La decadencia

* Gamboa sólo puso en práctica lo aprendido con sus antecesores: Leonardo Rodríguez Alcaine y el todopoderoso Fidel Velázquez, quien se mantuvo al frente de la confederación por 57 años. Al margen de cuestionar si Gamboa Pascoe es el líder que los trabajadores merecen, se puede decir, con certeza, que sí es la clase de dirigente que el Estado necesita frente a cualquier federación, sindicato o confederación para aprobar sus políticas de control, esas que promueven al trabajo para sobrevivir, más no para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores.

Francisco Cruz Jiménez

Con estos vientos en contra, aunados a las ambiciones y el entreguismo de Gamboa, la CTM entró en una fase decadente que se reflejó en las bajas cifras de sindicatos adheridos. Se hizo público que para 2011 contaba con mil 351 asociaciones y 754 mil integrantes de la industria privada. Cifra que apenas si se acercaba a los 2 mil 810 que había logrado reunir cuando se fundó en 1936.

Una nota publicada por Eduardo Dina en misionpolitica.com el 13 de diciembre de 2011 apuntala cifras que muestran la baja de afiliados de la CTM: “En 1995, con Fidel Velázquez a la cabeza, la confederación contaba con cerca de un millón 200 mil agremiados, pero para 2006, bajo la dirección de Gamboa, no llegaba a 500 mil, de acuerdo con un informe de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS).

”Los bajos salarios, el poco nivel de empleo y las nulas prestaciones complementan esta separación aunado a que el Estado ha otorgado un monopolio sindical que carece de democracia y no beneficia a los trabajadores”, opinión que contrastó en entrevista con Francisco Javier Aguilar García, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

”Aguilar García refiere que La CTM formalmente tiene representatividad de los trabajadores, aunque según estadísticas ya no es tan grande, y de acuerdo con la Secretaría del Trabajo tiene como 700 mil afiliados, sobre todo en sindicatos y federaciones, que es la forma legal. De hecho, datos oficiales refieren que en 1997, la CTM tenía 581 asociaciones registradas ante la Secretaría del Trabajo y 926 mil agremiados”. La situación era dramática si se tomaba en cuenta que unos 92 mil o 19 por ciento pertenecían al sindicato petrolero de Carlos Romero Deschamps, y unos 26 mil al sindicato de la industria embotelladora, del mexiquense Armando Neyra Chávez.

No obstante, esta decadencia no sólo tiene la marca de Gamboa. Se puede decir que inició con Fidel Velázquez y sus caprichos por imponer a sus protegidos. Se acrecentó con los derroches y abusos de Leonardo Rodríguez Alcaine y terminó por ser un hecho bajo la dirigencia de Gamboa.

Al parecer, también la edad dorada en que desde la CTM se destapa al sucesor del presidente de la República —en alusión a Fidel Velázquez— y mandaba personal a la Cámara de Senadores y Diputados ha pasado. Se evidenció en la última etapa de Fidel Velázquez, cuando no logró que Gamboa llegara al Senado en las urnas de la elección de 1988, ese mismo año otro de sus consentidos y ahijado Alfredo del Mazo González perdió, con Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal. La decadencia cetemista fue más notoria porque aquel año se coronó el “fraude cibernético”, al que el PRI tuvo que recurrir, para imponer como presidente de la República a Carlos Salinas de Gortari.

En la lista de candidatos priistas que buscaron llegar a Los Pinos con el apoyo de la confederación y, no pudieron, se encuentran los nombres de Francisco Labastida Ochoa, quien perdió con el panista Vicente Fox en 2000, y Roberto Madrazo Pintado que sucumbió frente a Felipe Calderón en 2006. Para ese entonces La Güera Rodríguez era el mandamás de la CTM. Poco a poco quedarían en el anecdotario las siete diputaciones federales del fallecido líder textil poblano Blas Chumacero Sánchez, también senador en dos ocasiones y, en una, diputado local.

El año 2000 también fue testigo de la baja representación legislativa de la CTM que sólo pudo afianzar la candidatura de 37 de sus representantes, seis en la Cámara Alta y 31 para ocupar un lugar en San Lázaro. Para 2012, con Gamboa como dirigente, los números tocaron fondo: 20 representantes, de entre los que destacan Carlos Aceves del Olmo, el segundo hombre importante de la confederación, después de Pascoe; Armando Neyra Chávez, secretario de Finanzas del Comité Nacional de la CTM, Fernando Salgado Delgado, secretario de Acción Política del Comité Nacional de la CTM, y Enrique Burgos García, ex gobernador de Querétaro, aunque ya se había notado que su dedo no era mágico para hacer senadores y diputados desde antes de llegar a la Confederación de Trabajadores de México, porque cuando intentó que su hijo fuera diputado local, no pudo.

Otro dato curioso que revela que la CTM ya no es más el brazo poderoso priista que en algún tiempo fue, se pudo constatar, además, en la elección presidencial de julio de 2012, en la que Peña resultó ganador con un margen muy pequeño de votos.

Hay quienes piensan que las cifras reportadas por Gamboa sobre el número de afiliados —cuatro millones de activos cetemistas dijo en la celebración del aniversario 77 de la CTM en febrero de 2013— no son más que un intento por mantener vigente el mito de poder y control corporativo que, en algún tiempo, era realidad.

Un hecho innegable es que Gamboa ha encontrado, al igual que sus antecesores, la manera para perpetuarse en el cargo. Todavía hay quien se asombra que después de los escándalos que ha tenido que sortear en su trayectoria política, el repudio que despiertan su ostentosidad y sus declaraciones, continúe enraizado en la confederación, negociando con los derechos y contratos de trabajo, comprometiendo a sus afiliados a seguir políticas y pactos que van en contra de su propia dignidad, no sólo laboral, sino como individuos.

A casi cinco años de haber llegado a la CTM, Joaquín Gamboa estaba listo para renovar su liderazgo —luego de que en su ascenso recibió el apoyo de la mayoría de las 32 federaciones estatales y de los principales sindicatos cetemistas, a excepción del gremio petrolero que encabeza Carlos Romero Deschamps—, así que aprovechó la XV Asamblea Ordinaria del Congreso Nacional cetemista en febrero de 2010 para convocar a todos sus delegados y ahí, a boca de jarro

—como se dice coloquialmente—, les dijo que debían ir preparando las reglas para la elección de secretario general; no bien acabó de hablar cuando uno de sus allegados alzó la voz para decir a toda la concurrencia que no había otro líder auténtico y de unidad que Joaquín Gamboa Pascoe y por eso debía reelegirse por otros seis años.

Guardando fidelidad a los usos y costumbres de su central, Gamboa Pascoe vio la oportunidad y la supo aprovechar, preguntó a los asistentes ¿De veras quieren que sea su líder en el próximo sexenio? Todos respondieron al mismo tiempo, fuerte y claro que sí. Y no se dijo más, se impuso el rito de la ratificación en el poder cupular.

A sus 83 años de edad, la confederación, en apariencia, le dio su voto de confianza. Ningún método podía ser mejor que la palabra naciente de un pecho sincero y eufórico, aclamando su nombre, en lugar de papeletas engorrosas que después serían almacenadas en el olvido. En Los Pinos, Calderón no cuestionó la elección y entre apapachos le otorgó la toma de nota que lo reconoce como líder de la confederación hasta 2016.

Nada del otro mundo, Gamboa sólo puso en práctica lo aprendido con sus antecesores: Leonardo Rodríguez Alcaine y el todopoderoso Fidel Velázquez, quien se mantuvo al frente de la confederación por 57 años. Al margen de cuestionar si Gamboa Pascoe es el líder que los trabajadores merecen, se puede decir, con certeza, que sí es la clase de dirigente que el Estado necesita frente a cualquier federación, sindicato o confederación para aprobar sus políticas de control, esas que promueven al trabajo para sobrevivir, más no para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores.

Ahora que el PRI está de regreso con ganas de “mover a México”, la desconfianza surge tras la declaración de Peña que pone como ejemplo de modernidad a la CTM y a Joaquín Gamboa, evidenciando que entiende a la modernidad como un retorno a los viejos rituales priistas, al control totalitario de las instituciones.

Desde este ángulo, se estaría viendo a la Confederación de Trabajadores de México (CTM) como un instrumento, un medio para lograr un escenario electoral propicio para los intereses del PRI. De aquí la sospecha de que con Peña en la Presidencia de la República, el PRI apostará por revivir el andamiaje corporativo de la confederación. La estrategia para lograrlo será su política de siempre: dar en grandes cantidades, primero, cuando sea necesario, luego a cuenta gotas y al final aplicar una reforma —la ya tan conocida ley “del dulce y el golpe”.

Lejos de preguntar ¿en qué lugar está la modernidad?, la duda es ¿cuánto tiempo más aguantará el país los estragos que generan las relaciones perversas entre gobierno y sindicatos? ¿Hasta cuándo se mantendrán gustos y excentricidades de una clase sindical enraizada en la opulencia y el poder? No, la CTM no representa el último reducto del corporativismo gremial, ni Joaquín Gamboa Pascoe representa el último eslabón de la alianza histórica de los líderes del sindicalismo con el gobierno mexicano, atrás de él hay más, muchos más.

Anuncios

Deja un comentario

Aún no hay comentarios.

Comments RSS TrackBack Identifier URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s