A fuego cruzado

* Trabajadores agremiados en los sindicatos de 18 dependencias asociadas a la FSTSE entregaron documentos a algunos medios de comunicación del Distrito Federal en los que se cuestionaba a Joel Ayala Almeida por sus cinco residencias en varias ciudades del país, un penthouse en la colonia Condesa, una “casita” de descanso en Acapulco, un departamento de lujo en San Diego, California, y residencias en Tijuana. El ataque fue persistente. Le documentaron un jet privado de seis plazas, una colección de autos deportivos y una cuadrilla de ocho caballos pura sangre que mantenía en el deportivo del SNTSA.

Francisco Cruz Jiménez

Complicada su situación por la derrota del PRI en 2000, la llegada del PAN a la Presidencia, la alianza Fox-Gordillo y el desprendimiento de 21 sindicatos —dolorosísimo porque sólo el SNTE se llevaba sus más de 1.3 millones de maestros, que, en términos económicos, representaban para la FSTSE ingresos fijos por siete millones de pesos mensuales y tres millones más de los restantes sindicatos— los detractores sonreían con la certeza de que el destino de Ayala estaba marcado.

Sus enemigos se sentaron a esperar. Un puesto de observación se instaló en las oficinas de Carlos Abascal Carranza, secretario del Trabajo y Previsión Social. Aunque inútil, la espera no fue larga. La segunda noche negra de Joel se presentó el sábado 1 de mayo de 2004, cuando se difundieron señalamientos en el sentido de que, a lo largo de 26 años de carrera sindical y política, había acumulado una fortuna calculada en 15 millones de dólares. Dicha fortuna, según sus detractores, se administró a través del Consejo de Inversiones y Bienes Productivos del SNTSA, creado por el dirigente a fines de la década de 1990 y, por supuesto, presidido por él.

Trabajadores agremiados en los sindicatos de 18 dependencias asociadas a la FSTSE entregaron documentos a algunos medios de comunicación del Distrito Federal en los que se cuestionaba a Ayala Almeida por sus cinco residencias en varias ciudades del país, un penthouse en la colonia Condesa, una “casita” de descanso en Acapulco, un departamento de lujo en San Diego, California, y residencias en Tijuana. El ataque fue persistente. Le documentaron un jet privado de seis plazas, una colección de autos deportivos y una cuadrilla de ocho caballos pura sangre que mantenía en el deportivo del SNTSA.

La vida entera de Joel fue expuesta al escrutinio público. Fue un festín informativo. Las investigaciones realizadas se publicaron primeramente en el diario La Crónica: “A finales de los 70, durante los 80 y a principios de los 90, Ayala se ligó con los vocales del FOVISSSTE, quienes informaban de los programas de construcción de vivienda en los que luego ‘concursaba’ [Joel] a través de su constructora Cososa S. A. de C.V. Ayala siempre ganó […] Hizo lo mismo en la Secretaría de la Vivienda de la FSTSE, que ocupó durante las gestiones de Hugo Domensain y Manuel Germán Parra.

”Del origen de Cososa, los trabajadores aseguran que la obtuvo manejando las cuotas y prestaciones de trabajadores del SNTSA y de la FSTSE. Alejandro Vega Alfaro, ex secretario de la Sección 62 del SNTSA, expulsado de este sindicato por el actual secretario general, Marco Antonio García Ayala, cuenta que el senador priista obtiene recursos de las prestaciones de los trabajadores, que maneja a su libre albedrío. […] Ayala controla política y financieramente el sindicato. Del fondo del auxilio por defunción, por ejemplo, a cada uno de los 152 mil trabajadores le descuenta diez pesos mensuales de su salario.

”Y cuando un trabajador muere, le entrega a sus deudos 40 mil pesos. En promedio, diez trabajadores del sindicato fallecen al mes; es decir, que del millón y medio que obtiene el sindicato por ese descuento a los trabajadores sólo se erogan 400 mil pesos al mes. […] Del resto del dinero no se sabe qué destino tiene y no hay un órgano que obligue al sindicato a informar qué se hace. Ayala ha remodelado el deportivo del SNTSA en varias ocasiones con donativos millonarios que ha solicitado a la Secretaría de Salud. Entre esas remodelaciones, mandó construir una caballeriza; sus caballos (los) tenía antes en el Hipódromo de las Américas, en la cuadra del [ex] líder del [sindicato] del ISSSTE, Carlos Rivapalacio [Velasco]. Rivapalacio y Ayala eran amigos, pero rompieron cuando éste despojó al primero de una propiedad en la Colonia del Valle —aunque hay versiones de que no era una casa sino un predio adquirido con fondos del FOVISSSTE—, por lo que tuvo que llevarse a sus equinos al deportivo del SNTSA.

”A mediados de diciembre pasado, Ayala festejó su cumpleaños en el Farallón del Pedregal, propiedad de uno de sus sobrinos, con la presencia de unos 700 invitados que degustaron exquisitos platillos, vinos franceses y españoles, whiskys, champaña y coñacs. La fiesta fue amenizada por el mariachi de Juan Valentín, quien le cobró 200 mil pesos, y por el maestro [Marco] Antonio Muñiz, quien le cobró 700 mil pesos por dos horas de show. […] Frío para la traición y el cálculo maniobrero, detrás de Joel Ayala, de su trato cordial y sociable, se esconde un hombre violento e intolerante a la crítica. […] Nada le afecta más que una nota periodística que dañe su ego”.

Bajo esa premisa y la mala imagen que los mexicanos tienen de los líderes sindicales, el golpe planeado por Elba Esther y Fox parecía certero. Quienes valoraron la circunstancia en la que lo dejaba la reducción de ingresos por el retiro de las 21 organizaciones afines a Elba —la mayoría porque veían en Joel la imagen del charrismo, y algunos temerosos de que el panismo los exhibiera—, algunos dirigentes empezaron a saltar de la barca, creyeron que, inevitablemente, se hundiría. No obstante, olvidaron una regla general de las telenovelas mexicanas: el protagonista sufre cualquier cantidad de infortunios, pero nunca muere. Joel Ayala aguantó el golpe con paciencia y optimismo.

Reacio a las entrevistas y aunque muy pocos le creyeron, Joel respondió por la misma vía. Negó la fortuna de 15 millones de dólares, se dijo dispuesto a cualquier investigación. “Estoy abierto, ahí están mis declaraciones como legislador, pero en realidad como mexicano; luego se suele dar que con posiciones como las que ha tenido la FSTSE algunos sectores o algunas corrientes pues dan informaciones equis, pero muy lejos de la realidad”. Consideró que podían ser producto de una intriga; pero hasta allí llegó y rechazó la versión de que emprendería alguna acción legal contra aquellos burócratas que reunieron todas las piezas del rompecabezas y difundieron la información sobre su fortuna.

Del origen de sus propiedades y los señalamientos de malos manejos, así como de sus pleitos con Rivapalacio Velasco y los excesos que caracterizaban su vida optó por guardar silencio. Tampoco hizo declaraciones sobre sus primeros acercamientos con el ex presidente Ernesto Zedillo Ponce de León, con quien habría coincidido en la secundaria 18 de Marzo de Mexicali. En este último caso él también abandonó el barco. Pero igual, después de julio de 2000 todos los priistas le sacaban la vuelta a Zedillo, a quien consideraban —todavía están convencidos de ello— traidor al PRI por haber entregado, con demasiada facilidad y atendiendo más al cuidado de su futura imagen personal, la Presidencia de la República al guanajuatense Vicente Fox Quesada, del Partido Acción Nacional (PAN).

Ante la falta de información en su sindicato, trabajadores inconformes del sector agrupados en el Sindicato Independiente de Trabajadores de Salud, así como en los frentes Independiente de Empleados Públicos, y de Resistencia y Anticorrupción le siguieron la punta a la madeja, empezaron a buscar y a encontrar explicaciones.

La primera fue sobre el enorme predio que se vendió al IFE —y en el que también se encuentra el Centro Deportivo del sindicato—. El tema parecía complicado, pero lo era sólo en apariencia. El terreno en cuestión fue donado por la Secretaría de Salubridad y Asistencia, pero hacia finales de la década de 1980 una parte, no regularizada, se vendió en secreto y un día se levantó allí la sede del Instituto Federal Electoral (IFE).

Según los informes de la época, el precio de venta fue de 12 mil millones de pesos. Entre los beneficiarios aparecía el nombre de Rafael Farrera Peña, secretario general del SNTSA, pero los trabajadores sabían que el control de la organización estaba en manos de Joel Ayala Almeida. Hubo muchas versiones encontradas, aunque, según la que circulaba entre los disidentes, la dirigencia sindical había recibido aquella especie de comisión de 3 mil millones de pesos por facilitar y concretar la operación.

Gerardo Jiménez, periodista del desaparecido periódico El Independiente, encontró algunos datos al respecto, y los publicó el domingo 7 de diciembre: “Entre 1988 y 1989 Ayala también se vio beneficiado con la edificación del Centro Deportivo del Sindicato de Salud. La construcción de dicho inmueble se hizo con aportaciones de la Secretaría de Salud de las que resultó beneficiada la compañía Constructora Cososa, S.A. de C.V., propiedad de Joel Ayala Almeida. […] A través de prestanombres, los cheques girados al SNTSA para este fin, fueron hechos a nombre de Catarino Rodríguez —ex chofer de Ayala y presidente del Consejo de Vigilancia del sindicato durante esa gestión—, quien a su vez los endosó en pago a la constructora, la cual no facturó la operación, con lo que el dinero terminó en poder del propio Ayala.

”Fue Farrera quien recibió la obra, fuertemente criticada por la base trabajadora porque más bien parecía un club exclusivo para la dirigencia sindical. […] Se dice que la sala de plenos del deportivo tenía aproximadamente 80 metros de largo por 30 de ancho, con piso de madera. La oficina que estaba destinada al ‘líder moral’ iba a ser equipada, entre otros lujos, con sauna y gimnasio; para los demás miembros del CEN del sindicato había un exclusivo comedor y lujosas oficinas de diferentes dimensiones. […] En ese centro deportivo también se construyó un área especial para los ocho caballos pura sangre propiedad de Ayala, que eran guardados en el Hipódromo de la Américas en la cuadra de Carlos Riva Palacio, pero a raíz de un disgusto fueron sacados violentamente del hipódromo”.

Políticamente astutos, algunos integrantes del Consejo General del SNTSA vieron y aprovecharon una rendija para exigir que se practicara una auditoría al manejo de recursos del sindicato y, en concreto a Ayala Almeida, pero, también astuto y mejor relacionado, éste se buscó el consejo y se acogió al poderoso manto protector del secretario de Gobernación salinista, Fernando Gutiérrez Barrios. Y lo obtuvo, aunque a un precio bastante alto.

Según versiones de trabajadores que vivieron parte del proceso, después de algunos encuentros con Gutiérrez Barrios y conocer resultados de la auditoría —irregularidades entre las que destacaban falsificación de nóminas, omisión de pago de impuestos, alteración de precios para algunas obras— y que éstos fueran entregados a la Comisión de Honor y Justicia, Joel Ayala Almeida presionó al dirigente formal del sindicato, Rafael Farrera Peña, para vender o ceder a Gobernación los terrenos sindicales para levantar las oficinas centrales del IFE. Al concluir la auditoría, escribió Gerardo Jiménez, se propuso la suspensión de derechos sindicales y la expulsión de Ayala, Catarino Rodríguez y José Luis Martínez Álvarez por considerar que habían incurrido en graves violaciones al estatuto en agravio de la agrupación.

“Preocupado, Ayala recurrió nuevamente a Gutiérrez Barrios, quien le prometió librarlo de la expulsión, no sólo a él sino a los demás presuntos responsables, a cambio de la renuncia voluntaria de su plaza en la SSA —Secretaría de Salubridad y Asistencia—, lo cual hicieron de inmediato en octubre de 1990. […] Finalmente, Farrera, acosado por el secretario de Gobernación y presionado por Ayala —quien lo había impulsado para el cargo de secretario general del sindicato—, terminó convenciendo a los demás dirigentes del SNTSA para acceder a la venta del terreno, que oficialmente quedó valuado en 12 mil millones de pesos de aquella época, de los que, según versiones de entonces, Ayala y Farrera recibieron una tajada de 3 mil millones de pesos para poner punto final al conflicto”.

Si bien no los tomó en cuenta, los detractores pidieron a la desaparecida Secretaría de la Función Pública (SFP) una exhaustiva investigación, además de que la ya Secretaría de Salud instrumentara medidas jurídicas para la desincorporación de los predios porque ninguno de los dos estaba regularizado. Hasta allí quedó todo. Los priistas se negaron a investigar a uno de los suyos. Sucios hasta las manitas en sus propios casos de corrupción —y después del fracaso de la Maestra para apoderarse de la FSTSE—, los panistas dieron la vuelta a la página; discretamente, se hicieron los desentendidos.

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