El aspirante del AK-47 y su foto comprometedora

* Mientras las quejas vienen y, sobre todo, van, Fernando Zamora se decide y su primer discurso es el esperado para un hombre que ha sido fotografiado con un rifle AK-47 o cuerno de chivo, y cuyo caballerango, en aquella imagen posada –dice él- era el líder de Los Zetas en el sur del Estado de México, Albert González Peña, preso ya por narcotráfico. Allí, con Carlos Iriarte, líder del PRI estatal como fantasmal testigo, las abstracciones emergen.

Miguel Alvarado

Toluca, México; 1 de mayo del 2015.

A las once de la noche del último día de abril algunos camiones alquilados se detienen a dos cuadras del centro de la ciudad. Permanecen allí unos minutos mientras desde adentro se escapa la algarabía de los que han llegado. Justo cuando falta una hora para la medianoche los pasajeros bajan en tropel. Llevan maletas y alimentos. Sus tortas, en bolsas de plástico, son parte de una identidad  inexcusable, como sucede con los guardaespaldas, que en México los ubica del lado de los acarreados. Camisetas rojas y un entusiasmo rayando en el fanatismo –no es cierto, pero en la necesidad sí- los impulsan a hacer algo que casi nadie está dispuesto, aunque mediara un pago. Atraviesan la avenida Morelos de la ciudad de Toluca y se dirigen al portal cantando. Esta vez no son las de Vicente Fernández, sino las porras que ensayaron por días para apoyar al aspirante de PRI a la alcaldía de Toluca, Fernando Zamora, y que mascullan afirmándolas. Se dirigen a la Plaza González Arratia para impulsar al que los va a impulsar, según los términos elementales del acarreo mexiquense, que al final de cada elección se reducen a la entrega de tortas, despensas si hay voluntad y un pago de hasta cinco mil pesos a los líderes de barrio, que siempre se retrasa. No tiene que ser hoy ni aquí, pero al terminar la campaña habrá una protesta masiva en el edificio estatal del PRI. Los movilizados presionarán para que se les pague. Lo harán, sí, luego de un maratón de mentadas y alardes de influyentismo.

Pero, hoy, ese día está todavía lejano, marcado solamente en el calendario de los apuros. Mientras es lo que es, está lo que está. Y en ese flujo que, se sabe y hasta apena, está Fernando Zamora, quien a las doce de la noche arranca su campaña.

¿Qué hace Zamora con un montón de gente a la hora de las brujas? Pero también lo hacen los demás. El panista Juan Rodolfo Sánchez, la perredista Ana Leyva y los candidatos a diputados locales. Cansados ellos mismos, exhaustos porque han planeado, visitado, reunido, hablado, estrechado manos, prometido, negociado, preparado publicidad, pagado, quedado a deber los últimos meses para este momento, por fin ven la hora. Y ese momento en realidad es, precisamente, lo que nadie quiere.

En fin. El aquelarre continúa y nada es verdad. Que el sentido de pertenencia, que la personalidad aplastante del candidato y, ahora sí, los buenos tiempos como con Peña Nieto, están allí. Pero no es cierto, al menos para la mayoría. Para Zamora el triunfo significa el alargue de su carrera pública, de la que nada se puede contar excepto, una vez más, una historia matizada en la tragicomedia. Para los otros, cargos menores aunque también la posibilidad de integrarse o seguir en la burocracia dura, aunque a México se lo cargue la chingada.

Unos, ahí parados, vestidos de rojo, dicen: “va a estar de la chingada”.

Otros, con sus tablets tomando video, dicen: “ya chingamos”.

Ellos, con sus listas en las manos, recorren la muchedumbre y dicen: “¡chínguenle!”.

El otro, ya para cerrar, dice: “¿y si nos chingan?”.

Zamora ni cuenta se da, pero sabe lo que pasa. Lo ha hecho antes, aunque aquella ocasión perdió la elección para una diputación. Cómo cambian las cosas. Hace dos o tres años era el perdedor y ahora podría ser alcalde. ¿Cuál es la diferencia, entonces? ¿Qué hizo para cambiar, al menos esa percepción?

Las elecciones desde el PRI son actos curiosos, actividades extrañísimas de estudio antropológico pero también, dice el periodista Francisco Cruz, autor del libro “Negocios de Familia, la biografía no autorizada de Enrique Peña”, nos muestra que los priistas están convencidos de que “si nos ponen una vaca como candidato, ustedes votan por ella, pero cómo no”.

Las elecciones desde el PAN y el PRD no se diferencian mucho. Claro, dice el equipo del candidato a diputado local por el distrito I, Mario Medina, que “el gobierno del Estado de México está en campaña permanente desde los gabinetes de Regionalización, que funcionan en un sistema de valores entendidos, donde uno debe el cargo que ocupa, lo debe cuidar y otro, el gobierno, cobra ese premio otorgado porque hay una obligación de activismo electoral por años. Todos los lunes los miembros de este gabinete, que son prácticamente todos los secretarios de Estado y la mayoría de directores y funcionarios de segundo y tercer nivel, acuden a una región del Estado de México, previamente distribuida. Allí, en actos privados, reparten cosas. Pero también convencen. Se avientan sus discursos, apuntan en listas a las personas convocadas, que también son acarreados y comprometen. Todos los lunes de todas las semanas, desde el gobierno de Jorge Jiménez, en los años 70, se viene realizando. Entonces, ¿te das cuenta del monstruo al que se enfrenta la oposición? Porque, ¿cómo le hacemos?”.

En realidad hacen lo mismo, pero con menos recursos y, eso sí, más impericia que en lo privado se traduce, en esta tragicomedia de enredos y palíndromos, como astucia.

Mientras las quejas vienen y, sobre todo, van, Fernando Zamora se decide y su primer discurso es el esperado para un hombre que ha sido fotografiado con un rifle AK-47 o cuerno de chivo, y cuyo caballerango, en aquella imagen posada –dice él- era el líder de Los Zetas, Albert González Peña, preso ya por narcotráfico. Allí, con Carlos Iriarte, líder del PRI estatal como fantasmal testigo, las abstracciones emergen.

– Vamos a hacer una campaña muy positiva y propositiva. No nos vamos a pasar “peliando” con los otros candidatos, sino escuchando, proponiendo y trabajando de la mano con la gente, porque esa es nuestra esencia, esa es la esan… esencia de los priistas”, dice el profesor, categórico, como escriben los reporteros, enfático, seguro de sí mismo. Surrealista, firme y hasta socarrón, y con un vozarrón donde aplica las enseñanzas de aventuras y desventuras, sin trompicones como los de Peña, así, facilito, aquella lectura avanza.

– Habré de presentar las constancias oficiales que prueban mi transparente y honesta trayectoria profesional y política. Y digo esto porque ya me enteré que quieren calumniarme con una foto de hace muchos años. Ya nos dijeron que intentarán hacer campaña negra con una foto choteada. ¡Qué digo choteada! ¡Megachoteda!…”. El calificativo arranca algunas risas. Pero el problema es que aquella imagen es megachoteada pero real. En serio, no puede hacerse una campaña negra con datos reales, con la vida pública de un aspirante, que es lo que ha sido, aunque ya esté choteado, megachoteado.

Zamora, endeble, se defiende antes de que lo ataquen.

– …¡exhibida desde hace más de diez años!”, recalca. Otra andanada de aplausos. Y es que diez años es la eternidad y una foto de hace más de diez años pierde vigencia, se diluye como los procesos judiciales o se empantana como las demandas laborales, los pagos a proveedores desde las dependencias gubernamentales. La gente vitorea, coreografiada como en los programas del Chavo del Ocho. Por qué se ríen, sería una seria pregunta que nadie quiere hacerse. Sólo ríen y de esa multitud se desprende una ovación, aunque abortada al final, que sin embargo impregna aquella sonoridad, el eco de un uuuuuhh cumpleañero o de concierto pop. En todo caso, de apertura de campaña.

¿Cómo se habrá enterado el profesor de las campañas negras que se preparan en su contra? ¿Alguien le avisó, le diría que volteara a San Cristóbal Huichochitlán, a San Pablo Autopan, a la foto del cuerno de chivo que quedará para siempre en el recuerdo? Presentará las constancias de su honrada trayectoria, con sello, oficializadas desde el sistema que lo ha cobijado desde que era un humilde maestro de primaria y que no contemplan que una foto sea delito. No, no es así. Pero las constancias tampoco significan que Zamora sea lo que dice que es.

Carlos Iriarte aplaude y sonríe. El líder estatal del PRI no puede reprimir una sonrisa que ni siquiera es de este mundo y se sumerge en la algarabía de esa actitud, tan peñanietera, tan gaviótica. Y aplaude sonriendo, entonces, porque una foto tan megachoteada con un narcotraficante en México, en Toluca, sólo merece un aplauso. Fernando Zamora toma confianza y arremete sin darse cuenta de que lo hace contra sí mismo. Porque pocos se acuerdan de esa fotografía. La memoria del profesor, fresca, que abarca, es también su propia victimaria. ¿Un narcotraficante? ¿Sólo eso, profesor?

– A la bio, a la bao, a la bimbom bá, Fernando, Fernando, ra ra rá.

Iriarte y Zamora se unen, fraternos, con el brazo semilevantado, el puño en gesto de fuerza, modernos y mexicanos vikingos celebrando en torno al recuerdo de Albert González Peña.

– … exhibida desde hace más de diez años y todavía no le encuentran los tres pies al gato –remata como lo haría un centro delantero en la jugada definitiva. Zamora entrega un fólder a su ayudante. Allí, la película se detiene en un necesario freezze porque, al mismo tiempo, no necesariamente sincronizados, el panista Juan Rodolfo Sánchez Gómez hace lo mismo. El mismo acto, pues, sólo que sin fotos megachoteadas. Tendrá las suyas, muy suyas y la exposición pública para él tendrá el recuerdo del desalojo del mercado Juárez. Dos detenidos que, dicen los comerciantes, no se sabe dónde están, y una relación política con Peña Nieto que no se confirma pero tampoco se niega, serán sus costales por un mes.

Y la escena es similar a la de la Plaza González Arratia. Un espacio cerrado, para menos gente, es mar de banderas blancas y azules. El discurso: la voluntad, la campaña de la gente, la inseguridad y un recorrido inicial, el primero de mayo, por los portales de Toluca.

¿Qué es hacer campaña política en el siglo XXI?

El único ítem que no utiliza es el de la verdad. Nadie dice la verdad. Las posibilidades no son una verdad. Pavimentación, corredor turístico, 20 mil nuevas microempresas, cero tolerancia a la corrupción.

¿Qué es hacer una campaña en el siglo XXI en Toluca?

En realidad, no significa nada cuando se espera que el 50 por ciento del electorado se abstenga, cuando encuestas del CEPLAN, propiedad de un ex consejero del IEEM, Juan Carlos Villarreal, da empatados en primer lugar a Zamora y Sánchez Gómez y en tercero al PRD de Ana Leyva.

Pero Zamora.

El profesor ha seguido hablando en ese espacio-tiempo elongado gracias a la metafísica, a la técnica del video y de la imagen para siempre allí, a pesar de uno mismo.

– Les decimos que se ven muy mal –truena el aspirante priista a la capital del Estado de México, recordando a aquellos que harán campañas negras porque su foto, esa foto, dará la vuelta por las redes sociales y algunos medios.

– Les decimos que se ven muy mal, que mejor ya cambien de rollo y propongan argumentos. Invito a todos los candidatos de todos los partidos que presentemos propuestas para convencer a la gente, pero sobre todo que nos pongamos a trabajar desde el primer día con información veraz. Estoy demostrando quién soy, como candidato a presidente municipal de Toluca. Que se escuche: soy el primero y el único candidato en exhibir públicamente constancia de no antecedentes penales y de no registro de sentencias condenatorias en contra de instancias federales. Desde este día, a todos les digo, con toda seguridad: ¡a mí que me esculquen!

Zamora juega con una fuerza que no controla porque desconoce: la palabra, una herramienta que la política no usa, vitupera, menosprecia. Y se equivoca.

Francisco Cruz recuerda que una de las motivaciones para hacer el libro Negocios de Familia provino del mismo Peña Nieto, en ese entonces gobernador del Edomex. En una entrevista callejera, alguien le preguntó al ahora presidente si era verdad que era pariente de ex gobernadores mexiquenses. Peña contestó que ni sabía ni se acordaba pero que si había alguien, algunos, que quisieran investigar sus raíces familiares, pues adelante, que con mucho gusto.

– Yo –dice Cruz- lo investigué y ahí está su árbol genealógico, mano.

Fernando termina su lectura y con mano temblorosa exhibe los documentos prometidos. “Vamos a ganar, vamos a ganar”, gritan sus acompañantes, con el sueño ahuyentado a las 12 de la noche, a pesar de saberse desplazados de la cama necesaria. Llueven papelitos y parabienes. Iriarte, ay Iriarte, le sostiene solícito el micro al profesor. Desde lejos, los textos sellados con tinta azul son levantados por Zamora como un campeón de goleo, trofeos de caza depredadora. Habrá que creerle, desde los 20 metros que separan al candidato del mundo real, de la muchedumbre choteada que lo apoya.

Pero Zamora tiene razón. Hacer campaña desde fotos con narcotraficantes está choteado. ¡Qué decimos choteado! Choteadísimo!

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