El Barco Ebrio

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Si alguien quiere entender qué sucede en el país, pero también cómo un personaje como Enrique Peña Nieto pudo ganar la presidencia de México, y por qué lo acompañan en el gabinete federal quienes están actualmente, debe voltear al Estado de México. San Salvador Atenco puede explicar una parte, al menos, de Ayotzinapa. Los comuneros de Xochicuautla pueden explicar San Quintín y Toluca y Atlacomulco revelan los cómos, desde las relaciones familiares y empresariales, de los Golden Boy´s y el Grupo Atlacomulco. Los llamados medios de comunicación nacionales, excluyendo a Televisa, TV Azteca y columnistas que todavía creen que Peña Nieto era un gran gobernador, comienzan a armar un mapa del terror, que incluye a toda la familia de señor Peña.

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El menospreciado archivo informativo generado desde las instancias de Comunicación Social de las diversas dependencias mexiquenses se convierte, de pronto, en una invaluable fuente de datos. Y es que allí están escritas, en declaraciones públicas oficiales, dislates y connivencias de los funcionarios públicos. Las fotografías, en su momento apenas un acompañamiento de registro para esos comunicados, son ahora innegables documentos donde se aprecian las relaciones entre, digamos, personajes como Juan Armando Hinojosa, Montiel y el señor Peña Nieto. Bueno.

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Pero si usted quiere acceder a los boletines de prensa del sexenio de Peña como gobernador (2005-2011) y que se generó desde un presupuesto público y que se pagó, a fotógrafos y redactores, con dinero del erario, se va a encontrar con la sorpresa de que no existe. Así, como los estudios escolares de Peña.

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Y es que Comunicación Social del gobierno del Estado de México mantiene en línea los boletines del sexenio eruvielista, pero nada más. Los de Peña, que estaban en la página web del gobierno mexiquense, han desaparecido de la página de internet pero también físicamente. El archivo oficial que recuerda giras y obra del presidente de México no está, ni siquiera, dentro del palacio de gobierno.

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Las mismas oficinas de prensa del gobierno del Estado de México lo reconocen. No lo tienen, pero también dicen que ninguna dependencia. Sin embargo, sí saben quién lo resguarda.

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Enrique Peña sale muy guapo en fotos y libros de propaganda gubernamental.  Casi siempre, pues. Y eso se debe al trabajo de un equipo de fotógrafos muy, pero muy profesionales que cubrió las giras del sobrino de Montiel desde las campañas estatales del 2005. Incluso, de esa actividad, se desprendió un libro llamado “Enrique Peña Nieto, las 100 Mejores Fotografías de Campaña”, firmado por Juan Carlos Morales García, un artista de la lente que incluso se avienta una presentación bien emotiva. El libro, editado por la propia compañía del reportero gráfico, Industria Fotográfica Mexiquense, SA de CV, es un tabique de lujo. Todo a color, pastas rígidas y la mejor impresión que en su momento se podía obtener, están allí, juntas, para hacer una memoria bastante completa, en 147 páginas numeradas, más las correspondientes hojas blancas y etcéteras.

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Juan Carlos Morales García se avienta la presentación y dice, en uno de sus párrafos, que “retratar a Enrique Peña es hallar como una constante la imagen la imagen de alguien que siempre está cerca de los actores sociales, políticos, económicos y culturales: está con los niños, con las amas de casa, con los campesinos, con los obreros… en fin, con los rostros mexiquenses”. A poco no está bien bueno.

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Otro párrafo, que cualquiera medianamente entrenado en las letras y sus significados, le diría parrafada, pero no, cómo creen, dice: “Él, Enrique Peña, recordará por siempre los millones de rostro de niños, mujeres y hombres que lo miraron con esperanza, que le sonrieron. En cada imagen él aparece como el eje en que descansa la confianza de los millones de mexiquenses de los 125 municipios que lo llevaron al triunfo”.  Y así hasta el infinito. Y sí, más allá.

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Además de fotógrafo y redactor, Juan Carlos Morales es también guardián. El libro, regalado en redacciones de diarios locales después del triunfo de Peña en el Edomex, quedó allí, arrumbado como una curiosidad más, sin valor, hasta que el país se encontró con un grupo de grandísimos ladrones que parecía haber salido de la nada.

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Apenas desde el DF se comenzó a cuestionar sobre Juan Armando Hinojosa. O sobre el señor Oteyza, de OHL. Hasta Carlos Salinas, por ahí. En fin. Pero, ¿cómo probar una relación entre Peña y esos figurones, si lo único que hay es un contrato con sus empresas o pláticas de testigos a los que, por supuesto, desde lo oficial y la academia nadie les cree? ¿Y una foto? ¿Una que haya sido tomada por el propio gobierno del Estado de México? Sabemos que tampoco cambiará nada, pero esas fotos existen en el archivo del sexenio de Peña, y fueron repartidas en diarios locales cuando nadie les hacía caso. Casi todas fueron echadas a la basura. Tal vez las tenga El Sol de Toluca, decano del periodismo (esteeee) estatal. Y claro, existen en el archivo del propio gobierno.

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Sólo que el archivo, así nomás, sin razones al menos explicadas en lo público, está en poder del fotógrafo Juan Carlos Morales, quien por su parte ha seguido los pasos del licenciado Peña y le ha cubierto todo lo cubrible, desde la fotografía.

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¿Qué hace Juan Carlos Morales, quien por otra parte es uno de los reporteros más boyantes del país, desde su bajísimo perfil, para tener en su poder semejante archivo? Bueno, sí, tal vez él tomó la mayor parte de esas horribles fotos, pero no son sólo suyas. ¿Y dónde las tiene? ¿Las está retocando? ¿Nos puede dar, porque así se solicitó al gobierno del Edomex, las fotos donde aparece Juan Armando Hinojosa al lado de Peña Nieto? “Te echamos un grito”, respondieron los funcionarios de Comunicación a la solicitud, hace unos días. Bueno, nada más se pidió una foto, no es para tanto.

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Carolina Monroy, alcaldesa de permiso para hacer campaña federal para una diputación, aprovecha sus mítines para regalar pantallas planas. Claro que las condiciona, a cambio de votar por el PRI pero también de ganar. Porque dar las teles y encima perder, no es negocio. Todo le iba saliendo bien, como a Martha Hilda González, alcaldesa de Toluca con permiso para hacer campaña por una diputación federal, y quien paga a reporteros para que no cubran sus campañas. Ajá, para que no las cubran. Sí, para que no las cubran. Carolina no tiene esas estrategias, aunque bien se le pueden aconsejar, porque la semana pasada, en el poblado de San Lucas Tunco, Metepec, durante el mitin correspondiente, la gente no le respondió bien. O más, bien, le respondió bien y bonito. Llegado el momento de repartir las teles, bueno, pantallas, y condicionar su entrega, los reunidos allí comenzaron a gritarle, a preguntarle más bien, que cuándo iba a dejar de robar. Carolina los miró extrañada, pues ella no roba, sólo hace política, y trató de no hacer caso. Pero la gente fue escalando sus emociones hasta, de verdad, estar verdaderamente furiosa. A  Carolina no le quedó más remedio que escapar, llevándose sus teles planas. Carolina, no te preocupes, siempre habrá alguien que quiera tus pantallas.

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