El Chapo: proveedor exclusivo

*

* Estados Unidos tiene “narcotraficantes aprobados” o certificados, a quienes deja trabajar a cambio de que informen a las distintas agencias. Un ejemplo, dice en es el de general Manuel Noriega, ex dictador en Panamá pero también acusado de narcotráfico y que operaba en la misma forma que el cártel de Sinaloa. Guzmán sería, entonces, el proveedor oficial de Estados Unidos aunque también el acaparador del mercado mexicano concesionado desde Washington y su fuga, así como su captura anteriormente, sería un teatro montado desde la CIA y la DEA, que además, desde este clandestinaje, monta negocios de tráfico de armas y apoyo de contrainsurgencia en América Latina. Todo a cambio de información, pero también de droga.

*

Miguel Alvarado

Toluca, México; 15 de julio del 2015.

La fortuna del “Chapo” Guzmán está calculada, por la revista Forbes, en mil millones de dólares. Esa cifra, extraída de no se sabe dónde, ubicó al narcotraficante más famoso de México como uno de los personajes más ricos del mundo y le dio un aura de intocable, porque la primera fuga, del penal de Alta Seguridad de Puente Grande en Jalisco lo invisibilizó durante años. La sombra de Guzmán estaba en todas partes, todos sabían dónde vivía pero las policías siempre irrumpían en sus guaridas, muchas en el Estado de México, incluso en casas de políticos- un minuto después. Guzmán era inatrapable hasta que la Federación consiguió ponerlo tras las rejas, hace un año.

Pero en México había otro narcotraficante todavía más poderoso, con mayores recursos económicos y, además, uno de los pioneros en organizar a su cártel, el de Juárez, como una empresa hecha y derecha, con ramificaciones y contactos en todos los niveles de gobierno.

A Amado Carrillo Fuentes se le calculaban 25 mil millones de dólares, que desaparecieron al morir el narcotraficante, en 1997, durante una cirugía estética. Nadie supo donde quedó ese dinero, que al final fue absorbido hasta por los bancos, mexicanos y extranjeros, y no hubo manera de recuperarlo para la Federación, en todo caso, para quienes ocuparon la Federación en ese periodo.

La fuga de Guzmán es un absurdo. Que el “Mayo” Zambada está detrás del escape suena tan confuso como la conferencia del secretario general de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, diciendo que alguien o “álguienes” estaban operando. Ellos por ejemplo, podrían ser “álguienes”.

El Chapo no le sirve a nadie afuera, ni siquiera a él mismo. Esa familia, la del “Mayo”, había formado tratos con el gobierno de Estados Unidos para que, a cambio de información, entre otras cosas, la sentencia de Jesús Vicente Zambada Niebla, hijo del capo, se redujera en 10 años. Incluso hay un acuerdo oficial desde el expediente “Estados Unidos de América contra Jesús Vicente Zambada-Niebla”, con el número 09-CR-383, de la Corte Distrital de Estados Unidos, en el Distrito Norte de Illinois, División Este.

El reportero Bill Conroy recuerda que Guzmán fue detenido el 22 de febrero el 2014 de sin hacerse un solo disparo pero también apunta que desde Estados Unidos un agente especial de la DEA, retirado para ese año, Héctor Berrellez, y que investigaba el asesinato del agente Kiki Camarena en México, (en el 2013 dijo que Manuel Bartlett había mandado matar al agente, a través de Rafael Caro Quintero, porque Camarena había encontrado una relación entre la CIA y el cártel que lideraba Rafael Caro), denunciaba que Guzmán era cuidado por soldados y agentes federales mexicanos pero que hacía quedar mal al presidente Peña Nieto. El gobierno retiró la protección diciéndole al narcotraficante que se rindiera o lo matarían.

“El nombre de Loya Castro aparece en los escritos legales presentados en el tribunal federal de los EU en Chicago por Zambada Niebla -cuyo viaje por el desierto de la justicia estadounidense comenzó cuando fue detenido por soldados mexicanos en la ciudad de México en marzo de 2009 inmediatamente después de reunirse con agentes de la DEA en un hotel. Fue extraditado en febrero de 2010 a los Estados Unidos para ser juzgado por cargos relacionados con el narcotráfico.

“Zambada Niebla afirma en sus escritos judiciales que “en algún momento antes de 2004 (en realidad, a partir de 1998), y continuando hasta el período de tiempo cubierto en la acusación (actual en su contra), el gobierno de los Estados Unidos llegó a un acuerdo con Loya (Castro) y el liderazgo del cártel de Sinaloa, incluyendo [al] Mayo y Chapo (Guzmán).

“En virtud de ese acuerdo, el cártel de Sinaloa, a través de Loya [Castro], debía proporcionar información acumulada por El Mayo, El Chapo, y otros, a los Estados Unidos en contra de las organizaciones narcotraficantes mexicanas rivales”, Zambada Niebla alega en sus escritos judiciales que, “a cambio, el gobierno de Estados Unidos acordó desestimar el enjuiciamiento de la causa pendiente contra Loya [Castro] para no interferir con sus actividades de tráfico de drogas y las del Cártel de Sinaloa, al no procesarlo activamente, ni al Chapo, Mayo, o al liderazgo del cártel de Sinaloa, y para no detenerlos”, escribe Conroy para Narconews.

Humberto Loya Castro es un abogado descrito como “un confidente cercano a Joaquín Guzmán Loera”, pero también como una fuente de la DEA por cerca de 10 años, y que a la par trabajaba para el cártel del Chapo. Entonces, Estados Unidos protegía a los líderes de El Cártel de Sinaloa, a cambio de información. Esa protección incluía al Chapo, aun buscado por el gobierno de Peña. En su momento, al gobierno de Estados Unidos se le señaló de “complicidad” con el cártel de Sinaloa, porque había ingresado a Loya, a Zambada e incluso a Guzmán como informantes de la DEA pero también como agentes de la CIA.

Narconews sugiere que Estados Unidos tiene “narcotraficantes aprobados” o certificados, a quienes deja trabajar a cambio de que informen a las distintas agencias. Un ejemplo, dice en es el de general Manuel Noriega, ex dictador en Panamá pero también acusado de narcotráfico y que operaba en la misma forma que el cártel de Sinaloa.

Guzmán sería, entonces, el proveedor oficial de Estados Unidos aunque también el acaparador del mercado mexicano concesionado desde Washington y su fuga, así como su captura anteriormente, sería un teatro montado desde la CIA y la DEA, que además, desde este clandestinaje, monta negocios de tráfico de armas y apoyo de contrainsurgencia en América Latina. Todo a cambio de información, pero también de droga.

Par el periodista Francisco Cruz, autor del libro Tierra Narca, donde revela las relaciones entre políticos del Grupo Atlacomulco y narcotraficantes del sur mexiquense, el escape del Chapo es más, bien, una desaparición, y tiene que ver con el dinero que durante años ha juntado, y del que las autoridades mexicanas no han informado porque no quieren, aunque, más bien, porque no saben qué pasó con él. Así, a Guzmán lo sustrajeron para que ayude a recuperar esos mil millones que la revista dice que tiene, y que serían repartidos entre los participantes de esa operación. Guzmán corre el riesgo de ser eliminado. Una vez que recupere ese dinero, no le servirá  nadie más. Pero, ¿cómo se puede montar una operación de ese tamaño, tomarse la molestia de excavar agujero a 19 metros de profundidad, levantar una casa, armar conferencias desde la evidente mentira?

Todo lo demás resulta ocioso por innecesario. Y las investigaciones apuntarán a justificar el escape usando las evidencias que ya se dejaron a simple vista. Hay detenidos, los cómplices, forzados o no.

Toluca es el poder geográfico del país. Los hombres del gabinete federal despachan en México pero orquestan desde la capital del Grupo Atlacomulco. Todos ellos, incluso Peña, son hombres exitosos, más capaces que cualquiera, con el estómago de acero al menos en lo público, que se impusieron una meta: tener el poder público en México, conservarlo y hacerse multimillonarios con negocios desde la propiedad pública. Eso es lo que siempre ha hecho el grupo político de Peña en el Estado de México.

Pero ellos son eficaces. Tienen habilidades, algunas demasiado burdas, que ejecutan y consiguen sus objetivos. Tienen la ley de su parte y cuando no la cambian. Tienen al poder militar de su parte, al menos en un equilibrio que se lee demasiado precario, peor lo tienen y los medios de comunicación masivos. Tienen de su lado la ignorancia feroz de la sociedad, la creencia de que hay un Estado democrático, deficiente, sí, pero ahí, dormido si se quiere o aletargado.

Es aterrador observar que a quienes se les llama grandes hombres de la política, en el poder, casi tofos, ejercen desde las alianzas con el crimen organizado, con el narcotráfico. Toluca, esa capital geográfica invisible, es un ejemplo. Las elecciones del 7 de junio pasado dieron como ganador a un profesor cuestionado desde hace diez años por sus vínculos con ese narco que, invisible, a todos nos toca.

Fernando Zamora Morales, ex líder magisterial, con 100 mil agremiados en su control todavía, ganó para el PRI esos comicios. Y nadie cuestionó su enorme fortuna. Nadie dijo nada acerca de sus propiedades, a la vista de todos. Nadie. Aún así, a pesar incluso de una abstención del 60 por ciento, Zamora operaba duramente, 24 horas antes, para controlar las casillas en este municipio.

El Chapo Guzmán es un hombre de 1.65 metros. Robusto, gordo, que no cabe en un agujero de 50 centímetros por más que quiera.

Sólo el Estado tiene la capacidad de ejercer violencia contra sí mismo, organizar para legalizarla y, de paso, ponerla al servicio de un poder.

Hace años que el Estado ha dejado de ser ciudadano para convertirse en una de las dictaduras militares mejor aceitadas del mundo. A cargo del ejército está todo. Con las armas en sus manos, imponen. No es necesario que gobiernen de cara al público pero sí que controlen la producción mexicana. México produce, esencialmente, pobreza, petróleo y droga. Donde hay miseria está el ejército. Donde hay energía para vender están los militares. También donde hay droga.

Uno puede constatarlo. Ayotzinapa. Tlatlaya. Apatzingán. Ecatepec. Hasta Toluca.

La fuga del Chapo es eso. No tendría que haberse fugado porque le bastaría avisar que se va. Si la Federación, el gobierno de Peña lo atrapó, también acaba de soltarlo, por las razones que sea, abriéndole la puerta y ayudándolo a montar un set con todo y túnel, hasta narcocasa de escape, para maquillar en algo el habilidoso manejo del picaporte que en realidad sucedió en el penal federal de El Altiplano, de máxima seguridad y hasta ahora inexpugnable pero tan frágil como dicte el poder que dice albergar.

Anuncios

Deja un comentario

Aún no hay comentarios.

Comments RSS TrackBack Identifier URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s