Elecciones 2015: crónicas desde la trampa

* En la fuente del Águila, en la ciudad, el baile del profesor ni siquiera era emblemático. Su celebración en realidad fue pobre, bacanal contenida y que estallará, como siempre pasa, cuando lleguen los primeros presupuestos, las obras de Higa ya firmadas. Su celebración ni siquiera fue cruel. Sin fotogenia porque no la hay, Zamora saludaba a los feisbuqueros y los operadores políticos encargados de la web, les recordaba la tiniebla primaria, el triunfo desde la verdadera operación electoral.

Miguel Alvarado

Toluca, México; 8 de junio del 2015. No, no fueron las cualidades oratorias de Fernando Zamora, aspirante a la alcaldía por Toluca las que le dieron el triunfo el 7 de junio del 2015. Tampoco su trabajo legislativo, pues a fin de cuentas es todavía diputado local con licencia. Ni siquiera su condición indígena, de la cual uno debiera estar orgulloso de no rodearle un aura indigna, la ausencia hasta de dios que en él se orla siniestra en lugar de liberarlo.

Es priista y eso lo determina, como una condición de género; le pesa en su estado genético, involuntario producto de la educación que prefigura como héroes a “El Komander” y Cuauhtémoc Blanco y que al paso del tiempo le ha desarrollado una militancia perturbadora en busca de poder porque el dinero ya lo tiene. Fernando Zamora Morales, próximo alcalde de Toluca, será también el más cuestionado, aunque observe, obediente modelo del político mexicano, estrategias de manual para administrar su más reciente adquisición. Para él, desde las 12 de la noche del 7 de junio, las puertas de la gubernatura del Edomex están abiertas junto con las de la alcaldía. Dice todavía que serán tres años maravillosos y lo son desde la perspectiva de un priista cuya única habilidad consiste en ganar elecciones desde el voto duro, con 62 por ciento de abstencionismo y 23 por ciento de las casillas en cero.

Zamora, perdedor exitoso, no tiene problema en reconocerse. Otomí, pero no igual a los otros 102 mil que habitan la zona norte del municipio, la más pobre de todas. Maestro, aunque líder de uno de los magisterios más corruptos, arma dura del priismo en elecciones o tiempos de paz. Equivalencia todavía más menuda de Peña Nieto, reflejo atezado de Aarón Urbina es, sobre todo, una infrasabiduría que le permite escalar sin virtud, creyéndoselo todo.

¿Cuál es el mérito del profesor Fernando Zamora –34.72 por ciento, 79 mil 61 votos- que lo llevará a gobernar Toluca?

“Ya me los chingué”, dijo Blanco, cuando supo que encabezaba las preferencias en Cuernavaca, Morelos, para aquella alcaldía. Último ídolo, de limo pero sí, del futbol mexicano, el Temo consiguió sintetizar este desatino llamado México: volverse lumbrera desde Televisa o los foros de Paty Chapoy le costó años aunque nunca entendió que ser futbolista lo adecentaba, a pesar de sí mismo. “Ya me los chingué” es la síntesis de la ética flat que mejor retrata a la política mexicana o la mexiquense. Zamora y Blanco no se diferencian en nada, excepto en que uno es más futbolista que el otro.

El periodista Elpidio Hernández recuerda del profesor que “en dos años y medio como diputado, la labor legislativa de Fernando Zamora Morales se limitó a las 15 iniciativas a las que se adhirió, una que suscribió y sólo dos de su inspiración pero que no lograron prosperar, como lo da a conocer la página del Congreso que hace pública la información de las iniciativas, proposiciones, asistencias y votaciones en el Pleno de cada diputado”.

Dicen que Zamora, al conoce las tendencias que recabó su partido, a las 20: 45, dijo: “¡ya chingamos!”. Ese Fernando que bailaba en el monumento del Águila, a las 10 de la noche en el Paseo Colón festejando su victoria sin casillas computadas, es el mismo que hace unos años, después de perder otras elecciones, se acercaba a los patriarcas priistas, en total desahucio, para pedirles que lo rescataran y de paso una oportunidad, otra. Se la dieron y con cuidado lo cobijaron, dejándolo solo para que él pudiera, como lo hizo, reconstruirse desde esa nada que para la ciudad representa la zona norte. Si uno va, la vibrante región otomí puede contar su propia historia, incluso la historia del nuevo alcalde de Toluca.

Y a esta hora uno se pregunta cómo le hizo Cuauhtémoc Blanco para chingárselos a todos.

II

Esta es la derrota más llorada por el panista Juan Rodolfo Sánchez Gómez, segundo lugar en las votaciones por la presidencia de Toluca –27.52 por ciento, -62 mil 670 sufragios-, quien al otro día, calmo pero no, anunciaba sus planes: 10 mil acarreados votaron doble en el municipio y hay manera de probarlo. Sánchez equilibra sus últimos recursos para sostener esa tesis, tan endeble en principio como la tinta del IPN para marcar los dedos que se borraba a las pocas horas, a pesar de los candados de seguridad implementados por científicos del Poli. Sánchez tuvo impalpables apoyos de funcionarios priistas que al final lo engatusaron y al mismo tiempo se engañaron solos. La renuncia de Emilio Chuayffet a la Secretaría de Educación, el mismo 7 de junio, vaticinaba el desastre, pues había enviado imperceptibles funcionarios para operar algunas logísticas que apoyo… pero no, no renunciaba aunque la versión tomó forma desde los sindicatos. Que Narro lo sustituiría y que eso pondría fin a las esperanzas de algunos para que llegara Alberto Curi, subsecretario federal de Educación Básica, terminaban de empantanar aquella elección que, ya se sabía, sería corporativa, un voto duro de casi 20 por ciento. Chuayffet se quedó para anunciar que las evaluaciones a maestros se reactivaban una hora después de terminados los comicios.

Pero los operadores de Emilio llegaron y lo hicieron, hasta donde fuerzas y dinero les alcanzaron. Incluso esferas tan extrañas como Jocotitlán fueron acaparadas por aquellos hacedores milagrosos que un día, una noche antes de las elecciones pregonaban el triunfo panista.

– De verdad te digo –balbuceaba el operador, azul y emocionado hasta las lágrimas, mesías evidentemente sobrio- que esto ya está decidido. Lo palomeó Peña y lo palomeó Montiel. No, no, no, es segurísimo, vamos a ganar, mañana a estas horas ya estaremos celebrando. Y ustedes tienen escrito su nombre en letras de oro en la historia del PAN.

A esas alturas, debieron saber, una paloma de Peña es la peor de las señales. Y una de Montiel, las dos juntas, vaticinaban el tsunami.

Esa angustia no era exclusiva de los directamente involucrados. En San Cristóbal Huichochitlán se hacían arreglos de última hora y líderes del PRI anunciaban su adhesión a las filas de Acción Nacional. Las reuniones, desde las once de la noche, perfilaban en el último minuto una contienda cerrada en las que Zamora era el abstracto mal mientras que Gómez, si no el bueno, al menos no era el diablo. A esa hora se tejía para todos una mortaja que de pronto tomaba la forma de lo inexcusable. Las traiciones, simples pero contundentes, se explicaban ellas mismas cuando alguien decía que “Zamora se lo buscó. Tiene hasta su casita blanca y por él están los chinos en el pueblo, así que…”.

O desde esta otra: “la orden de Gilberto Ortiz Torres -candidato a la diputación local por el PRD en el distrito II del municipio- fue apoyar a Sánchez Gómez en voto diferenciado. Así lo vamos a hacer porque Gilberto tiene la idea de impulsar un municipio autónomo”.

Y sí. Tan cerca de Zamora, tan lejos de Toluca.

Pero los nombres del oro se pronuncian distinto, quizás las piedras preciosas.

Esmeralda de Luna, comerciante empoderada después de la muerte violentísima de su ex marido, Gerardo Sotelo “Alma Grande” -líder ambulante que operaba para el ex alcalde panista Armando Enríquez-, había llegado a un acuerdo, sentada al final frente al secretario general de Gobierno, José Manzur y con Sánchez Gómez como invitado y testigo.

-Miren, vamos a garantizar la paz de los comicios –les dijo Manzur, quien una semana atrás había apaciguado los ánimos del perredista Octavio Martínez, una piedra en el zapato del gobernador del Edomex, Eruviel Ávila, en Ecatepec y que finalmente perdió por paliza (70 mil 907 votos, 18.34 por ciento contra 159 mil 637 del PRI, 41.32 por ciento en cifras preliminares). También, dos semanas antes, el efectivo Manzur había solicitado al ayuntamiento de Toluca los talones de cheques donde se registraron las gratificaciones de Sánchez Gómez cuando era alcalde de Toluca. Después se los entregó a Mónica Fragoso, la eterna rival de Sánchez para que los hiciera públicos y encabezara la fractura. Ella lo hizo primero por venganza. Y sí, después por placer.

– Los quiero para ahorita, ya –dijo Manzur a los del ayuntamiento.

Un intervalo.

La impostura de De Luna comenzaba desde el apellido. Su elegante farsa comenzaba en el nombre, ni siquiera de correcta fonética, pero no le estorbó para aparecer, en uno de sus cierres, junto a Manuel Espino, la figura determinante de Movimiento Ciudadano, abrazada con Patricia Durán, hermana de aquel clan de los Durán Reveles, del valle de México. Estos panistas retractados compitieron aliados de los comerciantes del mercado de Palmillas, encabezados por adinerados líderes que al menos buscaban una regiduría para De Luna, una secretaria en el ayuntamiento de Toluca hace años y que ahora aspira a dirigir.

En Palmillas se reubicaron los comerciantes que Sánchez desalojó, en el 2006. No todos quisieron o no todos alcanzaron lugar, pero tres años después operaba allí el narcomenudeo, células duras controladas por La Familia Michoacana -ahora por los Templarios- con la priista María Elena Barrera como alcaldesa. En ese ayuntamiento del PRI trabajó el jefe de plaza de ese cártel, Germán Reyes Munguía, “ex subdirector de Política Criminal Municipal de Toluca y ex agente de la AFI, a quien se le atribuyen 25 homicidios y la fosa clandestina con cinco osamentas halladas en un predio de Almoloya de Juárez”, recuerda la reportera Magdalena Santiago.

Al principio un puerto fantasma, aquel mercado fue creciendo hasta consolidarse, convertido desde cero en acopio de verduras y poder. Lo que Alma Grande había conseguido, hacer y deshacer las uniones de comerciantes ambulantes, lo capitalizó De Luna estableciendo una jettatura disfrazada de paz pero mucho trabajo, dosificado con amor y prebendas. Hasta la fecha, Palmillas sigue siendo centro de narcomenudistas.

Por eso Manzur, el mismo que presionaba el brazo de Octavio Martínez, mientras desayunaban en el Crown Plaza de Toluca, a una semana de la elección.

-Miren, vamos a garantizar la paz de los comicios –les dijo el secretario general de Gobierno. Y Sánchez y De Luna asintieron. Sólo ellos saben por qué tardó tanto esa reunión.

Juan Rodolfo había creído que había un paréntesis para él en esa zona otomí, enclave eterno de Zamora, donde se afinca la centralidad de su poder. Allí están su casita blanca, enorme y silenciosa desde que se dedicó a las campañas. Sus negocios textiles también allí prosperan. Es dueño del mercado de gorras, bonetes y bufandas y su palabra es ley, incluso con carácter de legal. Su imperio, afincado en el miedo y la coerción le provee del dinero que a veces la política olvida entregar. Porque a él lo habían abandonado. Luis Miranda, la propia Martha Hilda González, ex alcaldesa de la ciudad; Ernesto Monroy y hasta Manzur, Ernesto Nemer y Peña le habían expresado una velada antipatía. Si no le dijeron a él, lo esparcieron en otros partidos. En el PAN, por ejemplo. Sánchez, por otro lado, debió entender que iba solo. Si ya lo sabía, tiene mérito perder por siete puntos. Sin derrota no hay virtud, aunque eso a nadie le interesa.

– Pero Zamora se lo buscó- decían todavía los líderes de la zona norte, cuando a las once de la noche del 7 de junio decidieron votar por el PAN. El enojo se expresaba pero no podía canalizarse, porque el miedo a Zamora había impedido denunciar desde el principio la desaparición de cuatro paquetes electorales en ese distrito II, más grande que la propia ciudad, convulsión esperando su propia crisis.

Por eso a Zamora nadie lo conoce, porque los de Toluca no asisten a los patios traseros y confeccionan ilusa y tristemente sus propias fronteras, levantan muros que allá, en San Cristóbal, San Andrés, San Pablo o Pueblo Nuevo, les permiten hilar en silencio –como lo hizo Fernando cuando construyó su imperio miserable- uniendo la necesidad más canalla, la costumbre de hacer pasar basura por esmeraldas.

Sánchez Gómez sabía que los comerciantes le darían la espalda. En lo público aceptaba el costo político pero en su casa le quitaba el sueño. No pudo dejar de ver que De Luna tenía un templete diez más grande que el suyo y que la algarabía, si bien pagada, se oía a cinco cuadras a pesar de que un grupo de músicos acompañaba al panista, en uno de los cierres donde ambos, frente a frente, colocaron sus espectáculos. Juan Rodolfo pasaba por un lado de aquella alharaca para llegar a su propia concentración, volteando discreto, sin dejar de sonreír.

– ¡Esmeralda, Esmeralda, ra, ra rá!

Ella, en el templete y como una estrella recibía aquellas consideraciones. Desde esa perspectiva allí había amor y, si no, qué más daba porque la embriaguez la tomaba por asalto. Hasta el griterío de los niños más pobres, obligados a cuchichear su nombre, le hacía olvidar sus orígenes.

No se daba cuenta.

Los niños. Los hijos de los más jodidos obligados a los peores trabajos. Mauricio Aguirre, aspirante a la diputación por el distrito II de Movimiento Ciudadano, definía el año en la cárcel que pasó Esmeralda como duro, “porque ella fue presa política”. Los niños. ¡Esmeralda, Esmeralda, ra, ra rá!

Detrás de Esmeralda ondeaba su propio rostro impreso en carteles obtenidos desde el patrocinio de los comerciantes, agitando sin viento su cara, desplanchados sus pliegues y a la vista de todos el retoque del photoshop, la tienda quirúrgica más barata del mundo. Sólo ella se fija en las minucias. Ella y su compañera Patricia, alta y entaconada, saludando a la otredad, en el vacío escandaloso de los que tienen rostro pero a fuerza lo ocultan. Gracias a dios, en Movimiento Ciudadano todos son ex panistas, condenados ellos mismos a la operación imposible de un partido de franquicia alquilada y consientes, demasiado tal vez, de que en esta partida nunca habrá ganadores.

Esmeralda aplaudida por una botarga y ella misma el delirio es lo que hay en el descampado de San Pablo, donde enfrente los panistas de a deveras organizan su nigromancia. Con ella regalan banderas, con suerte las gorras naranjas pero acá, a la derecha, los azules, se conforman porque, dicen, son pocos pero sinceros y para demostrarlo aderezan la espera entre mandiles, contando chistes y canciones en lo que Sánchez llega, creyendo que allí se gana o se pierde el municipio entero.

Por eso un bote de pintura, ladrillos, la puerta de una casa o la casa misma aunque sea de lámina, son las riquezas más buscadas. Si alguien puede vender un voto, como sucedió el 7 de junio, lo hace. Dos mil quinientos pesos ya representan la mesa servida o una reja de cocas cuando no cervezas para toda la semana, una fortuna que se repite cada tres años, naturalmente.

También Zamora entonaba sus gritos guerreros y aseguraba que “ya ganamos. Ya ganamos porque hemos caminado más calles que ninguno. El presidente municipal, los regidores, los síndicos, los directores generales van a ganar úuunicamente lo que gana un maestro de tiempo completo de la Universidad Autónoma del Estado de México. No vamos a ganar más porque queremos sentir lo que siente el pueblo, porque queremos estar en los zapatos del pueblo, porque queremos sufrir como sufre el pueblo, somos parte del pueblo. El ayuuuntamiento de Toluca va a mantener sus puertas abiertas para toda la gente de San Cristóbal Huichochitlán. Lo único que tienen que decir, cuando vayan al ayuntamiento, es: con permiso, vengo a buscar a mi hermano Fernando Zamora Morales. Así le van a hacer. ¡Ya ganamoos! ¡Ya ganamoos porque las propuestas que estamos presentando no nos las estamos inventando! Los hemos estudiado con los especialistas. Nos van a ayudar a gobernar los especialistas, los que tienen grado de doctor o de maestría. El único profesor que va a estar ahí voy a ser yo. ¡Vamos a ganar! ¡Vamos a ganar! ¡Vamos a ganar! ¡Vamos a ganar! ¡Vamos a ganar! ¡Vamos a ganar! ¡Vamos a ganar!”.

Ese día, 3 de junio, la familia de Julio César Mondragón, normalista asesinado de Ayotzinapa, oriundo de Tecomatlán, Tenacingo, en el Estado de México, preparaba el cumpleaños del joven, al otro día. El 26 de mayo Marissa Mendoza, su viuda escribía: “a 8 meses de tu muerte y mi hija comienza a decir papá. Sé que te extraña, sé que quiere sentir el calor de un padre. Julio, buscaremos justicia y no nos rendiremos”.

Mondragón es el rostro del verdadero maestro.

Lo que sufre el pueblo. Lo que siente el pueblo.

Las piedras, el aire se resquebrajan y un maestro otomí sacude las manos, empapado en sudor, mientras camina por las calles de Huichochitlán buscando, tocando otra puerta.

III

Sueldo mensual de los Profesores de Carrera, de tiempo completo, de acuerdo a la categoría:

Puesto                Sueldo              Salario Integrado

Categoría “A”    $11, 392. 57    $14, 409. 48

Categoría “B”     $12, 776. 91    $16, 160. 41

Categoría “C”     $14, 314. 23   $18, 104. 84

Categoría “D”     $16, 548. 37   $20, 930. 61

Categoría “E”     $19, 587. 92    $24, 775. 07

Categoría “F”     $22, 954. 42    $29, 033. 07

 

* Secretaría de Docencia, UAEM, 2013.

* Secretaría de Planeación y Desarrollo Institucional, UAEM.

IV

Se puede empezar así. Era de madrugada y esa noche terminaba con un cigarro, con un café, casi 15 horas después de vagar por ese norte alucinado. Alumbraba el sitio web del IEEM la inmensidad de un local donde antes se vendían tacos o carnes. Hoy las mesas juntas formaban un amplio escritorio y desde el Programa de Resultados Preliminares las tendencias se iban perfilando, disimuladas en porcentajes todavía sin entraña. También estaban los zumbidos, los teléfonos recargándose y al otro lado de la cortina la calle, la avenida Manuel Buendía en San Cristóbal Huichochitlán, en la esquina de Monterrey.

La elección ya no, dijeron unos.

Todavía no es tendencia, decían otros.

El PAN comenzó ganando por casualidad. Con dos por ciento de casillas computadas, Sánchez iba arriba. Pero los resultados parciales de las pocas urnas entregadas a tiempo daban otro marcador. Tres a uno a favor de Zamora en la zona norte. Eso lo sabían en el PAN antes que nadie pero esperaban que la ciudad, la capital del Estado de México, harta de Peña, les ayudara en algo. Pero una de las casillas ubicadas en la colonia Morelos dio indicios de un cáncer que, por supuesto la euforia del trabajo dominguero de aquel 7 de junio, había matizado. Zamora ganaba y los rostros por fin adquirían el color de las circunstancias.

En la fuente del Águila, en la ciudad, el baile del profesor ni siquiera era emblemático. Su celebración en realidad fue pobre, bacanal contenida y que estallará, como siempre pasa, cuando lleguen los primeros presupuestos, las obras de Higa ya firmadas. Su celebración ni siquiera fue cruel. Sin fotogenia porque no la hay, Zamora saludaba a los feisbuqueros y los operadores políticos encargados de la web, les recordaba la tiniebla primaria, el triunfo desde la verdadera operación electoral.

Esas expresiones que salen cuando uno está hasta la madre encontraban tumbas, observadores electorales agotados de muerte luego de que un día antes atestiguaran la artimaña. Allí, al otro lado de aquella cortina, en la calle, esperaban pacientes los operadores de Zamora a que alguien les llevara el pago. Venidos de Villa Victoria, algunos del sur desde Tejupilco, habían estado allí para lo que se ofreciera. Para ellos, los 80 ó 100 jóvenes, mujeres y hombres, no habría pantallas de tele ni tarjetas de La Efectiva o reparto de zapatos, paquetes escolares inventados por otro delirante, el gobernador Eruviel, que se hizo el inteligente colocando una campaña gubernamental sobre fondos rojos y verdes, los colores del PRI.

No el día de la elección, sino el anterior, esos mismos que estaban afuera habían sido fotografiados, mostrados en un tumulto desparramado por la calle.

– Ellos son los que trajeron los de Zamora Morales – dijeron los observadores de Huichochitlán mientras el auto enfilaba por una calle lateral. Una cuadra adelante, el auto se detuvo. Y detrás, un sedán Tiida arena, también. Llevaba las luces encendidas a las 3 de la tarde.

– Ya nos están siguiendo –dijeron, mientras arrancaban de nuevo sin acelerar. Los autos dieron vueltas por el laberinto de San Cristóbal, buscando salida hacia la ciudad. El Tiida persistió aunque era torpe.

– Y quiénes son o qué –preguntaba el reportero.

– Esto es de parte de Fernando Zamora -le dijeron- El que maneja es Manuel Zamora, el hermano menor del candidato del PRI. Nos vio cuando iba llegando y se dio la vuelta para esto.

Durante 15 minutos los autos circularon mientras entre ellos mediaban 50 metros. Llovía como llueve en las tardes de junio, aunque pronto el perseguidor quedó atrás debido también a su impericia.

– Nos vio, pero tal vez no nos reconocieron –comentaban los observadores, perdido el Tiida a la altura del PRI estatal, en la avenida Del Mazo. Una vuelta más por la ciudad se vería interrumpida, pocas horas después, por una llamada de auxilio.

Ganar no sería fácil para Zamora, quien según el PAN gastó 300 millones de pesos nada más para movilizar a sus acarreados. Él mismo puso parte del dinero porque ser alcalde es un negocio no solamente para el ego.

Para alguien que está dispuesto a cobrar en el ayuntamiento lo mismo que un maestro universitario, acceder a la presidencia municipal parecería una locura cuando no se ha dirigido el sindicato más grande, ocupado dos veces una diputación o recuperado de heridas electorales desde la dirección de la CNOP en el PRI, coordinando precisamente los votos de la militancia.

Zamora es un hombre preparado, pero no en el conocimiento. La fuerza de “El profe” no es intelectual, nunca lo será, pero sabe que el músculo es un aceptable sustituto. Eso no se le había ocurrido en el 2005, cuando posó armado con un rifle AK-47, montado en un caballo, muy sonriente mientras alguien sostenía las bridas. Ese alguien era el narcotraficante Albert González Peña, líder de La Familia Michoacana en ese entonces en el sur mexiquense. Luego, en el arranque de esta campaña, diría que “¡esa es una foto choteada, choteadísima, que digo choteada, megachoteada!”.

– Bueno, sí, hermana, ¿qué pasó? –contestaba un observador, cerca de las siete de la noche.

“Sí, está bien, dame oportunidad y en unos minutos resolvemos esto”, le dijo a la hermana mientras colgaba. Otras llamadas en el mismo tono confirmaban que las casas de los familiares de los observadores estaban rodeadas por grupos de jóvenes, los mismos de Fernando Zamora. Nadie podía entrar, nadie podía salir.

Los observadores, desde Toluca, reportaron la intimidación a la Secretaría de Gobierno. Una hora después los apostados se iban y alguna patrulla alcanzaba a pasar, en rondines que, dijeron, serían permanentes. Esos grupos estaban allí, disponibles y afuera del edificio que servía como casa de campaña de Zamora en el norte, en la calle de Monterrey, aguantando. Estaban si llovía. Si hacía calor. Si era noche. Toda la madrugada. Reposaron en la calle, reptando a veces buscando cierta comodidad. Comieron lo que hallaron y algunos, aniquilados por el cansancio, se quedaban dormidos en las aceras mientras otros tomaban Coca-Cola, mordían tortillas. Morenos, ninguno demasiado alto, vestidos con sudaderas negras y sombreros algunos, fueron repartidos en todas las casillas el 7 de junio. Siempre recargados, miraron primero, en coordinación con los propios habitantes afines a Zamora, quienes cuidaron todo el día, como siempre lo hacen, cada una de las casillas en ese norte inexplicable. Luego de mirar, reportaron y se quedaron hasta lo último, cuando la urna final salió para el IEEM, a la medianoche.

Con la izquierda borrada y Morena en proceso de parto, la lucha se redujo al PRI, aliado con una fracción del PRD y sus microscópicos minipartidos, el PVEM y Nueva Alianza, contra el PAN y sus muy particulares perredistas, los desertores desde el PRI y algunos del Movimiento Ciudadano de Esmeralda de Luna. Sánchez Gómez sabía que las diputaciones estaban perdidas y que en el PRI sólo les preocupaba la alcaldía. En algún momento Sánchez supuso que su fuerza era suficiente. Sus cuentas estaban bien, de cualquier manera, pero no debió creer. Autoridad él mismo alguna vez, debió prever que Zamora lograría revertir cualquier tendencia en unas horas porque las elecciones las ganan quienes cuentan los votos.

La madrugada del 8 de junio dejaba atrás una jornada en la que se había reportado la llegada de tres camiones con 120 golpeadores de Neza, y que se apostaban en el Barrio de la Y, en San Andrés Cuexcontitlán, a las seis y media de la tarde. Un contingente de granaderos fue enviado para contenerlos mientras las casillas cerraban, las que podían, y entregaban los resultados.

Los hombres de Zamora estaban allí.

– ¿Tú eres el que está sacando las fotos, pendejo? –decían en algunas casillas.

– …

– No se puede sacar fotos de nada. Si sigues, te vamos a reventar tu madre, te levantamos a todos los de las casillas –decían, mientras se identificaban con las siglas de otros partidos, cosidas o pegadas en camisetas ocultas por las sudaderas.

“Nos vale verga que seas de la prensa, pendejo”.

Por lo demás, aquel norte de incalculable extensión, una mezcla entre campos sembrados y casas, mansiones inconcebibles al estilo de la casita blanca de Zamora, se mostraba desinteresado. Gane quien gane, decían, nosotros perdemos como hemos pedido otras veces. Porque la ayuda, ahora que nosotros apoyamos, porque la ayuda que luego llega se queda entre los dirigentes, ya sean del PAN o del PRI, y de ahí nunca nos toca nada. Para qué ayudarles si nunca no ayudan. Que ganen y luego ya vemos, pero que ganen solos.

Eso, incluso en lo más apartado de Huichochitlán, un llano enorme con casas sosteniéndose milagrosas entre campos de futbol de dudosas extensiones, era una realidad.

– Este barrio es el de los de la droga, aquí se vende y están los laboratorios de metanfetaminas –decía los observadores. Luego los empaquetan en cascarones de baterías de autos y se los llevan. Aquí, en la calle Álvaro Obregón.

Una mujer barre la entrada de su casa mientras los hombres se van al futbol. Son las tres de la tarde y el sol cae a plomo sobre las calles del barrio más empobrecido de San Cristóbal. Caminan el polvo, junto a las nuevas mansiones, gigantescos cíclopes todavía en obra negra, propiedad de los comerciantes de la Central de Abastos.

– Compran barato y se hacen sus pirámides – dicen los observadores. San Pablo y San Cristóbal se encuentran entre las 10 colonias con mayor consumo de mariguana, cocaína y, crack, según el Centro de Integración Juvenil Toluca (CIJ). Pero en la zona de las metanfetaminas nadie vota. Ni siquiera está instalada la casilla, con sede original en una escuela primaria. A las cuatro de la tarde las puertas están cerradas y no hay ningún aviso.

Los observadores reciben una llamada sobre reparto de despensas en uno de los barrios. Se trata de la madre del primer delegado, que ha prestado su casa para repartirlos. Los observadores llegan a la casilla cercana y preguntan por el delegado, a quien.

– No, yo no he visto nada, dice el asoleado policía destacado en aquellas urnas – aquí no hay nada de reparto –dice, mientras sus ojos buscan a los hombres recargados en la pared cercana. No les queda más remedio que acercarse y los observadores les informan. Vienen a buscar aquella casa. Uno de ellos palidece y, volviéndose a recargar, se seca el sudor. Luego se aleja unos pasos, ya con el celular activado y hace la llamada.

-Nos están buscando. Ya, ya, ya, llévense eso –dice tapándose la boca mientras los observadores se retiran.

“Él es el delegado que estamos buscando. Se hace güey, como si no supiéramos. Pero ya con eso se detiene ese reparto, donde sea que sucede”, se dicen entre ellos.

El diario El Valle reportaba elecciones sin incidentes.

El Sol de Toluca hablaba de comicios en paz.

Todos son incidentes menores pero nadie habla del operativo armado por Zamora para la zona norte.

Toluca tiene 931 casillas pero 231, el 23.41 por ciento de ellas estaban en cero por diferentes razones hasta el martes 9 de agosto del 2015 por la tarde. Del total de casillas en Toluca, sólo dos fueron ganadas por un partido distinto al PRI o al PAN. Una por el PRD, la 5359; y otra por PRI-Verde-Nueva Alianza, la 5438.

Estas son las razones por las que aparecen en cero, sin contabilizar, según el reglamento del IEEM:

“Situaciones de excepción no contabilizadas:

“a  Resultados ILEGIBLES en alguno de los PARTIDOS o COALICIONES en número y/o letra.

“b  En alguno de los PARTIDOS o COALICIONES los resultados NO COINCIDEN en número y/o letra.

“c  La suma total de los votos es mayor a la cantidad de boletas asignadas.

“d  La suma total de los votos EN CASILLA ESPECIAL es mayor a la cantidad de boletas asignadas.

“e  La copia del Acta de Escrutinio y Cómputo quedó dentro del paquete electoral.

“f  La suma total de los votos es mayor a la cantidad de votos sacados de la urna.

“Situaciones de excepción contabilizadas:

“g  Los resultados son ILEGIBLES o NO COINCIDEN en número y/o letra para los NO REGISTRADOS.

“h  Los resultados son ILEGIBLES o NO COINCIDEN en número y/o letra para los votos NULOS.

“i  El Acta de Escrutinio y Cómputo LLEGÓ EN CEROS”.

V

Uno vota o no y las dos cosas resultan ingenuas cuando las elecciones se parecen más a un juego de guerra, soterrada y sucia que sucede frente a uno, que a lo que dicen ser. El dinero para organizar campañas alcanza para contratar golpeadores, acarrear sin dificultades y armar las estrategias más burdas, de cuatro pesos y dos neuronas. Zamora se ha declarado ganador y Sánchez anuncia impugnaciones. El PRD de Ana Leyva se retiró a dormir temprano. Su fracaso fue estrepitoso pero ya están “listos para la otra”. Ella, la más preparada, entendió por las malas que Toluca y su pasmo es sólo una máscara porque lo que hay debajo se parece al Ecatepec de los 400 feminicidios y sesenta asesinados encontrados en el Río de los Remedios. Sánchez hizo lo que pudo y Zamora hizo lo que quiso. Ninguna campaña fue limpia pues eso no está en los estándares de la democracia mexicana. No hubo muertos pero ya los habrá porque las operaciones el día de la elección rondan el abismo de una violencia que en otros lados es visible. Quienes operan en ese borde son pobres de todas maneras. Acceden luego a programas como miserables de verdad y consumen los recursos sin sentido. Porque esos jodidos que joden en la escala de valores diseñada por los partidos, serán señalados por los actos que cometieron, no los candidatos.

Que Zamora es corrupto, ya se sabía. Que Sánchez no tuvo el aparato con el que controló en el 2006, también. Entonces.

Entonces el 8 de junio, a la 1:15 de la mañana en la avenida Buendía esquina con Monterrey y en la avenida Buendía esquina con Tepic, los que venían de Villa Victoria cobraron lo estipulado. Formaron grupos en las esquinas y, ya hasta la madre, aceptaron lo que les daban. Luego abordaron camionetas estaquitas y se fueron. El silencio de la madrugada en Huichochitlán no fue roto por nada porque no había celebración. Tal vez más adelante, cuando el 23 por ciento de las casillas en cero, en el programa del PREP del IEEM sean contabilizadas desde la impugnación.

Televisión Mexiquense elegía hablar del avance perredista antes que dar los resultados del triunfo priista en Toluca. Y en redes sociales, unas horas antes, Zamora había brincado, chapulín, y se mostraba agradecido. Llegaban los parabienes y las adhesiones. “Siempre creímos en ti, profesor”, le decían sus convencidos por el face, más o menos interesado en los resultados. A la una y media de la mañana el IEEM ordenaba un receso. Seguiría contando a las dos y media y así fue, pero tres horas después las cosas más o menos estaban igual: 32 por ciento para el PAN contra 36 por ciento para el PRI. Después todo se fue a pique para los azules y a las 11 de la mañana todo estaba resuelto. Los siete puntos de ventaja serían definitivos.

“Atrás ha quedado el trajín electoral. Atrás quedó la disputa política. Ahora es tiempo de mirar hacia adelante. Es tiempo de unirnos y trabajar juntos. Extiendo mi mano a los candidatos de los otros partidos. Los respeto por su congruencia y los admiro por sus notables capacidades. Disputamos en buena lid, los varones como auténticos caballeros y las damas con inteligente audacia. Gobernaremos con todos y para todos. Incluyendo a todos”, cerraba Zamora aquel día y todos los meses de preparación, que en su caso fueron nueve años, cuando anunciaba que iba por la alcaldía. Hace nueve años.

Esto de las elecciones, qué necedad tan ingenua.

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1 comentario

  1. Excelente !!


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