonios conocieron. Tío de sangre de Enrique Peña, Montiel se ha visto, toda su vida, envuelto en escándalos domésticos que tarde o temprano trascienden a la vida pública. Su primer casorio, con la señora Paula Yáñez, una ex reina de belleza de la Feria de San Marcos en Aguascalientes, terminó es escándalo cuando, para divorciarse en friega, cambió algunas leyes mexiquenses que le ayudaron a casarse, también en friega, con la francesa Maude Versini, una periodista, según describe ella misma, que al entrevistar a Montiel se dio cuenta de su carisma y atractivo, inteligencia y bondad. Bueno, ya casado con la francesa, los ánimos de Montiel para buscar la presidencia de México se dispararon. Ella era la porrista principal y en Toluca se supo que la ambición, la única ambición de Versini, era verse como Primera Dama de México. No se dio cuenta de que Montiel, más listo que Peña, que por supuesto cualquiera lo es, pero infinitamente menos guapo, perdió en el tramo final porque, sí, era más listo que Peña, pero menos guapo, muchísimo menos. Allí se vino abajo ese matrimonio. La francesa se regresó a su querida París y rehízo su vida, mientras que Montiel, luego de un tiempo, volvió a casar, esta vez con una reportera, Norma Meraz, representante del gobierno de Durango en el Distrito Federal y con un paso por Radio y Televisión Mexiquense. “Ella comenzó como reportera en Televisa y se sabe que es amiga de Dolores “Lolita” Ayala y la desaparecida Diana Laura Riojas de Colosio al grado de que  tuvo que declarar en el asesinato del ex candidato presidencial asesinado. Tuvo un puesto directivo en el gobierno de Montiel Rojas como directora del Sistema de Radio y Televisión Mexiquense de 1999 a 2001”, recuerda una crónica del portal Las Noticias.

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Con ella, con Versini, tuvo hijos, que hoy son todavía pequeños. Cuando todo se fue al diablo, ella le disputó la fortuna que tantos años le había costado hacer a don Arturo. Él, que había comenzado desde abajo, cargando el camión de cerveza que su padre, don Goyo, tenía en Atlacomulco, sabe mejor que nadie lo que es sufrir. Con eso en la cabeza, en menos de 30 años se convirtió en una de las luces, al menos públicas, del Grupo Atlacomulco.

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Versini acusó a Montiel de golpearla y la demanda de divorcio, desde Francia, incluía un pago de 20 millones de euros, que desde lo legal Montiel no tiene, según su propia declaración e investigaciones judiciales –je, je- que lo exoneraron del delito de enriquecimiento ilícito. A esas alturas, a Paula Yáñez ya le había dado una casa en Ixtapan de la Sal y formado un fideicomiso que involucraba al menos, 10 millones de pesos. Montiel pagó, nadie sabe cuánto, tal vez los 38 millones de pesos que luego aparecieron en los contratos firmados y se liberó de Versini, quien se volvió a casar, esta vez con un francés de su edad, y en Marruecos.

(Je, je).

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Pero estaban los niños y en enero del 2012, en un viaje que los chicos hicieron desde Francia para ver a su padre, fueron retenidos alegado que eran víctimas de violencia. Montiel se vengaba por algo, no se sabe de qué, y los niños estaban en medio. Versini reclamó ante quienes pudo. Olvidado el pasado de lujos y viajes, de dinero proveniente de quién sabe dónde, los ex esposos se dedicaron a pelear. Tres años después, Versini estaba harta y se decidió a revelar el origen de la fortuna de don Arturo, quien se empecinó hasta lo último para que la madre no viera a sus chicos. El castigo resultó. La hizo sufrir, aunque Versini sabía desde el principio con quiénes emparentaba. Lo supo cuando, desde ese principio, paseaba con Arturo Montiel junior y sus amigos, en los centro nocturnos de Toluca y después, ya casada con don Arturo, lo volvió a saber.

Pero la hicieron sufrir. Y pues cómo.

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El conflicto escaló hasta cierto grado de peligrosidad cuando Versini amagó. La fortuna, sus orígenes, deben permanecer donde están ahora. Una recomendación del presidente México, Enrique Peña, hizo que Montiel desistiera, por fin, y permitiera un acuerdo para ver a los tres niños en las francias. Y es que Peña o quien lo asesora, al menos en eso vieron un golpe más contra el magullado presidente. Y más, ya no se puede. ¿O sí?

Je, je.

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Montiel cedió y salió regañado. Pero todavía faltaba resolver su propia vida y Norma Meraz ya no estaba en esa ecuación. Los que los conocen aseguran que, una vez más la violencia doméstica es uno de los detonadores de esta separación y por lo pronto la señora Meraz y don Arturo están inmersos, decidiendo. La verdad, que todo sea para bien, que logren ser felices y tener salud, que eso es lo importante.

Ya lo había dicho el “Chepo” de la Torre, ¿no?