El profe en familia

* Fernando Zamora visitaba Luvianos en diciembre del 2005. Allí estaban los principales personajes de aquel municipio, a la espera de una de las figuras priistas locales más controvertidas de los último años. Por fin, el profesor Zamora llegó y todo transcurrió en un ambiente de fiesta y camaradería, pero un detalle echaría a perder aquel convivio. Un detalle y un narcotraficante. El tema, aparentemente olvidado por la ciudadanía, fue revivido por el propio Fernando en la apertura de la campaña para la alcaldía de Toluca, donde calificó a esa foto como choteada o, en sus propias palabras, como “megachoteada”.

*

Francisco Cruz Jiménez

La primera semana de diciembre de 2005, todo Luvianos —por lo menos los ricos y algunos de los principales dirigentes del pueblo—se aprestaba a recibir al maestro Fernando Zamora Morales, secretario general del Sindicato de Maestros al Servicio del Estado de México (SMSEM), organización que dirige a unas ochenta y cinco mil personas en plazas de base, y a otras veinte mil de honorarios y diversas categorías. Zamora era uno de los mayores operadores del PRI en la entidad.

La ocasión pintaba para fiesta grande. El Profe, como lo llamaban de cariño, no sólo era uno de los brazos políticos del gobierno del estado, a través del control de los maestros, sino candidato a diputado por un distrito electoral local con cabecera en Toluca.

Dada su cercanía con el otrora gobernador Arturo Montiel y la amistad que le profesaba el sobrino de éste, Enrique Peña Nieto, pocos dudaban que en 2006 —después de los comicios del domingo 12de marzo— El Profe estaría despachando en la Legislatura del Estado de México. Todavía el miércoles 7 de diciembre de ese 2005, nadie anticipaba su fracaso.

Sin embargo, el jueves 8 de diciembre fue un día que anunció una catástrofe. Muy temprano, en la mañana, en la Ciudad de México el periódico El Economista publicó una reveladora foto suya: uno de los tres jefes del narcotráfico en Luvianos en particular, y del sur mexiquense en general, le organizaba encuentros políticos con la gente de poder precisamente en el sur. La fotografía de primera plana del rotativo mostró a Zamora Morales montado a caballo, exhibiendo su popular cuerno de chivo y, con la rienda del animal, un misterioso personaje que sólo en ese momento pasaría inadvertido para las policías antinarcóticos de la Ciudad de México. Las del estado lo identificarían tres años más tarde.

La historia en El Economista, firmada por el reportero Rubén Torres, tuvo otros matices, igualmente reveladores: “Líder magisterial acusado de amenazas. Se llama Fernando Zamora Morales y es el líder de uno de los gremios más grandes en el país, el SMSEM, integrado por unos ochenta y un mil profesores estatales. […] En la foto oficial del Comité Ejecutivo del gremio, el profesor Zamora aparece sonriente, perfectamente trajeado, junto a los otros treinta y cuatro miembros de la dirección sindical. […] En otra imagen, tomada hace unos meses, viste de rojo y está parado junto al entonces candidato a la gubernatura, Enrique Peña Nieto. Exultantes, sudorosos, ambos encabezan un mitin de campaña con maestros mexiquenses, que son utilizados de ese modo por el PRI, prácticamente desde la fundación del sindicato.

[…] Pero hay un lado más privado de este líder sindical: el que capta la foto que publicamos en la portada de nuestra edición de hoy. Igualmente sonriente, Zamora monta a caballo, en un rancho del municipio de Luvianos. Lleva puesta ropa informal y, en la cabeza, un sombrero calentano. Una veintena de personas tiene la vista fija en él, incluido un caballerango que lleva el animal por la rienda. Nada tendría de raro la imagen, de no ser por el arma larga, un cuerno de chivo que empuña el personaje. En el contexto social de Tierra Caliente no es extraño ver ese tipo de armas en convivios, e incluso que las disparen al aire en señal de algarabía. Pero Zamora es el líder del sindicato de maestros.[…] Y ahora aspira a una diputación por Toluca”.

Tres años después de publicada la misteriosa fotografía, en mayo de 2008, funcionarios de la ASE informaron a la prensa en Toluca que aquel misterioso personaje que sostenía las riendas no era un caballerango, sino Albert González Peña, El Coronel o El Tigre, cabecilla del grupo criminal de La Sagrada Familia, pero también de Los Zetas en el Edomex y Veracruz. Informes de Gerardo García Benavente, director de Inteligencia de la ASE, citados por la prensa local, también advirtieron que “la guerra de grupos delictivos de alto impacto en una amplia zona del sur mexiquenses es una realidad insoslayable”.

La diputada local panista Selma Noemí Montenegro Andrade, presidenta de la Comisión de Educación en la Cámara de Diputados, exigió una aclaración y opinó que las autoridades debían fincar responsabilidades, en caso de existir, a Zamora Morales, pero el señalamiento se quedó en el aire. “Por sus fotografías los conoceréis, y para mí esto es una evidencia que las autoridades competentes deben investigar y sancionar, y el propio involucrado se encuentra obligado a aclarar.”

Si existió la investigación, nunca se conoció. El domingo 12 de marzo de 2006, Zamora perdió la elección en Toluca, pero más tarde sería rescatado por los peñistas, quienes lo llevaron a la secretaría general de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP) del PRI mexiquense y en 2009, con el aval de Peña Nieto, lo designaron candidato a diputado federal.

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