Postguerra

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* En Toluca, concluían, el PAN ganó la campaña. Pero el PRI ganó la elección con apenas un millón 800 mil votos, de un padrón aproximado de 10 millones de electores. Cuarenta por ciento de abstención fue un registro apenas por encima de lo previsto, que se calculaba en 65 por ciento, aunque del voto efectivo el 23 por ciento de las casillas fueron contabilizadas en cero por el IEEM, por diversas circunstancias. La elección fue, al final de cuentas, corporativa, determinada por el voto duro de los participantes. Sánchez Gómez impugnó los comicios, como sucedió con 182 procesos en el Edomex y se ha decidido a usar las influencias que pueda tener desde Los Pinos.  

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Miguel Alvarado

Unas horas antes de la elección del 7 de junio en el Estado de México, uno de los operadores del panista Juan Rodolfo Sánchez Gómez comentaba, en medio de una particular crisis de cansancio y angustia que “los resultados ya están planchados para Toluca. Ya los palomeó Peña Nieto y Juan Rodolfo Sánchez es el ganador. Y el proyecto político no es para tres años, sino para buscar la gubernatura del Estado de México. Nosotros vamos con Sánchez Gómez, el PRI va con Alfredo del Mazo y para la presidencial van Eruviel Ávila y Margarita Zavala, de una vez se los anticipo. Porque esta no es una elección de votos, de contar votos, hace mucho que dejaron de serlo. Los votos sólo sirven para expresar un malestar de la gente. Para eso es la elección, ésta y todas las demás”.

La cara del operador reflejaba todo, excepto confianza, a pesar de que días antes en la casa de campaña de Sánchez se hacía eco de la misma versión. Pero ahora no hubo recursos como en el 2006, cuando Sánchez ganó la alcaldía por primera vez y el PAN ocupaba la presidencia mexicana. En la oposición  no pueden decir que les faltó experiencia, porque sus operadores principales fueron extraídos del propio PRI.

El 16 de junio del 2015 Sánchez Gómez presentaba recursos de impugnación ante la Junta local del Instituto Electoral del Estado de México por creer que el priista Fernando Zamora rebasó topes de campaña y usó recursos públicos.

En el ayuntamiento priista de Toluca, operadores de la llamada Estructura H, empleados municipales que efectivamente hacían trabajo electoral pero para la ex alcaldesa Martha Hilda González Calderón, quien ganó al final una diputación federal, coincidían con los panistas, pero concedían el triunfo anticipado a Fernando Zamora Morales porque tenía el control de la estructura, la posibilidad económica de trasladarla y controlarla y, finalmente, estaba en condiciones de pagar de su propio dinero lo que hiciera falta. Eso, y que el PRI está permanentemente en campaña, lo que le asegura experiencia operativa, marcarían el resultado.

Porque en Toluca, concluían, el PAN ganó la campaña. Pero el PRI ganó la elección con apenas un millón 800 mil votos, de un padrón aproximado de 10 millones de electores. Cuarenta por ciento de abstención fue un registro apenas por encima de lo previsto, que se calculaba en 65 por ciento, aunque del voto efectivo el 23 por ciento de las casillas fueron contabilizadas en cero por el IEEM, por diversas circunstancias. La elección fue, al final de cuentas, corporativa, determinada por el voto duro de los participantes. Sánchez Gómez impugnó los comicios, como sucedió con 182 procesos en el Edomex y se ha decidido a usar las influencias que pueda tener desde Los Pinos.

¿Por qué un hombre como Fernando Zamora pudo ganar la elección para la alcaldía con la mano en la cintura, con 7 puntos de ventaja a pesar de él mismo? Zamora, quien arrastrará toda su vida el error de posar en una foto armado con un rifle AK-47, acompañado por el narcotraficante Albert González, líder de los Zetas hace 10 años en el sur mexiquense, ni siquiera tuvo que debatir públicamente con sus contrincantes. Ni siquiera tuvo que hacer campaña cuando un equipo de 80 personas lo cobijó en las zonas adversas. Zamora hizo del norte de Toluca su bastión desde que era líder del magisterio del Edomex e instaló en el pueblo de San Cristóbal Huichochitlán una industria textilera que acaparó desde el miedo y la coerción y que lo ha convertido en un hombre millonario, con nexos comerciales hasta en China, que compite en mercados del DF como Tepito por la venta de gorras. Eso, magisterio, Huichochitlán y abstención fueron las armas del PRI, como sucede tradicionalmente.

Las manifestaciones de repudio contra el resultado en la capital no fueron contundentes. Armadas por los panistas, congregaron a unos cientos pero también terminó por aclarar que a la ciudadanía los procesos electorales le importan un comino. La guerra poselectoral tampoco interesa a nadie, aunque desde los partidos parezca lo contrario. Mario Medina, candidato perredista a una diputación local, opinaba después de perder, sobre la impugnación de Sánchez Gómez que “es curioso ver a un puñado de panistas protestando por lo que ellos llaman fraude electoral; aún más curioso resulta que quien encabeza esta minoría es el mismo personaje que en el 2006 ganó la presidencia municipal de forma contundente. Recuerdo que en ese mismo año Juan Rodolfo Sánchez criticaba el llamado de López Obrador a la resistencia civil, fue duro en sus críticas al plantón de Reforma, como alcalde en funciones del periodo 2006-2009. Mira que la vida da vueltas, estoy plenamente convencido que hoy no le asiste la razón jurídica, pero está en su pleno derecho de manifestar libremente su pensar”.

Los perredistas encararon la elección divididos por las desavenencias del propio PAN, que debió reparar como pudo la ruptura de cuadros encabezados por Mónica Fragoso, una ex candidata que compitió hace tres años y culpó de esa derrota al grupo de Sánchez Gómez. Ella, junto con los ex alcaldes, fueron aislados en el 2015 y la fractura cobró sus dividendos. Fragoso incluso protagonizó una especie de elección interna en el PRD, donde hizo la prueba para representarlos en la contienda. Al final, Ana Leyva mantendría la candidatura, que le alcanzó para un tercer lugar y 20 mil votos. Fue Fragoso un factor de desgaste cuando ella, apoyada desde la Secretaría General de Gobierno y el titular, José Manzur, daba a conocer recibos de gratificaciones del ayuntamiento del 2006 cobradas por Sánchez Gómez y que en tres de ellas alcanzaban casi un millón de pesos. De nada valieron las negociaciones con Fragoso y no aceptó nada para congraciarse con el aspirante. Así, Sánchez obtuvo el segundo lugar, con 81 mil votos. La otra mitad del PRD fue señalado de operar para Sánchez pues Leyva, precisamente, mantiene una relación sentimental con Roberto Valdez, un ex funcionario panista en la alcaldía del 2006 cercano a Sánchez Gómez.

Pero el priista Zamora encontró sus propios obstáculos. Halló una candidatura de rebote, que no estaba pensada para él y que al menos otros dos ya habían rechazado. Tuvo que tragar lodo cuando priistas locales y federales le dieron la espalda y desde lo privado apoyaron al panismo. Al final ganó porque pagó él mismo sus operaciones, las lícitas y las ilegales, estas últimas documentadas durante la jornada del 7 de junio, sobre todo en el área norte, que alberga a más de 102 mil personas. Él mismo había dicho que la campaña para la alcaldía la había prefigurado con nueve años de anticipación.

En el Edomex las victorias y las derrotas fueron negociadas. Manzur, operador con dobles apuestas, se encargó de las más importantes, como sucedió en Ecatepec, donde militantes de Morena refieren la venta del resultado que Octavio Martínez, aspirante del PRD a la alcaldía, gestionó con el funcionario, con quien desayunaba en Toluca una semana antes del proceso electoral. Malinalco, el municipio más violento, fue desarticulado de inmediato. Lo mismo pasó en los municipios inconformes. El camino legal desactivará desde las impugnaciones los reclamos de la mayoría, si no es que de todos, incluyendo Toluca, aunque a Sánchez le asiste la razón. La trampa existió, pero si la oposición hubiera podido pagarla, también lo habría hecho.

El PRI festinaba resultados desde el 9 de junio, con boletas en mano: 83 municipios, 34 diputaciones locales y 31 federales. Ellos mismos señalan que gobernarán al 75 por ciento de la población, hayan votado o no. Atrás quedarán, por ejemplo, las llamadas a algunas redacciones locales por parte del equipo de campaña de Martha Hilda González, informando que pagarían 10 mil pesos por no cubrir esa campaña. O la centena de personas contratadas por Zamora para operar el día de la elección, traídos desde Villa Victoria y el sur mexiquense y a quienes pagaban sus servicios afuera de la casa de campaña del priista en Huichochitlán, a la una y media de la mañana del 8 de junio. O los registros que el Verde Ecologista y el PRI hizo a nombre de ciudadanos de ciudadanos ajenos a instituciones políticas, sin consentimiento, sin avisarles, en Atizapán, Estado de México o el asesinato de un hombre, Romualdo Mondragón, en Villa Victoria por la policía municipal, acusado de “participar en el proceso político”.

Morena, por su lado, es un fenómeno político. Sin un solo día de campaña, sin que nadie conociera a los aspirantes, al menos en Toluca, los del partido de López Obrador tenían 9 puntos a favor. La presencia de Obrador, según las propias encuestas de ese partido, elevaba considerablemente los porcentajes. “A pesar de nosotros, nos fue bien”, decía luego Félix Santana, secretario general estatal de ese partido, que a partir de este proceso se encontrará con una desbandada proveniente del perredismo y del Partido del Trabajo y la posibilidad de establecer alianzas, siempre y cuando su dirigencia, la mexiquense, consiga equilibrar los intereses de las cúpulas, representados por el propio Santana y Pedro Zenteno, presidente estatal. Allí, desde hace un año está cantada la aspirantía gubernamental del senador Alejandro Encinas, quien buscará encabezar al poder Ejecutivo por tercera vez, toda vez que Yeidckol Polevnsky perdió su propia elección en Naucalpan, y que entonces perfila la elección por el Estado de México con Del Mazo, Encinas y un panista que se definirá en los próximos tiempos. Los resultados en el Edomex prefiguran un mapeo a nivel nacional de cómo será la elección presidencial con el PRI, otra vez, a la cabeza y ejerciendo la industria del voto con todo tipo de operadores. En PAN, en segundo, con posibilidades de arrebatarle la presidencia de México y Morena como cuarta fuerza nacional en espera de que Obrador compita en su tercer proceso.

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