Genocidio

* El Estado de México es una administración de proporciones ciclópeas que, en lo que se refiere a la impartición de justicia, yerra miserablemente, y en la mayoría de los casos lo hace de forma premeditada.

Miguel Alvarado.

Ecatepec, Estado de México; 2 de junio del 2015. Feminicidios: crímenes de odio contra las mujeres. Feminicidio: “Violentar reiteradamente el cuerpo, la subjetividad, la sexualidad, la vida y libertad de las mujeres hasta matarlas sistemáticamente de manera sanguinaria”, define la investigadora Patricia Ravelo Blancas.

En México, todos los días mueren siete mujeres por estas razones.

Se cree que el Estado de México es un laboratorio electoral, al que los políticos y quienes se dedican al negocio de las elecciones consideran que adelanta resultados desde sus propios comicios. El desenlace que se obtenga la noche del 7 de junio del 2015 será el dibujo de las elecciones presidenciales para suceder a Peña Nieto. Éste es el estado donde Enrique Peña y su grupo, el de Atlacomulco, han experimentado por cerca de 80 años la manera de hacer una política que hoy todos vivimos y sus secuelas, a muchos de nosotros, nos ha costado la vida de alguien. Esa experiencia, perder a alguien, marca a toda una familia, a veces a una comunidad y condiciona futuros para siempre. Los deudos, en general, no encontrarán justicia para sus muertos pero si la hallan, tardará años. Mientras, la familia deberá aprender a vivir en un entorno en el que la violencia estará siempre en un primer plano y después deberá aprender que el Estado y la aplicación de sus leyes se convertirán en un enemigo implacable.

El Estado de México es una administración de proporciones ciclópeas que, en lo que se refiere a la impartición de justicia, yerra miserablemente, y en la mayoría de los casos lo hace de forma premeditada.

Nosotros, desde el 2006, señalábamos en reportajes que Toluca, la capital de facto de la Nación Peña Nieto, presentaba más mujeres asesinadas que la propia Ciudad Juárez, en ese entonces y todavía hoy, convertida en un cementerio inexcusable. La respuesta de quien era procurador de Justicia de la entidad ese año, respecto a los asesinatos a los que nos referimos, Alfonso Navarrete Prida, fue precisa y no admitió ninguna réplica. Esas muertes de mujeres en Toluca eran descabelladas. Su razonamiento fue primitivo pero, como él dijo, apegado a la ley, a la norma: casi todas las mujeres violentadas llegaban a un hospital antes de ir a los ministerios públicos. El reporte que desde allí se emitía refería las lesiones pero no la causa de las lesiones. Lo mismo sucedió con las mujeres que morían allí. Las causas de las muertes se referían a paros cardio-respiratorios pero no a sus orígenes. Por golpeadas o masacradas que estuvieran, las respuestas eran las mismas. Navarrete Prida sólo aprovechó ese recurso para comenzar a negar. Ese mismo personaje es hoy secretario federal del Trabajo y aspirante casi eterno a gobernar el Estado de México.

El funcionario, incrustado en el gabinete federal de Peña Nieto, es sólo uno de tantos militantes del Grupo Atlacomulco que gobernaron al Estado de México y que ahora cobran en la Federación. Parece que México no se ha dado cuenta de que el gabinete de Peña Nieto ya tiene resultados en cuanto a la administración pública se refiere y esos resultados están aquí, en Ecatepec, en Toluca, en Neza, en Tecámac, en Luvianos. También parece que nunca, o apenas, se ha volteado al Estado de México. Aquí está todo: los manejos de la deuda pública, por ejemplo; la forma de negociar con el narcotráfico las distintas plazas, la producción y el tráfico de enervantes, las reformas constitucionales, la privatización de espacios públicos que a estas alturas incluye hasta un volcán, el Nevado de Toluca, donde hoy el gobierno municipal de Toluca junto con el de Eruviel Ávila están sentados, negociando con Grupo Higa, del empresario Juan Armando Hinojosa, la construcción de una planta que comercializará el agua que se genera en ese volcán, en espera de las nuevas leyes. Higa construirá en el volcán como lo hace hoy en Xochicuautla y otros dos pueblos de Lerma y Huixquilucan, con el trazo de la carretera Toluca – Naucalpan conectado directamente con el aeropuerto nuevo de la ciudad de México.

La violencia generada desde el Estado de México es un fenómeno imparable que, nos hacen creer las autoridades de todos los niveles, ha surgido de la nada como una combustión espontánea. Eso nos han hecho creer las autoridades y la mayoría de los ciudadanos asiente. Creer que el narcotráfico apareció apenas y que se trata de una actividad deslindada de las autoridades civiles y militares es ingenuo. O que el ex secretario del Agua, David Korenfeld, no preparaba desde que era secretario del Estado de México una estrategia para la privatización de los mantos, primero los mexiquenses, es un error. O que los moches a constructoras como OHL y la propia Higa apenas existen. Y que los feminicidios sean un asunto de densidad poblacional nos explica la Nación Peña Nieto. Las redes sociales refieren, diariamente, al menos 4 ó 5 casos de mujeres, preponderantemente niñas y adolescentes, desaparecidas en el área de Ecatepec y Técamac, una de las zonas más emblemáticas sobre este tipo de violencia. Es famosa, por aberrante, una de las últimas explicaciones públicas que el gobierno de Eruviel Ávila, dos veces alcalde por Ecatepec, dio: “tenemos cosas más importantes que atender que los feminicidios”.

Los feminicidios en el Estado de México están encubiertos. Es el mismo camino que se siguió con Ciudad Juárez, donde en el 2004 y 2005 se llegó al extremo de considerarlos, desde el gobierno, un mito a pesar de las evidencias de osamentas y cuerpos y las denuncias desde todos los ámbitos sociales. El Estado, con Juárez, mostró que no estaba dispuesto a aceptar que sus ciudades generaban ese fenómeno, pues demostraría el fracaso del Estado y sus políticas enteras. Juárez es emblemático pero el Estado de México es un horror actualizado, donde se practica genocidio a la vista de todos.

La última contabilidad de medios escritos arrojaba más de 300 periódicos impresos en el valle de México. Todos sobreviven de las publicidades que pagan los mismos gobiernos. Es cierto, circulan, pero sus contenidos son gacetillas, información orgánica y pocos, muy pocos, ofrecen algo. Los que ofrecen deben estar atentos al requerimiento de sus patrocinadores. Lo mismo, o peor, sucede con las más de cien publicaciones editadas en el valle de Toluca. Del resto, ni hablar.

Sin prensa mexiquense, nos quedan los medios nacionales, un poco lo mismo que sucede con los locales. Tuvo que pasar una tragedia como Ayotzinapa y luego Tlatlaya para que voltearan o, al menos,  voltearan más atentamente al Estado de México. Esto incluye a la prensa extranjera. Apenas The New York Times, por ejemplo, está considerando que el de Peña es un gobierno de simulaciones, fallido, y ese mismo periódico apenas está considerando al Estado de México cuando fue uno de los primeros en aplaudir los desatinos peñistas.

Sobre los feminicidios, la trampa del gobierno y de la prensa no consiste sólo en callar, sino en convertir a cada uno de los casos en una abstracción numérica, incorporar la individualidad a una serie de números que, de pronto, no dicen absolutamente nada porque no somos capaces, ni siquiera, de compararlos. Como en Juárez, los casos se convierten en problemas de salud pública o de seguridad solamente, cuando sus causas son tan diversas pero tan concretas como el entorno donde suceden. Deben contarse los casos como historias individualizadas y explicar el conglomerado de los números si se quiere entender para poder hacer algo.

Un ejemplo de las simulaciones desde lo gubernamental lo encontramos en la creación del Consejo Estatal de la Mujer y Bienestar Social: ni siquiera tiene una página web. Al menos hasta el 2 de junio no funcionaba, pero eso es apenas una anécdota. Sobre esa dependencia, que es uno de los pocos esfuerzos del gobierno mexiquense por atender los problemas de género, debemos entender que se ha convertido en una instancia destinada al negocio electoral, como resultan las secretarías de Educación, de Salud, del Trabajo y sus sindicatos satélite.

En diciembre del 2000, en el gobierno de Montiel Rojas, se creaba el Instituto Mexiquense de la Mujer, definido como un organismo público descentralizado de carácter estatal para “facilitar la incorporación plena y activa de la mujer” en todos los ámbitos. El 24 de enero del 2006, el gobierno de Peña -sobrino de sangre de Arturo Montiel- añadía una responsabilidad extra a ese Instituto Mexiquense de la Mujer: se haría cargo de “planear, ejecutar, coordinar y evaluar las acciones de atención para los adultos mayores”.

Para que eso funcionara y se adecuara a la ley, se cambió el nombre de la dependencia. A partir del 2006 habría un Consejo Estatal de la Mujer y Bienestar Social. Pero la denominación de “bienestar social” abrió las puertas para que se justificara la entrega de despensas, la inscripción a programas sociales y manejo por intermediación de programas federales que llegan al colmo en los procesos electorales. El tema de la mujer se abandonó y se adoptó el mismo esquema de siempre. Despensas y apoyos a cambio del voto, como sucede en el sector de educación, salud y los sindicatos correspondientes. Claro, ese Consejo Estatal de la Mujer está sujeto a la Secretaría de Desarrollo Social.

De los feminicidios, nada, ni una palabra desde aquella instancia.

Ninguna historia se conocería de no ser por algunos trabajos periodísticos, que hace pocos años comenzaron a narrar las historias, caso por caso. Eso y las asociaciones civiles formadas en torno a los familiares de las víctimas y que denuncian y difunden esos casos.

Hace un año el libro Las Muertas del Estado, de Padgget y Loza, abordaba por fin los crímenes de odio y sus razones.

Pero desde el gobierno, nada.

Eruviel Ávila, el gobernador mexiquense, cree desde su propia ineficacia que puede ser presiente de México. Tiene razón. Si alguien como Peña fue capaz, alguien entonces como Eruviel no tendría ninguna dificultad. Pero eso significa que la política actual, con todo y sus resultados en el Estado de México, continuaría otros seis años desde la Federación. Peña no hecho nada que no hiciera en el Estado de México. Todo, a nivel nacional, es una réplica de su administración en el Edomex.

Los números de Peña respecto al tema de los feminicidios están documentados.

De enero del 2005 hasta agosto del 2010, había 922 feminicidios, y en 526 casos se desconoce la identidad de los asesinos.

En diez municipios se concentró el 50 por ciento de los feminicidios: Ecatepec, Neza, Tlalnepantla, Toluca, Chimalhuacán, Naucalpan, Tultitlán, Ixtapaluca, Valle de Chalco y Cuautitlán Izcalli.

Del total de homicidios dolosos, en el 60.63 por ciento de los casos las mujeres murieron a consecuencia de traumatismo craneoencefálico, heridas punzocortantes y asfixia por uso excesivo de la fuerza física.

Seis de cada diez mujeres asesinadas en el Edomex fueron victimadas en actos con un alto grado de violencia.

En el 30 por ciento de esos casos, las autoridades ni siquiera sabían de dónde eran originarias las víctimas.

Las mujeres asesinadas han experimentado desigualdad, exclusión y discriminación. Estas tres condiciones deberían funcionar como una alerta para las vivas.

Los datos anteriores propiciaron que se solicitara una declaratoria de Alerta de Género, el 8 de diciembre del 2010, ignorada por Peña y por el Sistema Nacional para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres. También ilustra el tipo de sociedad en la que todos nos desenvolvemos y cómo la violencia, que rebasa ya cualquier escala y se encuentra en todos lados y todas las formas, se ha convertido en algo normal, que se acepta de hecho y se copia. Basta recordar a los niños que jugaban al secuestro en San Guillermo, Chihuahua. En el Edomex de nada valieron los recursos legales iniciados contra la resolución de no iniciar esa Alerta de Género.

El Estado es una forma organizada de la violencia, aunque esto ya se nos había dicho hace 150 años. Es una violencia legalizada al servicio de un poder y, en el caso de México y del Estado de México, al servicio de una mafia política devenida en organización criminal.

Apenas el 21 de enero del 2014 se incorporaba al Código Penal estatal el tipo denominado “Feminicidio”. Apenas hace un año y medio. Antes de esta adecuación, a estos homicidios se les llamaba, penalmente, “homicidio doloso de una mujer”, una frase que se borró para dejar solamente “feminicidio”.

El feminicidio es resultado de todo un entorno de pobreza, ignorancia, exclusión, desigualdad, entre otras cosas, que aprovecha el Estado para cultivarlas, aprovechándolas en un sistema de corrupción que también se traslada a lo electoral.

En el Estado algunas organizaciones civiles hacen esfuerzos por concientizar y prestar apoyo a quienes viven la esfera del feminicidio y la violencia de género. Pocos, muy pocos desde el gobierno, intentan algo. Lo mismo sucede desde la prensa o la investigación académica.

Que el Estado es responsable, sí, porque los recursos que genera alcanzarían para tener una educación mejor, trabajos bien pagados y resolver una larga lista de etcéteras que cada uno de nosotros podemos nombrar, si no se robara el recurso público. Todos nosotros hemos sido víctimas de algún tipo de corrupción y crimen, y hemos pagado un precio demasiado alto. Quien delinque, en cualquiera de las formas, lo hace porque puede, porque no le pasa nada.

Vivimos en un Narcoestado controlado por delincuentes como lo evidencian Ayotzinapa y Tlatlaya, por citar dos ejemplos. Y la violencia a la que asistimos y entre la cual se nos obliga a desarrollarnos, a vivir, incluso obligándonos a vivir en paz –una paz impuesta por las peores formas- quietamente, sólo puede generar más violencia. Se nos ha enseñado a creer que esto es normal. Y en ese contexto es donde suceden los feminicidios.

Ahora, quiero contarles una historia.

Anuncios

Deja un comentario

Aún no hay comentarios.

Comments RSS TrackBack Identifier URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s